“Yo quisiera proclamar el objeto del año a los zapatos de Muntadar Al Zaidi”

POLÍTICA

Libertad para el autor de la madre de todos los zapatazos

Cuando la pasada semana Inmaculada Gómez Lobo me pidió en Los Desayunos de TVE que resumiera 2008 en un titular corto, respondí algo más o menos parecido a esto: “La victoria de Obama y la crisis económica mundial. Una y otra cosa marcan el fin de dos décadas largas de hegemonía neocon y ultraliberal”. Si me hicieran hoy la misma pregunta, a las menciones a Obama y la crisis le añadiría el zapatazo a Bush. La conclusión, eso sí, sería la misma. La gran simpatía que el gesto del periodista iraquí Muntazer Al Zaidi ha despertado en todo el planeta es una manera de desahogarse de los muchísimos apuros –por no hablar, claro, de las decenas de millares de muertos- que la humanidad está sufriendo como consecuencia de las políticas de una determinada derecha. A falta de un buen juicio de Nuremberg, bien vale un simbólico zapatazo.

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Como a tanta gente, me preocupa la situación de Al Zaidi y exijo su inmediata liberación. Bien lo dijo el pasado domingo Marco Schwartz (“Dos zapatos, los objetos del año”) en el diario Público: si Irak fuera esa democracia tan estupenda que pregona el señor Bush, Al Zaidi debería haber sido puesto en libertad a las pocas horas del zapatazo, como ha ocurrido en numerosas ocasiones con manifestantes que en países occidentales han arrojado, por ejemplo, huevos podridos a tal o cual príncipe o primer ministro. En cambio, muchos nos tememos que el periodista iraquí esté siendo torturado, tanto para castigarle por su gesto como para arrancarle una falsa confesión de que actuó bajo las órdenes del fantasma de Sadam Hussein, del todavía vivito y coleante Osama Bin Laden o, mejor, de los dos al mismo tiempo. Abu Ghraib, Guantánamo y otras ergástulas más o menos secretas no ofrecen muchas razones para confiar en la limpieza de un interrogatorio llevado a cabo por los servicios secretos norteamericanos y/o sus esbirros árabes.

Valiente
Creo que Al Zaidi fue valiente. Sabía que, como mínimo, le iba a caer una buena tunda y un largo período en la cárcel por intentar castigar de ese modo al que todavía es el cowboy más poderoso del planeta. También creo que tenía fundadas razones para hacer lo que hizo: parece que él mismo y algunos de sus familiares han sido víctimas del horror en el que vive Irak desde la invasión norteamericana, y aunque no sea así, la cantidad de muertos y heridos que le ha costado a su país la triste aventura de Bush es motivo suficiente para esta protesta, de “baja intensidad”, como dijo finamente Marco Schwartz. Y creo, por último, que sólo desde un cierto señoritismo, el de aquel que vive en un país libre, puede condenarse su zapatazo como una “agresión”. ¿Tildaríamos así la acción de alguien que, en un momento de despiste de las SS, le hubiera arrojado un zapato a Hitler? ¿No estaríamos más bien elogiando su heroísmo y subrayando lo esencial: que en determinadas ocasiones, ante la total falta de libertad de expresión de los oprimidos y ante la maldad absoluta de los opresores, determinadas acciones, un zapatazo por ejemplo, son permisibles?

El objeto del año
Así concluyó Marco Schwartz su artículo del domingo: “En estos días en que la prensa elige al personaje del año, yo quisiera proclamar el objeto del año: los zapatos de Muntadar Al Zaidi. Símbolo de un modo de protestar, discutido si se quiere, pero más civilizado que un coche bomba, un atentado suicida o una guerra ilegal como la que se decidió en las Azores”. Me uno al comentario del colega de “Público” y añado el nombre de Al Zaidi, el autor de la madre de todos los zapatazos, al de los titanes del año 2008.

PS. Un amigo me manda este divertido juego de fin de año:

Javier Valenzuela es periodista y escritor. Ha sido corresponsal de El País en Beirut, Rabat, París y Washington y director adjunto de ese periódico, así como Director General de Información Internacional de la Presidencia del Gobierno entre 2004 y 2006

Blog de Javier Valenzuela

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