LAS LAGRIMAS DE DOÑA ESPE.

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Me conmovía doña Espe, en su anterior legislatura, con aquellas declaraciones suyas de que le costaba llegar a fin de mes; hasta tal punto, que estuve en un tris de hacer gestiones para apadrinarla, de no ser porque ya tenía con anterioridad otros candidatos futbolistas, en mente, que estaban en peor situación. Y ahora, no recuperado del todo de aquella profunda congoja, me vuelve a bombardear con otro llanto en su toma de posesión, tan populista como inadecuado, porque ese no es precisamente el lugar para inundarlo de llantina, hablar de maridos patrios, apoyos familiares y unidades inquebrantables.

El llanto, que es humano, pertenece más bien al ámbito de lo privado o, si se produce de otra forma, es porque algo público nos conmueve, nos llega al corazón, nos emociona. Pero si el gesto es al revés; si… parte de nuestra esfera privada la queremos hacer pública, sin tener en cuenta que tiene la justa importancia que la del resto de mortales, estamos pervirtiendo el sentido profundo de las cosas y arrebatando a los demás el tiempo, para llenárselo de un subjetivismo vanidoso.

Hay que llorar por los desfavorecidos, por las injusticias que se les endosan a otros seres humanos, por el hambre y la pobreza, por la inmoralidad de las guerras, por cómo entre unos y otros tenemos de empantanado el mundo. Y a partir de ahí, acometer con rigor y coraje políticas públicas que redunden en beneficio de los ciudadanos, no del reducto restringido de nuestras amistades y afines, como endogamia perversa que traiciona en esencia la misma razón de ser de la política.

Doña Espe, esta vez, ni más ni menos que ha apelado a su honor y a su conciencia, palabras que son muy mayúsculas si uno va a la esencia misma de su significado. Pues en esa línea, y de manera retroactiva, podía reflexionar un poco sobre muchas de las cosas mal hechas en su gestión pasada y, con honestidad, intentar corregirlas o incluso mejorarlas. ¡Menos lágrimas, pues, y más manos a la obra!

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OPINIÓN. LA DERROTA EN MADRID ¿UN REVULSIVO PARA EL PSOE?

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29/05/2007

La derrota en Madrid, ¿el revulsivo que le faltaba al PSOE?

En 1995, el PP sí desmanteló a la izquierda de Ayuntamientos y Comunidades, pero después Aznar ganó sus elecciones por los pelos

Cuando en marzo de 1996 el PP venció en las urnas al PSOE de Felipe González por menos de 300.000 votos, literalmente por los pelos, se olvidó Aznar de sus aires de grandeza -estimulado por unas encuestas que lo situaban al borde de la mayoría absoluta o aún más- y se dispuso a negociar los pactos necesarios que le permitieran gobernar. Lo logró con holgura. A ningún dirigente de la derecha le pareció mal llegar a acuerdos con CiU, con el PNV –siendo aún Arzallus el jefe supremo de los nacionalistas vascos- y con Coalición Canaria. Lo que cuenta, al fin y a la postre, en una democracia parlamentaria, como es la española entre tantas otras, es la suma de los concejales o los diputados imprescindibles para garantizar un Gobierno estable.

Unos meses antes, en la primavera de 1995, las elecciones municipales y autonómicas sí habían supuesto un vuelco monumental, favorable a la derecha. El ciclo de hegemonía progresista o de izquierdas se inició en 1979 con motivo de los primeros comicios municipales tras el fin de la dictadura. Se acentuó todavía más en 1983 –a rebufo del 28 de octubre de 1982-, incluyendo ya en esa cita con las urnas a las comunidades autónomas, salvo las denominadas históricas.

Fin de ciclo
Terminó el ciclo progresista hace 12 años, cuando Madrid y Valencia, por ejemplo, cambiaron de color con una rotundidad aplastante. La mayoría de las capitales de provincia y grandes ciudades pasaron a manos del PP, lo mismo que ocurrió en diversas Comunidades autónomas. La diferencia entre el PP y la coalición fáctica de PSOE e IU fue menor en el Ayuntamiento de Madrid que la de este pasado domingo, pero aquellas cifras de 1995 fueron relativamente similares a estas de ahora, aunque ligeramente a la baja. Lo mismo cabría decir de la Comunidad madrileña.

Efectos escasos
Los efectos de la barrida sufrida por el PSOE el año 1995 fueron en las generales muy escasos para el PP. Los menos de 300.000 sufragios que separaron a Aznar de González en marzo no reflejaban en absoluto el hundimiento de la izquierda a escala municipal. A Aznar le salvaron –mediante una operación perfectamente legítima- los pactos alcanzados con dos partidos nacionalistas y otro de carácter más regionalista.

