La señora Sagrario Sánchez y las plataformas, o la simpleza de la viga evangélica en el ojo político.

Sagrario Sánchez, secretaria de la Ejecutiva de Comunicación del PPCV.

La verdad es que mirando hacia atrás con el respeto debido, estoy satisfecho con mis ancestros, de los más próximos como mis padres y de mis queridos y entrañables abuelos. Julio, tintorero, lector empedernido y perfeccionista vital,  me contagió su pasión política republicana y los valores que ha de poseer cualquier demócrata en su vida cotidiana y en sus responsabilidades públicas; el abuelo Sento, ciego desde muy joven a causa de un accidente laboral, me enseño a ver claro desde la oscuridad, a no rendirme ante los infortunios y a cultivar la sana costumbre de escuchar mucho para poder opinar después. Los dos afrontaron su vida sin apenas conocerse y desde opciones políticas distintas; por eso, a pesar de mis errores, quizás haya heredado mi obsesión por la ecuanimidad y la justicia. Una buena herencia genética y vital que espero pueda legar a mis hijos.

Ciertamente los tiempos aquellos de convivencia familiar entrañable y un tanto caótica me sirven para opinar sobre algunas líneas que he podido leer en mi tiempo diario dedicado a tan apasionante menester y que la agencia de turno recoge; declaraciones agosteñas que, realizadas por la Secretaria de Comunicación del PPCV, Doña Sagrario Sánchez, en plena canícula y con los 40º reglamentarios del tiempo afectado por el viento sahariano que cumplió la previsión del Instituto Nacional de Meteorología, puse en un taper en la nevera por si, al hacerse sólidas, me parecían menos estrafalarias de lo que me parecieron a eso de las doce del mediodía; hora bendita del Angelus campsista, pero plúmbea en días de poniente bochornoso.

La prudencia que acompañó mi genuina intención refrigeradora de las palabras líquidas de la señora Sagrario no pudieron salvar ni un solo renglón de los que contenían las ocurrencias de la noticia de agencia del día anterior y que venían a enjuiciar, por su parte, el proceso político interno del PSPV-PSOE en el proceso hacia el XI Congreso de nuestra formación política.

Si mis ancestros hubieran compartido conmigo mi lectura a la sombra del frondoso jazmín que dominaba el corral de la casa de mi infancia, me hubieran propuesto la conseja valenciana que dice “de ser teues a ser meues, quantes t’en menjaries?; que en una traducción, un tanto libre, viene a cuestionar los análisis objetivos para situarlos en el ámbito de la subjetividad más oportunista.

La señora Sagrario lamenta la formación de plataformas de apoyo a personas que, de manera legítima, defienden de manera plural y respetuosa su derecho a liderar la federación territorial de un partido político y proponer libremente la adscripción de sus militantes a las propuestas que plantean para afrontar el futuro político; al mismo tiempo que proclama la letal influencia de Madrid sobre los intereses valencianos y suspende a la Gestora del PSPV-PSOE juzgando su actuación en términos de protagonismo robado y de poder impuesto. Fino sentido de la política y alta capacidad analítica le tenemos que suponer a esta señora que mientras enfila estas perlas, olvida tomar su dosis diaria de pasas para recordar la pesada carga que lleva en su espalda a cuenta de plataformas, zancadillas, navajazos, asonadas partidarias u otras cuestiones mayores que han protagonizado y protagonizan algunos preclaros dirigentes del PP en su corta historia pero intensas andanzas.

Entiendo que una plataforma es simplemente un espacio para compartir, sumar y proponer; otra cosa es que la señora Sagrario y con ella el PP tengan una forma un tanto especial de entender el significado de estos verbos nobles y le traicione el subconsciente a la hora de integrarlos en sus peroratas agosteñas en su función de cabo de guardia del partido conservador.

