Los disturbios por la muerte de un joven a manos de un policía se recrudecen en Grecia.

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El agente que disparó anoche en Atenas contra el adolescente de 16 años ha sido detenido.- Las revueltas por muerte se han extendido por todo el país

AGENCIAS – Atenas – 07/12/2008

Los disturbios por la muerte a manos de la Policía de un joven de 15 años en las principales ciudades griegas se han recrudecido en las últimas horas. Los manifestantes, vestidos de negro, y armados con adoquines, bates y cócteles Molotov han destruido más de cuarenta establecimientos solo en la capital griega, calcinando una veintena de vehículos, y causando heridas al menos 24 agentes.

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La detención de un agente de la policía de 37 años acusado de disparar ayer contra Alexandros Grigoropulos, un estudiante de 16 años que participaba en una protesta y que murió a causa de estos disparos, no ha aplacado los ánimos de los manifestantes. El fiscal encargado del caso ha presentado los cargos de “asesinato intencionado y uso ilegal de arma” contra el detenido. Un segundo agente ha sido también detenido acusado de “colaboración en asesinato”. Antes de ser arrestados, ambos policías habían sido suspendidos de sus cargos.

En un comunicado difundido esta mañana, la Policía afirmaba que los agentes fueron atacados de nuevo cuando se bajaron del vehículo y se dirigieron hacia los manifestantes para arrestarlos, por lo cual uno de ellos hizo un disparo con un cartucho de fogueo y el otro disparó tres veces con su revolver de servicio, hiriendo al menor, que fue trasladado al hospital. El estudiante fue alcanzado en el tórax por una bala y murió a consecuencia de la grave herida poco más tarde.

Contrariamente a la versión oficial, una joven que se encontraba en el lugar de los hechos ha declarado a la televisión privada Alpha que “los manifestantes no atacaron a los policías con objetos ni con bombas incendiarias”, mientras que un taxista ha asegurado que vio cómo “el policía disparó contra el muchacho a sangre fría”. Otros canales y emisoras atenienses ha recogido testimonios según los cuales la provocación contra los policías fue “sólo de insultos”.

Estos acontecimientos recuerdan al caso de Michalis Kaltezas, un joven de 15 años que en 1985 resultó muerto durante una manifestción en el barrio de Exarchia a causa de un balazo de un policía.

Protestas en las calles

Cientos de manifestantes han reanudado las protestas, tras un breve parón, contra la Policía griega principalmente en las ciudades de Atenas y Tesalónica.

Las protestas se han concentrado particularmente en la avenida Alexandras, en el centro de Atenas, donde los manifestantes han arrojado decenas de cócteles molotov contra las fuerzas antidisturbios. “Han destrozado dos concesionarios, un supermercado está ardiendo y al menos cuatro personas permanecen atrapadas en la tercera planta”, ha indicado un agente de Policía.

Las brigadas antidisturbios se encuentran desde altas horas de la noche en las calles de las principales ciudades griegas (Patras, Salónica, Ioannia) para repeler con gases lacrimógenos a los manifestantes que van armados con piedras, maderas y bombas incendiarias y muchos de los cuales se han refugiado en instituciones universitarias para evitar ser detenidos.

“Nunca he vivido algo así”, ha asegurado Hara Christopolou, de 27 años, y residente en el barrio de Exarchia, donde el joven Grigoropulos recibió el mortal disparo. “He intentado salir de casa pero hay gases lacrimógenos por todos lados y las calles están llenas de jóvenes vestidos de negro”.

En Tesalónica, más de 1.000 repetía el lanzamiento de objetos al cántico de “asesinos de uniforme”, dirigidos contra la Policía, a pesar del llamamiento a la calma realizado hoy por el primer ministro Costas Karamanlis, quien se ha disculpado públicamente ante los padres del fallecido. “No hay nada que pueda hacer para aliviar su dolor, pero les garantizo que el Estado actuará para que la tragedia de ayer para que no se repita”.

