‘Credit crunch’, ni se le ve, ni se le espera

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VIRGINIA ZAFRA – 22/03/2008 19:42

En el mercado financiero asusta casi todo en estos momentos, pero hay una circunstancia más temida que el resto por la catástrofe que puede provocar en la economía real, la que afecta a los ciudadanos de a pie. Es el fenómeno conocido como credit crunch (restricción severa del crédito), en el que las entidades dejan de financiar a las empresas. Eso provoca inevitablemente su paralización y, por ende, la del conjunto de la economía.

La crisis mundial derivada de las hipotecas subprime ha limitado sustancialmente las vías de la banca para conseguir fondos que prestar a sus clientes. Por eso, han saltado las alarmas sobre el riesgo de un credit crunch en Estados Unidos y en Europa.

Pero ¿estamos realmente al borde de esa situación? Los últimos datos conocidos en la Unión Europea (UE) y en España sobre el crédito a empresas dejan claro que no hay indicios del fenómeno y reflejan que tendrían que darse circunstancias mucho más negativas que las actuales para que pudiera llegarse a esa situación. De hecho, la financiación al sector empresarial creció en la UE un 14,6% entre enero pasado y el mismo mes de 2007, la mayor tasa desde la creación del BCE.

En España, creció en el mismo periodo el 18,8%, muy lejos también de un credit crunch, aunque en este caso con una evolución diferente al conjunto de la zona del euro. Los bancos y cajas nacionales han frenado en doce meses la financiación a las empresas, sobre todo por la menor actividad de constructoras e inmobiliarias. Hace sólo un año, las tasas de incremento superaban el 30% y desde agosto se han reducido ocho puntos. Y la moderación irá a más en el año, hasta cerrar con subidas de entre el 12% y el 14%, según las previsiones.

El grifo sigue abierto

De ahí hasta cerrar el grifo a las empresas queda mucho trecho, recuerdan en el sector, donde explican que la menor financiación que están dando ahora se debe más a la menor demanda (por la desaceleración económica) que a una negativa por su parte a conceder nuevos préstamos. Aunque reconocen su mayor prudencia, sobre todo, con el ladrillo.

Los bancos y cajas no dejarán de financiar a las empresas entre otras cosas porque no pueden o no les interesa. Los hogares compran ahora muchas menos viviendas que antes y firman, por tanto, menos hipotecas, lo que obliga al sector financiero a buscarse las habichuelas en otros ámbitos, como los préstamos corporativos, que son muy rentables.

Apoyo del BCE

Una vez que las entidades españolas tienen claro que van a seguir financiando a las empresas, la cuestión radica en si tienen fondos para hacerlo. De momento, aseguran que disponen de la liquidez necesaria para seguir operando con normalidad sin acudir a los mercados de emisión de deuda, como hacían hasta que saltó la crisis y que ahora están cerrados.
Mientras las condiciones vuelven a su ser, la fórmula que están utilizando para conseguir fondos son las subastas del BCE, que hasta el pasado agosto utilizaban mínimamente. Aunque no todos lo hacen –BBVA, Santander y Popular, los tres bancos más grandes, dicen que no han ido por el momento– y algunos de los que lo han hecho, aseguran los expertos, no lo necesitan y únicamente recurren a esta financiación porque es barata y les permite obtener unos rendimientos añadidos prestando esos fondos a otras entidades.

Para acudir a esas subastas, las entidades empaquetan sus garantías –bonos, créditos a clientes o cédulas hipotecarias– y las depositan en el Banco de España, que las analiza y les aplica el correspondiente descuento para limitar al máximo el riesgo que asume el BCE. El sistema es tan duro que a los activos entregados se les aplican recortes entre el 0,5% y el 18%.

Las titulizaciones hipotecarias, las más utilizadas por la banca española, se reducen entre un 12% y un 18%, aunque la posibilidad de resultar fallidas es en la mayoría de los casos inferior al 0,1%. Por tanto, si una entidad presenta un paquete de 1.000 millones de euros de hipotecas, sólo podrá obtener con ellas 820 millones de financiación.

Con este sistema, las entidades españolas recibieron 44.067 millones en febrero, prácticamente lo mismo que en diciembre, el mes en que se suele recurrir más al BCE para mostrar unas cifras de liquidez holgadas en las fotos de fin de año. Esa cifra duplica a la del mismo mes de 2007. Esto refleja, según un banquero español, un mayor uso de esa fórmula, pero no problemas de fondo –como dijeron diarios británicos y algún banco de inversión–.

Es la misma vía de financiación que tradicionalmente ha utilizado el sector financiero alemán, al que nunca se ha criticado por ello. Afirma, además, que la banca española tiene capacidad para multiplicar su recurso al BCE y cuenta con los mejores ratios de morosidad de la UE, pese a su aumento reciente y las mayores coberturas por posibles fallidos.

Al cierre de 2007, la mora era del 0,922% y en enero, del 1,036%, frente al 2,2% de la zona del euro, según los datos de septiembre, los últimos publicados.

Ante esas cifras y dada la aparente ausencia de problemas de liquidez, el credit crunch ni ha asomado ni se le espera.