Y después del paraíso de la riqueza… ¿qué?

POLÍTICA

Adiós a la inocencia

Tras una acomodada carrera en los negocios, un agente de la Bolsa parisina tuvo que abandonar su trabajo en 1882 después de que se desplomara el mercado. Pudo entonces centrarse en su auténtica pasión, la pintura, y con el tiempo, hastiado de la vida que había llevado hasta entonces, este ex agente bursátil de nombre Paul Gauguin creyó encontrar en las islas de la Polinesia y en sus habitantes un modelo de vida virtuoso que recreó una y otra vez en sus cuadros. Una representación idealizada en la que a incluía en ocasiones al hombre europeo como el elemento impuro que amenazaba aquel orden sagrado, un mundo primitivo acechado por la civilización y el materialismo.

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Seguramente ese mundo tan puro sólo existiera en sus lienzos y nunca hubo ni tanta inocencia ni tanta ingenuidad, pero el recuerdo de Gauguin viene al caso para contrastar cómo, apenas un siglo después, se pudo construir un relato social completamente opuesto al del primitivismo del pintor francés. Antes de que estallara la actual crisis económica, los países más desarrollados participábamos de una visión común en la que aparecíamos como virtuosos inmaculados, abandonados a la satisfacción del éxito material de un modelo de crecimiento liberal que habría permitido riqueza para todos o al menos oportunidades para ello.

Elementos amenazadores
Para los representantes más prepotentes y autosatisfechos de ese falso relato, ese mundo perfecto sólo era amenazado por elementos externos: inmigrantes que demandaba el propio sistema como mano de obra barata pero que con sus rarezas culturales propias contaminaban las esencias locales, o bien terroristas que nos odiaban precisamente por lo bien que vivíamos y lo apabullante de nuestra superioridad.

Los límites se cuestionaron más que las bases
Inmigración y terrorismo sirvieron para establecer largos debates sobre los riesgos que se cernían sobre nuestro mundo, y de paso para acallar las voces internas que estaban alertando de que no era oro todo lo que relucía y de que, independientemente de consideraciones sobre sostenibilidad y medio ambiente, aparecían preocupantes indicadores, como el creciente abismo entre las rentas altas y bajas o la constante erosión de los servicios públicos. El 11-S y la guerra de Irak conmocionaron temporalmente nuestras sociedades y provocaron airadas pero estériles reacciones en torno a los límites que estábamos dispuestos a pagar por la seguridad física y la comodidad. Pero la conciencia generalizada de que internamente algo estaba funcionaba mal estaba todavía lejana y sólo se ha producido tras el colapso económico.

Demostración de la falsedad del relato
La fuerza de la crisis económica está teniendo al menos una virtud, dejar al descubierto los resortes del sistema y la falsedad del relato predominante. Ahora aparece con claridad que algunos de los cimientos sobre los que se computaban nominalmente crecimientos continuados no eran sólidos, como los inmobiliarios y los financieros, mientras que también se puede ver la limitada capacidad de la política frente a la economía y el confuso modelo de interdependencia entre ambas.

“Agotatamiento de un modelo de crecimiento”
Una de las voces que ha reflexionado sobre los desequilibrios es la de un economista, Carlos Berzosa, rector de la Universidad Complutense de Madrid, quien ahora apunta: “Lo que algunos han enunciado como crisis financiera es mucho más que eso: es una crisis global, pues supone el agotamiento de un modelo de crecimiento que modifica el equilibrio ecológico, que también afecta a los alimentos, la energía y que ha sido incapaz de combatir la pobreza, el hambre y la exclusión social, aunque haya venido acompañado todo ello de progresos indudables”. “No estamos solamente ante una crisis financiera sino ante algo mucho más profundo: un sistema económico mundial desigual y depredador de la naturaleza”, advertía en un artículo publico en El País.

¿Hacia algo “muy diferente”?
Pocos se aventuran a pronosticar qué puede salir de todo esto. El pensador estadounidense Immanuel Wallerstein cree que será en todo caso un sistema “muy diferente” al actual y se muestra convencido de que “en 30 años no viviremos en el sistema-mundo capitalista”. En una entrevista a Diagonal, Wallerstein apunta sobre ese nuevo sistema que “si evolucionará en un sentido democrático e igualitario o reaccionario y violento es una cuestión política y por tanto abierta”, y piensa que esto dependerá “del resultado del conflicto entre lo que llamo el espíritu de Davos y el espíritu de Porto Alegre”.

