Mujeres con discapacidad: doble discriminación

Su participación activa en organizaciones e instituciones ha conseguido hacer visible su vulnerabilidad

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), un 9% de la población española, algo más de 3,5 millones de personas, padece alguna discapacidad. De ellas, un 58% son mujeres que, en los últimos años, han conseguido aumentar su presencia en organizaciones de discapacitados e instituciones públicas. Las comisiones y áreas de la mujer son cada vez más frecuentes en estos espacios. Se plantean como un intento de buscar soluciones a la vulnerabilidad que las ha mantenido invisibles durante mucho tiempo.

  • Autor: Por AZUCENA GARCÍA
  • Fecha de publicación: 10 de octubre de 2008


– Imagen: Daniel Lobo

En 1997, el Manifiesto de las mujeres con discapacidad de Europa reclamaba para ellas “la posibilidad de vivir de manera autónoma, lejos de instituciones, proporcionándoles servicios de asistencia personal adaptados a sus necesidades”. Pedía que se les ofreciera una vida normalizada, como la del resto de las personas. Reivindicaba, en resumen, igualdad. Sin embargo, más de diez años después, siguen insatisfechas varias de las reclamaciones.

Por un lado, diversas organizaciones de personas con discapacidad han puesto en marcha programas para evidenciar la vulnerabilidad que rodea, especialmente, a las mujeres. A su vez, el propio Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, en el II Plan de Acción para las Personas con Discapacidad (2003-2007), mencionaba “por primera vez”, recuerda el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), la perspectiva de género en los principios rectores del plan. Al referirse al “respeto por la diversidad”, reconocía que las mujeres con discapacidad “se enfrentan a múltiples discriminaciones”, por esta razón y animaba a combatirlas a través de acciones positivas.

“La falta de servicios, acceso a la comunidad e igualdad de oportunidades a la hora de participar, hace la vida de una persona de menor calidad”

Estas medidas de acción positiva engloban, según el citado Plan, actuaciones concretas y específicas, decisiones que repercutan directamente en la mejora de la calidad de vida de las mujeres discapacitadas y cuyo objetivo sea “compensar a las personas consideradas desfavorecidas”. Ellas han de contar. La igualdad de género debe incorporarse en todos los ámbitos de la vida, “a todos los niveles y en todas las etapas”.

En la misma línea, el I Plan Integral de Acción para las Mujeres con Discapacidad 2005-2008, aprobado por el Comité Ejecutivo del CERMI en mayo de 2005, se planteó como respuesta a la necesidad “acuciante” de adoptar este tipo de medidas de acción positiva. Pero fue más allá: reclamó también atención para las niñas con discapacidad. “La falta de servicios, acceso a la comunidad e igualdad de oportunidades a la hora de participar, hace la vida de una persona de menor calidad”, argumenta el texto.

Reconocidas por la sociedad

El reconocimiento por parte de la sociedad es imprescindible. Por ello, las mujeres con discapacidad han intentado ganar espacios en los últimos años. Y lo han conseguido. Han instalado altavoces en el CERMI, donde la Comisión de la Mujer llegó, incluso, a participar en la fase final de los trabajos preparatorios de la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. “Su labor fue crucial para conseguir que la Unión Europea aceptase la inclusión de un artículo consagrado a la cuestión de género, así como la incorporación de otras menciones específicas de género en otras partes del articulado”, recuerda la organización.

Este éxito dotó de valor a las comisiones de mujeres creadas en los comités regionales del CERMI y animó, recientemente, al nacimiento de una Red Nacional de Mujeres Expertas en Género y Discapacidad. Su finalidad es compartir información para trabajar en equipo. La Red sólo opera en Internet y está abierta también a mujeres sin discapacidad, “pero con experiencia profesional en estos ámbitos”. Para participar, hay que ponerse en contacto a través de la dirección mujer@cermi.es.

Otra organización que también cuenta con departamentos dedicados a la mujer es la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE) y sus oficinas regionales. Precisamente, en Castilla La Mancha, el área de la mujer desarrolla un programa para favorecer la participación en igualdad en el medio rural. Uno de los objetivos es formar y dotar a las mujeres de las herramientas necesarias “para llevar una vida plena y con autonomía personal”.

Del mismo modo, la Comisión de Mujer de la Confederación Nacional de Personas Sordas (CNSE), creada en 1994, pretende promover la igualdad, sobre todo, en puestos de responsabilidad o de decisión. “A las mujeres sordas -afirma- se les ha ido relegando y ocultando de la vida social y política”. En este contexto, cuenta con el I Plan de Acción para la Igualdad de Género en el Movimiento Asociativo de la CNSE 2006-2009, planificado como un instrumento integrador para incorporar la perspectiva de género en todos los ámbitos “que incidan tanto en el movimiento asociativo como en la comunidad sorda”.

Más tímida es la creación de asociaciones de mujeres con discapacidad. La Fundación Genus o la Red de mujeres con discapacidad son algunos ejemplos. En el caso de la Red, se persigue fomentar la participación y coordinación de mujeres, instituciones públicas y privadas, para dar respuesta a las demandas de las mujeres con discapacidad y fomentar el propio movimiento asociativo. A su entender, ellas son discriminadas durante la niñez en el ámbito familiar y cuando son adultas en sus posibilidades de acceso al empleo. Por ello, pretende ser un grupo de ayuda mutua virtual, reivindicar y defender los derechos de las mujeres con discapacidad, servir de espacio de encuentro libre, ser un punto de transferencia de experiencias y conocimientos e impulsar la participación de los profesionales implicados.

