Discurso íntegro de Obama en Egipto.

OBAMA-EGYPT/

 

Obama: el discurso íntegro de ayer en el Cairo

El presidente estadounidense Barack Obama abogó ayer jueves, 4 de junio, en El Cairo por un “nuevo comienzo” en las relaciones entre Estados Unidos y el mundo musulmán, que permita dar vuelta a la página “de la desconfianza y los desacuerdos” y resolver el conflicto israelo-palestino.

Accede al texto íntegro de su discurso

Leer más…

Anuncios

A Obama le piden por Reyes paz en Irak, salud y un mundo más verde.

EFE. 21.12.2008 – 17:39h

A Obama le piden por Reyes paz en Irak, salud y un mundo más verde

  • Una encuesta de ‘The Washington Post’ revela qué esperan los estadounidenses del gobierno de Obama.
  • Tres de cada cuatro ciudadanos creen debe combatirse el calentamiento global y mejorarse el sistema de salud.
  • El fin de la guerra en Irak también es deseado por la mayoría.
  • Las medidas económicas que deberá tomar son el principal punto de controversia.

Minuteca todo sobre:

La mayoría de los estadounidenses son optimistas sobre las medidas políticas que adoptará el presidente electo, Barack Obama, cuando llegue al poder el próximo 20 de enero, según una encuesta que publica hoy el diario The Washington Post.

Según el sondeo, el 75% de los ciudadanos cree que el futuro gobernante debe poner en marcha medidas para reducir el calentamiento global, y el 77% opina que debe aplicar cambios drásticos en el sistema de salud.

Asimismo, una amplia mayoría espera que Obama pondrá fin a la guerra en Irak y mejorará la imagen de EE UU en el exterior.

El 65% de los encuestados dan su apoyo a la política económica de Obama

Dos tercios de los estadounidenses creen que el presidente electo debe centrarse en primer lugar en la economía, algo que el que será el primer mandatario negro del país ya ha asegurado que será su prioridad absoluta.

Un 65% de los consultados declara su apoyo a un plan de estímulo económico similar al que Obama afirma que pondrá en marcha cuando llegue a la Casa Blanca, y que prevé la creación o conservación de cerca de tres millones de empleos e inversiones en infraestructura, nuevas tecnologías y fuentes alternativas de energía.

Sin embargo, el apoyo a Obama, según la encuesta, se encuentra muy dividido en función de las simpatías políticas de los consultados.

Los estadounidenses no tienen mucha prisa en que se cierre Guantánamo

Así, la mayoría de los demócratas y los independientes son partidarios de que el futuro presidente retire las tropas estadounidenses de Irak, mientras que la mayoría de los republicanos se opone a la idea.

Una mayoría de los republicanos, igualmente, se opone a ampliar los fondos federales para la investigación con células madre procedentes de embriones, algo que la mitad de los independientes y la mayoría de los demócratas reclaman que el nuevo Gobierno haga de inmediato.

Más apoyo dan los republicanos a una moratoria en las ejecuciones de hipotecas. Obama se ha mostrado muy crítico contra el Departamento del Tesoro por no haber destinado más fondos a ayudar a los propietarios de viviendas con problemas para hacer frente a sus pagos.

Un 52% de los republicanos y un 55% de los demócratas quieren que Obama establezca un periodo durante el cual los bancos no puedan ejecutar las hipotecas atrasadas.

Una promesa de Obama a la que los estadounidenses no parecen conceder demasiada premura es el cierre de la prisión en la base naval de Guantánamo.

Independientes y republicanos se muestran contrarios e incluso entre los demócratas, que sí favorecen la clausura, la mayoría opina que debe dejarse para más adelante.

Artículos relacionados

 

En 2001 ya advirtió sobre Madoff; ahora dice que hay muchos más cómo él.

  • Erin Arvedlund reveló en la revista Barron el oscuro mundo alrededor del estafador
  • La periodista nos recuerda su investigación y cómo la SEC no hizo nada
Por PAULA CARRIÓN (SOITU.ES)
Actualizado 18-12-2008 17:26 CET

Preguntó y lo contó. A Erin Arvedlund, de 38 años, le llevó cuatro meses, 100 contactos y una llamada de gracia descubrir la suciedad que escondía un tipo tan reputado y poco dado a exponerse al público como Bernard Madoff. El responsable de la estafa que ha conmocionado al mundo capitalista ya fue señalado en varias ocasiones antes de que estallara el escándalo por haber “robado” a los inversores de su fondo cerca de 50.000 millones de dólares (unos 37.500 millones de euros). La primera periodista en contarlo fue ella.

