Conciencia y calidad de la democracia, de Adela Cortina.

Periodismo de opinión en Reggio’s

adela cortina

El País

Hace unos meses, la propaganda de la película Valkiria llevaba una leyenda bien impactante. Decía algo así como “mientras otros obedecían, él escuchó a su conciencia”. “Él” era el coronel Von Stauffenberg, el líder del último atentado contra Hitler, alguien que no se doblegó ante lo “políticamente correcto”, cuando no doblegarse implicaba exponerse a la tortura y la muerte. No sólo a no recibir el aplauso de la mayoría o a ser mal considerado, sino a perder la vida, como realmente sucedió. Gentes así despiertan admiración, o deberían hacerlo.

Como Shtrum, el personaje de Vasili Grossman en Vida y destino, el científico caído en desgracia durante el régimen de Stalin, que se niega a reconocerse culpable -porque no lo es-, aunque sus amigos le aconsejan hacerlo para evitarse males mayores. Socialista convencido, confiesa a su hija: “Creo que nos precipitamos al hablar de socialismo; éste no consiste sólo en la industria pesada. Antes de todo está el derecho a la conciencia. Privar a un hombre de este derecho es horrible. Y si un hombre encuentra en sí la fuerza para obrar con conciencia, siente una alegría inmensa”.

La conciencia personal frente al totalitarismo, nacionalsocialista, soviético o de cualquier otro género. La persona artífice de su propia vida, como diría Séneca, responsable de su propio destino.

Justamente, la estrategia de los totalitarismos consiste en anularla con distintas coartadas, como la tan conocida de la “obediencia debida” al Führer, al Estado soviético, al mando militar. Una coartada inadmisible en sociedades democráticas, que se caracterizan por hacer de la igual autonomía de los ciudadanos la clave de la vida social y, por lo tanto, no pueden permitirse anular las conciencias que es la forma de anular a las personas.

En estas sociedades existe la objeción de conciencia; claro está, que cualquier ciudadano puede presentarla cuando considera que una ley viola sus convicciones más profundas, aunque sólo se reconocerá el derecho a ejercerla en los casos tipificados a tal efecto, y lo que pase de ahí es desobediencia civil. Pero en esta vida no todo se agota en los reconocimientos legales ni queda asegurada la supervivencia de la conciencia personal porque exista el derecho a objetar en determinados casos. ¿Qué sucede -por ejemplo- cuando los partidos políticos se niegan a dejar libertad de conciencia a sus miembros a la hora de votar en situaciones especialmente conflictivas para ellos? ¿No es entonces la disciplina de voto una versión suave de la obediencia debida para estómagos democráticos?

Sin duda, las sociedades abiertas se enfrentan a un buen número de contradicciones, pero, precisamente por su carácter abierto, se ven obligadas a sacar a la luz los problemas, a reconocerlos como tales y a tratar sobre ellos para tratar de enfrentarlos con altura humana. Ésa es la grandeza y la responsabilidad de los mundos abiertos.

Es verdad que los partidos políticos, sean muchos o pocos, han de presentar propuestas unitarias a los ciudadanos dentro de sus programas, porque en caso contrario pierden eficacia y sentido. Parece entonces que no puede haber pluralismo interno, porque ¿cómo sabrán los electores a quién votar si hay disensiones internas? Pero tampoco se puede eludir la otra cara de la moneda: ¿qué hace un militante que está de acuerdo con su partido en la mayor parte de las propuestas pero se siente incapaz de apoyar algunas porque se lo impide su conciencia?

La calidad de una democracia representativa exige que los ciudadanos puedan esperar de los partidos que cumplan sus programas, a los que debería haberse llegado por debate interno y externo. En este cumplimiento mostrarían su operatividad y ese valor tan preciado por nuestras sociedades que se llama “eficiencia”. Pero esa misma calidad de la democracia reclama que los miembros de los partidos ejerzan su libertad de conciencia, porque mal pueden contagiar pluralismo instituciones monolíticas.

El monolitismo no es un valor positivo, que atrae, sino un valor negativo, que repele, y resulta más convincente un partido -o cualquier otra institución- cuyos miembros pueden poner en duda propuestas del aparato. Recuerdo en este sentido las declaraciones de un miembro del PSOE, alcalde en un pueblo de Alicante, que aseguraba haber probado durante años el agua de las desalinizadoras y haber llegado por experiencia a la conclusión de que era mejor un sistema mixto, porque el agua que es buena para las personas no lo es tanto para la agricultura. Ante la pregunta del periodista “¿cómo dice eso siendo del partido que es?”, la respuesta era extraordinaria: “No me sentiría a gusto en mi partido si no dijera lo que he comprobado por experiencia”.