Sin opciones virginales
Al menos, lo que no podrá volver a ser ese hipotético nuevo sistema es ingenuo y pretendidamente inocente ni apelar a hacer la vista gorda ante ciertos desajustes a cambio del bienestar individual, porque al final los colapsos acaban pasando factura a casi todos. Y las islas vírgenes tampoco son lo que eran y no suponen ya una opción para los brokers arrepentidos.

Sergio Colado es redactor de El Plural
scolado@elplural.com

 

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A proposito del Plan del Gobierno para los Ayuntamientos: ¿Tiene el PPCV?

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JUAN ANTONIO BLAY

Levante-EMV  08.12.2008

El Partido Popular en la Comunitat Valenciana, por bo­ca de su secretario general, Ricardo Costa, ha dicho que su formación política «vigilará» el reparto de los 8.000 millones que el Gobierno de Zapatero destinará a los ayuntamientos de toda España para impulsar obras en infraestructuras destinadas a combatir el desempleo. Habrá que recomen­dar al número dos del presidente Camps que adquiera el Boletín Oficial del Estado del pasado día 2 de diciembre donde se publica el real decreto-ley en el que se describen pormenorizadamente las características pa­ra recibir y ejecutar las obras que decidan los ayuntamientos. Lo más importante es que los proyectos deben ser nuevos -no vale colar por la puerta de atrás ese dinero para pagar lo ya comprometido o suplir deudas-, los trabajadores que las ejecuten deben salir de las listas del paro y no ha lugar para iniciativas deslumbrantes para deslumbrar al personal. Han de ser ejecutadas a lo largo de 2009, con un coste máximo unitario de cinco millones de euros y han de estar certificadas en el primer trimestre del año siguien­te. Los ayuntamientos deben, además, darse prisa: los proyectos deben presentarse ante el Ministerio de Administraciones Públicas entre el próximo miércoles día 10 y el día 24 de enero, instancia que debe dar el visto bueno en un plazo máximo de 20 días. Todo ello supervisado por la Intervención General del Estado.
Bien, los ayuntamientos de la Comunitat Valenciana tienen consignados 864,60 millones de euros, según criterio de población aplicado por igual en toda España, de los que 101,46 van a Castelló, 440,07 a Valencia y 323,05 para Alicante, destacando la ciudad de Valencia (141,17 millones), Alicante (57,10 millones), Elx (prácticamente 40 millones) y Castelló(30,55 millones). Es decir, una lluvia de millones para invertir en obras exclusivamente. Según Costa, el 70% de los ayuntamientos de la Comunitat Valenciana están gobernados por el PP, que seguramente tendrán censados un porcentaje mayor de población. En consecuencia, es el PP quien debe asumir con claridad cuáles serán los criterios de una inversión finalista y directa de alrededor de 650 millones de euros, una cantidad verdaderamente importante que debe sumarse a las que la propia Generalitat y las respectivas dipu­taciones aliviadas por esta inesperada aportación tuviesen ya previstas para obras e infraestructuras programadas o necesarias. Urge, por lo tanto, que el propio presidente Camps, su segundo, Ricardo Costa, y los tres presidentes de diputación, además de los principales alcaldes, todos ellos también del PP, expliquen a la ciudadanía qué es lo que van a hacer.
Apenas queda poco más de un mes, por lo que las decisiones políticas deben ser rápidas y, a ser posible, coordinadas. Por supuesto que es una responsabilidad que también deben asumir los diferentes estamentos de responsabilidad del PSPV, desde su nueva dirección política encabezada por Jorge Alarte hasta los alcaldes socialistas que existen en el territorio. Por lo tanto: ¿tiene el PPCV un plan? Si no lo tiene debería ponerse manos a la obra para crearlo y, a continuación, explicarlo detalladamente. Esta inver­sión no debe ser motivo de discusión partidista. Es una medida de Estado, a la que el PP nacional no se ha opuesto, destinada a reducir el desempleo y a generar obras que mejoren las infraestructuras a disposición de los ciudadanos. Y en la Comunitat Valenciana, una responsabilidad del PPCV en un 70% o más, cosa que Ricardo Costa debe asumir.

Crisis financiera: Lo que dura el arrepentimiento.