 1229544274_318689_fotonoticia_normal_2

Erin Arvedlund

“La avaricia de los inversores no se ha terminado”, comenta por teléfono desde Filadelfia. Mientras, saca de un rincón de su memoria cómo se desarrollaron los hechos en aquella primavera de 2001, cuando destapó algunos de los trapos sucios de un tal Madoff en un reportaje publicado en la revista Barron’s. Era la primera vez que se enfrentaba a la información de ‘hedge funds’ (fondos de alto riesgo) en esta revista para inversores del grupo Dow Jones. Abordó la nueva tarea a través de sus fuentes de siempre: los expertos del mercado de derivados. Y fue gracias a uno de ellos como un gestor contactó con ella: dudaba de las rentabilidades de los negocios de Madoff. Fue el primer aviso.

En su artículo titulado “Don’t Ask, Don’t Tell” (no preguntes, no lo cuentes), publicado el 7 de mayo de 2001, Arvedlund puso en duda todo el sistema de Madoff. Relató como duplicaba sus rentabilidades, algo que, según le habían contado “reputados gestores”, nadie había podido hacer antes y menos en aquel momento, en el que los mercados estaban en horas bajas. Ajeno a la crisis, el dinero parecía bañar la oficina que Madoff tenía en pleno centro financiero mundial. “Los inversores de Madoff están entusiasmados con su rentabilidad, a pesar de que ni siquiera entienden cómo la obtiene”, explicaba en su artículo.

Tenía 31 años entonces. Durante cuatro meses contactó con más de 100 personas e intentó, en vano, mantener un encuentro con Madoff. Era un hombre que renunciaba a comisiones altísimas (teniendo en cuenta la proporción de las rentabilidades que ofrecía, de hasta el 18%) y exigía a sus clientes mantener en secreto el hecho de que él gestionaba su dinero. ¿Qué ocurría? Mejor, “Don’t ask, don’t tell”.

 1229544274_318689_fotosumario1_normal_5
TANNEN MAURY (EFE)

Mary Schapiro, durante la rueda de prensa ofrecida en Chicago.

En el artículo no se hacía una referencia directa al fraude. Simplemente relató el secretismo extremo que rodeaba a la firma y cómo funcionaba la empresa que el propio Madoff había creado 41 años antes. Quedó en nada. Tras su publicación no obtuvo respuesta de la empresa ni del organismo regulador estadounidense (SEC, en sus siglas en inglés). ¿Cómo es posible que el órgano de vigilancia hacia el que todos los países desarrollados miran no iniciara una investigación? “La SEC recibe centenares de denuncias y no da abasto. La mía no fue la primera. En 1999 Mr. Markapolos ya lo denunció”. Levantó la primera bandera roja. Ni el artículo de Erin ni la carta al regulador del también gestor Harry Markapolos (en la que decía que Madoff es el mayor fraude de escala piramidal del mundo) consiguieron encender las luces de alarma del organismo.

Las que sí encendió Arvedlund fueron las del propio Madoff. “Nunca conseguí verlo en persona, sólo contacté con él por teléfono”. Fue una vez. Breve y conciso. Tranquilamente le dijo que no podía entrar en detalles. “Don’t ask, don’t tell”.

Arvedlund recuerda su decepción al ver que las autoridades no reaccionaban. Silencio absoluto. El rumor continuó pero se quedó en eso, sólo en rumor. Su relato no tuvo el efecto deseado, a diferencia del de The Boston Globe, que ganó un Pulitzer al destapar en 1921 la estafa de Carlo Ponzi (personaje que sirvió para dar nombre a los fraudes de tipo piramidal como el de Madoff).

¿El fin de una era?

“Wall Street está lleno de personas como Madoff”, reflexiona ahora. Arvedlund, que trabaja como periodista ‘freelance’, vive a caballo entre Filadelfia (donde su marido trabaja como abogado) y Nueva York, escenario principal del escándalo. Erin cree que el de Madoff no es el único caso de la codicia de los más ricos aunque confía que con la llegada del presidente electo de los Estados Unidos, Barack Obama, la cosa mejore. Con él, dice, espera que la SEC consiga el papel que ha de tener. ¿Qué hace falta? “Más empleados y, sobre todo, más dinero” contesta Erin en una segunda conversación telefónica. En esta ocasión está en Nueva York. Hoy Obama ha dado el primer paso: nombrará a Mary Schapiro nueva presidenta de la SEC.

