La ayuda llega a las familias.

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • CARLOS CARNICERO

    05/11/2008

El Zumbido

La iniciativa del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de ofrecer una moratoria sobre el cincuenta por ciento de las hipotecas de los españoles en situación de desempleo llega en el momento preciso. Tiene una importancia práctica pero también simbólica y está lejos de cualquier atisbo de populismo.

<!–

La escalada de los precios de las viviendas, la falta de oferta de alquiler y la instalación de unos tipos de interés bajos durante los últimos años ha funcionado con un imán para que muchas familias españolas se hayan endeudado hasta su límite en situación de normalidad laboral. La eclosión violenta de la crisis económica ha tenido un efecto letal para muchas económicas domésticas españolas: con el mercado inmobiliario paralizado, lo que les impedía de hecho vender la vivienda, con la estampida producida en el desempleo, muchos trabajadores están ahora mismo al borde de perder sus casas por no poder hacer frente a las hipotecas. La moratoria ofrecida por el Gobierno es la justa compensación a las ayudas que se han destinado para ofrecer liquidez a un sistema bancario en apuros. La recuperación de la normalidad crediticia en las entidades financieras no garantiza la recuperación de la capacidad de pago de las hipotecas a quién ha visto disminuidos sus ingresos por una situación de desempleo y no reúne requisitos de solvencia en un mercado que no entiende de piedad sino de garantías.

De la misma manera, favorecer fiscalmente la contratación de desempleados con cargas familiares es una iniciativa también de corte socialdemócrata que reestablece en algo el equilibrio de la igualdad de oportunidades en el mercado laborar tendente siempre a la contratación de los más jóvenes aún con menos experiencia pero con salarios más bajos.

Estas medidas del Gobierno para favorecer a la economía familiar en apuros seguro que no serán las últimas porque las proyecciones de la recesión y, sobre todo, las perspectivas de crecimiento del desempleo son cada vez más pesimistas, por lo que un gobierno socialista tendrá que tener preparados los mecanismos de generación de un déficit fiscal responsable que permita aliviar la situación de los más desfavorecidos.

Carlos Carnicero es periodista y analista político.

Anuncios

La devastación de la era Bush.

POLÍTICA

 

Obama, producto de los excesos de una administración arrogante cuyos mentores están en desbandada

ENRIQUE VÁZQUEZ*

El balance del gobierno Bush (ocho años) en política de seguridad e internacional, lo que más interesa a los ciudadanos no americanos, es un desastre que puede cuantificarse.

<!–

A grandes rasgos es el siguiente:
Ha enviado a ultramar unos ciento ochenta mil soldados y una impresionante fuerza aeronaval para acabar con los regímenes de Iraq (Saddam Hussein) y afgano (talibán).

De ellos han muerto casi cinco mil y unos 20.000 han resultado heridos, de los que un cuarto mantendrán graves secuelas de por vida.

Ha gastado en esta aventura (según los cálculos moderados del acreditado dúo Stieglitz- Bilmes) unos tres billones (millones de millones) de dólares y a día de hoy el Pentágono devora unos diez mil millones de dólares mensuales.

Deja un déficit fiscal de unos 600.000 millones de dólares y agrava fuertemente la poco envidiable situación de quien depende de la financiación exterior, es decir de la compra de sus bonos por terceros Estados y/o sus fondos soberanos.

Todo esto ha contribuido a aumentar la desigualdad social y los ricos son una vez y media más ricos que antes y el número de pobres, ahora de unos 37 millones de personas, ha subido un 26 por ciento desde 2000 (Grupo de medios McClatchy en 2007).

Ha bajado a niveles sin precedentes la aceptabilidad internacional de los Estados Unidos, que registra muy altos porcentajes de hostilidad (los sondeos de Pew International) y no consigue estima en un ningún país, salvo Israel.

La aprobación de la gestión de Bush por el público ha caído sin cesar, está ahora en una media del 27 por ciento y tiende a agravarse por el estallido de la crisis financiera, que empezó en Nueva York en la atmósfera favorecida por los neocon de los medios de negocios. Su desaprobación cuando en enero sea sustituido en la Casa Blanca podría alcanzar una cifra nunca vista.