Más de 30 tiendas, 16 sucursales de bancos y cerca de 20 vehículos quedaron destruidos anoche por la acción de los jóvenes, que lanzaron piedras y desataron varios incendios, según una evaluación provisional de los daños materiales de los bomberos. Al menos 24 policías han resultado heridos en estos choques.

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Requiem.

 Quien muere de hambre muere asesinado

 Jean Ziagler

Gracias a macarena1967
En
http://www.youtube.com/watch?v=c8FVXbIKnNA

Jean Ziegler
http://tierradegenistas.blog.com.es/?tag=-jean-ziegler

Asha: adolescente, violada y lapidada.

La joven acusada de adúltera y ejecutada por islamistas en Somalia tenía 14 años

LALI CAMBRA – Ciudad del Cabo – 01/11/2008

Ni era una mujer, ni tenía 24 años, ni era una adúltera. Si hay un país en el mundo en el que lo malo se convierte en peor, ése es y desde hace décadas, Somalia. Y la historia de Asha Ibrahim Dhuhulow, la supuesta mujer de 24 años lapidada en público el pasado lunes en la ciudad portuaria de Kismayo, es sólo un reflejo. Porque no era mujer, sino casi niña. Asha no tenía 24, sino 14 años. No había cometido adulterio. Había sido violada por tres hombres del clan más poderoso de la ciudad. Ayudados por el tribunal islámico impuesto por las milicias integristas de Al Shabab, la muerte a pedradas de la menor sirvió para borrar todo rastro del crimen.

Somalia

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Una hora antes de que la ejecutaran, Asha logró llamar a su padre

Padecía epilepsia y necesitaba ser tratada, pero la guerra la atrapó

Fue engañada por sus agresores y de denunciante pasó a denunciada

Algunos testigos intentaron ayudarla, pero abrieron fuego contra ellos

Somalia, inmersa en el caos entre un gobierno incapaz, señores de la guerra, islamistas radicales, ejército etíope, piratas, soldados de la fuerza de paz africana, (a sumar Estados Unidos, con esporádicos ataques aéreos), algunos enfrentados, todos armados, acumula víctimas. Asha, una más.

Asha no sólo murió víctima. Nació víctima ya. En el campo de refugiados de Hagardeer, en el sur de Kenia, en 1995, donde su familia tuvo que refugiarse tres años antes, huyendo desde Mogadiscio de los ataques contra su clan, el de los Galgale, una minoría en Somalia. Fue la última en nacer, la decimotercera de seis hermanos y seis hermanas, según explicó Ibrahim Dhuhulow, el padre de la niña, por teléfono.

Con la voz quebrada, Dhuhulow relató que Asha, que acudía a la escuela en el campo de refugiados, padecía epilepsia, por lo que la familia decidió enviarla con su abuela en Mogadiscio, donde podría recibir mejor atención médica. Kismayo estaba en su camino. Pero no contaban con la sempiterna guerra. En agosto, las milicias integristas de Al Shebab se hicieron con el control de la ciudad. Asha, “una niña muy dulce, muy humilde”, se quedó atrapada en Kismayo, donde pudo sobrevivir estos dos meses gracias a los conocidos que había hecho en el camino. El dinero para llegar a Mogadiscio se le acababa, según decía a su padre por teléfono. La noche del sábado, tres hombres se le acercaron y la obligaron a acompañarlos a la playa, donde la violaron.

Bajo consejo paterno, ella acudió a los tribunales y denunció a sus violadores, que fueron arrestados. Y aquí se inicia, según declaraciones de Ibrahim Dhuhulow, la serie de desatinos que acabarían con la niña atada y enterrada hasta el cuello, lista para la ejecución.

Una hora antes de que la ejecutaran, Asha logró llamar a su padre. “Me dijo: ‘Papá, soy tu hija, me van a matar, por favor, diles que me perdonen’. Le pregunté quién la iba a matar y por qué alguien iba a hacer algo así. Me dijo que el hombre a su lado no le permitía decirme las razones. Le pedí hablar con el hombre. Le pregunté: ‘¿Quién eres tú?, ¿por qué vas a matar a mi hija?’. Me contestó que no me podía responder a eso, ‘pero que sepas que tu hija va a ser lapidada en una hora’. Me desmayé”.