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21 Nov 2008, por Amparo Estrada
14:02 
PUBLICADO EN MULTIPLICATE POR CERO.
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Tags:  Los propósitos de enmienda pueden ser muy sinceros y el tiempo que duran es proporcionalmente inferior a la satisfacción que produce lo que se quiere enmendar. Los fumadores que alguna vez han intentado dejar el vicio saben de lo que hablo. Y saben también que dejar de fumar es igual de fácil que tener firme propósito de enmienda: lo haces una y otra vez, una y otra vez…

Ahora se multiplican las declaraciones de arrepentimiento de reguladores, entidades financieras e incluso gobiernos, por no haber visto llegar la crisis y no haberla evitado. Muchos están escribiendo en sus cuadernos, cien veces, “no permitiré la prosperidad de los caraduras o sinvergüenzas”, “no permitiré la prosperidad de los…”

Entre la gente corriente, una de las cosas que más perplejidad provoca son las retribuciones astronómicas de altos directivos empresariales, que las cobran incluso por hacerlo mal. Hoy, esa sorpresa se ha transformado en indignación al poderse constatar que muchos de los culpables de los productos financieros basura que han puesto en vilo la prosperidad económica de la parte desarrollada del mundo se han embolsado personalmente cientos de millones de euros, cobrados a menudo después de llevar a la quiebra a sus empresas. Millones para él, un ERE para sus fieles empleados, y reuniones del G-20 para todos los demás.

Por ejemplo, Stanley O’Neal, ex presidente de Merrill Lynch, se llevó una compensación de 161 millones de dólares cuando tuvo que irse del banco de inversión dejando los peores resultados de sus 93 años de historia. Y aún dijo que las retribuciones se fijaban de forma “rigurosa e independiente”. En la Cámara de Representantes de Estados Unidos han estado, explicando las causas de la crisis, George Soros, Philip Falcone, Kenneth Griffin, James Simons y John
Paulson, los mayores financieros de fondos de alto riesgo. Cada uno ganó una media de 1.000 millones de dólares el año pasado. El senador demócrata Henry Waxman, presidente de la comisión de investigación, criticó que todos ellos pagaran menos impuestos que un profesor de escuela o un fontanero.

Soros, ya septuagenario, ha sido entrevistado desde hace décadas decenas de veces para que cuente sus estrategias de inversión, escribe best sellers empresariales… Y es conocido, entre otras delicadezas, por haberse enriquecido en la década de los noventa con el hundimiento de la libra esterlina.

Otro ejemplo de buenas prácticas inversoras: David Einhorn, gestor del fondo de inversión Greenligth Capital, llevaba meses apostando por una bajada en el precio de las acciones de Lehman Brothers antes de su quiebra. Llegó a realizar una gira por Estados Unidos, concediendo entrevistas en las que repetía que las cuentas de Lehman no cuadraban y que el valor debía desplomarse. Y se desplomó, haciéndole rico a él. Tras la quiebra de Lehman Brothers, en Estados Unidos y Europa se tomaron medidas para restringir o prohibir las apuestas a la baja.

Comprobadas las malas prácticas y sus efectos venenosos, el G-20 ha reconocido que algo hay que hacer. Los Gobiernos hablan de propósito de enmienda y de establecer algún tipo de límite a los bonus o primas. También las entidades financieras empiezan a mostrar, orgullosas, cómo toman medidas para limitar las retribuciones de sus altos directivos, muchos con avión privado. Por ejemplo, Barclays Bank, esta semana, ha anunciado que su cúpula directiva no va a cobrar las primas correspondientes a 2008. Sin embargo, teniendo en cuenta que la mayoría de los bonus y primas están ligados a la evolución de los beneficios, la austeridad va a venir dada por el efecto de la crisis. Y cuando vuelvan las vacas gordas dentro de unos años ¿alguien cree que no engordarán los pagos a los altos ejecutivos? Se ha demostrado que siempre hay una vía para cobrar más, se llamen opciones sobre acciones, indemnizaciones o bonus.
Al menos hoy hay propósito de enmienda, igual consiguen dejar de fumar otra vez.

Miles de personas salen a la calle contra el capitalismo inhumano

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PÚBLICO – Madrid – 15/11/2008 23:16

Las principales ciudades españolas gritan su indignación por la especulación financiera

“¡La crisis, que la paguen ellos!” Ese fue el lema que unió el sábado a miles de personas en las principales ciudades de España. No se ideó en un despacho, sino en Internet, y de allí saltó a la calle el mismo día en que los líderes de los países más poderosos del mundo se reunían en Washington (EEUU), en la Cumbre del G-20, una cita que, con el telón de fondo de la crisis financiera internacional, pretendía nada menos que “refundar el capitalismo”.