La periodista, que también ha trabajado para The New York Times y The Wall Street Journal y ha colaborado con Slate, acaba de relatar en Portfolio cuál fue su experiencia entonces. Dice sentirse contenta ahora que ve que todo ha quedado al descubierto. Siente pena, sin embargo, por aquellos que han perdido su dinero, “sobre todo por la gente mayor”. Aparta cualquier duda sobre el por qué no siguió investigando. “No recibí ningún tipo de amenazas”. Simplemente no siguió.

A muchas de las preguntas contesta con un simple “no lo sé”, sobre todo a aquellas relativas a la investigación en curso. No quiere aventurarse a juzgar si Madoff tuvo o no influencias en la SEC o si él mandó que sus hijos le denunciaran para evitar males mayores. El mundo de los ‘hedge funds’ le sigue apasionando. “Los 2 billones de fondos que había en 2007 van a ir reduciéndose. Muchos desaparecerán, otros se concentrarán”, explica.

Uno de los hombres más ricos del planeta, Warren Buffet, ya lo avisó: “cuando la marea baja, se sabe quien nada desnudo y quien trae traje de baño”. “Don’t ask, don’t tell”.

Para saber más

  • Lee el reportaje de Erin Arvedlund en la revista Barron (2001) (en ingles).
  • El artículo en el que la periodista cuenta en Portfolio cómo investigó a Madoff (en inglés).

Adiós a la confianza: un fraude que paralizará al capitalismo americano

Por ANNE APPLEBAUM (SLATE)*
Actualizado 17-12-2008 16:02 CET

Escena primera: estamos comprando un apartamento en Varsovia, Polonia, en algún momento a principios de los 90. En cada fase de la transacción, los dos, mi marido y yo, tenemos que personarnos, hacer cola y presentar los carnés de identidad. Aparecemos en la oficina del notario más de una vez. Aparecemos en la oficina de impuestos en repetidas ocasiones. Finalmente, nos piden que entreguemos un maletín lleno de dólares. El vendedor no aceptará una transferencia bancaria y tampoco quiere que se le pague en moneda de su país.

1229523664_915831_fotonoticia_normal_2 
(EFE)

 

Escena segunda: estamos comprando un coche en Washington, D.C., en algún momento a principios de los años 2000. Probamos unos cuantos y le decimos al vendedor qué coche queremos. Le damos un cheque personal, que acepta sin pedir un carné de identidad. Mi marido pregunta si no le preocupa que devuelvan el cheque. El vendedor se ríe y salimos del concesionario conduciendo un coche nuevo.

Dos momentos diferentes, dos lugares diferentes, pero sobre todo, dos clases diferentes de capitalismo: si Francis Fukuyama, el autor de ‘Trust: Las Virtudes Sociales’ y la Creación de la Prosperidad’, estuviera escribiendo este artículo, describiría la Varsovia de la primera escena como una ‘cultura de baja confianza‘ y el Washington de la segunda como una ‘cultura de alta confianza‘. También se les podría llamar ‘un lugar donde las transacciones financieras son irritantes y hacen perder el tiempo’ y ‘un lugar donde las transacciones financieras son sencillas’, respectivamente. Sin embargo, etiquetas así no duran para siempre. En las casi dos décadas que han pasado desde principios de los 90, las transferencias bancarias, telefónicas y el uso de la moneda local se han convertido en la norma en Varsovia. La cuestión es ahora si el capitalismo americano cambiará también a lo largo de las próximas dos décadas (y a peor).

Hemos vivido en una cultura con niveles de confianza extraordinariamente altos, en la que se acepta la buena fe de un cliente sin cuestionarla y donde se piensa que la gente acaudalada ha ganado su dinero. Por eso todos creían en Madoff

Leyendo las crónicas del colapso de Inversiones en Valores Bernard L. Madoff, es imposible no concluir que lo hará. La escala de este fraude se extiende mucho más allá de lo que un vendedor de coches o incluso el comprador de un apartamento pueda cometer, por supuesto: entre las víctimas del extraordinario esquema piramidal de Madoff se encuentran bancos muy importantes (BNP Paribas, Valores Nombra), gente famosa (Mort Zuckerman) y los amigos de Madoff del Club de Campo de Palm Beach. A raíz del arresto de Madoff, las organizaciones benéficas van a cerrar, y gente que antes era rica se convertirá en pobre. Lo peor es que todo el que invierta donde sea se lo pensará mucho más, se tomará mucho más tiempo, exigirá mucha más documentación. Y lo harán no sólo a causa de Madoff, sino por los prestamistas de alto riesgo, los bancos de inversión de Wall Street y los defraudadores de Enron que han trabajado tanto para minar nuestra fe en la fiabilidad del sistema.

 madoff
(REUTERS)

Madoff en sus buenos tiempos, cuando iba a la tele como una estrella.

