Uno de cada cinco hogares españoles vive bajo el umbral de la pobreza

Se mantiene la tasa pese al crecimiento económico de últimos 15 años
29/10/2008 | EFE Imprimir noticia Enviar noticia PDA

El crecimiento económico y del empleo en los últimos quince años no ha reducido la pobreza ni las desigualdades, ya que uno de cada cinco hogares españoles continúa viviendo bajo el umbral de la pobreza, que afecta de forma severa a medio millón de familias con problemas, además de exclusión. 

 

Según el VI Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2008 de la Fundación Foessa y Cáritas, casi la mitad de la población española sufrió en algún momento durante los últimos siete años algún periodo de pobreza, lo que sitúa a este sector como el colectivo más vulnerable ante la crisis económica.

 

España es, junto al Reino Unido, donde han aumentado más las tasas de pobreza permanente y de pobreza crónica (que es del 13,8%) y respecto a la pobreza transitoria, afectó al 42 por ciento de la población, en la que se incluyen personas que experimentaron dos o más episodios de pobreza durante siete años consecutivos.Exclusión en la sociedad
El informe también detecta que uno de cada cinco hogares que no tienen problemas económicos, sí se enfrentan a situaciones de exclusión social y de garantía de derechos fundamentales.

Así destaca que sólo el 47 por ciento de la población no está afectada por alguno de los índices de exclusión social que analiza.

El lado opuesto: los más ricos
En cuanto al grado de concentración de la riqueza, el informe destaca que casi el 80 por ciento de las propiedades inmobiliarias distintas a la vivienda habitual, el 88 por ciento de los negocios por cuenta ajena y más de un 92 por ciento de las acciones están en manos del 20 por ciento de los hogares más ricos.

Perfil del pobre en España
La incidencia de la pobreza entre los trabajadores asalariados es la mayor de las últimas décadas.

De hecho, hay una proporción no desdeñable de empleados en situaciones de pobreza -por encima del 10 por ciento de los ocupados-, debido a la insuficiencia de los ingresos para hacer frente a las cargas familiares, lo que pone en cuestión la arraigada imagen de empleo como garantía automática de bienestar social.

Respecto a la vivienda, los hogares pobres destinan un 84 por ciento de sus ingresos mensuales a la compra de vivienda y, si se trata de alquiler, este esfuerzo supone la mitad de sus ingresos.

De estos hogares, sólo uno de cada diez tiene conexión a internet y ordenador, en el 60 por ciento hay teléfono móvil y en el 41 por ciento fijo.

Medidas por parte de la Administración
Por otro lado, el informe denuncia que los recursos empleados en la reducción de la pobreza por parte de las administraciones “resultan impropios” para el nivel de desarrollo del país.

Así, las cifras del gasto social han tendido a la baja, con porcentajes sobre el PIB en la actualidad -cercanos al 20 por ciento- inferiores a los niveles máximos de del primer tercio de los años 90 (24,4%).

El incremento de las prestaciones sociales ha sido “considerablemente menor” que el de etapas anteriores, y la intensidad protectora es hoy inferior a la de hace dos décadas.

En este sentido, uno de los autores del estudio, el profesor de la Universidad Pública de Navarra Miguel Laparra ha planteado la necesidad de cambiar, en momentos de crisis, los modelos sociales y económicos, además de “repensar el sistema de protección social para avanzar hacia una sociedad más integral”.

Por su parte, Luis Ayala, de la Universidad Rey Juan Carlos, ha asegurado que los problemas económicos afectarán a los “pobres recurrentes, que son los que entran y salen de esta situación” y que se corresponden con colectivos integrados por familias con varios hijos.

El secretario general de Cáritas Española, Silverio Agea, ha lamentado que el crecimiento económico no se haya acompañado con una reducción de la situación de pobreza, en la que se encuentran ocho millones y medio de personas, y de pobreza extrema, que afecta a un millón y medio de españoles.

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Refundar el capitalismo o resucitar la socialdemocracia

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • CARLOS CARNICERO

    29/10/2008

El Zumbido

Soy de los que considero que la importancia de la reunión de Washington está sobredimensionada por sus promotores. En primer lugar por el formato elegido: G-8 más G-20 es una reunión mixta que congrega a países de distinta naturaleza y con falta de cohesión de intereses. Su convocante es un político en desbandada que ni siquiera tiene poder moral para vincular en las conclusiones a su sucesor, que además ya estará elegido in péctore cuando se celebre la asamblea. No hay propuestas encima de la mesa con tiempo suficiente para la celebración de debates. Probablemente sólo será una tormenta de ideas.

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Se habla de ese encuentro de países tan heterogéneos como Estados Unidos y Argentina o Turquía como ocasión para la refundación del capitalismo pero todavía no se tiene más que vagas noticias de las propuestas que se van a analizar en Washington: ¿alguien pretende que al calor de una cumbre tan variopinta y con exclusiones, sin agenda previa, se pueden reglamentar las conductas de los mercados y cambiar el sistema económico?

Lo ocurrido en esta crisis es de tal gravedad que ni siquiera los responsables son capaces de explicar los límites de lo que está sucediendo ni por supuesto el alcance de sus consecuencias en una economía que necesariamente va a ser distinta. Los aficionados a los vaticinios empiezan a hablar del verdadero comienzo del siglo XXI en la reunión de Washington y comparan el momento histórico con la caída del comunismo.

Existen varias posibilidades para el futuro. La primera sería poner un parche en el sistema, refundando el capitalismo, con algunos controles más eficaces en los escasos instrumentos de regulación de los mercados. En esos parámetros estaría el “ejemplo español”. Y, ¿en qué consiste?: sencillamente en haber sufrido anticipadamente una crisis bancaria en la que el estado español inyectó proporcionalmente la misma cantidad de dinero para blindar el sistema financiero en el final de los ochenta. El caso Banesto y lo ocurrido con otros bancos más pequeños hizo emerger una reglamentación garantista en el Banco de España que ha vigilado los movimientos bancarios con eficacia pese a las quejas de quienes creían que eso encorsetaba a las entidades financieras.

Pero si se trata sólo de eso, que no es poco, la reunión de Washington es un exceso, una alharaca desbordada para sentenciar que los bancos centrales deben hacer su trabajo. Lo debían haber hecho y al contrario se dedicaron a desreglar el funcionamiento del sistema financiero.

Hay muchos aspectos no tan visibles de esta crisis que merecen reflexiones más profundas. En primer lugar el papel de la política democrática en la economía. El dogma de que el estado es un factor de molestia en el universo de eficacia de los mercados ha caído al fondo del abismo de la historia en donde yacen las ideologías muertas. Ahora se debiera tratar de reivindicar la dignidad de la política y del estado y su responsabilidad de intervenir no sólo para salvar al capitalismo de su destrucción.

El pensamiento socialdemócrata tiene la gran oportunidad de recuperar su espacio en un mundo que necesita armonizar demasiados intereses contrapuestos y en donde la redistribución de la riqueza está promoviendo abismos más grandes incluso dentro de las democracias consolidadas.

Podemos y debemos asistir a Washington pero sería un error conceder a ese cónclave la capacidad definitiva de definir nuestro futuro.

Carlos Carnicero es periodista y analista político.