Georges Perec y lo infraordinario: un inventario de lo leve y profundo.

Por TIPOS INFAMES* (SOITU.ES)
Actualizado 20-12-2008 20:37 CET

Tras la lectura de ‘Lo infraordinario’ (Impedimenta, 2008) uno tiene la necesidad de salir a la calle para ver por primera vez las mismas cosas de siempre. El lector desea comprobar hasta qué punto le ha afectado este libro del francés Georges Perec.

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JanetF (Flickr) Con un clic una magnífica muestra fotográfica.

 

Yo pensé en salir de casa con la intención de buscar algún sitio en el que poder sentarme a escribir este artículo. Entré en un café y sentado en una mesa junto a la ventana, mientras escribía algunas frases inconexas, me distraía voluntariamente observando a la gente que pasaba por la calle, la que entraba para tomar algo, y con la cantidad de objetos (botellas, sillas, el grifo de cerveza, las tazas de café, etc.) que forman parte del local.

Perec propone en el libro una manera distinta de acercamiento a la realidad y comprensión del mundo. Se trata de una nueva forma de mirar alrededor: los hechos y objetos significativos no son aquellos extraordinarios e insólitos, los llamativos avances del telediario con cifras de muertos y datos en picado de la bolsa, sino “lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual”.

La poética infraordinaria consiste en interrogar a lo cotidiano y plantearse cómo poder volver a decir/escribir el objeto que usamos todos los días y el acontecimiento reiterado a diario, para no obviarlo y evitar permanecer anestesiados ante lo que nos rodea.

“Dormimos nuestra vida en un letargo sin sueños”, dice Perec. Trato de abrir aún más los ojos para fijarme absolutamente en todo, y al igual que él trato de poner por escrito no lo obvio, sino lo ya conocido, los ‘datos’ que han ingresado en nuestra mente durante el ejercicio diario de nuestra vida, sin que nos hayamos percatado apenas de ellos. Pero no es fácil. Podéis probar: tratar de describir vuestra casa, el camino al trabajo o la mesa en que leéis y sus objetos.

Como si se tratara de la enumeración de las piezas que un juguete contiene, trataré de hacer un inventario de lo que puede encontrarse en ‘Lo Infraordinario’. Este libro contiene:

  • La descripción detallada de la rue de Vilin el jueves 27 de febrero de 1969, sobre las 16:00 h.: las entradas a las viviendas, los comercios que existieron y los que él observa que han ocupado su lugar, la música que suena, la pendiente, la forma que dibuja la calle y los cruces con otras, los carteles de los locales, la gente que ve en la calle o asomada a alguna ventana… Un espacio familiar al que vuelve ese mismo día a las siete de la tarde “para ver a qué se parecía la rue Vilin cuando cae la noche”, y en años sucesivos para volver a describirla: 1970, 1971, 1972, 1974 y 1975.
  • “Doscientas cuarenta y tres postales de colores auténticos”. Tal cifra de imaginarios textos de postales, como pequeños telegramas informativos de las vacaciones.
  • Exploración de la gente y de cada rincón que conlleve una anécdota del pasado en la rue de Saint-Martin y en los alrededores de Beaubourg. Entre parada y parada, Perec hace un somero recorrido por el barrio parisino, deteniéndose en lugares para la nostalgia, donde los secaderos de plátanos y las carbonerías han sido sustituidos por sex-shops y tiendas de ropa, y en los espacios casi futuristas del centro Georges Pompidou o el centro comercial Forum des Halles.
  • Cómo y dónde encontrar el encanto de Londres paseando por sus calles dispuesto a perderse por ellas. El encanto de la ciudad no lo encuentra en las manifestaciones de “lo extraordinario”, los monumentos, las perspectivas de las grandes avenidas, los museos recorridos de principio a fin… sino en los pequeños detalles “infraordinarios”: los reflejos de las chimeneas, las puertas de madera lacada con su aldaba, los locales, las mezclas de té para connoisseurs, los autobuses de dos pisos… desde los cuales el pequeño cambio de perspectiva es suficiente para ver el mundo de otra manera (como sucede leyendo a Perec): “todo lo que estamos acostumbrados a ver aparecerá aquí de una manera ligeramente nueva, desconcertante para la mirada y el espíritu”.
  • Inventario de los posibles y distintos dirigentes empresarios (y del mundo) según la tipología de sus despachos.
  • “Tentativa de inventario de los alimentos líquidos y sólidos que engullí en el transcurso del año mil novecientos setenta y cuatro”. Con el título es más que suficiente, no tengo más que decir: diez páginas, desde nueve caldos de buey… hasta la cantidad de cafés e infusiones.
  • Descripción absolutamente detallada de su escritorio. Nadie escribe con tanto detenimiento y cariño sobre los objetos y espacios cotidianos.

Este libro contiene piezas pequeñas. No dejar al alcance de personas con un estrecho concepto de lo literario, daño no le hará, pero puede leerlo sin sentir nada.

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El autor, en la rue Vilin.

“Lo infraordinario” es un buen ejemplo de lo innovador y diferente de la obra de Perec, sin parecido alguno con la de los demás o incluso con la suya propia. Pero sería un error quedarse en el virtuosismo y precisión de su prosa, en que sus obras se citen como mera curiosidad o una anécdota sin más (toda una novela sin usar la letra ‘e’, inventarios exhaustivos y clasificaciones…). La escritura de Perec no sólo es de apariencia originalísima, sino profunda en su enfrentamiento a la realidad, porque se puede hablar del mundo mientras se piensa en cómo agotar las posibles descripciones de una habitación y sus objetos. Como sucede con las obras de Marcel Duchamp, la poética de Perec es absolutamente profunda pero de apariencia leve; y como sucede en ‘Lo infraordinario’, cuanto más leve, más ahonda en nuestra verdad.

Después de la lectura de este maravilloso libro he hecho un inventario minucioso de todos los objetos de mi habitación, los que tenía a la vista, ordenados en estanterías, apilados en montones, o los que he sacado al vaciar mis cajones. Tengo la casa empantanada, pero he hecho descubrimientos asombrosos. Hagan la prueba. Lean a Perec y dejen de mirar al suelo cuando paseen por la calle.

¡Ah!… algo más sobre Impedimenta y Perec: se acaba de reeditar ‘El gabinete de un aficionado. Historia de un cuadro’ (Anagrama, 1989, 2008), pero la gran noticia podremos darla el próximo año, cuando anunciemos la llegada a las librerías —gracias de nuevo a la editorial Impedimenta— de uno de nuestros libros favoritos de Georges Perec, ‘Un hombre que duerme’.

La editorial Impedimenta, Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 junto al resto de editoriales agrupadas en Contexto, ha despedido este espléndido año (Andrés Ibáñez, Vizconde de Lascano Tegui, Soseki, D.H. Lawrence, Stendhal, dos libros de Stanislaw Lem, Mihail Sebastián, Adalbert Stifter, Wyndham Lewis, John Braine y Perec) con una de las mejores novelas cortas que he leído, ‘La figura de la alfombra’ de Henry James. Una historia sobre las relaciones entre la creación literaria y la crítica que como ‘tercio’ de Tipos Infames he decidido regalar a los otros dos ‘miembros’ del colectivo para estas navidades.

 

*Alfonso Tordesillas, Gonzalo Queipo y Francisco Llorca forman el colectivo literario ‘Tipos Infames‘.

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