El maestro Peridis dibuja de manera mordaz quien va a pagar la crisis.

La California valenciana rompe el espejo.

 

J. G. G., Valencia

Del modelo económico que se ponía como ejemplo, la Comunitat sólo ha imitado la deuda tras el riesgo de quiebra del Estado de Schwarzenegger

En los años 80 la Administración Lerma -con el conseller Segundo Bru a la cabeza- intentó levantar la moral del personal que salía de una crisis con traumas como la reconversión de Sagunto emplazando a convertir la Comunitat Valenciana en la California europea, un modelo de desarrollo basado en la tecnología (Silicon Valley), cierta agricultura (cítricos, vino) o el ocio (Hollywood). Ese mito no ha cesado de alimentarse en la etapa del PP, aunque recientemente el actual inquilino de la Generalitat, Francisco Camps, fascinado tras una visita al gobernador de Florida, Jeff Bush, pusiera este estado como el ejemplo a imitar. En junio pasado, uno de los galardonados con el Premio Jaume I, verbalizó el deseo de que la Comunitat llegue a ser una especie de California valenciana. Un cuarto de siglo después, el objetivo se ha cumplido… aunque no como se esperaba, porque en lo único en que se acentúan las similitudes con el Estado que gobierna el ex actor Schwarzenegger es en la deuda y los problemas con las cuentas públicas.
Hace días, se desveló la carta que Schwarzenegger remitió al secretario del Tesoro, Henry Paulson, en la que solicitaba un préstamo de urgencia de la Reserva Federal de 7.000 millones de dólares -algo más de 5.000 millones de euros- para poder obtener liquidez con la que afrontar las obligaciones. De no recibir esos fondos, California podría incluso suspender pagos y declararse en bancarrota, con amenaza de despido masivo de funcionarios. La petición responde a la negativa de los bancos, sin liquidez ante el tsunami financiero, a proporcionar esos préstamos a corto plazo. La desgracia para el protagonista de Terminator y republicano como Bush es que no tiene a un Zapatero al que responsabilizar de la falta de fondos.
Pero la situación de las cuentas públicas en la Comunitat, con las salvedades de sistemas tan dispares, presenta incertidumbres bastante inquietantes. En la transición, la derecha se envolvió en la bandera identitaria para impedir que la Comunitat iniciara el camino autonómico al nivel de Cataluña o Andalucía (la vía del 151 de la Constitución); luego los socialistas negociaron a la baja las transferencias. El resultado ha sido una autonomía infrafinanciada. Con todo, mientras Lerma, economista, llevó las riendas de la Generalitat con el aire espartano (o escasamente osado, según se quiera ver) que dio a su gestión, la caja parecía controlada.
En 1995, tras la victoria de Zaplana, se cambia el modelo por el tan valenciano “serà per diners!” y, con la hucha justa, en lugar de mantener la disciplina presupuestaria o levantar la voz a Aznar (después de dos modelos de financiación, la valenciana sigue a la cola en recursos por habitante), se dio rienda suelta al endeudamiento para financiar la cascada de grandes proyectos y eventos que han cimentado el actual patrón de autoestima valenciana, marcado por las pirámides de Terra Mítica y las estructuras cartilaginosas de Calatrava, base de la hegemonía electoral del PP. A pesar de Maastricht y aquel Aznar “obsesionado” por el déficit cero, mientras Europa y España hacían esfuerzos por controlar la deuda, el Consell echó mano de la chequera del endeudamiento. En diciembre de 1995 la deuda de la Generalitat era de 2.750 millones, el 10,2% del conjunto de las autonomías y el 6,5% de su PIB. A junio pasado, los préstamos, según el Banco de España, se han multiplicado por 4,3 (un 335% más) y alcanzan la friolera de 11.961 millones, el 18,8% del total y el 11,4% del PIB valenciano. La media española, en cambio, ha bajado al 5,9%.
25.000 millones comprometidos
A esto hay que unir la deuda de las empresas públicas, otros 1.830 millones, un incremento del 858% desde el 95, cuando el endeudamiento sumaba 191 millones. Pero, si además se computan todos los compromisos de gasto de la Generalitat (lo que incluye anualidades de las áreas de salud y hospitales privatizados, las obras financiadas mediante el pago aplazado y los intereses de la deuda), el lastre que soporta la Hacienda valenciana causa vértigo: 21.000 millones, a los que se suman 4.187 avalados a las empresas públicas, un 1.120% más que en 1995 (343 millones) y casi tres veces más que cuando llegó Camps (1.502 millones).
Si a Schwarzenegger los bancos le han cerrado el grifo del endeudamiento a corto, a la Generalitat el derrumbe financiero no le beneficia nada. Endeudada como la que más, cada medio punto que suben los tipos supone una sangría en las arcas públicas. Con una deuda autonómica que es la mayor por habitante y el doble que el resto en función del PIB, la valenciana está en peores condiciones para afrontar el colapso financiero. Para colmo, es con Cataluña la que peor calificación de las agencias internacionales tiene de su deuda.
El negocio del porno y la lotería
La portavoz de Economía del PSPV en las Corts, Cristina Moreno, ha venido reclamando sin éxito un plan de viabilidad. En la década prodigiosa del crecimiento económico el Consell se endeudó hasta las pestañas en lugar de sanear las cuentas. Si el actor de Depredator ha optado por aumentar los impuestos sobre el negocio del porno y ha inventado unos bonos para hipotecar los ingresos por la lotería, la ley de Hacienda Pública acumula decenas de parches. No hay año que no sufra una modificación, siempre para ampliar la manga ancha del Ejecutivo para gastar o endeudarse. El miércoles, en el Consejo de Política Fiscal (CPFF), el ministerio reveló que el Consell acabó 2007 con un déficit de 40 millones, cuando había declarado ¡un superávit de 338! La denegación del anticipo de 343 millones que otorgaba el Gobierno central (una consecuencia de la caída de los ingresos) amenaza con yugular la tesorería, negativa a finales de agosto en 1.000 millones.
Si California podría no pagar a sus funcionarios, el Consell acumula 1.200 millones en deudas a los proveedores de Sanidad, las facturas en los cajones. Hace meses logró aflorar 847 millones, que tendrá que devolver a los bancos. La noticia positiva ha sido la autorización del CPFF para que las autonomías cierren con déficit en 2008 de hasta un 1% y otro tanto en 2009. Una medida que podría inyectar más de mil millones vía deuda. Para este año, las pérdidas de las empresas del Consell sumarán 435 millones, de los que sólo las de ocio supondrán 165 millones. El ente público RTVV perderá una cifra similar (160 millones) y arrastra una deuda de 1.145 millones. Se encuentra en un supuesto de disolución, al igual que la firma que se ocupa de Terra Mítica, entre otras.
La apuesta por el espectáculo y los eventos ha proyectado la imagen de la Comunitat, pero tras el rugido de motores de la Fórmula 1 queda eso, el espectáculo. Ni rastro del valle del silicio.

Levante-EMV