Paga tú la crisis

Cientos de personas elevaron en la Puerta del Sol de Madrid decenas de pancartas en contra del capitalismo salvaje. Lo que empezó como una concentración, terminó por convertirse en una marcha que recorrió los puntos de poder de la capital. Ante las sedes del Banco de España, la Bolsa o el Congreso de los Diputados se escucharon los siguientes mensajes: “Paga tú tu crisis”, “a bancos salváis, a pobres robáis”, o “el capitalismo es el terrorismo”. Asociaciones como Ecologistas en Acción también desplegaron su propio mensaje: “¿Crisis de qué? ¿Crisis de quién? Necesitamos menos para vivir mejor”.

Ricardo García Zaldívar, presidente en España de ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras especulativas y la Acción Ciudadana), explicaba por qué asociaciones como la suya no legitiman la reunión de este fin de semana: “Creemos que no hay que hablar ni de G-8, ni de G-21, sino de la humanidad, de países ricos y países pobres, de movimientos sociales y de sociedad civil”, y continuaba: “Estamos muy preocupados porque precisamente los que nos han metido en esta historia quieren ahora hacer de salvadores”.

Socialización de las pérdidas

En la misma línea, Javier, un trabajador social de Madrid de 27 años, explicaba: “Estoy aquí contra la socialización de las pérdidas y la privatización de las ganancias. Me parece una vergüenza que ahora nos quieran hacer pagar a nosotros por lo que nos están haciendo, precisamente a nosotros”.

“Es una vergüenza que nos hagan pagar lo que ellos han hecho”

También en la plaza de Catalunya, en Barcelona, donde se reunieron alrededor de 500 personas, se oían voces que apuntaban al mismo argumento: “La crisis, que la paguen los ricos”. Oleguer Bohigas, uno de los organizadores del acto, explicaba: “Refundar el capitalismo es un eufemismo para darnos más medicina neoliberal”.

Por su parte, Cintia, una argentina del colectivo Clase contra clase, “de ideología marxista”, opinaba: “La gente, lo que necesita es pronunciarse; hay mucha bronca con eso de que los gobiernos hayan salvado la banca pero cada vez haya más desempleados”.

“Bankeros, vuestra crisis es nuestra ruina”. Era una de las pancartas que podía leerse en la concentración frente al Ayuntamiento de Sevilla. Allí, unas 300 personas recorrieron los escasos metros que les separaban del Banco de España en un acto vigilado en todo momento por la Policía Nacional.

Encima, el Gobierno les salva

También en Valencia unas 400 personas se reunieron en la Plaza del Ayuntamiento. Lo que más dolía, la hipoteca: “Hay gente a la que el banco le quita el piso por no poder pagar, ¡y encima el Gobierno le saca del bolsillo el dinero para salvar a esos mismos bancos!”, resumió Estefanía, de 25 años, que hasta hace unas semanas trabajaba en un supermercado.

Aunque las protestas no fueron convocadas por un único colectivo, las palabras de Sonsoles en Madrid podrían resumir lo que todos, en todas las ciudades pensaban ayer: “Hay que mojarse, todo esto nos tiene que llevar a algo. Hay que pedir explicaciones y hay que escuchar las distintas voces que se manifiestan y que se expresan”.

La cultura de la crisis.

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Hemos llegado aquí porque la globalización abolió los límites éticos y culturales. El mismo Estados Unidos proclamó que todo le estaba permitido, legalizó la tortura y dio barra libre a la insaciable quimera del oro

JOSEP RAMONEDA 15/11/2008

1 Decía Fernand Braudel que el capitalismo, “privilegio de unos pocos”, “es impensable sin la complicidad de la sociedad”. Y añadía: “De algún modo la sociedad entera debe aceptar sus valores”. Si la actual crisis tiene algo de quiebra moral de las élites capitalistas es porque han llevado los valores del capitalismo a unos límites en que es casi imposible que sean aceptados. La historia viene de lejos. Empieza en la transición liberal que abrieron las revoluciones del 68. Aquel momento fue el inicio del proceso de desmontaje de unos sistemas sociales muy comunitaristas, montados sobre un orden rígido y unas sociedades jerarquizadas, con fuerte carga ideológica, en que cada ciudadano tenía un puesto asignado casi de por vida. La crisis actual es, en cierto modo, el estallido final de un proceso de individualización que acabó por quebrar las bases del mínimo consenso social necesario. La revolución conservadora promovida desde la Administración Bush fue el último intento de controlar este proceso. La explosiva mezcla de simplismo liberal en lo económico y rigidez conservadora en lo moral y cultural sólo sirvió para acelerar el estallido.

