La izquierda valenciana y el sindrome de Estocolmo.

VICENT SOLER

 Una nueva generación dirige desde ahora el PSPV, el principal partido de la izquierda valenciana. También, el 94% del partido ha decidido mantener, contra viento y marea, la denominación de País Valenciano.
Tanto un hecho como el otro son síntomas de que es posible una nueva etapa para la socialdemocracia valenciana y para la sociedad valenciana en su conjunto. Una nueva etapa en la que los valencianos nos dotemos de una visión de nosotros mismos y del mundo acorde con los tiempos que corren.
Porque invocar el término País Valenciano significa claramente invocar modernidad hoy, en la sociedad compleja del siglo XXI. Pensemos que este término ha tenido siempre unas connotaciones de modernidad. Las tuvo en el siglo XVIII cuando la inventaron los ilustrados y las tuvo cuando se popularizó durante la II República. Pero, sobre todo, las tuvo cuando lo recuperaron los demócratas contra la Dictadura. Incluso la derecha neofranquista de la Transición, la UCD, utilizó el término País Valenciano en un principio para adaptarse a la nueva situación.
Sin embargo, a falta de discurso propio no vergonzante, la derecha política pronto cayó en la tentación electoralista de cultivar el enfrentamiento civil entre los valencianos renegando del término y convirtiéndolo en motivo de oprobio para los buenos valencianos, actitud que el Partido Popular hizo suya desde el principio.
El caso es que consiguió estigmatizar el término y, en general, todo el valencianismo progresista -más bien, anatemizarlo como catalanista- y así reimplantar la vieja visión de regionalismo decimonónico valenciano, grandilocuente y victimista pero vacuo, que nos ha llevado a que los valencianos vayamos perdiendo jirones de nuestra identidad generación a generación y acabemos siendo un cero a la izquierda en España y Europa.
La violencia mediática, e incluso física, con la que la derecha secuestró durante la Transición aquel incipiente movimiento de modernidad social y cultural que se había fraguado en la lucha antifranquista -y que heredó en buena parte el PSPV- puede explicar muchas cosas, entre las cuales el síndrome de Estocolmo en el que se sumió este partido.
Pero los tiempos están cambiando. La crisis del modelo neoliberal que evidencia el desastre financiero en Estados Unidos, por una parte, y la peor situación de la economía valenciana respecto de la española debilitan las posiciones de la derecha en su concepción excluyente de la realidad. Y echar mano de los sentimientos de valencianidad es algo que también pueden hacer otros.
Aquí es donde los socialdemócratas pueden sacar pecho, sin complejo alguno. Situar el debate entre modelos diferentes de valencianismo, entre maneras diferentes de defender los intereses de los valencianos. Demostrando que las maneras de la derecha han sido en realidad humo de paja.
Por todo ello, retomar el uso normal del término País Valenciano (junto al oficial de Comunitat Valenciana), zafándose definitivamente del síndrome de Estocolmo, puede ayudar a visualizar esta nueva etapa. Una etapa que puede estar pletórica de modernidad y eficacia frente a la banalidad de lo antiguo que representa el valencianismo de la derecha.
*Catedrático de Economía. Universitat de València

Mercado libre y “auxilio social”.

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • 38x38 Amando Hurtado
  • AMANDO HURTADO

    02/10/2008

 

Lo de “ayudar al prójimo” caritativamente suele ser el recurso habitual – muy bíblico, evangélico, coránico, etc. – supuestamente compensatorio de la abundancia mal repartida. Injustamente repartida.

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Aquello que en España se llamó “Auxilio Social”, a cargo de esforzadas damas falangistas de la “Sección Femenina”, durante los años del hambre franquista, lo estamos viendo practicar ahora, casi como plan de emergencia, en diversos estados norteamericanos.

Según pone de relieve la especializada agencia estadounidense Realty Trac, analizando la situación de las transacciones inmobiliarias en 230 ciudades de aquel país, el número de expedientes abiertos por impago de hipotecas ascendió, en agosto, a más de 300.000. Las entregas de inmuebles a los bancos, por impagos, afectaron a una de cada 416 viviendas norteamericanas. Pero lo peor es que está a la vista un total de devoluciones que superará los 500.000 millones de dólares durante los muy próximos meses.

Centrándose en California, señala el Los Angeles Times que solamente un tercio de los propietarios morosos logrará evitar que sus casas vayan a parar a los bancos, puesto que los limitados subsidios a los que pueden acceder los casi millón y medio de parados de aquel Estado solo beneficiará al 50% de los mismos, dadas las poco generosas características del plan de pensiones y de asistencia social existente en EE.UU.