De acuerdo con la reconstrucción que el padre y los conocidos de Asha en Kimbayo han podido ir haciendo de los hechos, los familiares de sus agresores la convencieron con buenas palabras para que acudiera al tribunal islámico, retirara su acusación y perdonara a los tres hombres. Le darían dinero y joyas. Ella accedió, pensando que podría llegar a Mogadiscio con el dinero. Mientras, los mismos familiares acusaron a Asha ante el Tribunal Islámico por extorsión. Cuando Asha, en su inocencia, retiró la denuncia, fue arrestada y acusada de adulterio, de mantener relaciones sexuales sin estar casada.

“No le preguntaron nada, no trataron de hablar con ella, ni siquiera la visitó un médico”, asegura Hassan Shire Sheik, director del Proyecto de Defensa de los Derechos Humanos en el Este y en el Cuerno de África (EHAHRDP). “Se hacen llamar tribunales pero no tienen ningún conocimiento legal”. Shire Sheik confirma las palabras del padre de Asha según las cuales la niña se quedó sin defensa alguna también por el carácter minoritario de su clan, que no posee armas. “Nadie de su clan estaba en la ciudad, nadie armado estaba a su favor”. Sheik, impulsor de diversas asociaciones de defensa de los derechos humanos en Somalia -por lo que tuvo que huir de su país y refugiarse en Canadá y Uganda-, se sulfura al hablar del caso: “Ni cuando las Cortes Islámicas se hicieron con el control de Mogadiscio en 2006 vimos ejecuciones así. ¿Dónde está la ley? ¿Quién la defendió? ¿Cómo se mata a una niña de catorce años? Están locos”.

Lo mismo debieron de pensar los testigos de la ejecución. Un millar de personas que se acercaron al estadio de fútbol de Kimbayo, a los que se les dijo que se iba a lapidar a una mujer de 34 años, prostituta, bígama, adúltera. Pero pudieron ver y oír a Asha antes de que le cubrieran la cabeza con un capuchón. Asha la niña protestaba su inocencia. Unos cuantos trataron de romper filas y acudir en su ayuda.

Los milicianos integristas abrieron fuego contra la multitud. Mataron a un niño. Otras seis personas resultaron heridas. Por ello, posteriormente, los islamistas se disculparon y aseguraron que buscarían a los responsables de los disparos. No por las piedras, transportadas hasta el estadio en un camión. Nadie más se atrevió a proteger a la pequeña. Cincuenta hombres rodearon a Asha, la cubrieron la cabeza en un capuchón sollozante, e iniciaron el lanzamiento de proyectiles.

Hasta tres veces tuvieron que interrumpir la ejecución para comprobar si la niña todavía vivía. “Mi niña iba a la escuela, mi niña iba a ver a su abuela, no sé qué tipo de ley permite matar a una niña de catorce años”, se desespera Ibrahim Dhuhulow, que sabe que algunos testigos dicen que parecía que la niña tenía problemas mentales y le duele pensar que pudo haber tenido un ataque epiléptico sin ser asistida por nadie más que por sus verdugos.

No es el único que se desespera. El responsable de EHAHRDP recuerda que Al Shabab es un grupo calificado de terrorista por el gobierno de los Estados Unidos, con vínculos con Al Qaeda. Al Shabab (La Juventud) fue formado como reacción a la invasión del ejército etíope de Somalia en 2006 para, con el patrocinio de los Estados Unidos, acabar con la Unión de Cortes Islámicas que se habían hecho con el control de buena parte del sur del país y de su capital. El Islam practicado en Somalia ha sido siempre moderado, pero parece que eso se acaba. “Van camino de convertirse en talibanes, estamos asistiendo a una primera fase de la conversión de Al Shabab en talibanes”, asegura Shire Sheik, que considera que la ejecución de Asha “es una muestra de lo que nos espera: asesinatos públicos a sangre fría y publicitados por todos los medios para dar ejemplo”.

