En el 50 aniversario del pontificado de Juan XXIII.

Se cumplen 50 años del comienzo de su pontificado

“Gracias a Juan XXIII volvió a haber primavera en la Iglesia católica”

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Hoy se cumplen 50 años desde que Juan XXIII fue ordenado Papa. En los escasos cinco años que duró su pontificado, el veneciano fue capaz de propiciar una renovación absoluta de la Iglesia católica, impulsando un aperturismo nunca antes conocido. Para el teólogo Juan José Tamayo, “gracias a Juan XXIII volvió a haber primavera en la Iglesia católica, tras siglos de invernada, y empezamos a acariciar la esperanza de Otra Iglesia Posible. Por fue una primavera corta, que apenas duró diez años. Luego vino, de nuevo, la larga invernada, que dura ya cuarenta años. ¿Hasta cuando?”.

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El teólogo progresista Juan José Tamayo recordó, a través de un artículo publicado en El País, el cincuenta aniversario de la elección de Juan XXIII como el sucesor del pontificado del polémico Pío XII. En su texto, Tamayo apuntó que “nada hacía pensar en la biografía del nuevo Papa que pudiera llevar a cabo cambios importantes en la marcha de la Iglesia”. No obstante, en los escasos cinco años que duró su mandato al frente de la Iglesia “logró poner en marcha una de las mayores transformaciones” de la institución.

“Del autoritarismo al conciliarismo”
Según el teólogo, Juan XXIII puso fin “a cuatro siglos de Contrarreforma, haciendo suya, sin citarla, la propuesta de Lutero (‘La Iglesia debe estar en permanente reforma’), que luego asumió el concilio Vaticano II”. Con su pontificado, la Iglesia “pasó del autoritarismo piano al conciliarismo, del integrismo al compromiso con la historia, de la Contrarreforma a la Reforma, de la Cristiandad a la Modernidad”.

“Utopía de la acción”
Tamayo sostiene también que coincidiendo con el papado de Juan XXIII se inició “una era de cambios compulsivos en la historia de la humanidad” alentados por “una filosofía de la esperanza que tuvo su traducción religiosa en las teologías de la secularización, revolución, de la esperanza y de la liberación”. “¡Era la utopía de la acción!”, apunta en el texto.

“Cultura de los derechos humanos”
Además, el teólogo destacó que el nuevo papa “hizo suya la cultura de los derechos humanos (…) y la incorporó a la doctrina social de la Iglesia en su memorable encíclica Pacem in terris” quince años después de que se firmase en la ONU la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que había contado con “no pocas resistencias de la Iglesia católica”.

El Vaticano II
Junto a ello, Juan XXIII hizo que el Vaticano II recuperase “la tradición democrática de los concilios medievales”, se distanció de los “profetas de calamidades” y “criticó las alianzas que el cristianismo había hecho, desde Constantino, entre el trono y el altar, denunciando las ‘ilícitas injerencias de las autoridades civiles’ en el desarrollo de los concilios ecuménicos.

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El filósofo Paolo Flores d’Arcais le expone a Rouco su gran confusión.

MACRO/VIDA

“La amenaza totalitaria se hace realidad cuando una institución decide por el ciudadano cómo debe ser su vida”

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Rapapolvo para Rouco Varela desde las páginas de opinión de El Pais. Al filósofo Paolo Flores d’Arcais no le han gustado nada las declaraciones del cardenal arzobispo de Madrid, cuando volvió a acusar al laicismo de querer hacer realidad “la dictadura del relativismo ético”. A través de un pulcro y cristalino artículo, d’Arcais le explica a Rouco como jamás se podría comparar al laicismo con una dictadura, mientras que las intenciones de la Iglesia de hacer acatar a la sociedad sus normas sí son dictados.

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“Sólo se puede hablar de dictadura cuando a los ciudadanos se les obliga a aceptar, contra su voluntad, las decisiones de un poder autoritario”, dice d’Arcais. “La amenaza totalitaria se hace realidad tan sólo cuando una institución pretende decidir en lugar del ciudadano cómo debe ser su vida”.

