La llegada del demócrata debería impulsar la adopción de medidas keynesianas a largo plazo por parte de Zapatero.

POLÍTICA

 

La llegada del demócrata debería impulsar la adopción de medidas keynesianas a largo plazo por parte de Zapatero

Las primeras medidas de Obama: ayudar a los más desprotegidos y extender el sistema de salud

El mero aunque trascendental hecho de que Barack Hussein Obama se instale en la Casa Blanca contribuye a que el clima de desconfianza económica se alivie un poco dentro de la gravedad. No obstante el simbolismo que encarna el nuevo presidente de los Estados Unidos se “descuenta” rápidamente y ahora lo que cuenta no es tanto su carisma como sus criterios para afrontar la crisis económica que ha adelantado en parte.

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Los milagros no existen en economía y por muy mesiánico que sea Obama no es razonable esperar una solución rápida y sin costes a la gran crisis que sufrimos. Me parece detectar en las declaraciones formuladas hasta ahora una preocupación, casi diría una angustia, ante la exigencia ciudadana de soluciones rápidas.

Dos años de plazo
Obama no pierde ocasión de enfriar el entusiasmo, cuyo mejor indicador es el apoyo de casi el 80 por ciento de la población, un porcentaje sin precedentes en la historia de los Estados Unidos. El presidente pide al menos dos años de gracia hasta que pueda fructificar su política.

Decisiones estructurales
¿Cuál es en realidad esa política? Lo que más se ha destacado es su plan de creación directa de puestos de trabajo en la tradicional línea de las políticas activas de empleo. Era una decisión imprescindible pero no la más importante. En mi opinión, lo que hay que destacar en el análisis hecho por la nueva Administración son sus planteamientos estructurales, que van dirigidos a corregir deficiencias de fondo en el modelo económico y social de desarrollo, cuyos efectos en la generación de empleo tardarán en percibirse pero que representarán un salto cualitativo en las exigencias de calidad de la estructura productiva, en el crecimiento sostenible y en la armonía social.

Cuarteto prioritario
En definitiva Barack Obama ha puesto las luces largas pensando en el medio y largo plazo, lo que se refleja significativamente en la selección de su cuarteto prioritario, Energía, Educación, Atención Sanitaria y Nuevas Infraestructuras, así como en su preocupación por la modernización productiva basada en estímulos a la renovación del equipamiento tecnológico en las empresas y de la administración que, aunque parezca mentira en un país puntero en la investigación, se había quedado atrasado y en algunos sectores obsoleto. El hecho de que la Casa Blanca arrastre una informática tercermundista refleja muy expresivamente la dejadez sufrida en las dos administraciones de George Bush, consecuente con su doctrina neocon de Estado pequeño y liberalismo salvaje.

Lo financiero y lo real
La crisis golpea de distinta forma aunque con toda ferocidad en todo el mundo; también en todo el globo las prioridades básicas están claras: lo primero, salvar el sistema financiero y conseguir que la gente vuelva a confiar en él y, lo segundo, reactivar la economía de forma que pueda generar empleo. Lo esencial es esto último pero sin la primera premisa no puede hacer nada. Obama tiene todavía mucha tarea respecto al primer objetivo, condición sine quan non, pero insuficiente. Sin embargo una buena parte de esa tarea, el trabajo sucio, se lo ha hecho George Bush consiguiendo un apoyo de los republicanos, aunque fuera in extremis para un “Plan de Rescate Financiero” a base de chorros de dinero y nacionalizaciones bancarias más difícil de conseguir por un demócrata que por el patrón del liberalismo y del sálvese quien pueda.