Por supuesto que el que expresa su libre conciencia se puede equivocar, por supuesto que existen los iluminados peligrosos. Pero bien puede ocurrir que una persona, a pesar de intentar aceptar al máximo lo que le une a la mayoría, de un partido o de una sociedad, acabe pronunciando la famosa frase de Lutero: “No puedo más, aquí me detengo”. En un sentido o en otro. Anular esa posibilidad es apostar por la Raza, por el Estado o por el Partido, por lo contrario de la sociedad abierta.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Anuncios

El PP, los escándalos y la calidad de nuestra democracia

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • CARLOS CARNICERO

    04/05/2009

 

El Zumbido

La sucesión de escándalos económicos y políticos no termina de erosionar la imagen del PP. Sucede que existe una barrera de contención del enemigo que desde la derecha determina que todo está permitido con tal de que la izquierda salga perjudicada. Son planteamientos predemocráticos, cainitas y frentistas. Pero eso es lo que hay.

<!–

En el último tiempo de gobierno de Felipe González sucedieron algunos episodios de corrupción que provocaron un montón de dimisiones. Hubo asunción de responsabilidad política y el propio Felipe González, en 1996, renunció al intento de formar un gobierno en minoría a pesar de la precariedad de la victoria de José María Aznar.

El caso Gurtel, los espionajes en Madrid y la cantidad de cargos públicos de relevancia implicados en esas tramas obscenas de corrupción debieran haber sido motivo de derrumbe de las expectativas de voto del PP. Pero hay mucho elector de este partido que funciona como miembro de una secta que tiene que admitir cualquier comportamiento de su propio partido antes de dejar de apoyar a su equipo. Ocurre como en algunos equipos de fútbol: une más el odio al adversario que la adhesión a los propios colores; en caso de duda, muchos preferirían que perdiese el PSOE aunque para ello también tuviera que hacerlo el PP.

Una de las características de la revolución llevada a cabo por Barack Obama es la consideración de la política como puente entre ideas distintas. Buscar siempre lo que une, aunque sea poco, por encima de lo que separa.

En España estamos muy lejos de esa posibilidad porque a mi juicio dentro del PP conviven personas de distinta calidad ideológica. Los herederos del franquismo siguen teniendo un peso importante y marcan las improntas por encima de cualquier intento de renovación. Una vez más le va a tocar a la izquierda la labor pedagógica de convertir España en un país democráticamente transitable.

Carlos Carnicero es periodista y analista político.

La doble vara de medir del PP: Carlos Fabra y Pedro Castro.

DECLARACIONES DE PEDRO CASTRO

INTERVENCIÓN DE CARLOS FABRA EN UN PLENO INSTITUCIONAL DE LA DIPUTACIÓN DE CASTELLÓN.

La hipocresia del PP a la hora de enjuiciar el comportamiento de los representantes públicos queda más de manifiesto si se añaden a las palabras pronunciadas, el contexto en el que fueron dichas y la trayectoria política y personal de los dos cargos públicos locales  que sirven de ejemplo ilustrativo y de su actitud pública de reconocimiento del error, la demanda de disculpas o la prepotencia reflejada en el comportamiento de cada cual.

Busque las siete diferencias y juzgue personalmente; después, imagine por un momento la situación a la inversa y deduzca por qué el PP protege a Fabra y exige la dimisión de este buen manchego de Tomelloso y Alcalde de Getafe durante tantos años que es Pedro Castro. Seguramente el chantaje del PP a la FEMP esconde otras cosas mas graves que algún día la justicia escribirá en una sentencia. Es evidente que los ataques repentinos de dignidad del PP no se compadecen con su conciencia laxa en materia de corrupción política, de talante democrático y con su politica de protección a una legion de imputados que siguen silbando sentados en susn poltronas municipales.