La noticia en otros webs

Domina el lenguaje del ‘management’. Ahora todo se gestiona: parejas, hijos, amores, odios…

El discurso del liderazgo es la justificación de los elevados ingresos de los altos ejecutivos

En el mundo soviético, la transición liberal empezó a finales de los ochenta, con la caída del muro de Berlín. Una sociedad civil arrasada por el totalitarismo fue pasto de la delincuencia económica y de las ideologías de lo identitario, ya fuera religioso o étnico. La globalización juntó los dos procesos que ahora viven una crisis que debería cambiar profundamente las pautas socioculturales.

2. La actual crisis económica es la primera en el marco de la globalización. Nuevo marco, nueva cultura. El proyecto moderno se deshizo en la fragmentación posmoderna. Fue una reacción al agotamiento de los grandes relatos que habían armado la modernidad, que condujo inevitablemente al relativismo y a la pérdida de jerarquía. El horizonte emancipatorio desapareció paulatinamente de la cultura. El futuro se desdibujó y el pasado se puso al servicio de la diversidad cultural, como fundamento de las apuestas endogámicas de corte étnico que crecieron bajo el amparo del discurso multiculturalista. La cultura fue a menudo factor de segregación y de separación. Empujados por la globalización entramos en la era del presente continuo. Las nuevas tecnologías han provocado una contracción del espacio -el mundo es más pequeño- y una aceleración del tiempo. El dinero, las mercancías y las ideas van de una punta a otra del planeta con rapidez y a bajo coste. Probablemente sin Internet esta crisis no sería la misma. El dinero se ha convertido en un mensaje en e-mail.

3. Los discursos sobre la insostenibilidad del planeta y sobre el calentamiento global, con no poca parafernalia ideológica de acompañamiento, han contribuido a dibujar un horizonte sórdido y oscuro. En este mundo sin futuro impera el principio del rendimiento rápido. No hay proyecto, sólo resultado. Es el principio cultural de las empresas de capital riesgo, dispuestas a sacar todo el jugo posible de un negocio en el menor tiempo aun a riesgo de agotarlo para siempre. Pero también es el principio cultural del consumismo, en que la pulsión por comprar no se detiene nunca: el deseo de un nuevo producto impide el goce del producto recién conseguido, dentro de una serie interminable de frustraciones. Y es el principio cultural que rige las conductas de empresarios y gobernantes, bajo el signo de la competitividad. Siempre más: la insaciabilidad como modo de estar en el mundo.

4. En este contexto, el principio moral que rige es que “todo es posible”. La idea de límite ha desaparecido del horizonte mental de los que hoy tienen más capacidad normativa: la gente del dinero, empresarios, ejecutivos y financieros. Pero todo sistema tiene un límite. El capitalismo financiero también. Y cuando se rebasa el límite, saltan los fusibles, y si se tarda en reponerlos empieza un proceso de autodestrucción. Todo sistema tiene su punto catastrófico. A este punto hemos llegado, por la incapacidad de entender que no todo es posible. Por supuesto hay cierto discurso naturalista que tratará de convencernos de que alcanzar la catástrofe es inevitable. Y que el mundo funciona por el sistema de ciclos de destrucción y construcción. Los que proclaman las virtudes de las sociedades meritocráticas, aunque a menudo confundan la habilidad para moverse en las fronteras de lo ilegal con el mérito; los que denuncian permanentemente la incompetencia de los que trabajan, bajo el eufemismo de la competitividad; los que ven por todas partes intromisiones de la política, hasta que la necesitan y apelan a su ayuda; éstos nunca se sienten concernidos por responsabilidad alguna. Cuando las cosas van mal, el problema es sistémico, como si de una catástrofe natural se tratara.