“No echaré dinero sobre los problemas”
Obama ha empezado por el principio: la adopción de urgentes medidas que protejan a los más desprotegidos aumentando los subsidios de desempleo y otras atenciones sociales de primera necesidad y parece que se ha tomado en serio extender el sistema de atención sanitaria, un déficit vergonzoso para el país más poderoso de la Tierra. El segundo paso es sacar adelante un “Plan de Estímulo Económico” ambicioso y realista. Ha pedido al Congreso una inyección de 825.000 millones de dólares de dinero público, de los que 550.000 estarán dedicadas a modernizar y reactivar la economía de modo que genere empleo. Los restantes 275.000 millones estarán destinados a compensar una reducción de impuestos selectiva, aplicada a las clases medias y bajas a fin de estimular el consumo.

El medio plazo
Pero el presidente ha dejado sus intenciones claras desde el primer momento: “No vamos a echar dinero sobre los problemas, vamos a invertir en lo que funcione” y ha tenido buen cuidado en avisar de la necesidad de medidas legales y económicas a más largo referidas a la educación, las infraestructuras y las energías renovables, que no tendrían efectos palpables, aun forzando mucho la máquina, antes de un año y en algunos programas antes de un bienio.

Coincidencias y discrepancias con ZP
Zapatero, que está muy contento con Obama y que ha celebrado su victoria como “muestra de la capacidad de la política para producir nuevos comienzos”, puede felicitarse de la coincidencia de ambos gobiernos en la adopción de medidas sociales. No es la única coincidencia: España estuvo presente en la campaña electoral de Obama, quien criticó la actitud rencorosa de Bush por la retirada de nuestro país de Iraq. En realidad, la retirada de este país es un firme compromiso del presidente americano así como el cierre de Guantánamo.

El plan de estímulo
En el terreno económico, Obama ha reconocido el liderazgo español en el desarrollo de las energías renovables y ha señalado que ese es también su objetivo. Sin embargo Zapatero debería reflexionar sobre otros aspectos de la política del presidente USA más allá de su coincidencia en acuñar un “Plan E de Estímulo de la Economía”.

Diagnóstico equivocado
En primer lugar, en el terreno del diagnóstico, en el que el dirigente español ha errado desde el principio y en el que el norteamericano ha optado por no generar falsas expectativas de soluciones rápidas a lo que va a ser una crisis de envergadura. Creo que ZP se equivoca al indicar que esta primavera notaremos una mejora sensible, lo que niegan todos los analistas serios.

Medidas cuestionables
También yerra en fijar su atención en exceso en medidas a corto y cortísimo plazo, algunas necesarias y otras de mera propaganda que no van a evitar el panorama que se nos presenta para el próximo bienio, con un paro que se acerca al 20 por ciento, un déficit público que pronto se situará en las proximidades del 10 por ciento y con un crecimiento del PIB que salvando la fuerte caída que se producirá este año – en torno al 2 por ciento – no subirá en algún tiempo por encima del 2 o 2.5 por ciento.

Por qué envidiamos a Obama aquí
El diagnóstico ha de ser preciso, pues nunca se han arreglado los problemas por el mero hecho de negar la gravedad de los mismos. Precisamente porque la tarea es difícil hay que empezar cuanto antes con medidas estructurales, con un cambio efectivo del modelo de crecimiento.

Sin cantinela liberal
Naturalmente, al mencionar las medidas estructurales no me refiero a la cantinela liberal de facilitar el despido que en estas circunstancias potenciaría el paro. España tiene todavía un buen margen en las medidas keynesianas clásicas, como la inversión en infraestructuras, especialmente a través de los trenes de alta velocidad, pero además debería afrontar el gran problema crónico que este país tiene con su excesiva dependencia energética. Y, por supuesto hacer un esfuerzo aún mayor del realizado en educación.

Imposible pacto nacional
Desgraciadamente, en España es muy difícil seguir la decisión más envidiable de Obama: ligar al adversario político en el empeño logrando un verdadero frente interpartidario que se ha manifestado en el nombramiento de altos cargos a notables republicanos. En España si alguna vez se ha necesitado un gran acuerdo nacional es ahora pero es impensable que el PSOE y el PP den un paso tan necesario y que la ciudadanía aplaudiría hasta romperse las manos.

José García Abad es periodista, escritor, director de El Siglo y analista político.

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