Regulación, pero no solo financiera.

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Regulación, pero no sólo financiera
por Juan Francisco Martín Seco

Según avanza la crisis económica, se escuchan cada vez más voces, muchas de ellas de conversos, que afirman que se necesita menos mercado y más Estado. No estoy seguro de que sean conscientes del significado de la consigna y de hasta qué punto están dispuestos a llevarla adelante, o si todo va a quedar en una frase hábilmente empleada para justificar los pecados pasados. Después de esta crisis será difícil defender seriamente la autorregulación de los mercados. Tanto los liberales como los no liberales han vuelto la vista hacia el Estado demandando árnica. Lo malo es que durante años se ha ido debilitando y atando de pies y manos a ese Estado al que ahora todos pedimos auxilio.

Los mercados necesitan regulación, pero no solo el financiero. La crisis, que proviene ciertamente del mercado del dinero, se ha trasladado al sector real de la economía con consecuencias mucho más graves de lo que cabía prever, dada la enorme desregulación a la que hemos sometido al mercado laboral, ya que cualquier dificultad económica se transmite inmediatamente y de forma total al empleo.

Lo lógico sería esperar que la crisis afectase principalmente a la cuenta de resultados de las empresas y, en mucha menor medida, y solo parcialmente y en circunstancias críticas de una sociedad, se trasladase a los asalariados. Si en los doce últimos años, época de auge, los beneficios empresariales se dispararon sin que los trabajadores tuviesen parte en el festín, debería suponerse que en los momentos de vacas flacas se aminorarían los resultados de las empresas, incluso que incurrirían en pérdidas, antes de reducir el empleo. Pues no, aquí las empresas son traslúcidas desde el primer momento y dejan que el impacto se transmita íntegramente a los gastos de personal. Es más, en algún caso se tiene la sospecha de que las grandes compañías, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, utilizan la crisis para ajustar las plantillas, pero, eso sí, a un precio más económico.

Con un tercio de los ocupados con contratos temporales, es fácil entender que el ajuste se traslade inmediatamente a los trabajadores y que el desempleo crezca a un ritmo exponencial. La desregulación del mercado laboral ha conducido a que las grandes sociedades hayan externalizado los servicios, originando que gran parte del personal que trabaja para ellas no lo haga jurídicamente, sino que su relación laboral sea con una empresa subcontratada, en muchos casos casi fantasma. Las circunstancias económicas de las primeras en ningún caso justificarían los despidos, pero les resulta extremadamente fácil cancelar el contrato de las subcontratadas, que, al carecer a menudo de toda estructura económica, pueden desaparecer dejando a los trabajadores en la calle.

Existe el peligro de que se genere un círculo vicioso. Aun cuando la crisis tenga su origen en un estrangulamiento financiero -que los líderes europeos nunca deberían haber permitido que ocurriera, especialmente consintiendo una política monetaria restrictiva-, lo cierto es que actualmente está sustentada en una contracción de la demanda, que será mucho mayor según las cifras de paro vayan aumentando, sobre todo si se mantiene, tal como ocurre en la actualidad, una cobertura del seguro de desempleo muy raquítica.

Regulación, pero no solo financiera
24 noviembre 2008 – Público

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Crisis financiera: Lo que dura el arrepentimiento.

cajafuerte
21 Nov 2008, por Amparo Estrada
14:02 
PUBLICADO EN MULTIPLICATE POR CERO.
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Tags:  Los propósitos de enmienda pueden ser muy sinceros y el tiempo que duran es proporcionalmente inferior a la satisfacción que produce lo que se quiere enmendar. Los fumadores que alguna vez han intentado dejar el vicio saben de lo que hablo. Y saben también que dejar de fumar es igual de fácil que tener firme propósito de enmienda: lo haces una y otra vez, una y otra vez…

Ahora se multiplican las declaraciones de arrepentimiento de reguladores, entidades financieras e incluso gobiernos, por no haber visto llegar la crisis y no haberla evitado. Muchos están escribiendo en sus cuadernos, cien veces, “no permitiré la prosperidad de los caraduras o sinvergüenzas”, “no permitiré la prosperidad de los…”

Entre la gente corriente, una de las cosas que más perplejidad provoca son las retribuciones astronómicas de altos directivos empresariales, que las cobran incluso por hacerlo mal. Hoy, esa sorpresa se ha transformado en indignación al poderse constatar que muchos de los culpables de los productos financieros basura que han puesto en vilo la prosperidad económica de la parte desarrollada del mundo se han embolsado personalmente cientos de millones de euros, cobrados a menudo después de llevar a la quiebra a sus empresas. Millones para él, un ERE para sus fieles empleados, y reuniones del G-20 para todos los demás.