Dios del amor
“¿Cómo un “Dios del amor” puede obligar a los enfermos terminales a sufrir meses de torturas?”, se pregunta d’Arcais en su artículo: “Es un amor verdaderamente extraño éste que se atribuye a Dios”. D’Arcais es categórico en la respuesta: “, al atribuir a Dios una crueldad semejante, demuestran ser los herederos -claramente no arrepentidos-, no de Francisco de Asís, sino del inquisidor Torquemada”.

Carácter pluralista
Según el filósofo italiano, “sólo se puede hablar de dictadura cuando a los ciudadanos se les obliga a aceptar, contra su voluntad, las decisiones de un poder autoritario”. En cambio, “el famoso relativismo laicista no pretende jamás obligar a nadie”, ya que representa “el carácter pluralista de una sociedad abierta”. Ese relativismo es el que ha permitido que “cada mujer escoja con libertad si quiere llevar a término su embarazo”.

“Dios no habla”
“La amenaza totalitaria se hace realidad tan sólo cuando una institución pretende decidir en lugar del ciudadano cómo debe ser su vida”, replica d’Arcais, quien confía en que Rouco “Varela no responda que el que dispone sobre mi vida, como de la vida de cualquiera, no es quien la vive sino Dios”. “Dios no habla, sino que son siempre seres humanos los que hablan en su nombre (cosa que, aparte de todo, es una forma de delirio de omnipotencia)”, explica el filósofo.

Discriminación de los no creyentes
Otra de las razones que esgrime d’Arcais para restar autoridad a Dios frente al laicismo es que “Dios existe para unos pero no para otros, y todos son ciudadanos”, así que, viviendo en una democracia “Dios no puede convertirse en argumento”, porque discriminaría a los no creyentes.

La disposición de la vida de la Iglesia
D’Arcais también le recuerda a la Iglesia las ocasiones en que ha sido ella la que ha optado por “disponer ilimitadamente de la vida”, como Rouco acusa al laicismo de hacer. “Rouco Varela sabe a la perfección que la Iglesia católica no ha condenado hasta hace muy pocos años, y con una formulación ambigua, la pena de muerte (que estuvo en vigor en la Ciudad del Vaticano hasta 1969)”. Y de paso hace una mención al servicio militar obligatorio, donde la lucha por la objeción de conciencia representa una de las batallas laicas “en las que la Iglesia católica NO ha participado”.

¿Quien está detras de la tremenda crisis del PP?.

POLÍTICA

 

¿Pero quién demonios está detrás de esta confabulación?

A menos de un mes para el Congreso, cada día se va estrechando el cerco contra Rajoy

Aunque llevamos dos días sin demasiados sobresaltos, ayer, para no romper la tradición, era Alejo Vidal Quadras el que se negaba a firmar su aval apoyando la candidatura de Mariano Rajoy aduciendo que no lo hará hasta que el partido “no defina su estrategia política”. Con anterioridad a esta decisión del líder catalán, Rajoy respiró con un poco de tranquilidad tras comprobar como Losantos, quién lo iba a decir; lograba aunar a todo el PP (duros y blandos) en torno a la figura de su nuevo “valido”, el alcalde de Madrid, en el juicio que tuvo lugar el pasado miércoles para dirimir la querella presentada por Gallardón contra el director de La Mañana.

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En su comparecencia, todos los dirigentes del PP, propuestos como testigos por Losantos, cerraron filas entorno a su compañero y dejando a Jiménez con sus vergüenzas al aire. Por un día y sin que sirva de precedente, Losantos logró aunar a todo el partido. Quién lo iba a decir…

La pregunta de Fernando Ónega
Durante el debate del pasado lunes en el programa 59 Segundos de Televisión Española, el periodista Fernando Ónega dejaba una pregunta en el aire que ninguno de sus acompañantes acertaban a responder: “¿Pero quién coño está detrás de esta confabulación?

