LA ECCLESTONE BÁRBERA CAMPS BAND ACTUA EN LA COMUNIDAD VALENCIANA.

VISTO EN LA RED

 23/05/2007

Una parodia, con Barberá y Camps en los coros

Ecclestone le pone música a su influencia electoral

ELPLURAL.COM

Bernie Ecclestone, el patrón de la Formula 1, celebra con una canción su capacidad para condicionar las elecciones con sus promesas de carreras en Valencia, mientras los candidatos populares, Rita Barberá y Francisco Camps, le hacen los coros recordando las carencias de su gestión. No es un cámara oculta en un karaoke, sino la última parodia que triunfa en la red en la web www.yoquitoyopongo.com.

Estilo popular
El último éxito en Internet caricaturiza con el estilo de los dibujos satíricos South Park la promesa electoral del PP de condicionar la Formula 1 en Valencia a la reelección de sus cargos. La canción también adopta el estilo casposo tan del gusto del PP valenciano, como hizo la Diputación de Castellón para promocionar el turismo en la región, con Luis Aguilé como reclamo.

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ELECCIONES 27-M: CON TU VOTO POR EL CAMBIO PUEDES EVITAR QUE LA EXTREMA DERECHA TENGA LA LLAVE DEL AYUNTAMIENTO DE VALENCIA.

POLÍTICA

 21/05/2007

El PP perdería también el ayuntamiento de Alicante

La extrema derecha tendría la llave en Valencia

ELPLURAL.COM

El PP perdería el próximo 27 de mayo la mayoría absoluta con que gobierna holgadamente desde 1995 en la ciudad de Valencia. Según la última encuesta publicada por el diario Levante, la alcaldesa y candidata popular a la reelección, Rita Barberá, obtendría tantos concejales como PSPV y EU juntos. Este empate técnico dejaría la llave de la gobernabilidad al líder de Coalició Valenciana, Juan García Sentandreu, de extrema derecha y anticatalanista. En Alicante, el popular Luis Díaz Alperi perdería también la mayoría absoluta dejando vía libre a un gobierno de centro izquierda.

Dos de las principales ciudades de la Comunidad Valenciana, bastión popular, están en juego. Según la encuesta del Grup Marest para Levante-EMV, Barberá cosecharía el 44,42% de los sufragios. Sería la lista más votada, pero pagaría un precio muy alto por la caída de 7,5 puntos respecto a las elecciones de 2003. Con tres concejales menos de los actuales y con mayoría simple, los dos escaños que -de acuerdo con el sondeo- ganaría el PSPV, unidos a los dos que mantendría EU darían como resultado un 16 -16 (la corporación está compuesta por 33 miembros).

El ultraderechista Sentandreu, decisivo
La clave se encontraría en la entrada de Coalició Valenciana, liderada por el ultraderechista Juan García Sentandreu. La encuesta pronostica que CV conseguiría superar por los pelos la barrera del 5% electoral. Pero a pesar de ello tendría en sus manos la posibilidad de inclinar la balanza de la alcaldía hacia uno u otro lado del espectro político municipal o el poder de influir de forma decisiva en la gestión de los próximos cuatro años.

Sólo Barberá y Alborch aprueban
En cuento a la valoración de sus líderes, sólo la actual alcaldesa y Alborch llegan al aprobado con apenas 35 décimas de de diferencia a favor de la primera. «Regular» es la opinión sobre el Ayuntamiento de Valencia más repetida entre los encuestados (con un porcentaje del 39,5%) un poco por delante de los que califican la gestión municipal de forma positiva, «buena» (28,8%) o «muy buena» (7,3%). En el lado negativo, el 19,7% habla de «mala» y el 4,1% de «muy mala».

Alicante pasaría a manos del centro izquierda
En Alicante, el PP lograría 14 ediles, a uno de controlar el consistorio y superados por los quince de la izquierda. El Partido Popular sería la fuerza más votada pero el actual alcalde, Luis Díaz Alperi, perdería la mayoría absoluta que los populares tienen en el consistorio alicantino y la ex subdelegada del Gobierno, la socialista Etelvina Andreu, podría convertirse en alcaldesa con 13 ediles y el apoyo de los dos concejales que la encuesta concede a EU. Alicante es una de las ciudades donde la guerra del PP se ha saldado con una gran purga del sector zaplanista.

