A Camps se le fue la olla.

ART. OPINIÓN

  • JUAN LUIS VALENZUELA

    13/11/2009

EL OLIVO

En un magnífico análisis -como siempre- de José Manuel Romero en El País, defiende que Camps no está loco sino que huye hacia adelante para no volver la vista atrás. Cree este gran periodista y analista que a Camps “el pasado le persigue tan de cerca que un día le alcanzará”. Discrepo con José Manuel Romero en esta ocasión. Camps no está bien de la cabeza

Las disculpas matizadas que pidió posteriormente, mejor se las hubiera guardado, porque hay disculpas que pierden su esencia cuando se continúan mezclando con el ataque y se formulan desde una posición para nada humilde.

Es difícil interpretar las palabras de ayer del dirigente valenciano en el sentido de que el líder de la oposición socialista desea no sólo su muerte, sino que lo asesinaría para verlo boca abajo en una cuneta, sin tener duda razonada al menos de que el Presidente valenciano sufría en ese momento un trastorno mental transitorio. Es inverosímil porque salvo extremistas, esperpentos berlusconianos o fanáticos militantes ultras, nadie con buena salud en su coco se atrevería a utilizar ese argumento tan revanchista.

Sería mejor por tanto pensar que Camps sufrió de una falta de riego cerebral momentáneo, de una anulación efímera de neuronas o de una ataque pasajero a su intelecto, que entender que un dirigente de una comunidad tan importante como la valenciana albergue pensamientos tan peligrosos sobre su rival, sobre todo porque en el tema de los asesinados por móviles ideológicos, alguien le puede recordar aquello de que “el ladrón piensa que todos son de su misma condición”.

Además cuando se es tan de derechas como lo es Francisco Camps y se toma a chufla, como recientemente ha hecho, asuntos como la memoria histórica, mencionar a las cunetas y a los muertos es un ejercicio peligroso por asociación y recuerdo de nuestro pasado y viene a ser como mentar la soga en casa del ahorcado.

Decididamente prefiero pensar que quien llegó a ser un día la esperanza del PP, se está volviendo como una chota a base de presiones de su partido y de percibir un horizonte judicial complejo y de ver que sus días de vino y trajes a gogó finiquitan. Quiero pensar que está en el punto cercano de la enajenación mental antes de entender que anide en su mente reflexiones tan cainitas de los políticos españoles. Un ex líder interiormente derrotado porque sabe que su futuro prometedor ni tiene futuro y ni mucho menos promete, tiene que sufrir a la fuerza esos apagones de lucidez. Ya lo demostró cuando habiendo tomado una decisión en los órganos regionales sobre Costa le comunicó a Madrid que fue otra bien distinta. Y ayer le pasó lo mismo, se le fueron los fusibles del cerebro y se le cortocircuitaron las ideas.

Debe ser duro, muy duro, pasar de la solvencia política a ser un talón políticamente sin fondos y con fecha cercana de cobro. Es un pagaré que ningún banco admite y eso le produce una demencia que le nubla el pensamiento lógico. No dormirá bien, tendrá pesadillas, sudor frío, imágenes judiciales con voz en off policial.  Se le ve en esa sonrisa cínica, el baile de zoombi y la mirada perdida cuando habla en el Parlamento. Si se le pregunta por la trama Gurtel dice que de eso no está muy al día; si es por la crisis del PP te habla de las nuevas tecnologías y la agricultura. Va pasado de rosca. Y es que todo el fregado en que anda metido, finalmente se paga en un raciocinio a la baja.

Y digo yo ¿Con un presidente con esos flujos y reflujos intelectuales se puede seguir gestionando la Comunidad Valenciana? ¿Qué dice el Estatut de la incapacidad mental de sus Presidentes? Porque de la mala uva y del espíritu rencorosamente fratricida sé que no dice nada.

* Juan Luis Valenzuela es Coordinador de El Plural en Andalucía

4 comentarios en “A Camps se le fue la olla.

    1. Para tu desilusión, vuelvo a escribir y espero hacerlo mucho tiempo. Lo del ladrillo es lo que nos ha hundido en la miseria…a algunios y a otros les ha forrado los bolsillos. Un abrazo chaval y que te vaya bonito con tu ironía despectiva que evidentemente trasluce un debil movimiento neuronal que, supongo, aceptas de buen grado y com marcial alegria.

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