Hasta un 84 por ciento de la opinión cree ahora que “el país va en la dirección equivocada” (RealClearPolitics del lunes).

El fiasco del “Nuevo Siglo Americano”
El diseño de la política exterior y de seguridad de Bush es muy anterior al triunfo republicano y el acceso a la Casa Blanca en enero de 2000. Exasperados por el realismo constructivo de la administración Clinton, los nuevos conservadores (en el campo académico deudores de la obra de su maestro el filósofo Leo Strauss) prepararon el terreno y hay al menos tres documentos que tienen la ventaja de explicarlo a fondo y, al tiempo, hacer la nómina de lo que sería el desdichado equipo neocon.

Son el “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano” de 1997; el llamado “Papel Netanyahu” (la plataforma de seguridad militar redactada en 1998 para el entonces jefe del Likud en Israel por sus amigos americanos); en 1997; el memorándum enviado a Clinton en enero de 1998. Los autores y abajofirmantes son prácticamente siempre los mismos o intercambiables. Todos ocuparían cargos de importancia, pública o entre bastidores tras el triunfo de Bush.

El pretexto del 11-S
La Administración republicana llevaba un año y dos meses en función cuando se produjeron los atentados del 11 de septiembre de 2001. Como escribió Bob Woodward, y la precisión es sustancial, cuando esto ocurrió hacía meses que el Pentágono y la Casa Blanca habían comenzado a examinar el plan llamado “The Greatest Middle East” (“El gran Oriente Medio”) cuyo pilar era el cambio en Iraq. Se puede creer que sin once de septiembre se habría ido también a la invasión y en el mismo escenario creado ad hoc: la pretendida disposición de un arsenal secreto de armas de destrucción masiva.

La tragedia, que conmovió y turbó al pueblo americano, fue una ocasión de oro para permitirse todos los excesos en un programa que se resume en una inquietante militarización de la política exterior, el paso conceptual, mientras se acuñaba el concepto de país en guerra, de garantizar la seguridad mudando el papel de superpotencia benigna al de la primacía imperial. El 11-S dio el móvil y la oportunidad.

La incompetencia y el fracaso
La invasión de Afganistán, el país que albergaba a Bin Laden, se produjo pronto (unas nueve semanas después del 11-S) y permitió hacer una exhibición de poder militar en una región convulsa que tuvo un terrible efecto indirecto: creer que hacer algo parecido en Iraq sería tan rápido y sencillo como resultó echar a los talibán de Kabul e instalar allí un gobierno amistoso.

Como acaba de decir Stella Remington, la legendaria ex-jefa de los servicios británicos de Inteligencia (MI-6), la respuesta al 11-S fue excesiva, desproporcionada, una sobreactuación. Esta apreciación, tan digna de interés, no atiende a lo que la operación tenía como anticipación de lo que vendría después: el montaje falso y la preparación para invadir Iraq, acercarse a sus grandes reservas de petróleo y blindar a Israel, siempre presente en toda la aventura.

Adicionalmente los Estados Unidos buscaban – y aún buscan, vía “Status de Acuerdo sobre Fuerzas”, en negociación – bases militares permanentes en el país árabe y, si se puede, un gobierno amistoso con Israel.

El nuevo imperialismo democrático
El 19 de marzo de 2003 empezó la invasión del país sin respaldo de la ONU y con una gran fuerza expedicionaria americano-británica más una pretendida “Coalición de voluntades” en la que estuvo efímeramente España, la del segundo gobierno Aznar.

Todo muy sabido y devastador para la genuina cooperación euro-norteamericana que atendía sobre todo al nuevo diseño internacional inherente a la caída del Muro de Berlín, el fin de la Unión Soviética o los desafíos energéticos y de cambio climático.

Se cometía así el peor de los pecados estratégicos (fomentar la división en la OTAN, que se negó a estar en la operación y ni siquiera quiso ocuparse de funciones militares en Iraq a posteriori) y de abrir un foso sin precedentes con Francia, Alemania y otros aliados arruinó la credibilidad americana, como se evidenció en manifestaciones sin precedentes en medio mundo.