EL CAMBIO EN LA COMUNIDAD VALENCIANA: UNA ESPERANZA COMPARTIDA.

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TRIBUNA: INMACULADA RODRÍGUEZ-PIÑERO

Razones para un cambio

INMACULADA RODRÍGUEZ-PIÑERO 21/05/2007

 

En democracia la ciudadanía elige el Gobierno. Los valencianos y las valencianas elegiremos el 27 de mayo qué tipo de sanidad queremos, la calidad de nuestra educación y de los servicios sociales, la preservación de nuestro territorio, el alcance de nuestros derechos y nuestra capacidad de crecimiento. Antes de votar, los ciudadanos hemos de valorar con objetividad la gestión de nuestros gobernantes y el futuro que nos ofrecen las diferentes opciones. A continuación, intentaré evaluar, brevemente, ambos aspectos desde la realidad de los datos y no desde la virtualidad que el Sr. Camps y su televisión pública intentan vendernos.

 

 

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El 27 de mayo podemos elegir entre la ‘pole position’ del desarrollo o de nuevo lo más alto del pódium del cemento

Si empezamos con la gestión de la economía, aspecto clave para el desarrollo y la prosperidad de nuestra Comunidad, nos encontramos ante la primera quimera. Desgraciadamente, no somos los más dinámicos ni los más prósperos. La realidad es que la Comunidad Valenciana no ha aprovechado el tirón de la economía española. Esto no lo digo yo. Son las estadísticas del INE. En el periodo 2003-2006 la economía valenciana ha crecido por debajo de la media nacional y ha perdido 5 puntos en términos de renta per cápita en los últimos seis años. Atrae menos inversión extranjera que la media nacional, estamos a la cola en todos los indicadores que miden la modernización tecnológica y somos la Comunidad más endeudada con respecto al PIB y la tercera donde la deuda más ha crecido.

Por tanto, la conclusión es una mala gestión de los recursos públicos, con un endeudamiento que no ha generado más y mejor crecimiento y con unos sobrecostes valorados por la Sindicatura de Cuentas en 2.577 millones de euros, importe equivalente a 858 colegios, cuando tenemos más de 2.000 alumnos en barracones, a 74 hospitales o a 429 residencias para mayores. Cualquier gerente de una empresa no habría sobrevivido a estos resultados y habría sido fulminantemente cesado.

¿Habrá servido la deuda para mejorar nuestros servicios públicos? Desgraciadamente nos encontramos ante la segunda quimera. La realidad es que la Comunidad Valenciana ocupa la última posición en el ranking por comunidades autónomas en gasto sanitario por habitante (1.023 euros frente a los 1.470 de La Rioja), en camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes (2,6 frente a 4,6 de Cataluña) y está muy por debajo de la media nacional en residencias para nuestros mayores, en los servicios de ayuda a domicilio o en guarderías infantiles (la tasa neta de escolarización a los dos años es 10 puntos inferior a la media nacional).

Sin embargo, hay materias en las que no vamos los últimos. Porque la Comunidad Valenciana está en el grupo de cabeza de las comunidades con más fracaso escolar, en la vanguardia del deterioro de las costas y de los atentados al medio ambiente, somos referencia en irregularidades urbanísticas y somos avanzadilla en manipulación de los medios públicos de comunicación.

Camps y su Gobierno están consiguiendo algo que no es fácil: situar a esta Comunidad en el lugar que no se merece y todo su esfuerzo lo vuelcan en que parezca lo contrario.

Se puede entender que la preocupación de un Gobierno conservador no sea la justicia social, la solidaridad o la igualdad de oportunidades. Esto es una opción ideológica, pero lo que ya no es una opción ideológica es que hagan mal las cosas. Porque hacer mal las cosas es que la deuda de la Comunidad se haya multiplicado por diez en diez años y no haya servido ni para crecer más ni para mejorar nuestros servicios públicos. Hacer mal las cosas es que la política urbanística haya merecido la reprobación de las instituciones europeas y hacer mal las cosas es que tras el mayor accidente de metro de la historia de España, nadie haya asumido responsabilidades políticas.