Menos de un mes
Y es que a falta de un mes escaso para la celebración del Congreso del PP, cada día se va estrechando el cerco contra el presidente del PP. Son muchos desde dentro y desde fuera del partido los que se siguen preguntando sobre quién o quiénes están detrás de esta confabulación en toda regla, una conjura en la que todos los analistas coinciden que no es fruto de la improvisación o de la casualidad. En ella se están marcando tan bien los tiempos -algo por otro lado tan insólito en la derecha española- que a más de uno le cuesta creer que todo lo que está ocurriendo en el PP sea como consecuencia de la derrota en las pasadas elecciones del 9 de marzo. Nada en este proceso se está dejando a la suerte, todo se mide, todo se mima, todo se cuida con una precisión milimétrica, esa que por desgracia no se utilizó, ni en la oposición, ni, antes, en las horas finales del Gobierno del PP, allá por el año 2004. Quiero decir, después de la boda del Escorial y la triste foto de las Azores.

Una estrategia más que eficaz
La estrategia a día de hoy, y vistos los antecedentes, es fácilmente previsible; lo que ya no parece tan fácil es poner fin a toda esta pelea de gallos, a esta guerra sucia, porque ya sabemos que no hay peor cuña que la de la propia madera. La estrategia, digo, ya está diseñada, captada. Una estrategia simple pero aplastantemente eficaz. Se trata, no es otra cosa a fin de cuentas, de jugar con los sentimientos de millones de ciudadanos, con esos sentimientos que ya fueron machaconamente utilizados durante la pasada legislatura, unos sentimientos que no son otros que la lucha contra ETA y la crítica al PNV, y convencer ahora después de la derrota a los sufridos militantes de que se ha abdicado de ese objetivo.

Apelando al sentimentalismo
Una estrategia en la que nada hay que demostrar, porque al fin y al cabo eso es lo que menos importa, el mensaje ya ha calado, y quienes necesitan que les reafirmen en sus convicciones (hondas, no por profundas, sino por agujereadas) ya están reafirmados. Además si a ello se le añade un toque de sentimentalismo, el caldo ya está a punto para hervir. Eso sí, para que este sea del gusto de estos confabuladores, falta el aderezo más importante y este no es otro que ponerle rostro al dirigente que sea capaz de presentar batalla y enfrentarse a Rajoy, sobre todo viendo cómo se desinfla la opción de Juan Costa, quien en los próximos días podría abandonar definitivamente sus pretensiones de convertirse en el Zapatero del PP, al no contar ni tan siquiera con un mínimo equipo que le acompañe en la aventura.

Un ejercicio de cinismo
Les pareció más que demoledora la espantada de María San Gil. Ellos creyeron que poniendo al frente de su estrategia a una mujer seria, valiente, amenazada, la que más amigos ha visto morir, era la garantía de que todos se iban a volcar contra Rajoy. Pero, cosas que pasan en este mundo de la política, se olvidaron de la frialdad de los políticos, del nadie conoce a nadie y nadie debe nada a nadie, y, por ello, la estrategia fracasó, como fracasó el pasado miércoles Jiménez Losantos al ver a sus testigos ponerse al lado de Gallardón en un “ejercicio de cinismo como nunca había visto”, según palabras del periodista.

La siguiente vuelta
Así que, después del torpedo de María San Gil, había que dar una vuelta de tuerca más, una nueva vuelta con la que estirar a Rajoy en el potro de las ondas y de las imprentas, y hete aquí que encuentran al amigo de Aznar, a Ortega Lara, sumándose a la conspiración y anunciando a bombo y platillo su baja en el partido. Él, el secuestrado más utilizado por la estrategia de Aznar y del PP, abandonaba la nave en solidaridad con San Gil y la nueva política de integración y diálogo de Rajoy. Y, por último hasta el momento, se destaparon las esencias cuando uno de los colaboradores más próximos al presidente, Gabriel Elorriaga, anunciaba, mejor dicho escribía en El Mundo, que Rajoy era la persona menos indicada para reflotar la nave del nuevo PP.

Los méritos de Elorriaga y San Gil
A fin de cuentas, salvo dirigir la perdida campaña electoral de 2004, ¿quién es Gabriel Elorriaga?; igual que podemos plantearnos ¿quién es Juan Costa? Lo mismo, aunque con más discreción, por aquello, insisto, de las circunstancias tan especiales que confluyen en María San Gil, se podría decir de la dirigente vasca, una dirigente cuyo mérito es haber llevado al PP a cosechar los peores resultados electorales en aquella comunidad. Pero, claro, lo del dignísimo Ortega Lara ya es palabra mayor. ¿Quién es el majo que se atreve a censurar lo más mínimo del hombre más castigado de España, al que todos más respetamos? Pues nadie, evidentemente.