La increíble reelección
El descrédito de Bush, su incompencia su amateurismo como mentor de un pretendido imperialismo democrático alcanzaron su cenit. Pero, aunque el desastre era ya visible (aún se recuerda al Bush del portaviones en mayo de 2003 dando por prácticamente concluida la guerra bajo la pancarta inolvidable de misión cumplida)en noviembre de 2004 el pueblo americano reeligió al dúo Bush-Cheney.

Visto desde Europa el hecho pareció incomprensible: permitió seguir cuesta abajo, empeoró la situación en Iraq hasta finales de 2007 y, la gran sorpresa, mucho más en Afganistán, donde la insurgencia talibán ha ganado terreno y plantea ahora un problema militar que empieza a ser considerado como susceptible de ser abordado también, si no principalmente, con medios políticos: Washington anda en busca de talibanes moderados que, al parecer, existen…

Fin de partida
Ha tardado en llegar la derrota, pero ha tomado, al fin, la forma de un desdén y un descrédito que ha impuesto, por ejemplo, la necesidad de que Bush se abstuviera por completo de aparecer junto al candidato de su partido, John McCain o ha obligado casi al silencio total al vicepresidente Cheney, uno de los arquitectos en la sombra de la política de seguridad y sombrío agente político de gabinete.

Tras el solar político, económico y moral que deja Bush hay, en cambio, algo que contrapesa los inolvidables ocho años: el público ha optado por quien parece ser exactamente lo contrario, ha abonado el terreno para un cambio de visión, lo que habría sido imposible si la aventura insensata de los neocon hubiera terminado medio bien.

Sorpresas que da la vida: el desastre y el burdo ultraismo de Bush, adobado con su hostilidad a combatir a fondo el cambio climático o a adherirse al Tribunal Penal Internacional, han hecho posible a Obama, producto directo de los excesos de una administración arrogante cuyos viejos mentores están casi en desbandada en los días de lo que algunos observadores benévolos llaman el último Bush, el que no ha podido impedir ni siquiera atenuar la victoria del senador por Illinois.

*Enrique Vázquez es periodista y analista político.

El Partido Demócrata refuerza su mayoría en el Congreso.

20081105elpepuint_31

El Partido Demócrata ampliará su mayoría en el Congreso estadounidense tras las elecciones de hoy. Según los sondeos y a la espera del recuento definitivo de votos, la formación liderada por Barack Obama logra aumentar su mayoría en el Senado, que hoy renueva a 35 de los 100 senadores que componen la cámara.

 

Demócratas

FOTOS – AP – 05-11-2008 

 

Republicanos

FOTOS – FRANCE PRESS – 05-11-2008 

 

.
 

Barack Obama

A FONDO

Nacimiento:
04-08-1961
Lugar:
Honolulu

La noticia en otros webs

En la actualidad, los demócratas cuentan con 51 escaños en el Senado -incluyendo a los dos independientes que suelen votar con ellos- frente a 49 de los republicanos. Los demócratas aspiran a lograr la “cifra mágica” de 60 escaños, lo que les concedería una super mayoría que evitará que las leyes aprobadas en la Cámara de Representantes sean frenadas después en el Senado por las filas republicanas.

Los sondeos aseguran que los demócratas habrían arrebatado a los republicanos cuatro asientos, los correspondientes a Carolina del Norte, Nuevo México, Virginia y New Hampshire, según informa la BBC.

The New York Times, por su parte, da por seguro que el senador republicano John Sununu habría perdido por un amplio margen, superior a los 18 puntos porcentuales, su batalla contra el demócrata y ex gobernador de New Hampshire Jeanne Shaheen. En Carolina del Norte, la republicana Elizabeth Dole, ex secretaria de Transporte y esposa del ex senador Bob Dole, obtendría 11 puntos porcentuales menos que su rival demócrata, Kay Hagan, según el diario estadounidense.

Hoy también se eligen los 435 miembros de la Cámara de Representantes, pero en esta cámara los demócratas ostentan una mayoría holgada de 235-199 que mantendrán sin problema.

Obama, nuevo Presidente de EEUU

1225849916801obama6col2c6

PÚBLICO.ES – 05/11/2008 01:08
El senador demócrata Barack Obama ha ganado una extenuante batalla de dos años para llegar a la Casa Blanca, según avanzan varias cadenas de televisión estadounidenses, venciendo al republicano John McCain para convertirse en el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos.