La ironía más aguda aquí es que todos esos planes sólo fueron posibles en primer lugar, precisamente porque, hasta ahora, hemos vivido en una cultura con unos niveles de confianza tan extraordinariamente altos, una cultura en la que se acepta la buena fe de un cliente sin cuestionarla y donde se piensa que la gente acaudalada ha ganado su dinero. En nuestra cultura, se confió en alguien como Madoff precisamente porque era rico: porque era miembro del Club de Campo de Palm Beach; porque su compañía poseía caras oficinas en Manhattan, la mayoría de las cuales estaban ocupadas por personas ejerciendo verdaderos trabajos. A nadie se le ocurrió pensar que un pequeño grupo de selectos empleados estaba desarrollando también un enorme plan de fraude en el piso 17.

slate 

 

En otras culturas (quizá en la mayoría de las otras culturas) la gente muy rica es sospechosa por definición. Recientemente, conocí a un adinerado ruso y automáticamente asumí que era el beneficiario de algún oscuro plan: ¿cómo si no iba a hacerse rico alguien de esa parte del mundo? De hecho, resultó ser el director ejecutivo de una compañía occidental en Kiev, Ucrania, y tener todo en regla. Pero sé por qué cometí el error: aún recuerdo (y los rusos se acuerdan todavía) los fraudulentos negocios de ‘privatización’ y las complejas operaciones de blanqueo de dinero que generaron tantos milmillonarios rusos durante las últimas dos décadas. También recuerdo la extraordinaria saga de la compañía MMM, que en los 90 defraudó 1.500 millones de dólares a unos 2 millones de rusos, utilizando lo que ahora se conocerá seguramente como el segundo mayor esquema piramidal de todos los tiempos. Por aquel entonces, pensábamos que un fraude tan flagrante sólo podía tener lugar en el caos del mundo post soviético.

Estábamos equivocados. El esquema piramidal de Madoff, mucho más amplio que cualquier cosa que pudiera soñar MMM, fue posible por nuestra propia tradición de legalidad. Y ahora él ayudará a acabar con esa tradición. He aquí una predicción: en los próximos años, el capitalismo americano se ralentizará, se hará más precavido, menos productivo y menos emprendedor. Aún estamos muy lejos de la Europa del Este de los 90 o de la Latinoamérica o de la Rusia del presente. Pero quizá no tan lejos como pensamos.

 

* Este artículo se ha publicado originalmente en el medio digital estadounidense Slate.

Más de 500.000 personas se dan cita en Facebook para celebrar el último día de Bush

 

27

8

Dos estudiantes proponen a los usuarios de la red social apuntar en su agenda la fecha del 20 de enero de 2009, en la que el republicano cederá la presidencia a Obama

Anfitrión: Estados Unidos de América.

Tipo de evento: Fiesta – Fiesta de Despedida.

Fecha: Martes, 20 de enero de 2009, entre las 11.55 y las 12.05

Sitio: Mundo entero.

Ciudad: Washington.

Con esta peculiar tarjeta de invitación, dos estudiantes estadounidenses han convocado a los ciudadanos de todo el mundo a despedirse del 43º presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en Facebook, la plataforma digital que permite permanecer en contacto con decenas de amigos, centenares de conocidos y soñar con conocer a millones de famosos y desconocidos.

Como se puede comprobar en el muro del evento, en el que los usuarios pueden dejar sus comentarios, los huéspedes de la fiesta no serán precisamente los mejores amigos del actual inquilino de la Casa Blanca, que abandonará la presidencia con una de las peores tasas de popularidad de la historia de EEUU.

“El peor político de EEUU”

“El 19 de enero a las 23.59 será el último día del peor político que EEUU tuvo que aguantar”, reza la presentación, que invita a “la celebración masiva y global de una nueva presidencia que, según esperamos todos, acabará con este error que ha sido ‘elegir’ a Bush, no sólo una vez, sino dos veces”.

Los comentarios de los usuarios que se han apuntado al evento Último Día de Bush en la Presidencia (“Porque todos hemos esperado este momento desde que salió ‘elegido’ por primera vez”) tampoco demuestran mucha ternura hacia el republicano. En inglés, en español, en francés, en alemán y en otros muchos idiomas, el presidente todavía en funciones recibe los calificativos de “imbécil”, “tonto”, “incompetente”, “maniaco depresivo”, “payaso friki” y un largo etcétera.