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1 DE OCTUBRE, DIA MUNDIAL DE LAS PERSONAS MAYORES.

Una revolución demográfica está ocurriendo en todo el mundo. Actualmente hay alrededor de 600 millones de personas de 60 años y más; esta cifra se duplicará hacia el año 2025 y llegará a casi dos mil millones hacia el año 2050 la mayoría de ellos en países en vías de desarrollo.

La Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 1 de octubre Día Internacional de las Personas de Edad para solicitar contribuciones destinadas al Fondo Fiduciario para el Envejecimiento, que apoya proyectos en beneficio de los ancianos en países en desarrollo.

Una revolución demográfica está ocurriendo en todo el mundo. Actualmente hay alrededor de 600 millones de personas de 60 años y más; esta cifra se duplicará hacia el año 2025 y llegará a casi dos mil millones hacia el año 2050 la mayoría de ellos en países en vías de desarrollo. jgm.jpg

Este límite de edad para decir que una persona es anciana ha ido cambiando con los años, antes con 50 podía considerarse ya un anciano, sin embargo, hoy la edad es una medida arbitraria, sin fundamento científico. Muchos todavía creen que al llegar a los 65 años ocurre algún evento bio-psico-social, misterioso y fantástico, marcado por el reloj y la jubilación, que nos transforma de adultos a ancianos, pero la realidad es distinta, hay hombres y mujeres con mas de 70 años que están activos y llevando un vida con entera plenitud. El envejecimiento poblacional es y será una realidad a la que habrá que prestar la suficiente atención, no sólo por el incremento progresivo de su proporción, sino por el aumento de las condiciones de dependencia que van a padecer muchas de estas personas y, por extensión, por la cualificación humana y técnica de los profesionales que tendrán que hacerse cargo de su cuidado.

No hay genes del envejecimiento, pero la dotación genética puede influir en cómo se envejece. Si una persona sustenta su estilo de vida en: una adecuada nutrición, una actividad fisica apropiada, evitar hábitos nocivos (tabaco, alcohol en exceso, falta de sueño, etc.) y presenta una ‘buena actitud ante la vida”, logra una mejor y mayor longevidad que la que le correspondería por su carga genética.

¿Por qué hace siglos el envejecimiento era signo de sabiduría y hoy se arrincona a los ancianos?

En nuestra cultura occidental conviven los sentidos positivos y negativos hacia la ancianidad, pero son estos últimos los que están teniendo más peso en las últimas décadas. Esta pérdida de importancia y relevancia social que surge desde la cultura occidental, ha propiciado lo que en la actualidad se denomina técnicamente ageísmo o etaísmo, que es el conjunto de valores o mejor, contravalores, y actitudes peyorativas que vienen a marginar y excluir en todos los órdenes de la vida social a la persona mayor. Este decrecimiento en la estima social de las personas de edad nos permite afirmar que los ancianos comienzan a ser un grupo vulnerable, débil y marginal que merece una especial protección.

Desde las administraciones se debería apoyar la asistencia integral al anciano tanto sano como enfermo. Uno de los objetivos de la Geriatría y de la Gerontología es que el anciano permanezca el mayor tiempo posible en su domicilio, mediante la utilización de recursos sanitarios y sociales adecuados. La Geriatría ofrece una respuesta eficiente a las muchas y complejas necesidades que tiene el paciente mayor. La asistencia geriátrica, entendida como la atención al paciente mayor vulnerable o de alto riesgo, debe ser contemplada tanto en atención primaria como especializada en la Cartera de Servicios del Sistema Nacional de Salud.

A pesar de una primera impresión de inactividad, una proporción importante de los mayores está dispuesto a seguir realizando aportaciones activas a la sociedad: trabajar, transmitir parte de sus conocimientos profesionales a otros, o cuidar a personas que lo necesiten.

Pero detrás de todas esas cifras se esconde el día a día de nuestros mayores, principalmente de los que ya no se valen por sí mismos, y de sus familias o cuidadores, que los acogen y se enfrentan a una vida organizada alrededor de ellos. Vivir con un anciano que requiere atención constante resulta duro, y en la mayoría de las ocasiones poco gratificante. Aún así, es una opción elegida por muchas familias y aceptada con resignación por otras tantas, debido a que las infraestructuras gerontológicas de nuestro país resultan insuficientes.

¿El envejecimiento es sinónimo de soledad?

La existencia de alta proporción de personas mayores que viven solas motiva una mayor presión sobre los servicios socio-sanitarios y mas aún cuando aparece la dependencia. También es un factor para padecer o agravar determinadas enfermedades y sufrir aislamiento social.

Mantenerse activo y no perder la comunicación con otras personas son las claves para un buen envejecimiento. La soledad en las personas mayores debe combatirse evitando que se pierdan los lazos con los amigos y manteniendo cierta actividad social, aunque lo cierto es que esos contactos suelen producirse con la familia ya que, en muchos casos, han desaparecido ya los allegados de la misma generación.

El buen envejecer no se basa sólo en la ausencia de enfermedades mentales, sino en alcanzar una madurez en la que la persona se sienta realizada y feliz, en la medida de lo posible, porque la felicidad tampoco es un estado perpetuo, sin embargo son personas que gozan de bienestar a pesar de que han tenido que hacer frente a las adversidades de la vida, como puede ser la pérdida de un ser querido.