Obama, de 47 años y en su primer período como legislador por Illinois, será investido como el presidente estadounidense número 44, el 20 de enero del 2009.

El líder demócrata deberá enfrentarse de inmediato a varios desafíos, incluyendo paliar la crisis económica, finalizar la guerra en Irak y cumplir con su compromiso de reformar el sistema de salud.

Obama ha logrado ya 293 votos electorales correspondientes a 23 de los 50 estados que componen EEUU, mientras que su rival republicano, John McCain, cuenta por el momento con 135 votos electorales de 14 estados, según estos cálculos.

El triunfo del candidato demócrata se confirmó poco después de las 23.00 horas locales (04.00 GMT), cuando las principales cadenas de televisión le declararon ganador en los estados de California, donde se disputaban 55 votos; Oregón, con 7, y Washington, con 11.

Que se encaminaba a la victoria había quedado ya claro más de una hora antes, cuando las cadenas de televisión le habían dado como vencedor en Ohio y Pensilvania, dos estados considerados clave, sin los cuales McCain se quedaba sin una vía realista para sumar los 270 votos electorales necesarios para la victoria.

Reparto 

El demócrata ha conseguido la victoria en Virginia, Pensylvania, , Iowa, Vermont, Connecticut, Illinois, Massachusetts, New Jersey, Nevo México, Michigan Minnesotta, Wisconsin y New Hampshire.  

Además, el demócrata Barack Obama ha conseguido la victoria en el estado de Ohio, que le dio el triunfo al actual presidente de EEUU, George W. Bush, en el 2004, y es uno de los más codiciados de esta contienda, según varias cadenas de televisión. Con la victoria en Ohio, Obama tiene ya 200 de los 270 votos necesarios para ganar del Colegio Electoral, el órgano que en última instancia decide la Presidencia y que otorga a cada estado un número de votos en función de su tamaño y población.

Bush derrotó al demócrata John Kerry por unos 120.000 votos en el estado que finalmente decidió las elecciones del 2004.

Los votantes de Ohio han seleccionado al actual ganador en las últimas 11 elecciones presidenciales. Ningún republicano ha ganado la Casa Blanca sin triunfar en ese estado.La crisis económica en el estado, que sufre las tasas de desempleo más altas en 16 años, han hecho que la balanza se incline del lado de Obama.

En el 2006, el estado eligió a un gobernador demócrata y puso fin a 16 años de dominio republicano al frente de Ohio.

Las televisiones dan a McCain como ganador en Texas, Arkansas, Tennessee, Carolina del Sur, Oklahoma, West Virginia, Georgia, Kentucky, Loussiana, Utah Alabama y Dakota del Norte.

El aspirante demócrata a la Casa Blanca Barack Obama se ha logrado la victoria en cinco de los 14 estados que cerraron a las 03.00 GMT del miércoles y suma ya 179 de los 270 votos electorales necesarios para ganar la presidencia de EEUU.

Además, según la cadena de televisión CNN, Obama se ha hecho con el triunfo en Wisconsin, Michigan, Rhode Island, Nueva York y Minesota. Su rival republicano John McCain ha ganado, según esas proyecciones, en Wyoming y Texas. El senador por Arizona tiene 104 votos electorales.

El Colegio Electoral es el órgano que finalmente decide la Presidencia de EEUU, al otorgar un número de votos a cada estado en función de su tamaño y población. Para ganar es necesaria la mayoría simple de los 538 votos del Colegio, es decir, 270.

Entre los estados que cerraron a las 2.00 GMT están también Arizona, Colorado, Kansas, Luisiana, Nebraska y Dakota del Sur

El bloque, incluye también un sólido bastión republicano, Texas, patria chica del actual inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush, así como otro estado sólidamente demócrata, Nueva York.

Senado

Los demócratas han logrado ampliar su posición de mayoría en el Senado de EEUU, en el que esperan alcanzar la cifra mágica de 60 escaños del total de cien por primera vez en tres décadas, según las proyecciones de las cadenas de televisión.

En la actualidad, los demócratas cuentan con 51 escaños en el Senado -incluyendo a los dos independientes que suelen votar con ellos- frente a 49 de los republicanos.