Por ejemplo, Stanley O’Neal, ex presidente de Merrill Lynch, se llevó una compensación de 161 millones de dólares cuando tuvo que irse del banco de inversión dejando los peores resultados de sus 93 años de historia. Y aún dijo que las retribuciones se fijaban de forma “rigurosa e independiente”. En la Cámara de Representantes de Estados Unidos han estado, explicando las causas de la crisis, George Soros, Philip Falcone, Kenneth Griffin, James Simons y John
Paulson, los mayores financieros de fondos de alto riesgo. Cada uno ganó una media de 1.000 millones de dólares el año pasado. El senador demócrata Henry Waxman, presidente de la comisión de investigación, criticó que todos ellos pagaran menos impuestos que un profesor de escuela o un fontanero.

Soros, ya septuagenario, ha sido entrevistado desde hace décadas decenas de veces para que cuente sus estrategias de inversión, escribe best sellers empresariales… Y es conocido, entre otras delicadezas, por haberse enriquecido en la década de los noventa con el hundimiento de la libra esterlina.

Otro ejemplo de buenas prácticas inversoras: David Einhorn, gestor del fondo de inversión Greenligth Capital, llevaba meses apostando por una bajada en el precio de las acciones de Lehman Brothers antes de su quiebra. Llegó a realizar una gira por Estados Unidos, concediendo entrevistas en las que repetía que las cuentas de Lehman no cuadraban y que el valor debía desplomarse. Y se desplomó, haciéndole rico a él. Tras la quiebra de Lehman Brothers, en Estados Unidos y Europa se tomaron medidas para restringir o prohibir las apuestas a la baja.

Comprobadas las malas prácticas y sus efectos venenosos, el G-20 ha reconocido que algo hay que hacer. Los Gobiernos hablan de propósito de enmienda y de establecer algún tipo de límite a los bonus o primas. También las entidades financieras empiezan a mostrar, orgullosas, cómo toman medidas para limitar las retribuciones de sus altos directivos, muchos con avión privado. Por ejemplo, Barclays Bank, esta semana, ha anunciado que su cúpula directiva no va a cobrar las primas correspondientes a 2008. Sin embargo, teniendo en cuenta que la mayoría de los bonus y primas están ligados a la evolución de los beneficios, la austeridad va a venir dada por el efecto de la crisis. Y cuando vuelvan las vacas gordas dentro de unos años ¿alguien cree que no engordarán los pagos a los altos ejecutivos? Se ha demostrado que siempre hay una vía para cobrar más, se llamen opciones sobre acciones, indemnizaciones o bonus.
Al menos hoy hay propósito de enmienda, igual consiguen dejar de fumar otra vez.

Stop a los abusos del capitalismo.

 

L. G. / D. B. – Londres / Bruselas – 14/10/2008 23:14
La crisis ha dejado claro que ya no sirven las soluciones de antaño y que hay que crear nuevos cimientos para el sistema financiero mundial, porque los que había no eran suficientes y, además, han quedado muy dañados. Debatir sobre la refundación del sistema centrará la agenda de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que hoy y mañana se celebra en Bruselas.

Si el primer ministro británico, Gordon Brown, tomó la delantera la semana pasada con un programa de rescate de la banca, que el resto de la comunidad internacional ha replicado, ahora también quiere liderar este proceso de refundación del sistema financiero. Su receta pasa por “crear un mecanismo global de coordinación y supervisión” para salir “de la primera crisis financiera de la era global”, según anunció ayer en Londres.

Brown propone “una nueva arquitectura financiera para la era global”

Las operaciones de rescate de la industria bancaria y la reforma del sistema financiero han de producirse “simultáneamente”, defendió el jefe del Gobierno británico. “Debemos reconocer”, añadió, “que si los riesgos son globales, las responsabilidades también han de globalizarse”. Brown propone “una nueva arquitectura financiera para la era global” con sus cimientos apoyados en cinco principios: transparencia, integridad, responsabilidad, excelente gestión bancaria y cooperación a escala global. Esta nueva estructura debe incorporar fórmulas contables internacionales para evaluar los activos y asegurar la transparencia en todas las esferas financieras, incluidos los mercados de derivados de deuda que, según recordó el primer ministro, “mueven el riesgo por todo el sistema”.