Grandes crisis, grandes oportunidades

mayorzaragoza

FEDERICO MAYOR ZARAGOZA 15/11/2008

 

La crisis puede ser la salvación (F. Hölderlin)

La noticia en otros webs

Se abre una posibilidad para edificar un mundo nuevo basado en la ética de la justicia y la democracia

Sólo una autoridad supranacional puede regular los mercados

 

No es sólo un inmenso andamiaje económico lo que se desmorona, sino una concepción del poder, de sus bases ideológicas. Es necesario tener en cuenta todas las dimensiones de este derrumbe para reconstruir con otros materiales. Y, sobre todo, reponer en el eje mismo de la acción pública los principios democráticos que, en un error histórico, se sustituyeron indebidamente por las leyes del mercado.

Aprovechar las crisis para el cambio de rumbo y de destino: que no desoigan ni ridiculicen las propuestas de cambio los mismos que desoyeron y ridiculizaron las recomendaciones que les hacíamos, desde principios de la década de los noventa, convencidos de que un sistema económico guiado por los intereses mercantiles en lugar de por la justicia está abocado al desastre. Ahora, que no juzguen quienes deberían ser juzgados. Han sido “rescatados” por el Estado y quedan desautorizados para opinar sobre unas propuestas que pretenden el “rescate” de la gente. Que callen ahora quienes -como el Banco Mundial, el FMI y la OMC- no levantaron la voz cuando debían.

Después de la “burbuja tecnológica” de los años noventa, la “burbuja inmobiliaria”. Durante todo este tiempo en que los “fondos soberanos” estaban vedados a los países dentro del “sistema globalizante”, los que se hallaban fuera del mismo han acumulado inmensos capitales, sin tener en cuenta en muchos casos las condiciones laborales ni los derechos humanos.

Es una crisis del capitalismo y no en el capitalismo, como pretenden, para continuar después su desbocada carrera, los más fervientes defensores de la economía de mercado que, por la ausencia de valores y de pautas de buen gobierno, ha fracasado estrepitosamente. Conviene, sobre todo, no volver a un “nuevo capitalismo”, sino promover un nuevo sistema económico mundial basado en la justicia y regulado por instituciones integradas en unas Naciones Unidas completamente reformadas, quizás refundadas, que dispongan de los recursos personales, técnicos y económicos que les permitan actuar eficazmente y aplicar a los transgresores todo el peso de la ley.

Se ha hablado últimamente de la necesidad de reformar urgentemente el FMI, cuando lo que hay que reformar es el sistema de Naciones Unidas en su conjunto, empezando por la inclusión en el mismo del FMI y el Banco Mundial, así como de la Organización Mundial del Comercio, para que se reafirme en su misión inicial, nunca cumplida: “Evitar la guerra”, es decir, construir la paz, en favor de las “generaciones venideras”.

La ONU, la Unesco -para que no volvamos a la paz de la seguridad en lugar de la seguridad de la paz- todos tienen que reformarse y reforzarse teniendo en cuenta su mandato original. Lo cierto es que se ha intentado desprestigiar y desautorizar a las Naciones Unidas y a las instituciones que la integran.

Sólo con una autoridad supranacional adecuada podrá tener lugar la regulación de los mercados. Y la eliminación inmediata de los paraísos fiscales, con los que los tráficos de drogas, armas, patentes, capitales y personas podrán también desaparecer. Ha quedado claro que los mercados no se “autorregulan”, sino que favorecen en el espacio supranacional, totalmente impunes, todo tipo de transgresiones y de mafias.

A escala nacional, es necesario que se establezcan rápidamente pactos entre los Gobiernos, los partidos, los representantes sindicales y empresariales (son un buen ejemplo los Pactos de la Moncloa) para que los beneficios de los avales financieros se hagan sentir rápidamente en la sociedad.

Algunas medidas que deberían adoptarse rápidamente:

– Realizar grandes inversiones públicas.

– Facilitar y regular la financiación de y desde la ciudad, imprescindible para la promoción del empleo, de la actividad mercantil e industrial, especialmente de las pymes.

– Igual que se han encontrado fondos cuantiosos para el rescate de las instituciones financieras, ahora deben ser “rescatados” los ciudadanos: 1) con prestaciones familiares (la “bolsa familia-escuela” de Brasi, iniciada en algunas comunidades autónomas de España, es un excelente modelo); 2) prestaciones a los desempleados (con medidas como la “renta básica de ciudadanía”, principio general que se podría iniciar atendiendo de este modo en primer lugar a los desempleados); 3) prestaciones a quienes pretenden poner en marcha un negocio o actividad mercantil; 4) prestaciones asimismo a todos los que, con un poco de ayuda, pueden seguir con sus hipotecas renegociadas para financiar sus viviendas; 5) la realidad no puede transformarse en profundidad si no se la conoce en profundidad: en consecuencia, fomento decidido de la I+D+i, con decidida colaboración de las empresas y de los fondos propios de la UE.