El defensor de los derechos humanos somalí considera que Asha sirvió no sólo para cubrir a los autores de la violación, “sino también para atemorizar a la población, a aquellos clanes que no tienen poder”. Para Shire Sheik, “es necesaria una intervención internacional efectiva y poder salvar lo que nos queda de Somalia”.

EHAHRDP publicó recientemente un informe sobre la violación de los derechos humanos en el país del Cuerno de África en el que se constata que el respeto por la vida de los ciudadanos en Somalia no es preocupación ni del gobierno que se apoya en el ejército somalí, ni de los grupos integristas islámicos que van, poco a poco, recuperando el terreno perdido. Se calcula que nueve de cada diez ciudadanos ha sido obligado a dejar sus casas en los dos últimos años. Un millón de personas ha sido desplazado por el conflicto bélico.

Amnistía Internacional, condenó ayer duramente la ejecución de Asha, cuya muerte “es otro caso de abuso de derechos cometidos por combatientes en el conflicto de Somalia, otro que demuestra la importancia de investigar y documentar dichos abusos a través de una Comisión Internacional de Investigación”.

Ibrahim Dhuhulow tiene a sus hijas enfermas por el dolor. Su suegro, su cuñado y dos de sus hermanos fueron asesinados por clanes rivales. A él le hirieron y, herido, huyó de Somalia. Ahora, sólo recuerda una y otra vez las últimas palabras de Asha a punto de ser asesinada.

72 veranos sin García Lorca.

 NOTIC. ANDALUCÍA

El Plural reconstruye el asesinato fascista del genial poeta granadino

MARINA MONTES/ EL PLURAL ANDALUCÍA

La tarde del 16 de agosto de 1936, apenas un mes después del alzamiento militar contra el gobierno legítimo de la República, un grupo de los sublevados tomó preso a Federico García Lorca. Desde ese momento, el destino del poeta se hace incierto. No se sabe el día exacto de su muerte, ni el lugar concreto en el que está enterrado. Lo único cierto es que lo asesinaron en Granada, “en su Granada”. El Plural rinde homenaje estos días al poeta con artículos de José Luis Casas y Miguel Naveros y entrevistas exclusivas, como las de Luis García Montero, Juan Antonio Bernier, e Ian Gibson.

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Federico García Lorca era, a mediados del año 1936, uno de los poetas más aclamados del momento a nivel mundial. La sensibilidad de sus escritos, la manera de transmitir el folclore andaluz sin caer en tópicos y su denuncia de las clases más desfavorecidas, lo hacían merecedor de los aplausos del gran público. Precisamente en ese momento, Lorca había decidido ir a México, país en el que Margarita Xirgu estaba representando, con un éxito atronador, su obra Bodas de sangre.

Temores
Sin embargo, antes del viaje trasatlántico, el poeta decidió acudir a Granada para ver a su familia, tal vez temeroso de no poder volver a respirar el aire de la vega granadina. Federico García Lorca sabía que sus comentarios no habían agradado a los opositores de la época, y llegó a escribir a Adolfo Salazar, crítico musical de la época, indicándole que borrase una respuesta en una entrevista que iba a publicarse en El Sol, “porque es un añadido y es una pregunta sobre el fascio y el comunismo que me parece indiscreta en este preciso momento”.

Los Rosales
El poeta parecía tener claro que su vida estaba en peligro y decidió no parar en su casa durante esos días, donde sería más fácil encontrarle. García Lorca acudió a la casa de su amigo, el poeta Luis Rosales, donde pensó que podría estar a salvo. No en vano, la familia Rosales era conocida por la militancia de sus miembros en Falange. Los dos escritores pensaron, erróneamente, que la vivienda de la familia sería un buen lugar para refugiarse en Granada.

Apresado
Sin embargo, los distintos grupos de los sublevados mostraban públicamente sus rencillas entre sí e intentaban ganar méritos propios, incluso a costa de humillar a los que supuestamente compartían causa en el levantamiento. Una muestra de ello es la situación vivida durante la detención de García Lorca: aunque los falangistas de la familia Rosales lo habían acogido antes de su huída a México, finalmente fue apresado por miembros de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). En la tarde del 16 de agosto de 1936, el poeta salió de la casa de los Rosales acompañado por Miguel Rosales y Ramón Ruiz Alonso, miembro destacado de la CEDA en Granada. El poeta, que temblaba y reflejaba el miedo en su rostro, llevaba unos pantalones color gris oscuro, una camisa blanca con el nudo de la corbata suelto y una americana en el brazo.

