Dinamarca.

ANDRÉS GARCÍA RECHE 21/04/2009

 

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Un viejo amigo, ingeniero industrial, que hace seis años se instaló definitivamente en Dinamarca, harto, según me dijo, de convivir con la mediocridad reinante en este país, aseguraba que el principal problema de España no era ideológico sino técnico. Durante algún tiempo creí que su deseo de exilio voluntario era fruto de la lógica depresión provocada por los desastres de la era Aznar-Bush e intenté retenerlo con el argumento de que aquello pasaría algún día y entonces todo volvería a la normalidad.

 

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Pero él insistió en que lo que le aterraba de verdad no era la posible continuidad de Aznar (una desgraciada anécdota histórica, pero anécdota al fin y al cabo) sino precisamente eso que yo llamaba “normalidad”. De acuerdo con su análisis, lo que aquí necesitábamos urgentemente no era un cambio de Gobierno por otro de signo ideológico distinto, como había ocurrido hasta entonces, sino la creación ex novo de un sistema político, económico y judicial eficiente, honesto y creíble, y el diseño de un método eficaz para situar a su frente a gente de probada competencia, al precio que fuera.

Según su particular teoría, que entonces me pareció disparatada, las sociedades avanzan (como era el caso de Dinamarca y de los países escandinavos en general), no tanto en función del carácter progresista o conservador del Gobierno de turno, sino de la estima que su gente tenga (tanto en el sector público como en el privado) por el trabajo bien hecho y por la utilización de criterios en la toma de decisiones lo más alejados posible de consideraciones ideológicamente sectarias.

De otro modo, si el Sistema tiende a primar la incompetencia y la corrupción en todos los niveles de la actividad (como ocurría en España), resultaría muy difícil, por no decir imposible, abordar los verdaderos problemas del desarrollo. Y más en particular los relacionados con aquello que hemos dado en llamar “economía del conocimiento”, la cual, si por algo se caracteriza, es por el estímulo permanente de la libertad de creación y la innovación, así como por primar la excelencia y el mérito como principales indicadores de éxito.

Por ejemplo, la corrupción en los diferentes niveles de la Administración pública (particularmente en Ayuntamientos), y en cuyo ranking, para nuestra desgracia, estamos cada vez “mejor” situados, no es que sea moralmente censurable y juegue como potente efecto demostración para los restantes niveles de la sociedad. Es que además, aseguraba, es regresiva desde el punto de vista del desarrollo económico. Al destruir los mecanismos técnicos de asignación de recursos, la corrupción actúa frontalmente en contra de la eficiencia económica y la innovación. Si la empresa que consigue el negocio no es la mejor, sino la que más paga, ¿para qué esforzarse en hacer bien su trabajo?

Y lo mismo ocurría, según él, en cualquier otro campo de actividad que consideráramos. ¿Para qué emplear cinco años de tu vida en estudiar periodismo y obtener estupendas calificaciones si vas a acabar trabajando (por enchufe, naturalmente) en Canal 9 ejerciendo en exclusiva el escasamente cualificado oficio de propagandista? ¿Para qué esforzarse en ser un buen diputado si lo importante es controlar alguna agrupación del partido y cultivar el apoyo de quien hace las listas? ¿Para qué ser un juez diligente si acabas siendo criticado hasta cuando persigues a los malos? Y así, sucesivamente.

Desengáñate, me dijo, esto nunca será Dinamarca. Fueron sus últimas palabras antes de tomar el vuelo que le llevaba a Copenhague una mañana de junio de 2003.

Ahora veo que hizo lo correcto. No sabe cómo le envidio por ello.

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Aznar, el narcisismo y la inconsciencia

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

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  • CORAL BRAVO

    01/05/2009

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Decía uno de los precursores de la llamada “psicología transpersonal”, el filósofo Ken Wilber, que “locura” es, simplemente, inconsciencia. Y estoy plenamente de acuerdo con esta afirmación. Dejando de lado, por supuesto, diversas patologías del cuerpo-mente que nada tienen que ver con esta idea, existen algunos individuos que sufren de algo (en mi opinión, mucho más grave y más indigno) que es la deformación crónica en la percepción de la realidad; y pueden llegar a ser capaces de interpretar acontecimientos infames que les delatan, en glorias y aleluyas para sus egos y sus personas. Algunos lo definen como narcisismo, y otros directamente como estupidez.

