Para el PP, la Ley sobre Reproducción Asistida no respondía “a una demanda social”

 ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • Hugo F. Silberman
  • HUGO F. SILBERMAN

    19/10/2008

 

El domingo 12 de octubre, día de la fiesta nacional, mientras el patriota Mariano Rajoy aguantaba estoicamente el “coñazo” del desfile de las Fuerzas Armadas, nacía en la Unidad de Genética, Reproducción y Medicina Fetal del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla el niño Javier Mariscal Puertas, noticia esta que se coló (fugazmente) entre las de la crisis económica-financiera. La trascendencia del nacimiento de Javier es inmensa en lo humano y científico, pero no se debe dejar de lado una cuestión previa sin la cual no habría tenido lugar tan maravilloso acontecimiento: voluntad política e ideología progresista.

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Javier tiene un hermano de seis años, Andrés, víctima de una extraña y rara enfermedad llamada beta-Talasemia major (anemia congénita severa), enfermedad hereditaria e incurable que obliga al enfermo (cada quince días) a recibir transfusiones de sangre, y una esperanza de vida que no pasa de los treinta y cinco años. La única posibilidad de cura es un trasplante de células madre extraídas del cordón umbilical de su hermano, para conseguirlo fue necesario someter a su madre a un Diagnóstico Genético Preimplantatorio, técnica basada en el análisis genético de embriones obtenidos por fecundación in vitro con el fin de transplantar al útero los que están libres de la enfermedad.

Nada de lo hasta aquí escrito hubiese ocurrido si no fuera porque lo permite la Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida (Ley 14/2006 de 26 de mayo), aprobada durante el primer gobierno Zapatero y que contó con la oposición y voto negativo de la derecha conservadora, para quienes, en palabras de la diputada Mercedes Roldós, “Los cambios introducidos no responden a una demanda social, ni siquiera a una necesidad técnica manifestada por las sociedades médicas (…) plantea cambios radicales que han sido desaconsejados por los comités de bioética de todo el mundo”. ¿Por qué todos los avances científicos y de libertades “no responden a una demanda social” para el PP?

Tampoco lo hasta aquí escrito hubiese ocurrido si no fuera porque en el año 2002 la Junta de Andalucía contrató como asesor del programa andaluz de investigación con células madre a un científico español, Bernat Soria, hoy ministro de Sanidad, que se tuvo que marchar a la Universidad de Medicina de Singapur para seguir desarrollando su actividad científica, que estuvo perseguida en la Comunidad de Valencia y por el Ministerio de Sanidad. En 2004, ya radicado en Andalucía, dirigió el Laboratorio Andaluz de Terapia Celular y en 2005 el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa.

Otros serían los actores de esta historia si no fuera porque el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla es parte integrante de la red sanitaria pública, universal y gratuita. Es importante remarcar este carácter porque demuestra que el acceso a las mas modernas técnicas científicas está al alcance de todos los ciudadanos por el solo hecho de serlo (se calcula que cada intento de fecundación cuesta unos 12 mil euros) y también el altísimo nivel científico y profesional de la sanidad pública, una reflexión muy apropiada en Madrid y Valencia, abocadas a una salvaje privatización y degradación del sistema sanitario.

Estadísticamente es probable que Javier sea bautizado en la fe católica ¿qué pensará el cura que oficie la ceremonia de la actitud contraria y beligerante de su Iglesia a la fecundación in vitro y la experimentación con células madre?

Bienvenido Javier, felicidades Andrés, gracias médicos, biólogos y a todo el personal del Hospital Virgen del Rocío, entre toda la porquería que estamos viendo y viviendo, vosotros aportáis vida y futuro.

Hugo Silberman es licenciado en Derecho y comentarista

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Javier tiene un hermano de seis años, Andrés, víctima de una extraña y rara enfermedad llamada beta-Talasemia major (anemia congénita severa), enfermedad hereditaria e incurable que obliga al enfermo (cada quince días) a recibir transfusiones de sangre, y una esperanza de vida que no pasa de los treinta y cinco años. La única posibilidad de cura es un trasplante de células madre extraídas del cordón umbilical de su hermano, para conseguirlo fue necesario someter a su madre a un Diagnóstico Genético Preimplantatorio, técnica basada en el análisis genético de embriones obtenidos por fecundación in vitro con el fin de transplantar al útero los que están libres de la enfermedad.

Nada de lo hasta aquí escrito hubiese ocurrido si no fuera porque lo permite la Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida (Ley 14/2006 de 26 de mayo), aprobada durante el primer gobierno Zapatero y que contó con la oposición y voto negativo de la derecha conservadora, para quienes, en palabras de la diputada Mercedes Roldós, “Los cambios introducidos no responden a una demanda social, ni siquiera a una necesidad técnica manifestada por las sociedades médicas (…) plantea cambios radicales que han sido desaconsejados por los comités de bioética de todo el mundo”. ¿Por qué todos los avances científicos y de libertades “no responden a una demanda social” para el PP?

Tampoco lo hasta aquí escrito hubiese ocurrido si no fuera porque en el año 2002 la Junta de Andalucía contrató como asesor del programa andaluz de investigación con células madre a un científico español, Bernat Soria, hoy ministro de Sanidad, que se tuvo que marchar a la Universidad de Medicina de Singapur para seguir desarrollando su actividad científica, que estuvo perseguida en la Comunidad de Valencia y por el Ministerio de Sanidad. En 2004, ya radicado en Andalucía, dirigió el Laboratorio Andaluz de Terapia Celular y en 2005 el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa.

Otros serían los actores de esta historia si no fuera porque el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla es parte integrante de la red sanitaria pública, universal y gratuita. Es importante remarcar este carácter porque demuestra que el acceso a las mas modernas técnicas científicas está al alcance de todos los ciudadanos por el solo hecho de serlo (se calcula que cada intento de fecundación cuesta unos 12 mil euros) y también el altísimo nivel científico y profesional de la sanidad pública, una reflexión muy apropiada en Madrid y Valencia, abocadas a una salvaje privatización y degradación del sistema sanitario.

Estadísticamente es probable que Javier sea bautizado en la fe católica ¿qué pensará el cura que oficie la ceremonia de la actitud contraria y beligerante de su Iglesia a la fecundación in vitro y la experimentación con células madre?

Bienvenido Javier, felicidades Andrés, gracias médicos, biólogos y a todo el personal del Hospital Virgen del Rocío, entre toda la porquería que estamos viendo y viviendo, vosotros aportáis vida y futuro.

Hugo Silberman es licenciado en Derecho y comentarista

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