El terreno perdido
Desde 1995, las tres elecciones municipales y autonómicas que se han sucedido cada cuatro años han significado avances reiterados de los socialistas y sus aliados, tratando de recuperar el terreno perdido tan abruptamente. El reequilibrio se ha ido forjando de forma paulatina, pero está lejos del esplendor alcanzado por la izquierda en 1979 y 1993.

Los más positivos
Sin duda, los resultados del 27-M son los más positivos en esta etapa de difícil reconquista desde una óptica progresista. Apenas la izquierda ha perdido municipios importantes y, en cambio, se halla en trance de gobernar, o volver a gobernar, no pocos ayuntamientos de relieve. Lo mismo puede suceder tanto en Canarias como en Baleares y Navarra. Ninguna de las Comunidades regidas por el PSOE o con participación decisiva del PSOE –léase Cantabria- ha girado hacia los conservadores.

Peligrosa peligrosa de agua
La euforia genovesa, por consiguiente, es ficticia. El manejo de la propaganda hasta rebasar con frecuencia todos los límites razonables trata de llevar a la opinión pública la impresión de que el batacazo de Rodríguez Zapatero es irreparable. La hazaña madrileña de Aguirre y Gallardón es un episodio sustantivo que proyecta más algunas notorias carencias del PSOE que cualquier otra cosa. No será fácil que Ferraz sepa o pueda taponar al menos esa peligrosa vía de agua que significa Madrid en clave de las próximas generales.

No todo el monte es orégano
Pero si sirve para que Zapatero se percate de que no todo el monte es orégano -por mucho que él lo transite- y que ya va siendo hora de pasar al contraataque con talante y con talento, aunque sin complejos, la humillante derrota de Madrid puede ser el revulsivo que le faltaba a un Partido Socialista en exceso adormecido o confiado.

E.S.

UNA LLAMADA A LA MÁXIMA PARTICIPACIÓN EN LAS ELECCIONES DEL 27-M.

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • Carlos Carnicero
  • CARLOS CARNICERO

    25/05/2007

El Zumbido

La víspera del futuro

Los analistas políticos tenemos la obligación de intuir el futuro. Y, ya estamos en el futuro, porque sólo queda el cierre de campaña y el día de reflexión. No sería razonable que cambiaran muchas cosas en estas cuarenta y ocho horas. No lo creo. La gran duda está en el nivel de participación. Esa es la gran apuesta del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE en el tiempo que queda hasta que se abran las urnas. Movilizar a todos los ciudadanos con derecho a voto que creen en los valores de la convivencia y la participación política.

La discrepancia es la base del sistema político y la deslegitimación su primer enemigo. El PP ha hecho de la deslegitimación del contrario la base de su técnica política. No sabe vivir reconciendo al adversario el derecho esencial de su existencia. Y lo peor de todo es que la afirmación de José María Aznar sobre el paralelismo de la situación actual con la guerra civil tiene un trasfondo de crédito desde las antípodas de lo que ha dicho: si el PP continúa excavando una trinchera de odio que separe a los españoles, la tragedia, en las dimensiones asumibles que permite el comienzo del siglo XXI está servida.

Hace falta una radical catarsis en la derecha española. España necesita un partido conservador que se pueda mirar en el espejo de los que existen en Europa. No es razonable tener que convivir con un partido como es el que dirige Mariano Rajoy y vive a la sombra de la herencia de José María Aznar.

Estamos en unas elecciones municipales y autonómicas. Pero el PP primero, y el gobierno, después, han aceptado el reto de subir la parada hasta convertir, de hecho, estas elecciones en unas primarias de las elecciones generales que deberán celebrarse en año que viene.
Los resultados de la noche electoral se van a interpretar en esa clave, más allá del análisis concreto de las alcaldías y gobiernos autonómicos que logre cada partido. Cualquier cosa que suceda deberá permitir cambiar las claves en las que se desarrolla la vida política en España, donde está desapareciendo la praxis política democrática para convertirse en una propaganda en donde se le niega a la ciudadanía la participación política, porque el PP está empeñado en negar la esencia de la vida democrática, que es el derecho y la obligación que tiene el Gobierno de dirigir la política del país. Eso, ahora mismo, ya es un milagro por el empecinamiento que tiene el PP en llevar la confrontación a la antesala de lo que con tanta irresponsabilidad enuncio el ex presidente del Gobierno José María Aznar. Ahora solo queda esperar el veredicto de los ciudadanos.

EL CAMBIO EN LA COMUNIDAD VALENCIANA: UNA ESPERANZA COMPARTIDA.

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TRIBUNA: INMACULADA RODRÍGUEZ-PIÑERO

Razones para un cambio

INMACULADA RODRÍGUEZ-PIÑERO 21/05/2007

 

En democracia la ciudadanía elige el Gobierno. Los valencianos y las valencianas elegiremos el 27 de mayo qué tipo de sanidad queremos, la calidad de nuestra educación y de los servicios sociales, la preservación de nuestro territorio, el alcance de nuestros derechos y nuestra capacidad de crecimiento. Antes de votar, los ciudadanos hemos de valorar con objetividad la gestión de nuestros gobernantes y el futuro que nos ofrecen las diferentes opciones. A continuación, intentaré evaluar, brevemente, ambos aspectos desde la realidad de los datos y no desde la virtualidad que el Sr. Camps y su televisión pública intentan vendernos.