Y Rajoy, a lo suyo
Mientras tanto, Rajoy y los suyos continúan moviendo sus fichas; así las apariciones públicas de Mariano Rajoy, como en el mitin de Almería, una función preparada para hacer mérito por Javier Arenas, uno de los “barones” llamados a estar junto al presidente tras la celebración del Congreso de Valencia; la entrevista en ABC y su intervención en el foro Diálogo con los Jóvenes, de Nuevas Generaciones; la presentación de su candidatura prevista en Valladolid con llamada y reclamo a todos los senadores para que acudan a la cita… pero, claro, sin poder decir de verdad quiénes están detrás de la campaña.

¿Quién sobra?
Al final, uno no sabe si en el PP sobra alguien, no sobra nadie o caben todos. Pero, puestos a prescindir, ¿se podría prescindir, caso de que fueran militantes, de aquellos que se manifestaron el viernes frente a la sede de Génova, la misma que intentaron asaltar, supongo que no los mismos, el 13 de marzo de 2004? Lo de manifestarse en horario laboral no parece suficiente motivo. Acierta La Señora cuando se queja de quienes pretenden repartir los carnés de buenos y malos pero, cuando rechaza las adhesiones inquebrantables, ¿vale también para los consejeros de su Gobierno, que viven aterrorizados el día a día de la crisis, que no se atreven a decir una sola palabra a favor de Mariano Rajoy, terror extensible a todos los dirigentes del partido en Madrid? Eso también puede ser motivo de reflexión, no sólo la gestión de Rajoy.

Jesús Cascón es director de bejarnoticias.com, diario digital de Béjar

Mondragón.

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • Hugo F. Silberman
  • HUGO F. SILBERMAN

    27/04/2008

 

Mondragón

Desde el primer instante en que el Presidente del gobierno anunció, en la pasada legislatura, el inicio del dialogo con la banda terrorista, el PP y con ellos sus terminales –o centros de mandos- mediáticos, con la histérica colaboración de la AVT y el níhil óbstat de la Conferencia Episcopal iniciaron una brutal ofensiva (en todas las acepciones del diccionario) contra del proceso de diálogo para poner fin a la violencia.

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No vale la pena transcribir todas las mentiras, descalificaciones e insultos que se vertieron, están en las hemerotecas, sección infamias, para recordarlas.

No hay lugar a duda alguna del deseo y la firme voluntad del PP de acabar con ETA. La duda que queda, o al menos me queda a mí, es el deseo de en qué momento se debe producir ese fin.

Es política ficción pensar qué hubiese pasado con el proceso de paz si- aún en desacuerdo- la derecha política, mediática y eclesiástica no hubiera actuado en pinza con los violentos. Ya no vale la pena especular, solo los etarras tienen la respuesta. Lo que quedó claro es que los populares solo aceptaran el fin de ETA si son ellos los que gobiernan. Si Zapatero lograba la desaparición de ETA, pensaban que gobernaría varias legislaturas con mayorías absolutas y, ante esta posibilidad, eligieron el boicot a la paz.

La actitud del PP en Mondragón, absteniéndose en la votación de la moción ética que pedía la dimisión de los concejales que no condenen la violencia terrorista de ETA, como paso previo a una moción de censura, presentada conjuntamente por PNV y PSOE habla muy claramente del doble lenguaje de la derecha.

Es muy difícil pensar que el rumbo que tome en el futuro el PP sea distinto que el que con velocidad de crucero llevó la legislatura anterior, el de la confrontación. La coincidencia en la misma persona- Maria San Gil- encargada de elaborar la ponencia política en el congreso de junio y la presidencia del PP en el País Vasco es una declaración de intenciones, Mondragón, un aviso.

¿Alguien imagina la reacción del PP, la Iglesia, la AVT, y la prensa inflamadora si la abstención fuera del PSOE? Es fácil hacerlo, ya lo vivimos con falsedades, con hechos palmarios sería el acabose. Cuando se hable eufemísticamente del “campo de los demócratas” habrá que matizar. No todos lo son de verdad.

Hugo Silberman es licenciado en Derecho y comentarista.