Los españoles dieron su voto mayoritario el 14 de marzo de 2004 a los socialistas porque sentían que se merecían una España mejor. Y hoy tenemos una España mejor. Todos los organismos internacionales así lo reconocen.

Los valencianos también nos merecemos una Comunidad mejor.

Los socialistas no nos conformamos con lo que tenemos. Queremos más y miramos al futuro con ambición de cambio y como una oportunidad de mejora. Creemos en una Comunidad que apueste por el talento y el conocimiento de los que habitan en ella. Por ello, necesitamos un Presidente de la Generalitat que dé la cara, que sitúe a esta Comunidad en los primeros puestos de bienestar social, de dinamismo económico, con ganas de potenciar los avances de la sociedad, de extender derechos, de mejorar las condiciones de vida de la gente, de hacer de las ciudades y de los pueblos un buen lugar para vivir

Necesitamos un Gobierno transparente, orgulloso de lo que representa y que nunca recurra al victimismo para ocultar sus carencias.

El próximo 27 de mayo, podemos elegir entre estar en la pole position del desarrollo o estar de nuevo en lo más alto del pódium del cemento.

Los socialistas asumimos este reto, por eso confío en que el voto de cada uno pueda darnos a todos lo que nos merecemos y necesitamos.

Inmaculada Rodríguez-Piñero es secretaria federal de Política Económica y Empleo del PSOE.

COMUNIDAD VALENCIANA: ALGO SE LE HA SUBIDO A RICARDO COSTA A LA GARGANTA ANTE LAS ELECCIONES DEL 27-M.

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Elecciones 27M

Costa advierte del “precio político” que supondría el “batiburrillo

EFE – Valencia – 21/05/2007

 

El vicesecretario regional del Partido Popular valenciano, Ricardo Costa, advirtió ayer a los valencianos de que “el precio político de Pla se cifra en los 400 millones de euros que perderían los ciudadanos” con la implantación de la ecotasa que exige “el batiburrillo de partidos”. Costa se refirió así a lo que calificó de “claudicación” que, a su juicio, ha “ejemplificado Pla asegurando que no le causaría problemas pactar con el Compromís” y apuntó que “se trata de una excusa que delata que ya se siente culpable de lo que sería una gran traición a los valencianos”.

 

 

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El dirigente popular añadió que en total, “la política tributaria que pretende imponer el conglomerado de formaciones radicales que quiere liderar Pla equivaldría a 1.000 millones de euros más en impuestos o en sus consecuencias para los valencianos entre las que se encuentran la pérdida de 400 millones de euros a causa de la ecotasa o el incremento de 450 millones de euros en impuestos que supondría la recuperación del impuesto de Sucesiones y Donaciones”. Y recalcó que la ecotasa “tendría serias repercusiones en el sector hostelero y, además, en el empleo, ya que se perderían numerosos puestos de trabajo debido a que se reducirían los ingresos” pues “en Baleares esta misma medida supuso la pérdida de un millón de turistas al año”.

MI ENCUENTRO VIRTUAL DE CADA DOMINGO CON JJ PEREZ BENLOCH.

CRÓNICA: LA CRÓNICA

Un voto pragmático

J. J. PÉREZ BENLLOCH 20/05/2007

 

Con tan sólo cinco días de campaña por delante no resulta aventurado afirmar que todo el pescado está vendido. Los sondeos de opinión publicados han avanzado los resultados con muy ligeras desviaciones unos de otros y si un tsunami no lo impide se revalidará la ventaja conservadora. Quedan en el aire algunas incógnitas que alientan esperanzas y desasosiegos, al tiempo que animan al ejercicio del voto. Nos referimos especialmente a ese 20% de indecisos que puede darle un vuelco a los pronósticos autonómicos, así como a la capacidad movilizadora de los partidos en un clima general de despolitización y enervamiento cívico largamente propiciado por la política del Consell.