5. Lo diré con una expresión del filósofo francés Bernard Stiegler: estamos ante la prueba de “la modernización sin modernidad”. Podría parecer que esta expresión está dedicada a China. También Occidente ha abandonado, a su manera, los presupuestos de la modernidad. La época del capitalismo financiero es una modernización sin los límites de la cultura moderna: la dignidad del ciudadano y la primacía de cierto interés general. Marx se quedó corto: la potencia revolucionaria de la burguesía está acabando con todo, incluso con la propia cultura burguesa. La mercantilización general de la sociedad -en que todo, desde los sentimientos y las pasiones hasta las mercancías es susceptible de ser producido y vendido- ha acabado con el proyecto moderno.

La revolución conservadora americana, en sus dos fases: la reaganiana y la bushiana han configurado una cultura en que las sociedades no existen, sólo existen los individuos (fase thatcheriana-reaganiana), y las libertades y los derechos son sustituidos por la creencia, por los mitos nacionales y por la seguridad convertida en supremo horizonte ideológico (fase bushiana). La lucha a muerte por el mercado de las almas, en un mundo globalizado en que las religiones clásicas han perdido los monopolios territoriales y el dinero es la medida de todas las cosas, es una de las grandes novedades de la globalización. La cultura de la crisis es la del individualismo salvaje, en que la competencia a muerte es la única regla, con la religión como consuelo y el miedo como instrumento paralizador. La política y la libertad han sido despedidas, camino del totalitarismo de la indiferencia.

6. La capacidad normativa que el poder económico ejerce se constata con la universalización del lenguaje del management. De un tiempo a esta parte, todo se gestiona: se gestionan las personas, se gestionan las parejas, se gestionan los hijos, se gestionan los conflictos personales, se gestionan los amores y los odios. Es decir, todo es simplificable y todo es manipulable. La negación de la complejidad de la economía del deseo conduce a convertir cada acción humana en algo cuantificable en términos monetarios. El hombre “como empresario de su propia vida”, como dice Michela Marzano. Las librerías están llenas de manuales que a partir de los criterios de gestión económica pretenden enseñarnos a gobernar nuestras vidas.

El héroe de este momento es el líder. El discurso del liderazgo ocupa a las escuelas de negocios y a los ideólogos de la competitividad y del mercado. El líder es el que está más capacitado para sacar rendimiento de las personas en beneficio propio. Su riesgo casi siempre es limitado: no juega con recursos propios sino con recursos de los demás. Y acostumbra a estar protegido por la red de los bonos y las indemnizaciones. El discurso del liderazgo es la pseudoideología necesaria para justificar la disparatada cotización de los altos ejecutivos.

7. Pero, como he dicho antes, la esencia de la cultura de la crisis es la desaparición de la idea de límites. En agosto de 2002, el Gobierno de Estados Unidos dio el visto bueno a un memorándum que legitimaba determinadas formas de tortura. Es decir, rompía el tabú de la degradación del adversario. Bajo el mandato de George Bush la Administración norteamericana dio carta de naturaleza legal a la tortura. Es decir, transmitió al mundo la idea de que todo estaba permitido. Si un Gobierno puede someter a un enemigo a la más terrible de las pruebas físicas y morales, ¿cuáles son los límites de lo posible en la sociedad? Ninguno. Hay vía libre para saltarse todas las barreras éticas y culturales. ¿Qué tiene de extraño, en estas circunstancias, que los que viven la quimera insaciable del oro entiendan que todo está permitido y que no hay reglas ni principios ante la tentación del dinero?

Grandes crisis, grandes oportunidades

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FEDERICO MAYOR ZARAGOZA 15/11/2008

 

La crisis puede ser la salvación (F. Hölderlin)

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Se abre una posibilidad para edificar un mundo nuevo basado en la ética de la justicia y la democracia

Sólo una autoridad supranacional puede regular los mercados

 

No es sólo un inmenso andamiaje económico lo que se desmorona, sino una concepción del poder, de sus bases ideológicas. Es necesario tener en cuenta todas las dimensiones de este derrumbe para reconstruir con otros materiales. Y, sobre todo, reponer en el eje mismo de la acción pública los principios democráticos que, en un error histórico, se sustituyeron indebidamente por las leyes del mercado.

Aprovechar las crisis para el cambio de rumbo y de destino: que no desoigan ni ridiculicen las propuestas de cambio los mismos que desoyeron y ridiculizaron las recomendaciones que les hacíamos, desde principios de la década de los noventa, convencidos de que un sistema económico guiado por los intereses mercantiles en lugar de por la justicia está abocado al desastre. Ahora, que no juzguen quienes deberían ser juzgados. Han sido “rescatados” por el Estado y quedan desautorizados para opinar sobre unas propuestas que pretenden el “rescate” de la gente. Que callen ahora quienes -como el Banco Mundial, el FMI y la OMC- no levantaron la voz cuando debían.