A escala internacional, algunas iniciativas que se podrían adoptar de forma inmediata:

– Se dispondrá de los fondos necesarios para procurar la alimentación a escala mundial y la lucha contra el sida.

– Se activarán también los Objetivos del Milenio, especialmente la lucha contra la pobreza, redefiniendo plazos y cantidades y otorgando, por fin, las ayudas prometidas al desarrollo acompañadas de la cancelación de la deuda externa.

– Se convocará rápidamente una cumbre de las Naciones Unidas en las que no se escatimen, como se hizo en el año 2005, los fondos destinados a la erradicación del hambre.

– Considerar rápidamente la inmediata aplicación de fórmulas como las tasas sobre transacciones de divisas, propuesta recientemente de nuevo, bien elaboradas, a las Naciones Unidas, y contenidas en la declaración sobre fuentes innovadoras para el financiamiento de la Iniciativa contra el hambre y la pobreza, suscrita el 24 de septiembre de 2008 en Nueva York por los presidentes Michelle Bachelet, Lula y Rodríguez Zapatero y el ministro de Asuntos Exteriores francés, Bernard Kouchner.

– Reducción del impacto de catástrofes naturales y provocadas, mediante la puesta en práctica de las Propuestas del Decenio (1989-1999) de las Naciones Unidas y de las recientes disposiciones al respecto de la Unión Europea (GAP), para evitar los efectos de episodios recurrentes (huracanes, inundaciones, incendios, etcétera) que siguen hallando, incluso en los países más desarrollados tecnológicamente, una falta total de preparación con una gran vulnerabilidad social.

– Atención prioritaria a África, eliminando con apremio la vergüenza que representa la explotación en el Congo, en territorio kivu, del coltán (mineral de columbita-tantalita empleado en ordenadores y telefonía móvil), así como de situaciones como la de Angola, con tantas riquezas explotadas, con tanto petróleo y quilates retirados de su subsuelo mientras la población malvive con menos de 2 dólares al día.

En resumen, se trata de facilitar rápidamente el tránsito de una economía de guerra a una economía de desarrollo global.

La sociedad civil tiene ahora la posibilidad -que no se presenta frecuentemente- de favorecer transformaciones radicales. Después de tantos años de desoídas recomendaciones de Casandras, la comunidad intelectual, científica y académica tiene, con tanta serenidad como rigor y firmeza, que hacerse oír. Llega el momento de la exigencia, de la participación activa -que ya puede ser no presencial, haciendo uso de la moderna tecnología de la comunicación como el SMS e Internet- para que los gobernantes sepan que los tiempos de resignación y de silencio han concluido. Que los súbditos se transforman en ciudadanos, los espectadores impasibles en actores, para que tenga lugar un cambio profundo del fondo y de la forma en el ejercicio del poder: la gran transición de una cultura de fuerza e imposición a una cultura de la palabra requiere educación en todos los grados y durante toda la vida; el fomento de la creatividad y diversidad cultural; la promoción de la investigación científica; de la sanidad para todos.

Grandes oportunidades, grandes responsabilidades que deben asumir los ciudadanos que tienen más que aportar al cambio. Ahora, poder ciudadano. Ahora, los pueblos, la gente.

Las crisis son una oportunidad de edificar un mundo nuevo, de volver a situar los principios éticos universales de la justicia, de la democracia genuina. No desperdiciemos las oportunidades. Debemos recordar, todos los días, el sabio aviso de Sófocles: “Cuando las horas decisivas han pasado es inútil correr para alcanzarlas”.

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz.

En defensa del laicismo.

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • 38x38 Coral Bravo
  • CORAL BRAVO

    28/07/2008

 

Aunque a la mayoría de españoles, demócratas y racionales, no nos hacen falta argumentaciones en defensa de la laicidad, al parecer, quedan unos pocos intolerantes que necesitan que se les recuerde que el laicismo no es antirreligioso, no ataca a nadie sino, al contrario, defiende el respeto a la libertad de pensamiento y de conciencia (sin la cual, por otro lado, no estaríamos en democracia).