 

 

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No obstante, la bondad de las previsiones para el PP valenciano, resulta cuanto menos chocante la invocación al pragmatismo para recabar el voto de los electores del PSOE que valoren la política del actual Gobierno con la misma benevolencia con que lo hacen sus protagonistas, empezando por sus beneficiarios, ya desempeñen cargos o gocen de sinecuras. No es ninguna excentricidad esta llamada a la conveniencia de optar por el partido más votado desde 1995. Al fin y al cabo, en ese centro político cada día más decantado a la ladera conservadora reside un fragmento de simpatizantes, e incluso militantes socialistas, de convicciones ambiguas y bandera de conveniencia.

A los estrategas electorales de Ignasi Pla no se les ha ocurrido, hasta ahora que sepamos, echar las redes en esos presuntos cardúmenes de la derecha. Seguramente porque hay poco que pescar. La veta liberal valenciana siempre ha sido muy estrecha, tanto que, como gráficamente se describía, a sus miembros se les podía embutir en un taxi. El mogollón, el macizo roqueño, en cambio, es enorme y nos viene gobernando desde el primero de abril 1939, Día de la Victoria, con una leve interrupción en los preludios democráticos. De ahí que ese mismo magma conservador considere que las aspiraciones de la izquierda son poco menos que una intromisión en su propio predio, una suerte desacato político.

Frente a esta hegemonía, el voto progresista -PSPV y Compromís pel País- supone cuanto menos la voluntad de limitarla, de difundir el poder, hoy concentrado en un solo partido, activando el sistema de contrapesos y fiscalizaciones que es el exponente de una democracia evolucionada. Optar por la alternativa equivale, además, a renovar las instituciones insuflándoles nuevos bríos, aunque asimismo signifique menor entusiasmo, o ninguno, por la promoción de grandes eventos absurdos, como el circuito urbano de Fórmula 1 que dinamita el pulso de la ciudad y buena parte de su trazado urbano. De todo esto ja en tenim prou, por puro pragmatismo.

No se trata de formular aquí una exégesis y valoración de los programas alternativos al PP, pero, entre la barahúnda de propuestas, hay tres que merecen ser subrayadas porque son políticamente definitorias. La primera es la decisión insoslayable de ponerle coto a la corrupción, aunque ello parezca interesar poco al pueblo soberano, resignado cínicamente a que no roba quien no puede; la segunda, y condicionante en buena parte de la anterior, es la gestión del territorio, tratando de que los paisajes que sobreviven no se reduzcan a sus tres primeras sílabas: y, por último, establecer la trama legal adecuada para impedir el uso partidario y fascistoide de la televisión y radio de titularidad pública. Tres asuntos prioritarios por puro pragmatismo.

Y no queremos cerrar esta crónica sin glosar, siquiera sea brevemente, el mantra que airea el PP calificando de grises y tristes los años que precedieron su llegada al poder. Esos fueron los 80, la década prodigiosa de la movida, que no solo fue un tiempo de vino y de rosas, sino también en el que se trazaron los fundamentos de la nueva Valencia con el riu de cultura que es el Jardin del Turia y la Ciudad de las Ciencias, entre otras obras de infraestructura que abonaron el despliegue actual. Rita Barberá, la alcaldesa periodista, fue testigo de tal evidencia. Lástima que en ocasiones como ésta la desmemoria teñida de ingratitud no parezca más que rencor. Un recordatorio que no tiene nada que ver con el pragmatismo, sino con aquello de dar a cada cual lo suyo, el famoso quique tribuere.

EL TIRON A LA CAMPAÑA HA DE DARSE EN LAS MUNICIPALES.

REPORTAJE: Elecciones 27M

La no campaña llega al ecuador

La baja intensidad de la agenda de los candidatos marca la primera parte de la carrera electoral

MIQUEL ALBEROLA – Valencia – 20/05/2007

 

La campaña electoral ha recorrido la mitad de su camino sin que las agendas de los dos principales candidatos a presidir la Generalitat, Francisco Camps (PP) y Joan Ignasi Pla (PSPV), hayan alcanzado picos de intensidad. Tras la inflexión propia del inicio de campaña, sus agendas se han ido enfriando, aunque con la excepción de algunas citas más vibrantes (y entre éstas, las de los denominados actos centrales, que coinciden con las visitas de los líderes nacionales).