Al mismo tiempo, el plan de Brown incluye la eliminación de los conflictos de interés en las agencias de evaluación de riesgo, una mayor responsabilidad en los planes de remuneración de las instituciones (es decir, de los elevados sueldos de los ejecutivos) y una supervisión efectiva de los consejos de administración de sus respectivos negocios.

Los nuevos cimientos deberían incluir una reforma del FMI porque, según Brown, “las instituciones internacionales fundadas en los años cuarenta deben ajustarse adecuadamente a la era moderna”.

El plan de Brown incluye la eliminación de los conflictos de interés en las agencias de evaluación de riesgo

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, también hizo su aportación sobre cómo deben ser las finanzas del futuro inmediato. A su juicio, sería necesaria una mayor supervisión de las actividades financieras transfronterizas, aunque no ve fácil su consecución porque, por ahora, ese objetivo genera una “oposición enorme”. Recordó que cuando propuso hace meses incrementar la supervisión, “varios líderes europeos me dijeron que no irían más allá de un código de conducta”. La resistencia de varios países a ceder competencias a la UE comienza por España, que ve necesaria una mayor coordinación, pero que teme perder competencias clave, según ha recalcado en varias ocasiones Pedro Solbes. Con todo, Barroso se mostró optimista por haber logrado unos niveles de coordinación “sin precedentes” en la reacción a la crisis. Tanto es así que aseguró que “ve la luz al final del túnel, pero todavía no estamos ahí”.

Desde el ámbito más concreto de las entidades, el presidente de Caixa Catalunya, Narcís Serra, propuso que la nueva regulación lleve hacia productos financieros más simples y transparentes, y modifique las normas contables, ya que ahora “nos castigan” porque son demasiado procíclicas, informa Glòria Ayuso.

Cita con Bush

Además de lo que se acuerde en la cumbre europea, el debate sobre el sistema financiero mundial también será protagonista el sábado. El presidente estadounidense, George Bush, ha convocado a Barroso y al presidente de turno de la Unión, Nicolas Sarkozy, para discutir la crisis. Se verán en Camp David, informa Efe.

Carta de Michael Moore a los ciudadanos norteamericanos

Marcela Elizabeth (Chile) ha escritohace 10 horas

Los ciudadanos de Estados Unidos han comenzado a salir a las calles para manifestar su descontento por el manejo de la crisis.

Amigos. Déjenme ir al grano. Mientras ustedes leen estas líneas se está llevando a cabo el robo más grande en la historia de este país. Aunque no se están empleando armas, 300 millones de personas
fueron tomadas como rehenes. No nos equivoquemos: después de cinco años de robarse medio trillón de dólares para llenar los bolsillos de sus aliados que se enriquecen con la guerra, después de forrar
con dinero a los magnates petroleros con 100 mil millones de dólares en los pasados dos años, Bush y sus secuaces que pronto dejarán vacante la Casa Blanca están saqueando todos los dólares que se encuentran del Tesoro de Estados Unidos. Están barriendo con todos los cubiertos de plata que pueden mientras caminan rumbo a la puerta de salida.

No importa lo que digan, no importa cuántas palabras empleen para asustarlos; están recurriendo a las viejas triquiñuelas para fomentar el miedo y la confusión para mantenerse a sí mismos y a uno por ciento de la población asquerosamente rica. Sólo basta leer los primeros cuatro párrafos del reportaje principal del New York Times del pasado lunes para conocer de qué se trata todo este asunto:

“Aunque los legisladores trabajaron en los detalles del rescate de la industria financiera por 700 mil millones de dólares, Wall Street volvió a buscar la manera de lucrar con el plan.

“Las firmas financieras cabildearon para lograr la cobertura de todas las formas de inversiones problemáticas, no sólo las relacionadas con las hipotecas.

“Al mismo tiempo, las firmas de inversión maniobraron para supervisar todos los activos que el Tesoro planea eliminar de los registros de las instituciones financieras, una actividad que podría generarles cientos de millones de dólares al año en honorarios. Nadie quiere ser excluido de la propuesta del Tesoro para la compra de los activos de mala calidad.”

Increíble. Wall Street y sus partidarios fueron los artífices de este desorden y ahora pretenden limpiarlo como viles bandidos. Hasta Rudy Giuliani está haciendo cabildeo con su consultoría para
ser contratado (recibir sueldo) y brindar asesoría en el rescate.

El problema es que nadie sabe en verdad a qué se debe este “colapso”. Aun el secretario del Tesoro, Paulson, admitió ignorar la cantidad exacta que se requiere (¡se le ocurrió de la nada la cifra de 700 mil millones!) El director de la oficina de presupuestos del Congreso afirma que no podía entenderlo ni
explicarlo.

