La masturbación de Aguirre, la herejía de la Iglesia y los miedos de Camps.

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • CARLOS CARNICERO

    13/11/2009

El Zumbido

Esperanza Aguirre no financia talleres para aprender a masturbarse. Así utiliza la ironía la presidenta de la Comunidad de Madrid. Se toma a broma los intentos de dotar de educación sexual a nuestra juventud a la vez que se sitúa frente a la reforma de la ley de interrupción del embarazo. Ni prevenir, ni curar. Está inspirada esta semana la señora Aguirre. Ayer la broma fue sobre la “salida del armario” de Rodrigo Rato. Hoy para justificar los contratos adjudicados a la trama Gürtel utiliza la chanza sobre la educación sexual.

<!–Son tiempos para tomarse las cosas a broma porque la Iglesia ha sacado la acusación de herejía a la palestra. Rescoldos de viejas hogueras. Hace falta ser atrevido para aplicar acusaciones de herejía en el siglo XXI sin que la Iglesia se haya molestado nunca en disculparse por las atrocidades de la Inquisición y quizá no sea un disparate pensar que no queman ahora a los herejes porque la sociedad civil, en el avance de la humanidad, ha situado al margen del poder político a la Iglesia Católica. El cardenal Gomá bendijo los cañones de Franco con un rezo memorable: “De las bocas de estos cañones florecerá la luz del evangelio”. Gomá y sus coetáneos sí tenían poder sobre el Estado. Y la Iglesia, en el fondo, no se resigna al gobierno de las almas prescindiendo del gobierno de los hombres.

Mientras todo esto sucede en la Conferencia Episcopal, el president del País Valenciano acusa a los socialistas de querer matarle, evocando los paseíllos en la madrugada y en las cunetas. Y lo hace en los tiempos en los que se siguen registrando fosas de fusilados sin juicio en la guerra civil. Los atropellos del franquismo no sólo no han caducado sino que los hijos políticos de quienes los pronunciaron se permiten evocaciones frívolas sobre la represión intentando equiparar tal vez los excesos que se cometieron en la República y las atrocidades que durante cuarenta años realizó el régimen ilegítimo de Franco.

La broma es una forma de perversión cuando se utiliza sistemáticamente para camuflar los valores de la democracia. Esperanza Aguirre tiene su librillo de gracietas a medio camino de las formas rancias de la aristocracia y la vulgaridad: ese tono campechano y condescendiente que tanto le gusta. Camps parece que ha perdido el juicio y la razón. Los tribunales tal vez les sitúen en su lugar los desvaríos del presidente valenciano. Y mientras tanto, la acusación de herejía le da morbo a la votación sobre la ley del aborto: a lo mejor los obispos no se han dado cuenta de que hay gente que está dispuesta a ser considerado hereje como un plus democrático en una sociedad en la que no pasa nada por vivir en excomunión.

Carlos Carnicero es periodista y analista político.

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