 

 

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Tras la inflexión del inicio las agendas de los candidatos se han enfriado

Al candidato popular le interesa una campaña de perfil bajo, ya que no puede prescindir del trámite de someterse a ella. Su voto sociológico está movilizado al máximo desde hace tres años como resultado de la estrategia seguida por el PP en Madrid contra el frustrado proceso de paz que inició el Gobierno con ETA, así como con la ceremonia de la confusión respecto al 11-M.

Asimismo, en el ámbito autonómico, el PP ha desplegado a lo largo de la legislatura eficaces instrumentos de movilización como el victimismo respecto al Gobierno central, hacia el que desvía las responsabilidades de todo lo que estropea la postal paradisíaca de la Comunidad Valenciana. Entre el amplio catálogo de agravios destaca especialmente la agitación continua sobre el revocado trasvase del Ebro, que ha calado como “lluvia fina”. Además, subir la intensidad de la campaña podría suponer una movilización del voto de izquierda y, por consiguiente, una reducción de la amplia bolsa de indecisos que ha decantado las encuestas a favor de los populares. En esa tónica, el debate televisivo de Canal 9 con los tres candidatos a la Generalitat apenas fue publicitado por la cadena, por lo que logró un 5,3% de share.

El PP determinó el ritmo de la campaña con el fogonazo del circuito urbano de Fórmula 1 para Valencia y luego la ha mantenido a fuego mínimo para absorber el voto de centro con el resplandor de los eventos y su halo de prosperidad. Sólo ha apretado el acelerador para subrayar mensajes anticatalanistas que, aparte de zapar al PSPV, eviten fugas de votos desde su espectro sociológico a opciones como Unión Valenciana o Coalición Valenciana, que podrían poner en riesgo su mayoría absoluta.

Por el contrario, el PSPV se enfrenta al reto de movilizar a sus votantes con no pocos inconvenientes. Entre ellos, la eficaz máquina de propaganda desarrollada por el PP durante sus doce años en el Palau de la Generalitat. Pese a ello, desde Madrid el PSOE ha reforzado la campaña con la presencia del presidente del Gobierno en Valencia y Alicante. Sin embargo, tres años después de la llegada del PSOE a la Moncloa, los socialistas valencianos empiezan a sufrir el desgaste del poder del partido en España sin haber llegado a abandonar la oposición. Esta anomalía anquilosa en parte su mecanismo electoral al no ser percibidos como una alternativa neta, es decir, sin servidumbres con lo establecido.

Además, según el análisis de un destacado socialista valenciano, la izquierda no ha encontrado su espacio electoral tras perder las elecciones en 1995. “El PSPV no tiene terreno y de ahí que la visualización de su campaña pierda intensidad”, explica. El PP ha ocupado el espacio desideologizado con el discurso de los grandes eventos como medio de generación de riqueza y prosperidad, mientras el PSPV se cuece en sus propias contradicciones al respecto. Pone los peros a los grandes eventos, pero no renuncia a apuntarse a las fotos que ellos suministran, lo que le reporta una imagen confusa tanto para el electorado desideologizado como para el muy ideologizado.

Fuera de ese espacio, le quedan los elementos con presencia social, como la higiene financiera, la salubridad democrática y los conflictos sociales. Sin embargo, su papel al respecto tampoco resulta claro al electorado, ya que el Gobierno central o siempre guarda alguna relación al respecto o no ha tomado medidas suficientes de saneamiento. Todo ello redunda en una “incomodidad presencial” del partido en la campaña que hace que no se visualice. Como alternativa, el mensaje se ha recluido en los guiños al bolsillo del electorado, ofreciendo ayudas económicas a las familias como principal icono electoral.

Varios expertos en demoscopia consultados detectan que en la campaña autonómica del PSPV de momento “no hay alegría” como para producir una movilización determinante, aunque reconocen que la clave de esa movilización está en las municipales.

ADOLF BELTRAN, BLOG DE CAMPAÑA COMUNIDAD VALENCIANA.