Desde que Jeremy Krantz y Katie Chasins pusieron el evento en la agenda de Facebook a finales de mayo de 2008, más de 500.000 personas han contestado que participarían en la fiesta. Aunque hay que reconocer que cuando uno pincha en la opción “Asistiré”, no se compromete a nada. Pero casi 35.000 también han dejado un comentario en el muro. Unos 80.000 se lo están pensando, y 350.000 aún no han respondido.

Finalmente, parece que los irreductibles seguidores de Bush tampoco le han abandonado en Facebook, ya que 360.000 han contestado que no tomarán parte en la fiesta

La devastación de la era Bush.

POLÍTICA

 

Obama, producto de los excesos de una administración arrogante cuyos mentores están en desbandada

ENRIQUE VÁZQUEZ*

El balance del gobierno Bush (ocho años) en política de seguridad e internacional, lo que más interesa a los ciudadanos no americanos, es un desastre que puede cuantificarse.

<!–

A grandes rasgos es el siguiente:
Ha enviado a ultramar unos ciento ochenta mil soldados y una impresionante fuerza aeronaval para acabar con los regímenes de Iraq (Saddam Hussein) y afgano (talibán).

De ellos han muerto casi cinco mil y unos 20.000 han resultado heridos, de los que un cuarto mantendrán graves secuelas de por vida.

Ha gastado en esta aventura (según los cálculos moderados del acreditado dúo Stieglitz- Bilmes) unos tres billones (millones de millones) de dólares y a día de hoy el Pentágono devora unos diez mil millones de dólares mensuales.

Deja un déficit fiscal de unos 600.000 millones de dólares y agrava fuertemente la poco envidiable situación de quien depende de la financiación exterior, es decir de la compra de sus bonos por terceros Estados y/o sus fondos soberanos.

Todo esto ha contribuido a aumentar la desigualdad social y los ricos son una vez y media más ricos que antes y el número de pobres, ahora de unos 37 millones de personas, ha subido un 26 por ciento desde 2000 (Grupo de medios McClatchy en 2007).

Ha bajado a niveles sin precedentes la aceptabilidad internacional de los Estados Unidos, que registra muy altos porcentajes de hostilidad (los sondeos de Pew International) y no consigue estima en un ningún país, salvo Israel.

La aprobación de la gestión de Bush por el público ha caído sin cesar, está ahora en una media del 27 por ciento y tiende a agravarse por el estallido de la crisis financiera, que empezó en Nueva York en la atmósfera favorecida por los neocon de los medios de negocios. Su desaprobación cuando en enero sea sustituido en la Casa Blanca podría alcanzar una cifra nunca vista.

Hasta un 84 por ciento de la opinión cree ahora que “el país va en la dirección equivocada” (RealClearPolitics del lunes).

El fiasco del “Nuevo Siglo Americano”
El diseño de la política exterior y de seguridad de Bush es muy anterior al triunfo republicano y el acceso a la Casa Blanca en enero de 2000. Exasperados por el realismo constructivo de la administración Clinton, los nuevos conservadores (en el campo académico deudores de la obra de su maestro el filósofo Leo Strauss) prepararon el terreno y hay al menos tres documentos que tienen la ventaja de explicarlo a fondo y, al tiempo, hacer la nómina de lo que sería el desdichado equipo neocon.

Son el “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano” de 1997; el llamado “Papel Netanyahu” (la plataforma de seguridad militar redactada en 1998 para el entonces jefe del Likud en Israel por sus amigos americanos); en 1997; el memorándum enviado a Clinton en enero de 1998. Los autores y abajofirmantes son prácticamente siempre los mismos o intercambiables. Todos ocuparían cargos de importancia, pública o entre bastidores tras el triunfo de Bush.

El pretexto del 11-S
La Administración republicana llevaba un año y dos meses en función cuando se produjeron los atentados del 11 de septiembre de 2001. Como escribió Bob Woodward, y la precisión es sustancial, cuando esto ocurrió hacía meses que el Pentágono y la Casa Blanca habían comenzado a examinar el plan llamado “The Greatest Middle East” (“El gran Oriente Medio”) cuyo pilar era el cambio en Iraq. Se puede creer que sin once de septiembre se habría ido también a la invasión y en el mismo escenario creado ad hoc: la pretendida disposición de un arsenal secreto de armas de destrucción masiva.

