POLÍTICA: ¿Por qué Bush y los directivos del Lehman Brothers no hicieron caso de las pócimas anticrisis del doctor Rajoy?

POLÍTICA

 

Receta marianista: que los inmigrantes no cobren el desempleo

Es una verdadera lástima, doctor Rajoy, que las recetas del Partido Popular contra la crisis económica no sólo no las hayan leído José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Solbes y Miguel Sebastián, sino que tampoco lo hayan hecho ni George W. Bush, presidente de los Estados Unidos de América del Norte, ni los principales directivos del difunto Lehman Brothers, ya sabe el cuarto banco de inversión de Wall Street, un banco legendario que nació en 1850 y que había resistido la crisis del ferrocarril, la guerra civil americana, la histórica y estremecedora caída de las bolsas en 1929, las convulsiones petrolíferas de los años setenta, la recesión de los noventa y el sunsum corda. No hicieron caso los directivos de ese banco de las medidas propuestas por el doctor Rajoy para acabar con la crisis, y en el pecado han pagado la penitencia. Lehman Brothers falleció súbitamente

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Tras el batacazo de tan sólida empresa financiera han empezado a temblar compañías y bancos como Washington Mutual, Wachovia y AIG, que por cierto es la mayor aseguradora del mundo, arrastradas tales empresas por el vendaval Brothers. Las bolsas han bajado en casi todos los países y el fantasma del llanto y el crujir de dientes se pasea por todo el orbe cristiano occidental conocido. Es ciertamente una desgracia, doctor Rajoy, que Alan Greenspan, el ex presidente de la Reserva Federal -al que se le ha soltado la lengua estos días- parece que tampoco haya ojeado siquiera la especie de manual marianista para curar con éxito las enojosas dolencias que sufre el mundo del dinero.

Fuerzas corrosivas
El citado Greenspan ha declarado que “habrá fuerzas corrosivas hasta que el mercado inmobiliario no se estabilice”. Por su parte los directivos del cuarto banco comercial de EE.UU, el Wachovia, reconocen que se encuentran entre los más castigados por la caída del mercado inmobiliario que viene produciéndose en Norteamérica desde hace dos años. Fíjese, doctor Rajoy. Llevaban dos años de deterioro creciente de la burbuja inmobiliaria en EE.UU y el Gobierno de Bush no había previsto la gravísima enfermedad del ladrillo.

Ataque de ceguera
Es como si Bush y Zapatero hubieran sido afectados los dos por un ataque de ceguera que les impedía contemplar el crecimiento sin límites del mercado inmobiliario. Si en lugar de ser amigo de José María Aznar, Bush hubiera sido amigo suyo –amigo, amigo como Aznar, no únicamente correligionario-, seguro que no se habría equivocado y que alertado por la terapia de usted, del doctor Rajoy, habría cercenado el disparate maligno de la construcción enloquecida. Usted además es experto en booms inmobiliarios. Estaba en el Gobierno Aznar –en uno de los diversos cargos que tuvo entonces- cuando fue liberalizada la construcción de todo tipo de viviendas en casi todas partes. ¡Viva la libertad del mercado del urbanismo!

Galeno excepcional
El doctor Rajoy sabe mucho. Es un galeno excepcional. Tiene un gran ojo clínico. Conviene en esta etapa de febril crisis que el virus de la inmigración sea adecuadamente aislado y que la población indígena sea advertida sin tapujos de los riesgos que comportan los inmigrantes. “Hay 180.000 extranjeros cobrando el seguro del desempleo y ya volvemos a tiempos pasados; hay 20.000 andaluces que piden trabajo en la vendimia francés”, ha diagnosticado. La medicina: que no cobren el seguro de desempleo y que estos mangantes se vayan a sus países de origen. Y si han cotizado en la Seguridad Social, pues mire, mala suerte, la próxima vez que no lo hagan, que no coticen y no tendrán este problema.

¡Ánimo y suerte!
Bueno, doctor Rajoy, trate por todos los medios de que sus pócimas curativas sean aplicadas -y pronto- en Estados Unidos, Francia, Italia, Gran Bretaña y, entre otras naciones, Alemania, Bélgica y los países nórdicos. Hágalo por el bien de la humanidad y por el bien de España. En el momento en que todos los Estados atacados por la crisis internacional se recuperen gracias a sus maravillosas recetas, a Zapatero se le habrá acabado la coartada de que la crisis es internacional y tendrá que dimitir sin excusa alguna. Le falta poco para llegar a la Moncloa, doctor Rajoy. ¡Ánimo y suerte!