No obstante, dicen histéricos que ¡el final está cerca! ¡Pánico! ¡Recesión! ¡La Gran Depresión! ¡Y2K! ¡La gripe aviar! ¡Abejas asesinas! ¡Debemos aprobar la ley del rescate hoy mismo! ¡El cielo se está cayendo! ¡El cielo se está cayendo!

¿Cayéndosele a quién? No hay NADA en este paquete de “rescate” que baje el precio de la gasolina que debemos cargar en nuestros vehículos para ir al trabajo.

NADA en esta iniciativa nos protegerá de perder nuestro hogar
NADA en esta iniciativa nos dará un seguro médico.

¿Seguro médico? Mike, ¿por qué hablas sobre ese tema? ¿Qué tiene
que ver con el colapso de Wall Street?

Tiene mucho que ver. El supuesto “colapso” fue desencadenado por la moratoria y la pérdida de hogares de la gente con deudas hipotecarias.

¿Saben por qué tantos estadunidenses están perdiendo sus hogares?

Los republicanos explicarían que se debe a que muchos idiotas de la clase trabajadora recibieron hipotecas que en realidad no podían pagar. Pero la verdad es ésta: la razón número uno por la cual la gente se declara en bancarrota es por el costo de sus cuentas médicas. Déjenme ponerlo de forma más simple: si tuviéramos un sistema universal de salud, esta crisis hipotecaria jamás habría sucedido.

El objetivo de este rescate es proteger la obscena acumulación de riqueza que ha sido amasada en los ocho años anteriores. Es para proteger a los accionistas que poseen y controlan a las corporaciones en Estados Unidos. Es para asegurarse que sus yates y mansiones y su “forma de vida” no sean interrumpidos mientras el resto de los estadounidenses sufren y luchan para pagar las cuentas.

Dejemos que los ricos sufran al menos una vez. Que paguen el costo del rescate. Estamos gastando 400 millones de dólares al día en la guerra de Irak.
¡Que acaben de una vez con la guerra y nos ahorraremos otro medio trillón de dólares!

Están protagonizando un golpe de Estado financiero en contra de nuestro país. Esperan que el Congreso actúe rápido para evitar que piensen, antes de que tengamos la oportunidad de detenerlos. Así que dejen de leer esto y hagan algo ¡YA! Pueden poner manos a la obra de manera inmediata:

1. Llamen o envíen un correo al senador Barack Obama. Díganle que no necesita sentarse a ayudar a Bush y a Cheney y todo el desastre que han provocado. Díganle que tiene la inteligencia para detener el ritmo de los acontecimientos y encontrar cuál es el mejor camino a escoger. Digámosle que los ricos deben pagar por la ayuda que se les proporciona. Usemos la influencia que tenemos en estos momentos
para insistir en una moratoria a todos los embargos e insistir en adoptar la cobertura universal de salud, y decirles que el pueblo necesita tomar las riendas de las decisiones económicas que afectan nuestras vidas, no a los barones de Wall Street.

2. Tomen las calles. Participen en cualquiera de las cientos de manifestaciones espontáneas que están brotando en todo el país (especialmente aquellas cerca de Wall Street y DC).

3. Llamen a sus representantes en el Congreso y en el Senado. Cuéntenles lo que le dijeron al senador Obama.Cuando uno se equivoca en la vida, los errores se pagan en el infierno. Cada uno de ustedes que leen este texto, conocen esa lección elemental y ha pagado las consecuencias de sus actos en
algún punto de su vida. En esta gran democracia no podemos permitir que exista un conjunto de reglas para la mayoría de los ciudadanos trabajadores y otras reglas para la elite, la cual, cuando se equivoca, recibe regalos en bandeja de plata. ¡No puede ser! ¡No de nuevo!

Suyo, Michael Moore

http://www.new.facebook.com/group.php?gid=29614947148 QUE PAGUEN LOS RIOS LA CRISIS FINANCIERA.

Bomberos pirómanos.

JOSÉ VIDAL-BENEYTO 11/10/2008

Las múltiples intervenciones estatales para apuntalar a los bancos más averiados y envilecidos y a los sistemas bancarios que los albergan, pueden considerarse como premios a la trampa y al chanchullo. Pero además esas intervenciones no conseguirán detener la desbandada, si no van acompañadas de un conjunto de medidas rigurosas y radicales que impidan, más allá de la mano salvífica de los mercados que evidentemente no funciona, primero, el mantenimiento de las prácticas actuales y luego, una transformación total del orden capitalista actual.