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De vez en cuando nos cruzamos en nuestra vida con individuos de estas características, cuyas palabras y actuaciones no tienen mayor trascendencia que la de incomodar a menudo a la gente de su entorno. Sin embargo, cuando individuos narcisistas e inconscientes llegan a tener poder de decisión social o política, el asunto se torna preocupante. Hitler creía que estaba haciendo un gran bien a la humanidad privilegiando a la raza aria y exterminando a judíos, gitanos y homosexuales; Franco estaba, en su inconsciencia, convencido de que era un verdadero “salvador de la patria” al aniquilar a “los rojos” (según catalogaba a la parte de la ciudadanía que defendía la democracia y las libertades); la lista sería muy larga y bastante escabrosa…

En esta línea de interpretación psicológica podríamos incluir algunos nombres de mandatarios y ex mandatarios que, en la actualidad, continúan ejerciendo su influencia en el panorama político. Berlusconi sería un buen ejemplo de político inconsciente si consideramos que no perciba la situación nefasta y anti-democrática a cuyo antojo está sometiendo a la sociedad italiana. Quizás alguna duda nos puede inspirar nuestro vecino Sarkozy que, creo, prefiere sembrar el desconcierto y “nadar entre dos aguas”; ignoro en cual de ellas se baña en realidad. De Bush, mejor no hablar porque su “inconsciencia” fue tal que arruinó la economía mundial, además de otras varias desastrosas atrocidades.

Ninguna duda, a la vista de sus declaraciones, nos inspira a muchos nuestro ex presidente, a quien algunos estudiosos del comportamiento humano no dudarían en incluir en ese prototipo de estadistas que se creen “el ojo del huracán” y que se aferran a su sesgada y egocéntrica interpretación de las cosas, negándose a ver la realidad que vemos los demás. Lo cual sigue teniendo, por desgracia, su impronta en nuestro panorama político actual.

Afirma que cree saber lo que España necesita para salir de la crisis, y muchos creemos que fueron sus fórmulas neocons las que nos han llevado a ella. Insiste en su defensa a ultranza de la privatización y del recorte del gasto público (¿quizás para que esa riqueza, que sale de lo público, recaiga en manos privadas..?). Y dice con sarcasmo que mucha gente cree que Obama “es capaz de andar por encima de las aguas y que tiene toques
milagrosos…”.

¿Acaso no cree él mismo en esas mismas irracionalidades, y acaso no sometió su gestión y a los españoles a los intereses de los que las difunden y defienden?. Si Ortega y Gasset, en su “Rebelión de las masas”, insistía en la importancia de que los gobernantes detentaran prestancia intelectual, yo añadiría que deberían, además, detentar categoría humana y un mínimo de racionalidad, porque de ellos depende el devenir del mundo, y no es “pecata minuta”.

Coral Bravo es doctora en filología y miembro de Europa Laica.

Preguntas y respuestas sobre la gripe porcina

 

 

 

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¿Qué es la gripe porcina?
Se trata de una enfermedad respiratoria aguda de los cerdos causada por el virus de la gripe tipo A. La tasa de letalidad en cerdos es baja y la enfermedad dura entre siete y diez días. Actualmente hay tres subtipos de virus de la gripe tipo A en cerdos: H1N1, H1N2 y H3N2. La cepa que ha causado el brote en México y Estados Unidos es una variante del H1N1.

¿Es peligroso comer carne de cerdo?
No. La OMS señala al respecto que la gripe porcina no se transmite a personas a través del consumo de alimentos que hayan sido adecuadamente manipulados y preparados, como la carne de cerdo y otros derivados del mismo. El virus transmisor muere fácilmente a temperaturas de cocción de 70 grados centígrados.

