ASAMBLEA DE LA FEMP, VAYA CAMORRISTAS ESTOS DEL PP.

Por Ricardo Royo-Villanova, hace 22 horas y 34 minutos

¡Vaya camorristas estos del PP!

Rosa Aguilar, durante la 9ª Asamblea de la FEMPA veces, le cuentan a uno cosas y dice ¡Vaya exageración! Eso es, precisamente lo que hubiera dicho yo si alguien me hubiera contado la escena que he presenciado esta tarde, durante el recuento de votos en la 9ª Asamblea de la Federación Española de Municipios y Provincias. No les voy a contar la batalla política que se ha desarrollado estos días en la FEMP. Es realmente aburrida y pueden leerla ustedes en el periódico de su elección. Sólo les diré que, como es lógico, el PP ha fracasado en su intento de colocar a Regina Otaola, la alcaldesa de penalty, en la presidencia de la FEMP. Lógicamente, así debía de ser, puesto que el PP perdió las elecciones municipales de mayo, al conseguir menos alcaldes que el PSOE, que es lo que se elegía, alcaldes, y al no tener apenas capacidad de negociación con nadie, ya que prácticamente todos los que no somos ellos somos enemigos de España y amigos de la ETA.

No les voy a contar la batalla política, sino la forma en que se han comportado algunos alcaldes, concejales y militantes populares en la FEMP, y en especial el incidente protagonizado esta tarde, durante el recuento de las votaciones por un grupo de militantes del Partido Popular, acreditados como delegados, como invitados y como servicio técnico de su partido en la asamblea, ante la mirada impávida y risueña del Alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, que no ha intervenido en ningún momento.

Tres urnas: una para elegir la presidencia de la FEMP, otra para la ejecutiva y otra para el consejo federal. La mesa de la Asamblea, en la que están representados alcaldes del PSOE, del PP y de IU acuerda que en cada urna haya sólo un interventor por cada partido. Los electores votan, se cierran las urnas y de repente se presentan -dándo órdenes en un tono bastante cuartelero, avasallando y amenazando- cinco o seis personas del PP en cada urna. Que si se cuenta así, que si se cuenta de la otra manera, que si «vais a hacer lo que diga yo porque si no impugno la mesa, y repetiremos el recuento tantas veces como yo lo pida». En estas, aparecen dos miembros de la mesa de la Asamblea, Rosa Aguilar, alcaldesa de Córdoba, y el antedicho Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid. Rosa Aguilar trata de mediar en una de las mesas en que los populares están más agresivos y entonces, uno de los militantes populares más chuscos que allí había va y le pregunta a Rosa Aguilar quién es y qué hace ahí.

Soy miembro de la mesa y mi deber es garantizar que todo se haga de acuerdo al reglamento, se defiende Rosa.

Usted no puede estar aquí, insiste el chusco.

Ella es miembro de la mesa de la asamblea y puede estar donde le parezca, replica un interventor de Izquierda Unida.

¿Tú eres interventor?, grita el chusco al que defendió a Rosa.

– Si, lo soy

Pues tú lo eres, pero doña Rosa, no, así que se tiene que ir, insiste, el tío.

La cosa se va poniendo cada vez más tensa. Un grupo de gente del Partido Popular rodea a Rosa Aguilar, y los interventores de IU, impotentes, no pueden hacer nada, porque han cumplido el acuerdo de la mesa, y sólo estamos tres personas de IU en la sala del recuento. El alcalde de Valladolid, en cuya ciudad saben bien lo chusco que es, mira el numerito con socarronería, pero no dice esta boca es mía. Rosa defiende su derecho a estar allí y alguien -un tipo de pelo blanco, bajito, marisabidillo- le grita a la alcaldesa de Córdoba:

¡Imbécil!

Un interventor de IU se dirige al que ha insultado a Rosa Aguilar y le reconviene, a lo que el tipo replica que «imbécil es el que dice imbecilidades». No veo lo que pasa entonces, porque los populares rodean al del pelo blanco y al interventor de IU, pero oigo a éste que grita: «¡Ni tocarme, ¿eh? ni tocarme!».

La cosa se tranquiliza cuando el secretario general de la FEMP se lleva a Rosa Aguilar aparte. Pero vean ustedes la indignidad de los militantes populares y sobre todo del alcalde de Valladolid, que contempla este desagradable acontecimiento sin decir una palabra, sin intentar calmar los ánimos…

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