Hablan los familiares, las otras víctimas del Yak-42

POLÍTICA

 

“Hemos aguantado su soberbia, su chulería y su prepotencia todo este tiempo. Trillo es un cobarde”

EL PLURAL.COM

Los familiares de las víctimas del Yak-42 llevan ya “seis años de sufrimiento y dolor continuo” y reclaman que la Justicia les devuelva un poco de paz, tras el estado de impotencia en el que esperan. “Sientes incredulidad, piensas que el Estado te ha abandonado y que los militares te han traicionado”, explica el padre del teniente González Vicente, en una entrevista en Público.

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Consuelo Sánchez, hermana del sargento primero Miguel Sánchez Alcázar, casado, y con un hijo que tenía dos años cuando su padre perdió la vida en Turquía comparte esta mezcla de impotencia y rabia. “Rajoy habla constantemente de principios y valores. ¿Cuáles han seguido ellos desde el accidente? ¿Con qué principios y valores defiende Trillo la Justicia en el Congreso?”

62 héroes como perros
Consuelo Sánchez, hermana del sargento primero Miguel Sánchez Alcázar, dice que “no nos habría importado esperar. ¿Por qué no hicieron las cosas bien?” y a continuación, muy afectada, agrega:”Trillo y Jiménez Ugarte (número tres del ex ministro de Defensa de Aznar) alimentaron nuestro dolor y nuestra pena y trataron a nuestros 62 héroes peor que a perros”.

“Si tuviera delante a Trillo…”
“Si tuviera delante a Trillo, sólo le preguntaría si tiene hijos”. Jacinta Vicente perdió al suyo hace seis años en el accidente del Yak 42. Su marido, Evelio González, se pregunta si al ex ministro del Interior ” le queda algo de vergüenza, si tiene honor”. El 26 de mayo de 2003, Evelio y Jacinta escucharon, a las seis de la mañana, por la radio que un avión con 62 militares españoles a bordo se había estrellado aquella madrugada en Turquía. Su hijo, el teniente Mario González Vicente, que tenía 27 años, viajaba en él.

“Los políticos ordenan a los militares”
Los padres de Mario consideran que hay más responsables que los tres uniformados que afrontan el juicio por los errores en la identificación de los cadáveres. “Federico Trillo es el culpable, los militares mandan en los cuarteles pero los políticos ordenan a los militares”, sentencian”, apuntan.

El acoso a los familiares
Amparo Gil, por su parte, denuncia el acoso que sufrieron algunos familiares. “Javier Jiménez Ugarte me dijo que, si mi hijo viviera, se avergonzaría de nosotros por lo que estamos haciendo”. Seguramente lo que querían evitar era que se juzgara su negligencia. El hijo de Amparo, el sargento Francisco Javier Cardona Gil tenía 27 años y llevaba diez en el ejército del Aire. En el nicho donde descansa, en el cementerio de Alboraya, en Valencia, sus padres han puesto en su epitafio: “Eres nuestra vida y nuestras ganas de luchar”.

Cuidado con la prensa
El padre de Javier, Francisco Cardona también denuncia intimidaciones:”Sufrimos amenazas desde el primer día” –cuenta. “En la base, un coronel nos advirtió de que tuviéramos cuidado con lo que decíamos a la prensa, porque nos podíamos arrepentir. Ese coronel es ahora general. Los han ascendido a todos”.

Trillo, ¿pidiendo Justicia?
Francisco condena, sobre todo, al ex ministro: “Hemos tenido que aguantar su soberbia, su chulería y su prepotencia todo este tiempo. Es un cobarde; no se atreve a dar la cara. Trillo, que está todo el día pidiendo Justicia, es el que tiene que dar explicaciones”.

Le vi en El Cortel Inglés
Francisco Cardona narra, en la entrevista de Público, cómo le exigió personalmente a Trillo explicaciones en una oportunidad: “Fue en El Corte Inglés de Valencia. Estaba firmando libros. Compré uno, los 24 euros peor gastados de mi vida, metí en él una foto de mi hijo y le pedí que se lo dedicara a las víctimas del Yak 42″. Pero el ex ministro de Interior no quiso escribir tal dedicatoria.”Le exigí que lo hiciera, igual que hizo al firmar el acta de repatriación de los cadáveres sin identificar”, explica el padre del sargento Javier.

“Nuestra lucha” ha servido de algo
Granada Ripollés, hermana del comandante José Manuel Ripollés, que tenía 23 años de servicio en el Ejército y que dejó una viuda y dos hijos, dice que lleva prendido en su chaqueta un lazo verde con el que simboliza su exigencia de justicia para las víctimas del accidente de Turquía. “No me lo he quitado ni un solo día”. Ese lazo, y la batalla de los familiares convertida en asociación dos meses después del accidente, han dado frutos. “Nuestra lucha ha conseguido que se cambien los aviones en los viajan los militares y que se cree un protocolo de identificación, para este tipo de casos, que antes no existía”.

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