¿Los virus de la gripe porcina pueden infectar a los humanos?
Sí. Se han detectado infecciones humanas puntuales producidas por el virus de la gripe porcina en personas en contacto estrecho con cerdos (como trabajadores de granjas). En Europa, desde 1958 se han notificado un total de 17 casos. En Estados Unidos se detectó un brote de infección por virus de la gripe porcina en reclutas en un campo militar de Nueva Jersey en 1976. Se supuso un contacto con cerdos, aunque no se llegó a descubrir. Hubo una amplia transmisión del virus con más de 200 infecciones y 12 hospitalizaciones.

¿Cómo se transmite la gripe porcina?
La forma de transmisión de la gripe del cerdo al humano es por contacto directo con estos animales. La transmisión entre humanos es igual que la gripe estacional, principalmente de persona a persona, cuando el afectado tose o estornuda. Algunas veces, las personas pueden contagiarse al tocar algo que tiene el virus de la gripe y luego llevarse las manos a la boca o la nariz. El virus no se transmite por consumir carne de cerdo ni productos derivados del mismo. Las altas temperaturas de la sartén o de la cocción acaban con el virus de la gripe porcina.

¿Cuáles son los síntomas?
Los síntomas de la gripe porcina en las personas son similares a los de la gripe estacional común, entre los que se incluyen fiebre de inicio agudo, síntomas respiratorios, como tos, estornudos y rinorrea, y malestar general. Algunas veces puede acompañarse de falta de apetito y/o diarrea.

¿El virus de la gripe porcina H1N1 es igual a los virus de la gripe H1N1 en los seres humanos?
No. El virus H1N1 de la gripe porcina es muy diferente a los virus H1N1 de los humanos y los virus H1N1 de las aves. Los anticuerpos de los virus H1N1 de la gripe aviar, porcina y humana proporcionan poca o ninguna protección contra el mismo virus pero de otras especies.

¿Cómo se diagnostican las infecciones por gripe porcina en humanos?
Para diagnosticar una infección por virus de la gripe del tipo A de origen porcino, se debe recoger una muestra obtenida del aparato respiratorio entre los primeros cuatro a cinco días de infección (cuando una persona infectada tiene más probabilidad de estar contagiando el virus). Sin embargo, algunas personas, especialmente los niños, pueden diseminar el virus durante 10 días o más. Para la identificación y confirmación de la gripe porcina es necesario enviar muestras al laboratorio de referencia del Centro Nacional de Microbiología para que se realicen las pruebas oportunas.

¿La vacuna actual contra la gripe estacional protege contra la gripe de origen porcino tipo H1N1?
La vacuna contra la gripe estacional protege a las personas contra tres cepas de los virus de la gripe en humanos: un virus A (H3N2), otro virus A (H1N1) y un virus B. Las vacunas actuales no inmunizan contra a la cepa responsable del brote en México y Estados Unidos.

¿Cómo se trata la infección?
La gripe porcina en humanos se trata con las mismas medidas de soporte y medicamentos que la gripe común. Los antivirales como oseltamivir y zanamivir se podrían utilizar, pero siempre bajo prescripción médica. Estos antivirales sólo se deben utilizar bajo prescripción de un médico, ya que, como todos los medicamentos, no están exentos de efectos secundarios. Sin embargo, según la Organización Mundial de Salud (OMS), la mayoría de los pacientes detectados se ha restablecido de la gripe sin haber tomado esos fármacos.

¿Qué se hace una vez detectado un caso?
Se intensifica la vigilancia, informando sobre las características de los casos a los servicios sanitarios, para que puedan detectar otros similares También se realizan investigaciones epidemiológicas, entre las que se incluye la búsqueda de contactos de las personas enfermas.

¿Podemos estar tranquilos ante la situación actual?
El Ministerio de Sanidad asegura que en estos momentos hay que lanzar un mensaje de tranquilidad a la población. Según este departamento, “todas las medidas de prevención están activadas y nuestro Sistema Nacional de Salud está preparado para afrontar esta situación”.