Como ya ocurriera durante la Gran Depresión de 1930, miles de personas desposeídas de hogar están durmiendo en sus coches. El Club Automovilista de Santa Bárbara, en la costa de California, informa de la necesidad de facilitar domiciliaciones en los diversos “campings” y ha logrado de las autoridades municipales la habilitación de 12 aparcamientos vigilados para albergar a los nuevos “sin hogar”. En otras ciudades californianas, los afectados están haciendo caso omiso de las ordenanzas que prohíben pernoctar en la calle…

Los llamados “bancos de comida” (food banks), en los que se venían repartiendo habitualmente raciones diarias a cerca de treinta millones de personas “pobres”, en todo el país, están empezando a verse desbordados ahora en California.

Uno no puede menos que cuestionar la autenticidad y la calidad de la beatífica imagen, acompañante del libre mercado, que los muy religiosos líderes políticos norteamericanos han venido publicitando como “American way of life”, pidiendo continuamente la bendición de Dios. Resulta que lo que algunos llaman irónicamente “turbo-capitalismo” no es otra cosa que la libre supremacía del capital financiero sobre cualquier aspecto de la vida social y personal de las gentes. Que se lo pregunten, si no, a los 400 más archimillonarios de aquel gran país….y de otros.

Tenido por muchos como pionero de las democracias surgidas en el siglo XVIII, Estados Unidos se aferra a aquel tiempo respecto a no pocos temas. Tardaron casi cien años en abolir la esclavitud y van camino de tardar el doble para poner en práctica postulados sociales que hagan posibles aspectos de la libertad que nos parecen inaplazables en el siglo XXI.

Amando Hurtado es licenciado en Derecho y escritor

El plan de rescate de Bush podría acabar con la pobreza mundial diez veces

POLÍTICA

Según el director de la Fundación “la Caixa”

ELPLURAL.COM/EFE

El director general de la Fundación “la Caixa”, Jaime Lanaspa, dijo hoy que el fondo que el gobierno de EEUU quiere destinar a reflotar el sistema financiero, unos 700.000 millones de euros, es diez veces más de lo que se calcula que es necesario para erradicar la pobreza. Lanaspa consideró que es mucho más rentable, en términos humanos, destinar esos fondos a combatir el hambre en el mundo, que a rescatar operaciones de entidades que no han sido “suficientemente responsables, transparentes y probablemente legítimas en su trabajo”.

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El responsable de la Fundación presentó en la Casa de África a empresarios canarios el proyecto que desarrolla la Alianza Global para las Vacunas y la Inmunización (GAVI), que ha evitado desde el año 2000 la muerte de 2,9 millones de niños, según datos de la OMS.

Problemas baratos de abordar
La directora de Área Social de “la Caixa”, la infanta Cristina, consideró que estas cifras son reconfortantes y calificó “encomiable” la labor que desarrolla la Alianza, pero dijo que queda mucho camino por recorrer, pues más de 9 millones de niños fallecen al año en los países más desfavorecidos del planeta antes de cumplir los cinco años. La causa de la mayoría de estas muertes obedece a una enfermedad o combinación de ellas que se podrían prevenir con tratamientos no demasiado costosos, afirmó la infanta, quien dijo que las vacunas son el medio más eficaz contra la mayoría de las patologías que afectan a la población infantil de los países pobres.

Patologías “olvidadas”
El facultativo Manuel Corachán abundó que entre los médicos, que en poco se ponen de acuerdo, existe el consenso de que la mejor arma para combatir la mortalidad infantil en los países pobres en términos de “coste beneficio” es la vacunación, por proteger a los menores de las infecciones bacterianas, parasitarias y virales, a las que están expuestos. Corachán reclamó mayor esfuerzo económico para que se avance en la investigación y se puedan conseguir vacunas eficaces contra las enfermedades como el sida, la malaria y la tuberculosis, que matan al año a más de cinco millones de personas, así como contra las numerosas patologías “olvidadas” que también causan la muerte de muchas personas. 

Más de cuatro millones en 2009
La fundación destinará  4 millones en 2008 a su proyecto de vacunación y Lanaspa anunció que para el próximo año la dotación a este proyecto será igual o mayor. Reclamó asimismo el apoyo de los empresarios canarios al proyecto por la responsabilidad social que tienen las empresas, que es “una exigencia creciente para su legitimidad”. GAVI cuenta con el respaldo de gobiernos de países desarrollados, entre ellos España, como en vías de desarrollo, así como de la OMS, Unicef, el Banco Mundial, industrias fabricantes de vacunas, ONGs, y la Fundación Bill y Milanda Gates, informó Corachán.

1 DE OCTUBRE, DIA MUNDIAL DE LAS PERSONAS MAYORES.

Una revolución demográfica está ocurriendo en todo el mundo. Actualmente hay alrededor de 600 millones de personas de 60 años y más; esta cifra se duplicará hacia el año 2025 y llegará a casi dos mil millones hacia el año 2050 la mayoría de ellos en países en vías de desarrollo.

La Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 1 de octubre Día Internacional de las Personas de Edad para solicitar contribuciones destinadas al Fondo Fiduciario para el Envejecimiento, que apoya proyectos en beneficio de los ancianos en países en desarrollo.

Una revolución demográfica está ocurriendo en todo el mundo. Actualmente hay alrededor de 600 millones de personas de 60 años y más; esta cifra se duplicará hacia el año 2025 y llegará a casi dos mil millones hacia el año 2050 la mayoría de ellos en países en vías de desarrollo. jgm.jpg

Este límite de edad para decir que una persona es anciana ha ido cambiando con los años, antes con 50 podía considerarse ya un anciano, sin embargo, hoy la edad es una medida arbitraria, sin fundamento científico. Muchos todavía creen que al llegar a los 65 años ocurre algún evento bio-psico-social, misterioso y fantástico, marcado por el reloj y la jubilación, que nos transforma de adultos a ancianos, pero la realidad es distinta, hay hombres y mujeres con mas de 70 años que están activos y llevando un vida con entera plenitud. El envejecimiento poblacional es y será una realidad a la que habrá que prestar la suficiente atención, no sólo por el incremento progresivo de su proporción, sino por el aumento de las condiciones de dependencia que van a padecer muchas de estas personas y, por extensión, por la cualificación humana y técnica de los profesionales que tendrán que hacerse cargo de su cuidado.

No hay genes del envejecimiento, pero la dotación genética puede influir en cómo se envejece. Si una persona sustenta su estilo de vida en: una adecuada nutrición, una actividad fisica apropiada, evitar hábitos nocivos (tabaco, alcohol en exceso, falta de sueño, etc.) y presenta una ‘buena actitud ante la vida”, logra una mejor y mayor longevidad que la que le correspondería por su carga genética.

¿Por qué hace siglos el envejecimiento era signo de sabiduría y hoy se arrincona a los ancianos?

En nuestra cultura occidental conviven los sentidos positivos y negativos hacia la ancianidad, pero son estos últimos los que están teniendo más peso en las últimas décadas. Esta pérdida de importancia y relevancia social que surge desde la cultura occidental, ha propiciado lo que en la actualidad se denomina técnicamente ageísmo o etaísmo, que es el conjunto de valores o mejor, contravalores, y actitudes peyorativas que vienen a marginar y excluir en todos los órdenes de la vida social a la persona mayor. Este decrecimiento en la estima social de las personas de edad nos permite afirmar que los ancianos comienzan a ser un grupo vulnerable, débil y marginal que merece una especial protección.

Desde las administraciones se debería apoyar la asistencia integral al anciano tanto sano como enfermo. Uno de los objetivos de la Geriatría y de la Gerontología es que el anciano permanezca el mayor tiempo posible en su domicilio, mediante la utilización de recursos sanitarios y sociales adecuados. La Geriatría ofrece una respuesta eficiente a las muchas y complejas necesidades que tiene el paciente mayor. La asistencia geriátrica, entendida como la atención al paciente mayor vulnerable o de alto riesgo, debe ser contemplada tanto en atención primaria como especializada en la Cartera de Servicios del Sistema Nacional de Salud.

A pesar de una primera impresión de inactividad, una proporción importante de los mayores está dispuesto a seguir realizando aportaciones activas a la sociedad: trabajar, transmitir parte de sus conocimientos profesionales a otros, o cuidar a personas que lo necesiten.

Pero detrás de todas esas cifras se esconde el día a día de nuestros mayores, principalmente de los que ya no se valen por sí mismos, y de sus familias o cuidadores, que los acogen y se enfrentan a una vida organizada alrededor de ellos. Vivir con un anciano que requiere atención constante resulta duro, y en la mayoría de las ocasiones poco gratificante. Aún así, es una opción elegida por muchas familias y aceptada con resignación por otras tantas, debido a que las infraestructuras gerontológicas de nuestro país resultan insuficientes.

¿El envejecimiento es sinónimo de soledad?

La existencia de alta proporción de personas mayores que viven solas motiva una mayor presión sobre los servicios socio-sanitarios y mas aún cuando aparece la dependencia. También es un factor para padecer o agravar determinadas enfermedades y sufrir aislamiento social.

Mantenerse activo y no perder la comunicación con otras personas son las claves para un buen envejecimiento. La soledad en las personas mayores debe combatirse evitando que se pierdan los lazos con los amigos y manteniendo cierta actividad social, aunque lo cierto es que esos contactos suelen producirse con la familia ya que, en muchos casos, han desaparecido ya los allegados de la misma generación.

El buen envejecer no se basa sólo en la ausencia de enfermedades mentales, sino en alcanzar una madurez en la que la persona se sienta realizada y feliz, en la medida de lo posible, porque la felicidad tampoco es un estado perpetuo, sin embargo son personas que gozan de bienestar a pesar de que han tenido que hacer frente a las adversidades de la vida, como puede ser la pérdida de un ser querido.