La tragedia, que conmovió y turbó al pueblo americano, fue una ocasión de oro para permitirse todos los excesos en un programa que se resume en una inquietante militarización de la política exterior, el paso conceptual, mientras se acuñaba el concepto de país en guerra, de garantizar la seguridad mudando el papel de superpotencia benigna al de la primacía imperial. El 11-S dio el móvil y la oportunidad.

La incompetencia y el fracaso
La invasión de Afganistán, el país que albergaba a Bin Laden, se produjo pronto (unas nueve semanas después del 11-S) y permitió hacer una exhibición de poder militar en una región convulsa que tuvo un terrible efecto indirecto: creer que hacer algo parecido en Iraq sería tan rápido y sencillo como resultó echar a los talibán de Kabul e instalar allí un gobierno amistoso.

Como acaba de decir Stella Remington, la legendaria ex-jefa de los servicios británicos de Inteligencia (MI-6), la respuesta al 11-S fue excesiva, desproporcionada, una sobreactuación. Esta apreciación, tan digna de interés, no atiende a lo que la operación tenía como anticipación de lo que vendría después: el montaje falso y la preparación para invadir Iraq, acercarse a sus grandes reservas de petróleo y blindar a Israel, siempre presente en toda la aventura.

Adicionalmente los Estados Unidos buscaban – y aún buscan, vía “Status de Acuerdo sobre Fuerzas”, en negociación – bases militares permanentes en el país árabe y, si se puede, un gobierno amistoso con Israel.

El nuevo imperialismo democrático
El 19 de marzo de 2003 empezó la invasión del país sin respaldo de la ONU y con una gran fuerza expedicionaria americano-británica más una pretendida “Coalición de voluntades” en la que estuvo efímeramente España, la del segundo gobierno Aznar.

Todo muy sabido y devastador para la genuina cooperación euro-norteamericana que atendía sobre todo al nuevo diseño internacional inherente a la caída del Muro de Berlín, el fin de la Unión Soviética o los desafíos energéticos y de cambio climático.

Se cometía así el peor de los pecados estratégicos (fomentar la división en la OTAN, que se negó a estar en la operación y ni siquiera quiso ocuparse de funciones militares en Iraq a posteriori) y de abrir un foso sin precedentes con Francia, Alemania y otros aliados arruinó la credibilidad americana, como se evidenció en manifestaciones sin precedentes en medio mundo.

La increíble reelección
El descrédito de Bush, su incompencia su amateurismo como mentor de un pretendido imperialismo democrático alcanzaron su cenit. Pero, aunque el desastre era ya visible (aún se recuerda al Bush del portaviones en mayo de 2003 dando por prácticamente concluida la guerra bajo la pancarta inolvidable de misión cumplida)en noviembre de 2004 el pueblo americano reeligió al dúo Bush-Cheney.

Visto desde Europa el hecho pareció incomprensible: permitió seguir cuesta abajo, empeoró la situación en Iraq hasta finales de 2007 y, la gran sorpresa, mucho más en Afganistán, donde la insurgencia talibán ha ganado terreno y plantea ahora un problema militar que empieza a ser considerado como susceptible de ser abordado también, si no principalmente, con medios políticos: Washington anda en busca de talibanes moderados que, al parecer, existen…

Fin de partida
Ha tardado en llegar la derrota, pero ha tomado, al fin, la forma de un desdén y un descrédito que ha impuesto, por ejemplo, la necesidad de que Bush se abstuviera por completo de aparecer junto al candidato de su partido, John McCain o ha obligado casi al silencio total al vicepresidente Cheney, uno de los arquitectos en la sombra de la política de seguridad y sombrío agente político de gabinete.

Tras el solar político, económico y moral que deja Bush hay, en cambio, algo que contrapesa los inolvidables ocho años: el público ha optado por quien parece ser exactamente lo contrario, ha abonado el terreno para un cambio de visión, lo que habría sido imposible si la aventura insensata de los neocon hubiera terminado medio bien.

Sorpresas que da la vida: el desastre y el burdo ultraismo de Bush, adobado con su hostilidad a combatir a fondo el cambio climático o a adherirse al Tribunal Penal Internacional, han hecho posible a Obama, producto directo de los excesos de una administración arrogante cuyos viejos mentores están casi en desbandada en los días de lo que algunos observadores benévolos llaman el último Bush, el que no ha podido impedir ni siquiera atenuar la victoria del senador por Illinois.

*Enrique Vázquez es periodista y analista político.