Enric Sopena es director de El Plural

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La otra desaceleración.

TRIBUNA: DANIEL INNERARITY

El País 16/09/2008

Que vivimos en tiempos de especial aceleración es una experiencia compartida que se hace presente en muy diversos aspectos de la vida, individual y colectiva. Las nuevas tecnologías de la instantaneidad han propiciado una cultura del presente absoluto sin profundidad temporal. El origen de esta relación con el tiempo se encuentra en la alianza establecida entre la lógica del beneficio inmediato propia de los mercados financieros y la instantaneidad de los medios de comunicación. Vivimos en una época fascinada por la velocidad y superada por su propia aceleración.

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Nuestras sociedades ocultan su resistencia al cambio con una agitación superficial

La reflexión, la maduración y la mediación ponen el tiempo a nuestro favor

Las técnicas de aprovechamiento del tiempo convierten los movimientos en cintas transportadoras, lo que Chaplin parodió en la invención de la máquina de comer, gracias a la cual podía alimentarse al trabajador sin necesidad de interrumpir el trabajo, o sea, de perder tiempo. La versión posmoderna de esta experiencia podemos encontrarla en aquel personaje de una película de Woody Allen que pretende suicidarse en París en vez de en Nueva York para ganar así un poco de tiempo y resolver antes algunos asuntos.

Ahora bien, describir nuestra sociedad únicamente desde la aceleración constituye una simplificación que no tiene en cuenta sus ambivalencias. Existen también otros fenómenos de desaceleración, menos presentes en la opinión pública que las desaceleraciones económicas, pero no menos reales y decisivos en nuestras vidas. Del mismo modo que coincidieron en el tiempo la experiencia del aburrimiento y la aceleración industrial a finales del XIX, nuestra época parece caracterizarse por el hecho de que nada permanece pero tampoco cambia nada esencial, un tiempo en el que pasan demasiadas cosas y, a la vez, estamos llenos de repeticiones, rituales y rutinas. De ahí la sospecha de que tras la dinámica de aceleración permanente hay un paradójico estancamiento de la historia en el que nada realmente nuevo comparece. A esta experiencia se refieren conceptos como el del “final de la historia” (Fukuyama) y otros similares que han ido proponiendo en los últimos años pensadores muy diversos.

Probablemente nuestra época no sea comprensible desde la alternativa entre aceleración y desaceleración; habría que tener en cuenta además un fenómeno tal vez más característico que es el de la falsa movilidad. En última instancia, las sociedades combinan su resistencia al cambio con una agitación superficial. La utopía del progreso se ha transformado en movimiento desordenado, “neofilia” frenética, agitación anómica y disipación de la energía. Sólo queda una aceleración vacía, un ciego “cada vez más” de tecnología o globalización económico-financiera, un espacio social inestable y un campo psicológico neurótico.

Esta fatalización del tiempo se traduce en la exigencia de aumentar la aceleración, la movilidad, la velocidad y la flexibilidad. Lo vemos a diario en el lenguaje que nos exhorta a “movernos”, acelerar el propio movimiento, consumir más, comunicar con mayor rapidez, intercambiar de una manera óptimamente rentable. Se ha llevado a cabo una transferencia semántica que explicaría muchos desplazamientos ideológicos desde la izquierda hacia la derecha: donde había progreso y revolución, ahora hay movimiento y competitividad. El adjetivo “revolucionario” forma parte del vocabulario transversal de la moda, el management, la publicidad y la pospolítica mediática. El fantasma de la revolución permanente se pasea ahora como caricatura neoliberal. Pero, en el fondo, el imaginario político actual tiene un discurso prescriptivo minimalista, muy pobre conceptualmente: el discurso de la adaptación al supuesto movimiento del mundo, el imperativo de moverse con lo que se mueve, sin discusión, ni interrogación, ni protesta. Se daría entonces la paradoja de que justo en los momentos de mayor aceleración las sociedades pueden caer en manos del destino o de la inmovilidad, que era precisamente lo que pretendían superar los procesos de modernización. En ese caso, tal vez tenga razón Fredric Jameson cuando asegura que se ha disuelto la antinomia cambio-estancamiento. Lo que puede estar ocurriendo es que, en muchos aspectos de la vida, las sociedades y el mundo en general, el movimiento sea superficial y que en el fondo haya una parálisis radical, un pseudomovimiento. Paul Virilio ha formulado esta idea en su concepto de “paralización veloz” o aceleración improductiva, una agitación sin consecuencias reales aunque no exenta de graves efectos sobre los seres humanos y la cohesión de las sociedades. En última instancia se trata de una idea que se corresponde con la experiencia personal de que la mayor agitación es perfectamente compatible con una inmovilidad temporal; es posible estar paralizado en el movimiento, no hacer nada a toda velocidad, moverse sin desplazarse, incluso ser un vago muy trabajador. Para llevar a cabo un movimiento real no basta con acelerar, del mismo modo que la transgresión no es necesariamente creativa, ni el cambio es siempre innovador.