Después de la “burbuja tecnológica” de los años noventa, la “burbuja inmobiliaria”. Durante todo este tiempo en que los “fondos soberanos” estaban vedados a los países dentro del “sistema globalizante”, los que se hallaban fuera del mismo han acumulado inmensos capitales, sin tener en cuenta en muchos casos las condiciones laborales ni los derechos humanos.

Es una crisis del capitalismo y no en el capitalismo, como pretenden, para continuar después su desbocada carrera, los más fervientes defensores de la economía de mercado que, por la ausencia de valores y de pautas de buen gobierno, ha fracasado estrepitosamente. Conviene, sobre todo, no volver a un “nuevo capitalismo”, sino promover un nuevo sistema económico mundial basado en la justicia y regulado por instituciones integradas en unas Naciones Unidas completamente reformadas, quizás refundadas, que dispongan de los recursos personales, técnicos y económicos que les permitan actuar eficazmente y aplicar a los transgresores todo el peso de la ley.

Se ha hablado últimamente de la necesidad de reformar urgentemente el FMI, cuando lo que hay que reformar es el sistema de Naciones Unidas en su conjunto, empezando por la inclusión en el mismo del FMI y el Banco Mundial, así como de la Organización Mundial del Comercio, para que se reafirme en su misión inicial, nunca cumplida: “Evitar la guerra”, es decir, construir la paz, en favor de las “generaciones venideras”.

La ONU, la Unesco -para que no volvamos a la paz de la seguridad en lugar de la seguridad de la paz- todos tienen que reformarse y reforzarse teniendo en cuenta su mandato original. Lo cierto es que se ha intentado desprestigiar y desautorizar a las Naciones Unidas y a las instituciones que la integran.

Sólo con una autoridad supranacional adecuada podrá tener lugar la regulación de los mercados. Y la eliminación inmediata de los paraísos fiscales, con los que los tráficos de drogas, armas, patentes, capitales y personas podrán también desaparecer. Ha quedado claro que los mercados no se “autorregulan”, sino que favorecen en el espacio supranacional, totalmente impunes, todo tipo de transgresiones y de mafias.

A escala nacional, es necesario que se establezcan rápidamente pactos entre los Gobiernos, los partidos, los representantes sindicales y empresariales (son un buen ejemplo los Pactos de la Moncloa) para que los beneficios de los avales financieros se hagan sentir rápidamente en la sociedad.

Algunas medidas que deberían adoptarse rápidamente:

– Realizar grandes inversiones públicas.

– Facilitar y regular la financiación de y desde la ciudad, imprescindible para la promoción del empleo, de la actividad mercantil e industrial, especialmente de las pymes.

– Igual que se han encontrado fondos cuantiosos para el rescate de las instituciones financieras, ahora deben ser “rescatados” los ciudadanos: 1) con prestaciones familiares (la “bolsa familia-escuela” de Brasi, iniciada en algunas comunidades autónomas de España, es un excelente modelo); 2) prestaciones a los desempleados (con medidas como la “renta básica de ciudadanía”, principio general que se podría iniciar atendiendo de este modo en primer lugar a los desempleados); 3) prestaciones a quienes pretenden poner en marcha un negocio o actividad mercantil; 4) prestaciones asimismo a todos los que, con un poco de ayuda, pueden seguir con sus hipotecas renegociadas para financiar sus viviendas; 5) la realidad no puede transformarse en profundidad si no se la conoce en profundidad: en consecuencia, fomento decidido de la I+D+i, con decidida colaboración de las empresas y de los fondos propios de la UE.

A escala internacional, algunas iniciativas que se podrían adoptar de forma inmediata:

– Se dispondrá de los fondos necesarios para procurar la alimentación a escala mundial y la lucha contra el sida.

– Se activarán también los Objetivos del Milenio, especialmente la lucha contra la pobreza, redefiniendo plazos y cantidades y otorgando, por fin, las ayudas prometidas al desarrollo acompañadas de la cancelación de la deuda externa.

– Se convocará rápidamente una cumbre de las Naciones Unidas en las que no se escatimen, como se hizo en el año 2005, los fondos destinados a la erradicación del hambre.