Seguramente Doña Sagrario no consideraba una plataforma al entramado que dio origen al Sindicato del Crimen de los medios de comunicación que, al servicio del PP, se les indigesto la derrota inesperada de 1993 y se conjuraron de la manera que tan clara como relataron Luis María Ansón o Luís del Olmo, como tampoco lo era el entramado que dio origen al Caso Naseiro o el Clan de Valladolid montado a caballo entre los medios y los cachorros del PP –hoy un poco pellejos- para fulminar a Hernández Mancha y entronizar a José María Aznar. Tampoco lo serían entonces las plataformas políticas puestas en marcha con el pesebre incluido en el kit para destruir el valencianismo político de Unión Valenciana en beneficio del PP y poner en marcha el Pacto del Pollo pensado para el reparto proporcional del poder político y el enorme rendimiento económico que, para los padrinos del PP en la nostra terra valenciana, supuso la privatización de las empresas de la Diputación de Valencia para la gestión de los residuos, el agua o la gestión de los espacios verdes urbanos.

Como las plataformas estaban cumpliendo los objetivos de compartir, sumar y proponer, se montaron las correspondientes para la adjudicación privada de la Inspección Técnica de Vehículos en una operación rocambolesca solo igualada por el reparto de las 9.000 plazas de camas geriátricas, en las que las empresas dormidas, las despiertas y algunas entidades financieras ciertamente, compartieron, sumaron y propusieron; hasta el punto de que el poder político del Consell, desde entonces, es un elemento subsidiario de las decisiones de los correspondientes Consejos de Administración de las entidades plataformadas. En estos momentos, en puridad, deberíamos incluir la sanidad y muchos servicios básicos asistenciales. Tiene toda la razón la señora Sagrario cuando afirma con la rotundidad del que no se cree nada que es una pena que en el PSPV-PSOE se sucedan las “plataformas de apoyo a” y se olviden de la frase “haremos por”, pero creo que el subconsciente le ha jugado una mala pasada si le damos un vistazo a lo escrito más arriba y sustituimos a la formación socialista por el PP; entonces todo cuadra: plataformas, poder, protagonismo, intereses y reparto que ha ido devorando los valores nobles de la política y el espacio público en beneficio de unos cuantos que se han ido y otros que no lo han hecho porque todavía no les han devuelto el cambio.

La señora Sagrario debería protegerse del sol en estos meses de clima africano, tomar bastante líquido para hidratar las meninges y tomar las aguas en alguno de los magníficos balnearios valencianos para rebajar el nivel de bilirrubina. Como seguramente también tiene el móvil gratis total, podría hacerle una escuchita al Presidente Camps – que anda hecho un Boabdil,  el hombre –para decirle que lo del “Madrid me mata” era un slogan de la movida madrileña de los 80 que se inventaron Tierno y Leguina y que sería más razonable que tirara de cuaderno de memorias y guía de teléfonos para que hiciera una llamada a los espabilados que amamantó el PP con sus plataformas, partidillos, ONGs, grupos de presión, medios de comunicación, coches, velas y sainetes económicos para que devolvieran a las arcas públicas la mordida de tanto chalaneo político y económico que ha dejado la caja de la Generalitat con mas telarañas que un trastero y el territorio irrecuperable para nuestros hijos.

Seguramente caerá en la cuenta que su hostigamiento al Gobierno de España no tiene más sentido que hacer sombras chinescas para que el pueblo se encabrone con Zapatero a cuenta de esconder la verdadera razón de las cosas: la irresponsabilidad política, la cobardía institucional y el deterioro de la calidad democrática que hace cada vez más opaco el control de la gestión de un gobierno que una vez se entrego para siempre a los podres especuladores que son, en realidad, quienes le han metido en este jardín y de los que ya es difícil que escape mientras el Gobierno Valenciano, como los niños, se convierte en un acusica de guardería. Y les aseguro que ni la clase, ni el maestro están para bromas.

Dona Sagrario, hable con el Presidente Camps, váyase a descansar y déjenos tranquilos en nuestra casa, porque usted tiene la suya hecha unos zorros. Que me lo dijo Espe, que de plataformas sabe un rato,  el otro día en Madrid tomando unas cañitas en California y no eran las doce del mediodia, anochecía en la Gran Vía y hacía fresquito.  

Vicent Vercher Garrigos.08.08.2008.

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