Ante este panorama, las soluciones más emancipadoras no proceden ni de la desaceleración ni de la huida hacia delante sino del combate contra la falsa movilidad. Por supuesto que la lentitud compensatoria, tan celebrada en muchos libros de autoayuda para la gestión del tiempo, puede ser una estrategia razonable. Pero la llamada a desacelerar, como principio general, es poco realista y atractiva si tenemos en cuenta las circunstancias políticas, económicas, sociales y culturales en las que vivimos. No tiene ningún sentido querer calculadoras más lentas, mayores colas o transportes con retrasos. La cuestión central consiste en determinar en qué consiste exactamente, en cada actividad y en cada momento, una ganancia de tiempo, lo que unas veces implicará desaceleración y otras todo lo contrario, pero que también puede conseguirse mediante otros procedimientos, como la reflexión, la anticipación o combatiendo la falsa movilidad.

La reflexión estratégica, la perspectiva para encuadrar el instante en un marco temporal más amplio o la protección de lo verdaderamente urgente son, en última instancia, procedimientos para ganar tiempo. No se trata de luchar contra el tiempo o desentenderse de él sino, como decía Walter Benjamin, de ponerlo a nuestro favor. Se trataría de reintroducir el espesor del tiempo de la maduración, de la reflexión y de la mediación allí donde el choque de lo inmediato y de la urgencia obliga a reaccionar demasiadas veces sobre el modo del impulso. Puede que de esta manera las organizaciones y la sociedad en general ganen capacidad de influencia sobre los procesos acelerados, algo que sólo se consigue ganándole la partida al tiempo abstracto unificador con una gestión del tiempo que recurra con inteligencia a sus diversas modalidades.

Daniel Innerarity es profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza y autor de El nuevo espacio público.

El BCE vuelve al rescate con una nueva inyección de dinero

Crisis financiera mundial


Las bolsas europeas abren con retrocesos, aunque m ás moderados que los de ayer.- El Ibex se deja más de un 1% en la apertura. -El BCE anuncia su segunda inyección de capital en 24 horas

AGENCIAS – Tokio – 16/09/2008

El terremoto que ayer asoló Wall Street y las principales bolsas europeas después de que el cuarto banco de inversión del mundo, el estadounidense Lehman Brothers, presentase la mayor quiebra de la historia ha provocado hoy nuevas réplicas en los parqués de todo el globo, donde los inversores miran ahora con temor a la aseguradora AIG como la próxima víctima de la crisis crediticia. Ante este panorama, el mercado español ha vuelto a abrir a la baja en consonancia con el resto de plazas del Viejo Continente, aunque ha moderado los números rojos del 4,5% registrados en el nuevo lunes negro hasta el 1,3% de hoy.

 

Japón

A FONDO

Capital:
Tokio.
Gobierno:
Monarquía Constitucional.
Población:
127,288,419 (2008)

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Además, para minimizar los efectos del pánico y el desconcierto que está provocando entre los inversores europeos la falta de certezas sobre el final de la crisis financiera, tal y como pone de evidencia el constante goteo de nuevas víctimas de las hipotecas locas o subprime estadounidenses, el Banco Central Europeo (BCE) ha anunciado a primera hora de la jornada una nueva inyección de capital de 70.000 millones de euros que se suma a los 30.000 millones que la institución puso ayer a disposición de los bancos de la zona euro. Según ha informado el instituto emisor en un comunicado, el BCE realizará una subasta rápida, llamada de ajuste fino, para inyectar liquidez a un día, aunque no ha informado del volumen máximo de adjudicación, a un tipo de interés mínimo del 4,25%.