<!–

Siempre he defendido que el mejor camino para asegurar la independencia intelectual es la búsqueda de información y el desarrollo de la capacidad de análisis y de crítica. Y cada día me doy más cuenta de que la ignorancia es el mejor caldo de cultivo para la sinrazón y para el fanatismo. Y el fanatismo es la más cerril de las servidumbres humanas, así como, quizás, la base sobre la que se sustentan la mayor parte de las miserias de la humanidad (guerras, dictaduras, genocidios, represiones,
etc.,etc.)

Para afirmar algo como cierto, hay que haberlo experimentado o, al menos, contrastado. Del mismo modo, para creer algo, venga de donde venga, hay previamente que analizarlo y verificarlo con la realidad. Sin estas sencillas premisas la ciencia no existiría, ni la humanidad hubiera evolucionado hacia la racionalidad y, en definitiva, estaríamos aún en el Paleolítico Superior cazando mamuths, frotando dos palos para hacer fuego, y pintando rayas en las cuevas –con perdón de los arqueólogos-. Bromas aparte, esta reflexión viene a cuento de lo que parece, en los últimos tiempos, una campaña contra el laicismo o, lo que es lo mismo, contra los derechos humanos, las libertades y la democracia; y es un asunto tan serio que prefiero reírme antes que indignarme.

Y, hablando de Paleolítico, ante ciertos sectores socio-religiosos y políticos (los obispos y la actual derecha descentrada), en España el laicismo tiene muy mala fama, lo cual no es extraño porque desde sus tribunas mediáticas se habla mal, muy mal del laicismo. Se dice que los laicos son poco menos que herejes, blasfemos, o que están alejados de dios, que son enemigos de los creyentes, que son inmorales, que atacan la democracia…y mil y una barbaridades de esta enjundia. Nada más lejos de
la verdad.

La Real Academia Española de la lengua define el laicismo como “doctrina que defiende la independencia del hombre, de la sociedad, y más particularmente, del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”, es decir, el laicismo es una postura ante el mundo que contempla al ser humano como capaz de pensar por sí mismo, y de situarse ideológicamente al margen de cualquier dogmatismo religioso organizado. O, dicho de otro modo, el laicismo respeta cualquier creencia o convicción religiosa siempre que ésta no se inmiscuya en las cuestiones de Estado ni del dinero público, y siempre que, por descontado, no vulnere los derechos humanos fundamentales.

El laicismo es, por tanto, respeto a las creencias individuales de cada ciudadano; es tolerancia ante cualquier posicionamiento espiritual, y es espíritu democrático porque no considera ningún dogma concreto como el único válido y respetable. Lo contrario, el pretender imponer un dogma o pensamiento único, el no respetar posturas diferentes, el tener una actitud intolerante ante quienes no se adhieren a una determinada creencia o ideología, tiene un nombre preciso y bien definido: fundamentalismo y totalitarismo.

Recordemos, por otra parte, que la Constitución de 1.978 declara, en su Art.16.1, que “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos…”, y, en su Art. 16.2, que “Ninguna confesión tendrá carácter estatal…”. En iguales términos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su Artículo 18, proclama como derecho inherente a la condición humana la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.

Pues bien, pareciera que algunos miembros de los ámbitos de la política y de la religión, a la vista de sus manifestaciones, aún no se han tomado la molestia de leer con atención, ni la Constitución Española, ni la Declaración Universal de los Derechos Humanos; y si lo han hecho, parecen haber olvidado su contenido. Habría que recordarles que el oscurantismo medieval queda muy lejos, y las tiranías absolutistas, también. Estamos en democracia y la democracia, utilizando las palabras de Sebastián Jans, es laica o no es democracia. O, dicho de otro modo, atacar el laicismo es atacar los derechos humanos y la esencia misma de las libertades básicas.

Coral Bravo es doctora en filología, master en psicología, y miembro de Europa Laica.

Cuestión de sensibilidad política, Sr. Bono.

POLÍTICA

Cuestión de sensibilidad política, Sr. Bono

La bandera republicana muchos la llevamos en nuestro corazón, como se vio en las manifestaciones contra la guerra de Irak

Con motivo de la fiesta nacional del 12 de octubre de 2004, a José Bono, entonces ministro de Defensa, se le ocurrió invitar al desfile militar que se desarrolla en la Castellana de Madrid a dos ex combatientes de la guerra civil española que, a su vez, participaron también en la II Guerra Mundial. Uno estuvo en el frente defendiendo con las armas al legal y legítimo Gobierno republicano.