Ruiz Alonso
Según las últimas investigaciones del historiador Ian Gibson, su delator fue Ramón Ruiz Alonso, miembro de Acción Popular, integrado en la CEDA. Ruiz Alonso era conocido por su odio hacia los miembros de los partidos de izquierdas. Diputado en Granada durante la época de los gobiernos republicanos de derechas, Ruiz Alonso intentó militar en Falange tras la pérdida de un escaño después de un supuesto fraude electoral en Granada. Llegó incluso a pedir ayuda a José Rosales, hermano de Luis Rosales. Ante la negativa de la Falange de aceptar sus condiciones, Ruiz Alonso quedó fuera de la asociación, con lo que su odio hacia ellos creció aún más. Cuando el militante de la CEDA descubrió que García Lorca estaba escondido en casa de los Rosales, no dudó en delatarlo y apresarlo.

Angustiosa espera
El propio Luis Rosales acudió al Gobierno Civil a reclamar la liberación del poeta. Ni siquiera las gestiones de Miguel y José Rosales, destacados falangistas granadinos, sirvieron para cambiar el destino de García Lorca. En la denuncia contra él, se le acusaba de homosexual, escritor subversivo, de estar en contacto con los rusos y de tener una radio clandestina en la Huerta de San Vicente. Ante esa denuncia, los Rosales no pudieron hacer nada. Las horas del poeta se agotaban inexorablemente.

Fusilamiento
Tras un par de días de intensa angustia, García Lorca fue esposado junto con un profesor de un pueblo granadino, Galindo González, y llevado fuera del Gobierno Civil junto con otros presos condenados a muerte. En el barranco de Víznar, García Lorca contempló por última vez el cielo granadino, mientras un pelotón de fusilamiento de la llamada “Escuadra Negra” acababa con la vida de todos los presos. “Mataron a Federico cuándo la luz asomaba”, relataría Machado años después en una elegía al poeta granadino.

Carta al padre
En medio de todos estos acontecimientos, el mismísimo Manuel de Falla intentó interceder por Federico García Lorca. Sin embargo, cuando logró llegar al edificio del Gobierno Civil ya era tarde. No obstante, la agonía para la familia no terminaría aquí: una vez muerto Lorca, hicieron llegar al padre una nota, manuscrita por el propio Federico, que decía: “Te ruego, papá, que a este señor le entregues 1.000 pesetas como donativo para las fuerzas armadas”. El padre pagó sin dudar la cantidad, pensando tal vez, que así salvaría la vida de su hijo. Estas, que tal vez fueran las últimas letras del poeta, acompañaron al padre hasta su muerte, nueve años después.

Criminal de guerra
Tres meses después del fin de la guerra, la familia logró inscribir la muerte del poeta en el Registro Civil. El certificado que se entregó recurre a un eufemismo muy habitual en el momento. El poeta, según el documento oficial, murió “a consecuencia de las heridas producidas por hechos de guerra”. Para la historia inmediata, García Lorca no murió asesinado, sino luchando en el frente.

Presentimientos
Es imposible saber qué pensó García Lorca en esos últimos momentos, pero leyendo su obra, casi podríamos pensar que intuía su trágico destino. Incluso el lugar de su muerte parecía estar predestinado en unos versos premonitorios del poeta: Mi corazón reposa frente a la fuente fría. Y es que se cree que el cuerpo de García Lorca aún yace enterrado en una fosa común en la Fuente de Aynadamar o Fuente de las Lágrimas. Un destino que, desgraciadamente, casa a la perfección con los dramas lorquianos.

* Marina Montes es redactora de El Plural Andalucía y coordinadora del especial sobre la muerte de Federico García Lorca.

mmontes@elplural.com