A las pérdidas en el parqué español le siguen las registradas en el resto de Europa. Los principales indicadores también muestran a primera hora de la mañana un comportamiento negativo. Así, Londres (FTSE) pierde en torno al 1,6%, Francfort (Dax) se deja un 1,53% y París (Cac), un 1,51%. El mayor descenso del día en España era para Grifols (3,33%), seguido de Iberdrola Renovables (2,39%), Sacyr Vallehermoso (2,22%), Acciona (2,11%) y Técnicas Reunidas (2%). Telefónica, por su parte, se dejaba un 1,36%. A continuación, se situaba la banca, con Santander al frente de los descensos (2,08%), seguido de Banco Popular (1,96%), Banco Sabadell y Banesto (1,32%) y BBVA (0,83%), que ayer fueron las entidades más castigadas por la avalancha de ventas.

Los mercados asíaticos sucumben a las caídas

Antes de la apertura en Europa, al otro lado del globo, las bolsas asiáticas han sucumbido también con fuerza al anuncio de Lehman Brothers tras permanecer cerradas ayer por ser día festivo. Así, el índice Nikkei de la Bolsa de Tokio ha caído un 5% hasta su nivel más bajo de los últimos tres años.

Además, en línea con sus homólogos europeos, británico y estadounidense, el Banco de Japón (BOJ) también inyectará en los mercados financieros 2,5 billones de yenes (16.8752 millones de euros) para paliar la inestabilidad creada tras el anuncio de quiebra de Lehman Brothers, según ha anunciado este martes la agencia Kyodo. Según informa la agencia local Kyodo, se espera que el instituto emisor mantenga los tipos de interés en el 0,50% forzado por la creciente inflación y a pesar del lento crecimiento económico.

Por lo que respecta al resto de plazas asiáticas importantes, el índice Kospi del mercado surcoreano ha caído algo más, un 6,10%, mientras el parqué de Shanghai, que lleva más de un mes con mínimos anuales casi a diario, ha caído por debajo del límite de los 2.000 puntos con una caída superior al 3%.

La UE insta a mantener el pacto de estabilidad

La Unión Europea ha querido insistir, en medio de la crisis, en la necesidad de mantener el pacto de estabilidad entre los países miembros. Su comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, ha pedido esta mañana que ante la lluvia de datos negativos llegados de Washington la UE debe “respetar” las reglas presupuestarias del pacto de estabilidad pese a la crisis financiera que aún “no ha finalizado”.

En rueda de prensa desde París en el seno del Banco Europeo de Inversiones, Almunia ha manifestado que “sabemos que la turbulencias financieras no han terminado. Estamos en la mitad de la crisis”. El comisario económico ha hecho especial hincapié en que los países de la zona euro “asuman un cuadro fiscal” que comprenda “un margen de flexibilidad” que, no obstante, respete el pacto de estabilidad comunitario (3% de déficit público).

Este lunes, Wall Street se desplomó precipitadamente con una bajada del Dow Jones de más de 504 puntos, situándose en 10.917, la sexta mayor caída de la historia y la peor desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, por la bancarrota de Lehman ante la imposibilidad de encontrar comprador. Precisamente hoy, uno de las entidades que habían acudido a la puja, el británico Barclays ha confirmado que está negociando hacerse con parte de los activos del cuarto banco inversor, cuya quiebra no afecta a sus divisiones de correduría de bolsa.

El petróleo baja a 91 dólares y registra su mayor descenso en cuatro años

El barril del crudo Brent, de referencia en Europa, ha empezado la jornada de hoy con una fuerte tendencia a la baja que le ha situado sobre los 91 dólares, su nivel más bajo desde febrero. Concretamente, el barril del Brent para entrega en octubre cotizaba a las 08.08 hora peninsular a 90,68 dólares, un descenso de 3,56 dólares frente al cierre del lunes con lo que, por segundo día consecutivo, el crudo del mar del Norte ha registrado su descenso más importante en casi cuatro años y se aleja del máximo de 147,27 dólares alcanzado el 14 de julio. Hoy, la asociación de países productores agrupados en la OPEP publica su informe mensual sobre el mercado mundial de crudo, que se verá afectado por la crisis internacional ya que, según los analistas, repercutirá a la baja de la demanda de petróleo.

El euro pierde posiciones frente al dólar

En el mercado de divisas, el euro ha perdido ligeramente posiciones frente al dólar y al inicio de la sesión bursátil de hoy el cambio entre las dos monedas quedaba fijado en 1,4241 unidades.