LA REALIDAD SOCIAL Y EL DEBATE RETORICO DE LA IDEOLOGÍA.

  

A los amigos de la empresa Rodrigo Sancho S.A.

Ando enzarzado en la lectura de la Ponencia Marco del PSPV-PSOE y en las declaraciones pensadas, repensadas, mesuradas y eclecticas sobre si el partido socialista en el País Valenciano gira a la derecha, se zambulle en el centro o se viste de lagarterana para ganar las elecciones y estoy calibrando la posibilidad de abrir un concurso de sms para que el electorado nos diga como ha de llamarse este partido para que sea percibido como normal por esta sociedad que vota al PP de manera compulsiva, cuando de pronto me doy de bruces con un titular periodístico que me resulta familiar por la proximidad y la notoriedad del caso: “Una empresa de curtidos de Canals despide a 20 empleados y no les paga el finiquito” Rodrigo Sancho S.A. anuncia que no pagará las nóminas de julio y agosto a los 53 empleados que quedan. Los sindicatos reclaman al juez la liquidación de la compañía. Y dejo por un momento la Ponencia Marco del PSPV-PSOE y pienso en el último Comité Comarcal de La Costera-Canal de Navarrés y en el circo que estamos montando cuando el marco real de la sociedad de esta comarca en la que la destrucción de la industria tradicional comenzó con la crisis de Ferrys en 1995 y ha continuado con las de Tejidos Royo, Argent, Cerdá, Impelsa, Rodrigo Sancho y otras industriuas subsidiarias de las que el paro ha tenido que engullir más de cinco mil trabajadores que despues se sumergieron en las industria negra de los sotanos o se subieron a un andamio con la esperanza de sobrevivir para salir adelante con el ladrillo y cuyo futuro y el de sus familias ha estallado con la burbuja inmobilaria que ha pinchado con tanta vehemencia como responsabilidad directa del mundo financiero. Trabajo, casa, hipoteca, paro: ese es el marco real para la reflexión de la izquierda. Despidos, deslocalización, especulación, evasión fiscal: ese el el marco para la reflexión de la derecha. ¿Y en en centro?: El vacio ideologico, el no ser social de la persona, la desorientación en una coyuntura sobrevenida y la vida ortopedica que tiene su paliativo final en el coctel de los ansiolíticos de la farmacia a cargo del erario público. 

No creo que sea tan dificil hilvanar un discurso sencillo para diferenciar la izquierda de la derecha cuando la realidad dispara tan a quemarropa. No creo que seamos tan insensatos para malgastar nuestras energías en juegos florales de discursos de ponentes y candidatos en busca del centro que, como dijo La Trinca en los años 70 con su humor corrosivo, es sinónimo de medio, es decir, de la mitad o sea, de la derecha porque la izquierda no es eso. Tenemos ante nuestras narices la consecuencia de una política conservadora que nos ha llevado a un marco criminal para el desarrollo armónico de la vida digna de la gente trabajadora que le hecha 12 horas al día para poder subsistir en una casa hipotecada de por vida y poco más; ¿todavía queremos acercarnos a las maneras, las palabras y finalmente los conceptos del PP para ganar el reconocimiento social?. Seguramente soy muy torpe y muy simplón, pero como decia el índio: Mi no compender. Demasiado argumento para tan poca novela. Demasiadas hiperboles para buscar una explicación a lo evidente: no queremos ser de izquierdas, es demasiado duro, nos exige demasiado y nos aleja del glamour de la vida hueca y aparente que nos hemos montado llena del stress postvacacional, de las reuniones a 24º, de los comités de dirección, de las declaraciones ocurrentes buscando el titular del medio, del poder de la posición, del dinero y del status adquirido con los votos de los que decimos defender. De puta pena.

Veo la fotografía que ilustra la noricia de marras y conozco a las personas, una por una, y sé de sus historias personales. Veo a Antonio Colomer, un histórico del movimiento vecinal, del PCE, de EU, eterno concejal de Canals que, con su narcha, se fueron las esperanzas de la coalición de izquierdas; veo a Garpar Benito, Presidente del Comité de Empresa, militante del PSOE, resistente socialista de Cerdá, miembto del Comité Comarcal y de una ejecutiva del PSPV-PSOE que se fué a su casa por pura dignidad política y a otras 17 entrañables personas a pié firme, a la puerta de la fabrica, mientras el empresario decide no abrir, no pagar y tomar las de Villadiego y me pregunto qué estarán pensando, en medio de nuestro clamoroso silencio, que hacemos ante la dramática situación que están viviendo con sus familias. Porque lo único que se escucha es un estruendoso silencio complice con una situación que ya es parte del paisaje comarcal. Y nosotros pensando si somos carne o pescado, si nos llamamos del reino, del país o de la comunidad, o si cambiamos el logo o mantenemos la marca, si nos refundamos, nos renovamos o nos regeneramos. Ningún candidato a la Secretaría General del PSPV-PSOE, que es mi partido desde hace 35 años, ha acudido a hablar con estos trabajadores, ni ha emitido un comunicado de solidaridad que les reconozca la situación y la existencia, ni ha realizado una gestión que haya servido para algo. Seguramente tendremos que empezar a pensar que los trabajadores contaminan, que las circunstancias conflictivas pueden deteriorar la caísima, pulcra y estudiada imagen diseñada para los medios y que la tapicería de cuero del Audi oficial huele mejor que la fabrica de curtidos en la que se fabríca.

En 1995 muchas personas, instituciones, partidos y sindicatos gastamos ingentes esfuerzos, recursos económicos y muchas toneladas de solidaridad para impedir la primera gran crisis del sector en las comarcas centrales del País Valenciano y, poco a poco, la referencia obrera para los partidos de izquierda se ha ido consumiendo como una vela hasta acabar en el tamaño de un celemin. Habíamos encontrado el nuevo El Dorado con el cemento, el ladrillo, el dinero negro y demasiada complicidad en el submundo de los grandes despliegues urbanísticos.

Quizás nos sea de util reflexión la imagen de esta soledad digna de éstos últimos 19 mohicanos curtido industrial para reflexionar sobre nuestras estupideces y empezar a llamar a las cosas por su nombre para, de esa manera sí, recuperar el espacio de la izquierda plural, de la gente trabajadora, de la inmensa mayoría, para dignificar la política y ganar la mayoría social que cada día más se va pareciendo, en su perfil social, al grupo de amigos y compañeros de la resistencia de Rodrigo Sancho a los que deseo, desde mi própia soledad de corredor de fondo, lo mejor y afrecerles mi ayuda y mi colaboración en lo que pueda valer; como siempre he hecho en otras ocasiones y circunstancias.

Vicent Vercher Garrigós

Militante del PSPV-PSOE

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