 

 

La noticia en otros webs

El 27 de mayo podemos elegir entre la ‘pole position’ del desarrollo o de nuevo lo más alto del pódium del cemento

Si empezamos con la gestión de la economía, aspecto clave para el desarrollo y la prosperidad de nuestra Comunidad, nos encontramos ante la primera quimera. Desgraciadamente, no somos los más dinámicos ni los más prósperos. La realidad es que la Comunidad Valenciana no ha aprovechado el tirón de la economía española. Esto no lo digo yo. Son las estadísticas del INE. En el periodo 2003-2006 la economía valenciana ha crecido por debajo de la media nacional y ha perdido 5 puntos en términos de renta per cápita en los últimos seis años. Atrae menos inversión extranjera que la media nacional, estamos a la cola en todos los indicadores que miden la modernización tecnológica y somos la Comunidad más endeudada con respecto al PIB y la tercera donde la deuda más ha crecido.

Por tanto, la conclusión es una mala gestión de los recursos públicos, con un endeudamiento que no ha generado más y mejor crecimiento y con unos sobrecostes valorados por la Sindicatura de Cuentas en 2.577 millones de euros, importe equivalente a 858 colegios, cuando tenemos más de 2.000 alumnos en barracones, a 74 hospitales o a 429 residencias para mayores. Cualquier gerente de una empresa no habría sobrevivido a estos resultados y habría sido fulminantemente cesado.

¿Habrá servido la deuda para mejorar nuestros servicios públicos? Desgraciadamente nos encontramos ante la segunda quimera. La realidad es que la Comunidad Valenciana ocupa la última posición en el ranking por comunidades autónomas en gasto sanitario por habitante (1.023 euros frente a los 1.470 de La Rioja), en camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes (2,6 frente a 4,6 de Cataluña) y está muy por debajo de la media nacional en residencias para nuestros mayores, en los servicios de ayuda a domicilio o en guarderías infantiles (la tasa neta de escolarización a los dos años es 10 puntos inferior a la media nacional).

Sin embargo, hay materias en las que no vamos los últimos. Porque la Comunidad Valenciana está en el grupo de cabeza de las comunidades con más fracaso escolar, en la vanguardia del deterioro de las costas y de los atentados al medio ambiente, somos referencia en irregularidades urbanísticas y somos avanzadilla en manipulación de los medios públicos de comunicación.

Camps y su Gobierno están consiguiendo algo que no es fácil: situar a esta Comunidad en el lugar que no se merece y todo su esfuerzo lo vuelcan en que parezca lo contrario.

Se puede entender que la preocupación de un Gobierno conservador no sea la justicia social, la solidaridad o la igualdad de oportunidades. Esto es una opción ideológica, pero lo que ya no es una opción ideológica es que hagan mal las cosas. Porque hacer mal las cosas es que la deuda de la Comunidad se haya multiplicado por diez en diez años y no haya servido ni para crecer más ni para mejorar nuestros servicios públicos. Hacer mal las cosas es que la política urbanística haya merecido la reprobación de las instituciones europeas y hacer mal las cosas es que tras el mayor accidente de metro de la historia de España, nadie haya asumido responsabilidades políticas.

Los españoles dieron su voto mayoritario el 14 de marzo de 2004 a los socialistas porque sentían que se merecían una España mejor. Y hoy tenemos una España mejor. Todos los organismos internacionales así lo reconocen.

Los valencianos también nos merecemos una Comunidad mejor.

Los socialistas no nos conformamos con lo que tenemos. Queremos más y miramos al futuro con ambición de cambio y como una oportunidad de mejora. Creemos en una Comunidad que apueste por el talento y el conocimiento de los que habitan en ella. Por ello, necesitamos un Presidente de la Generalitat que dé la cara, que sitúe a esta Comunidad en los primeros puestos de bienestar social, de dinamismo económico, con ganas de potenciar los avances de la sociedad, de extender derechos, de mejorar las condiciones de vida de la gente, de hacer de las ciudades y de los pueblos un buen lugar para vivir

Necesitamos un Gobierno transparente, orgulloso de lo que representa y que nunca recurra al victimismo para ocultar sus carencias.

El próximo 27 de mayo, podemos elegir entre estar en la pole position del desarrollo o estar de nuevo en lo más alto del pódium del cemento.

Los socialistas asumimos este reto, por eso confío en que el voto de cada uno pueda darnos a todos lo que nos merecemos y necesitamos.

Inmaculada Rodríguez-Piñero es secretaria federal de Política Económica y Empleo del PSOE.