 

La noticia en otros webs

El remedio de inyectar más dinero en el circuito que lo ha malversado es un desatino

Y digo transformar y no sustituir, porque los que como yo estamos frontalmente contra la explotación capitalista y defendemos la igualdad en y desde la libertad, sabemos que, hoy por hoy, no tenemos una propuesta cabal, ni siquiera una hipótesis válida que poner en su lugar. Esa incapacidad es nuestra mayor frustración, nuestra más lacerante impotencia, que no nos obliga, sin embargo, a aceptar las prácticas generales de latrocinio en que ha derivado hoy. ¿Cómo ha sucedido esto?

Decir capitalismo es constituir al capital en piedra angular del edificio económico, cuyo propósito esencial es obviamente generar beneficios, pero respetando una serie de reglas y cumpliendo la función social de satisfacer las necesidades, expresadas técnicamente en demandas, de los miembros de la comunidad. Satisfacción que comporta la producción de las mercancías y servicios que estas necesitan para su subsistencia y desarrollo y que se inscriben en la esfera que se califica como economía real. Esta a su vez reclama la cooperación auxiliar de una estructura que la dote de los mecanismos de financiación que reclama su ejercicio. Ahora bien, esta economía financiera, en posición subordinada ha abandonado su función instrumental y se ha erigido en matriz privilegiada de la riqueza, autonomizándose de los riesgos y servidumbres de los procesos de producción y consumo y suplantando, mediante la manipulación de las cifras y las finanzas, la rigidez fáctica de lo real por la flexibilidad de lo virtual y abstracto.

Entre los obreros y las máquinas por un lado y los apuntes contables por otro, no cabe duda de que la búsqueda del beneficio se inclinará siempre por lo segundo. Pero el triunfo de lo financiero ha sido tan total, que ha perdido el sentido de los límites y ha provocado, por sus excesos y abusos, su propia hecatombe. Intentar salir de ella mediante una apelación al sentido de responsabilidad de los actores económicos, en una situación de desmoralización tan completa de nuestras sociedades, no tiene sentido alguno, cuando han desaparecido principios y valores y hoy sólo priman el enriquecimiento y el éxito, el disfrute. De ahí que el remedio que se ha puesto en marcha, que pretende apagar la hoguera echándole más leña al fuego, digo, inyectando más dinero en el circuito que lo ha malversado y entregándolo además a los propios malversadores confiando en su súbita conversión a la decencia, es un desatino. Más cuando cabría venir directamente en ayuda de los depositarios y cuentacorrentistas a quienes se priva de sus ahorros, mediante un dispositivo general de garantías personalizadas.

De igual manera es insensato pretender que, sin un marco rígido de disposiciones compulsivas, el mundo de las finanzas renunciara a sus tan rentables prácticas. Pues como apuntaba el sábado pasado si los mecanismos de titrización, mercados a término, técnicas del LBD se ponen difíciles, pronto surgirán otras. O mejor ya han surgido, dado que las Credit-Default Swap o seguros de impago, mediante los cuales uno se asegura por los riesgos de un tercero, permiten una desmultiplicación casi ilimitada de dichos riesgos y de su operatividad, y representan ya un volumen de 62. 000 millardos de dólares.

Si los Estados quieren de verdad adecentar el mundo financiero en vez de recapitalizar a las entidades fulleras, ¿por qué no crean un Servicio financiero público y se dejan de nacionalizaciones parciales e interesadas? ¿Por qué no acaban con las cuentas número y ponen fin definitivamente al secreto bancario que cubre tantas ignominias y hace posibles tantas impunidades? ¿Por qué no se establece una Autoridad Mundial de Control que asegure el cumplimiento de las normas y, entre otras cosas, designe unos expertos públicos responsables del rating de los mercados financieros? Y sobre todo ¿por qué no se clausuran los 37 paraísos fiscales más conocidos, lugares para el confortable acomodo del botín de la criminalidad organizada sin los cuales las mafias de la droga y las armas y las bandas especializadas en la evasión fiscal y el blanqueo tendrían la vida mucho más difícil? Esa clausura sólo depende de los Estados. ¿Por qué no lo hacen? Y para terminar, ¿por qué no volvemos a la propuesta del Premio Nobel de Economía James Tobin en 1983, de crear una tasa del 0,5% sobre todas las transacciones financieras para limitar la atractividad de lo financiero y con su producto alimentamos un Fondo para el logro de los Objetivos del Milenio?