– Considerar rápidamente la inmediata aplicación de fórmulas como las tasas sobre transacciones de divisas, propuesta recientemente de nuevo, bien elaboradas, a las Naciones Unidas, y contenidas en la declaración sobre fuentes innovadoras para el financiamiento de la Iniciativa contra el hambre y la pobreza, suscrita el 24 de septiembre de 2008 en Nueva York por los presidentes Michelle Bachelet, Lula y Rodríguez Zapatero y el ministro de Asuntos Exteriores francés, Bernard Kouchner.

– Reducción del impacto de catástrofes naturales y provocadas, mediante la puesta en práctica de las Propuestas del Decenio (1989-1999) de las Naciones Unidas y de las recientes disposiciones al respecto de la Unión Europea (GAP), para evitar los efectos de episodios recurrentes (huracanes, inundaciones, incendios, etcétera) que siguen hallando, incluso en los países más desarrollados tecnológicamente, una falta total de preparación con una gran vulnerabilidad social.

– Atención prioritaria a África, eliminando con apremio la vergüenza que representa la explotación en el Congo, en territorio kivu, del coltán (mineral de columbita-tantalita empleado en ordenadores y telefonía móvil), así como de situaciones como la de Angola, con tantas riquezas explotadas, con tanto petróleo y quilates retirados de su subsuelo mientras la población malvive con menos de 2 dólares al día.

En resumen, se trata de facilitar rápidamente el tránsito de una economía de guerra a una economía de desarrollo global.

La sociedad civil tiene ahora la posibilidad -que no se presenta frecuentemente- de favorecer transformaciones radicales. Después de tantos años de desoídas recomendaciones de Casandras, la comunidad intelectual, científica y académica tiene, con tanta serenidad como rigor y firmeza, que hacerse oír. Llega el momento de la exigencia, de la participación activa -que ya puede ser no presencial, haciendo uso de la moderna tecnología de la comunicación como el SMS e Internet- para que los gobernantes sepan que los tiempos de resignación y de silencio han concluido. Que los súbditos se transforman en ciudadanos, los espectadores impasibles en actores, para que tenga lugar un cambio profundo del fondo y de la forma en el ejercicio del poder: la gran transición de una cultura de fuerza e imposición a una cultura de la palabra requiere educación en todos los grados y durante toda la vida; el fomento de la creatividad y diversidad cultural; la promoción de la investigación científica; de la sanidad para todos.

Grandes oportunidades, grandes responsabilidades que deben asumir los ciudadanos que tienen más que aportar al cambio. Ahora, poder ciudadano. Ahora, los pueblos, la gente.

Las crisis son una oportunidad de edificar un mundo nuevo, de volver a situar los principios éticos universales de la justicia, de la democracia genuina. No desperdiciemos las oportunidades. Debemos recordar, todos los días, el sabio aviso de Sófocles: “Cuando las horas decisivas han pasado es inútil correr para alcanzarlas”.

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz.

Los países de la OCDE entran en recesión

ECONOMÍA

 

 

 

 

Se revisan a la baja las perspectivas de crecimiento para 2009

ELPLURAL.COM

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha reconocido este jueves que sus países han entrado en recesión económica. Este organismo económico se muestra convencido que la recesión también se prolongará a lo largo de 2009.

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Así, la OCDE se ha visto obligada a revisar a la baja las perspectivas de crecimiento para sus países miembros -augura una caída del 0,3 por ciento de su Producto Interior Bruto (PIB) en 2009-.

Caídas
En concreto, esta organización calcula que Estados Unidos tendrá una caída del PIB del 0,9 por ciento el año próximo; la zona euro, del 0,5 por ciento, y Japón del 0,1 por ciento.

Recuperación en 2010
Para 2010, sin embargo, espera una recuperación que debería traducirse en un crecimiento económico del 1,5 por ciento para el conjunto de la OCDE, gracias en especial a una subida del 1,6 por ciento en EEUU, y, en menor medida, la del 1,2 por ciento de la eurozona. El PIB japonés no aumentaría más que el 0,6 por ciento, informa EFE.

Malos augurios
“El área económica de la OCDE parece haber entrado en recesión, el desempleo está aumentando en muchos de los países de la OCDE y las proyecciones de la OCDE apuntan hacia una bajada prolongada del PIB que en 2009 será de un 0,3% menos”, asegura el organismo.