<!–

Años más tarde, ese mismo soldado formó parte de la División Leclerc, cuyas tropas entraron en París para liberar a Francia de la ocupación nazi. El otro invitado de Bono luchó con el Ejército sublevado –que capitaneaba el general Franco- contra el régimen republicano y se incorporó, acabada la guerra española, a la División Azul, que se trasladó a Rusia con el objetivo de ayudar a Hitler en su ofensiva por conquistar la URSS.

Aluvión de críticas
Aquella iniciativa de Bono provocó hace menos de cuatro años un aluvión de críticas. Desde IU a ERC pasando por CiU y otras formaciones representadas en el Congreso de los Diputados. Molestó sobremanera a no pocos ciudadanos el ejercicio de equidistancia efectuado por el ministro de Defensa, poniendo en la misma balanza a quienes apoyaron al Gobierno republicano y aquellos que hicieron cuanto pudieron por establecer en España una prolongada y cruel dictadura.

Capacidad de “sorprender”
Desde IU se dijo que tal planteamiento podía responder al “afán de protagonismo” que tanto caracteriza a Bono. El diputado de CiU Josep Maldonado señaló que Bono nunca agota la capacidad de “sorprender” a la sociedad. Tenía razón. Ayer Bono volvió a sorprender y a convertirse en protagonista. Tras unas frases muy pertinentes -pronunciadas ante unos 300 ex prisioneros y familiares de presos políticos del franquismo-, el presidente del Congreso se puso su particular estrella de sheriff y censuró con dureza que el ex preso Antonio Moya exhibiera la bandera tricolor de la República.

Oligarquía e Iglesia
“En el momento en que el señor Bono estaba reconociendo nuestra contribución a la lucha por la democracia en este país, pensábamos que era oportuno sacar la bandera que el pueblo refrendó y que fue masacrada por unos triunviratos militares, desaprensivos, al servicio de la oligarquía y la Iglesia”, declaró Moya horas después. Con clarividencia, Moya añadió: “Yo creo que a Bono le ha faltado cintura”.

Tirios y troyanos
Le faltó cintura y le sobró una vez más su irresistible tendencia a quedar bien con todo el mundo. Con tirios y con troyanos. Le sobró asimismo la autosuficiencia de pensar que, en efecto, él nació para ser el rey del mambo y, a veces -con reiterada frecuencia- demostrar que es más español que don Pelayo. Pone una vela a Dios y otra, al diablo. Le gusta dar lecciones a los demás. En esta ocasión, no obstante, su obsesión legalista le ha traicionado.

Pluralismo y libertad
Exhibir la bandera republicana está expresamente avalado por la Constitución y por una sentencia judicial en firme, del año 2003, que consagra, en relación con la bandera de la República, el derecho al pluralismo y a la libertad de expresión. No cometió ilegalidad alguna –menos aún cometió un delito- el ex prisionero Moya cuando sacó ante compañeros y familiares la bandera republicana.

Contra la guerra de Irak
Miles y miles de banderas republicanas formaban parte, y bien visible, en el equipaje de millones de españoles que salimos a la calle para protestar contra la guerra de Irak. Fue ésa una forma de reivindicar al mismo tiempo cosas diversas pero no incompatibles. Pero ni siquiera el Gobierno Aznar –destinatario principal de las manifestaciones- cayó en la tentación pública de criminalizar la enseña de la II República. Si lo hizo, pasó más bien inadvertido.

El templo de la democracia
La bandera republicana, enarbolada por un anciano que pagó muy caro su compromiso cívico con la dignidad, hubiera debido incitar al máximo responsable del templo de la democracia –que es el Parlamento- no al rechazo, sino al aplauso. No es una cuestión sólo de leyes, sino de sensibilidad, exigible más aún a un político de la izquierda, tan relevante y, sin duda, hábil y lúcido.

Valores republicanos
Y es que, con el respeto debido a la bandera constitucional, la bandera republicana la llevamos muchos ciudadanos en nuestro corazón. Lo que no impide reconocer a esta monarquía constitucional y democrática sus indiscutibles méritos a la hora de reconstruir en España un sistema de libertades, heredero en buena parte de los valores republicanos. Ni Moya ni sus amigos tenían por qué escuchar una reprimenda como la que recibieron. Fue, la de Bono, una regañina innecesaria, torpe y privada de soporte legal. Esperemos a que pronto pida disculpas, al menos, por el error de ignorar la normativa vigente.

Enric Sopena es director de El Plural