19 mayo, 2007 – 01:51 – ELPAIS.com

Entropía en la política

Tomo prestado el título de un libro de Vaclav Havel, aquel primer presidente de Chescoslovaquia tras la caída del muro que supo serlo después de la República Checa independizada de Eslovaquia, uno de esos personajes históricos por cuya biografía sólo se puede sentir admiración. La “entropía de la política” es un concepto muy sugestivo para tratar de entender lo que ocurre en nuestras sociedades. Por eso lo utilizó Jean Baudrillard, aunque resulte más agradable la lectura de su filosofía que fácil de compartir el pesismismo latente en sus visiones del mundo de la vida.

Digo “entropía” y, si me refiero sólo a la dinámica de los partidos, tal vez podría ser más llano y seguir a Justo Serna cuando habla de la “trituración interna” del PP valenciano. En efecto, las máquinas partidistas acumulan, no sólo en un largo ejercicio del poder, sino también cuando lo pierden, un grado de desorden interno que se acrecienta y exige una enorme cantidad de energía para que el sistema siga funcionando.

Los rastros de la catástrofe que la dinámica del caos interior genera en ocasiones tienen una vigencia larga y desagradable. Los socialistas valencianos, por ejemplo, todavía no han acabado de digerir completamente el estallido en facciones miopes y egoístas que les sumió durante buena parte de los 12 años que llevan fuera de la Generalitat en una crisis esterilizante.

En el PP, aludo ahora al conjunto de la organización de la derecha en España, la histriónica puesta en escena de sus planteamientos de oposición, tras su abrupta derrota en 2004, trata de contener esos efectos (y de rebote lo pagamos todos los ciudadanos en forma de crispación social). También ocurre a escala autonómica. Es difícil de explicar, si no, que un señor amable y educado como Francisco Camps se  muestre, de un lado, cada vez más conspicuo y enfurruñado, y de otro, cada vez más eufórico, hasta el extremo de emplear ante los electores el argumento de que, si salen fuera de su comunidad autónoma, verán que son la envidia de todos. Tal argumento, amén de pobre (paupérrimo), evoca la simplicidad de referentes políticos como Gil y Gil, aquel señor que también predicaba que Marbella era la envidia de España y de parte del extranjero mientras saqueaba con todo tipo de desaprensivos su dignidad y sus recursos.

¿Necesitaba Camps emprender esa senda para mantener unida con el cemento del poder la grave división interna entre sus seguidores, los de Zaplana, los de Fabra y tutti quanti? La entropía del PP valenciano, en todo caso, se proyecta sobre el imaginario de la sociedad con una virulencia avasalladora. ¿Necesitamos generar una cantidad tan grande de energía para que la convivencia colectiva resulte soportable?

Me refiero a la entropía política que nos sacude, pero también a su reflejo informativo, a sus efectos en el debate público y, por supuesto, en el comportamiento económico, que es, inevitablemente, también una manera de eludir la responsabilidad hacia los requerimientos acuciantes del medio ambiente. La eficiencia general de los gestos, de los esfuerzos, de los discursos y de las acciones, en nuestro país, es manifiestamente baja. Los gestos colectivos, los esfuerzos dialécticos, los discursos políticos y las acciones institucionales están exageradamente desordenados en nuestra sociedad.

Decía H.G. Wells, (y no sé por qué me viene esa cita a la memoria, ¿o tal vez sí?): “Cada vez que veo a un adulto en bicicleta no pierdo la esperanza en el género humano”. Hace tres meses estuve en Friburgo, una ciudad alemana en la que, nada más salir de la estación del ferrocarril, te das de bruces con un enorme aparcamiento lleno a rebosar de miles de… bicicletas. Al verlas, pensé en Valencia y, no sólo en su enervante tráfico de automóviles, sino en las largas filas de motos aparcadas los días laborables sobre las aceras del centro de la ciudad. ¿Por qué, aquí, en una urbe tan plana y de clima benigno, todos esos vehículos para ir al trabajo no son bicicletas? ¿Por qué no podemos hacer de eso un asunto importante en el debate electoral y, en cambio, tenemos que apretar los dientes y arremeter unos contra otros a cuenta de los alardes que preparamos para asombrar a un coro inexistente de envidiosos que supuestamente nos observa? El nuestro es un espacio público demasiado cargado de entropía.