La gallina de oro de las resonancias

Pilar G. del Burgo, Valencia

La Sociedad Española de Radiología se opone a la concertación privada del servicio
La UTE Grupo 3-Recoletas y Diagnosalud que ha quedado fuera de la adjudicación del suculento pastel de millones que supone el concurso de Resonancias Magnéticas (la licitación salió por 497 y ha sido adjudicado por 475), ha presentado un recurso contencioso-administrativo en los tribunales al considerar que el pliego estaba “hecho a la medida” de la UTE ganadora, según anunció a Levante-EMV el director de la empresa valenciana Diagnosalud, Alberto Lozano, cuyo padre trabajó antaño como directivo de Eresa, la empresa ganadora actual, junto con Innscaner, Beanaca y Ribera Salud.
A la contrariedad por la convocatoria del concurso se ha sumado también la disconformidad de la Sociedad Española de Radiología (Seram) que en julio Conselleria de Sanidad que cambiara de modelo de prestación, dejara de un lado la concertación privada y retornara a la prestación pública. En su escrito, la Seram recordaba que la decisión de adjudicar la prestación de resonancias en la Comunitat Valenciana a empresas externas en los hospitales públicos, “fue recibida con una fuerte contestación tanto por la sociedad nacional como local”.
La Seram justificó su rechazo con cinco argumentos y ahora, transcurridos ocho años de la primera adjudicación, la Junta Directiva de la Seram asegura que se han cumplido todas sus previsiones y que los servicios de radiología de gran parte de los hospitales están fragmentados, que los radiólogos no comparten las técnicas (ni los de las RM ni los de los servicios), que hay serios problemas para cubrir las guardias, “porque los radiólogos de las RM no pueden hacer las guardias de este tipo” y que los médicos internos no informan de los estudios de RM.
El doble de pruebas que la pública
El quinto argumento apunta directamente a la hemorragia de la financiación pública, ya que durante estos ocho años la frecuentación de RM que realizan las empresas que han privatizado el servicio es, “al menos dos veces la de los hospitales que no tienen este modelo”.
Es decir, mientras que en el hospital Peset que es el único público que dispone de equipo propio se hacen entre 26 y 28 resonancias por mil habitantes, en los equipos que Eresa, Inscanner y Beanaca -que ganaron el primer concurso- instalaron en los centros públicos se hacen como mínimo el doble de pruebas, lo cual ha disparado la factura y ha obligado a la Conselleria de Sanidad a rebajar el coste de las pruebas.
En este sentido, fuentes próximas a la Sociedad Española de Radiología manifestaron que el propio director de la Agencia Valenciana de la Salud, Luis Rosado, advirtió que si la actual adjudicataria supera un número de pruebas se aplicará una penalización.
Una portavoz de Erescanner Salud, Marta Saus, indicó a Levante-EMV que las condiciones actuales recogen que cuando se supere un número de exploraciones se reducirán los precios.
La representante de Erescanner Salud agregó que la disparidad entre la cuantía por la que se adjudicó el primer concurso y lo que se ha facturado (casi el doble en ocho años) obedece al crecimiento “impresionante” de tarjetas SIP por la llegada de inmigrantes.
Saus también reconoció que la conselleria tiene una deuda con Eresa, pero de una cuantía muy inferior a lo reseñado ayer por este periódico (50 millones).
Respecto a la formación de la UTE, la directiva informó que cuando vieron que en el concurso había solo un lote estudiaron la posibilidad de asociarse con otras empresas: Inscanner y Beanaca, ambas vinculadas a Carlos Paz, el amigo de Zaplana, que ya tenía la concesión de Alicante en el anterior concurso y que al integrarse en la UTE consolidaba su situación.
Respecto a Ribera Salud (Bancaja y la CAM), Marta Saus, refirió que estaban “interesadísimos” en entrar. Su aportación es “su bagage dentro de la sanidad -tiene la concesión del hospital de Alzira- y el brazo financiero”.
Sin embargo, el hospital de Alzira no tiene concertada la prestación de RM, ya que el equipo es propio.

Volvo Ocean, a puto remo.

E. CERDÁN TATO 20/09/2008

Llegaron las infantas y amadrinaron dos barcos que darán la vuelta al mundo, y posiblemente, de paso, ojearon las fastuosas obras del puerto impulsadas a todo trapo y a toda pasta, y que se inauguraron precisamente anoche. Pena que las infantas no ojearan la desolación de la ciudad: desde el centro mismo, hasta los barrios y los barracones de los colegios públicos, donde los escolares se las pelan, año tras año. Llegaron las infantas, con el alcalde dimitido, pero nadie les dijo lo que se dice siempre tan empalagosa como solemnemente: Alicante es una ciudad abierta, porque después de Díaz Alperi, Alicante es una ciudad abierta en canal. Tampoco se les dijo lo que escribió un grafitero, con letras historiadas de derribos, de guirnaldas de especulaciones y favores, y solares de confitura: Si donde pisa el caballo de Atila no crece la hierba, donde pisa el alcalde Díaz Alperi no crece la ciudad. Pero ahora y por primera vez en su historia, Alicante tiene una alcaldesa y todo anda en suposiciones y revolicas: desde la oposición municipal socialista, hasta partidos políticos, sindicatos, plataformas ciudadanas, y vecinos. La alcaldesa Sonia Castedo después de sentenciar que “gobernar es dialogar”, acudió al convento de las capuchinas, donde el PP hace de la plegaria treta electoral, y le llevó flores al cuerpo incorrupto de una monja. De salida, la nueva alcaldesa y algunos de sus fieles nos dejan una estampa con toda la ranciedad del nacionalcatolicismo. Pero la nueva alcaldesa conoce el arte del regate, y ha elogiado al Gobierno de España, por los millones de euros que ha invertido en las obras del puerto, y las desgravaciones fiscales que ha concedido a los patrocinadores de la Volvo, elogio, en fin, que ha sosegado los ánimos del PSOE y de la subdelegada del gobierno, Encarna Llinares. Sonia Castedo es hábil y descubre así, en el envés del halago, unas inversiones que junto a las de la Generalitat, deberían haberse destinado a obras sociales, a regenerar el tejido industrial, tan deteriorado, o a otras urgencias, de una ciudadanía que, a lo que se ve, cuenta poco o nada.

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Con la Volvo Ocean Race, Alicante se incorpora a ese turbio mapa de clamorosos y memorables eventos, con los que Camps ensombrece y arrincona los despojos míticos de Zaplana, y levanta una comunidad de ficciones, de espejismos y de apariencias, y así nos va. La Copa del América y la Fórmula 1 fueron tan efímeros, como inútiles: un despilfarro de los dineros de todos los valencianos, una fugaz diversión para enjoyar la testera de Camps. La Volvo no mejorará la calidad de vida, ni el medio ambiente, ni los servicios más necesarios de esta ciudad. Puede que beneficie, por unos días, a los hoteleros, pero, como ha declarado a este diario, el presidente de los mismos: “A partir del 12 de octubre volveremos a la más triste realidad”. Una realidad que se impone a las pretenciosas cifras que abanderan este nuevo evento. Cuando las temerarias embarcaciones desplieguen sus velas y zarpen hacia el fin de los mares, nosotros seguiremos a puto remo y a puro grito. Pero a tanta paciencia ya hay que darle aire: sólo es un disfraz de la resignación.