“El caos económico actual, en parte relacionado con la invasión de Irak”, sostiene Stiglitz, Nobel de Economía 2001

POLÍTICA

 

La borrachera de Wall Street y la guerra de Bush…y de Aznar

La crisis económica es consecuencia de una borrachera de Wall Street, según dijera el otro día en tono jocoso el presidente de EEUU, Geoge W. Bush. “Ahora, Wall Street –puntualizó- está de resaca”. Parece la reflexión de Bush una broma de mal gusto, pero en cambio probablemente estemos ante una de las pocas veces que el actual inquilino de la Casa Blanca no ha dicho una sandez, aunque se ignora si la dijo deliberadamente o no. ¿Cabe calificar su observación de lúcida, sin que ello sirva de precedente?

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Esa borrachera simboliza con cierta exactitud los excesos del vigente sistema económico, basado en el denominado libre mercado, al que los gurús de turno han consagrado situándolo por encima del bien y del mal. O sea, como si el mercado, sinónimo del capitalismo, fuera la Divina Providencia que –para el catolicismo fundamentalista- regula las vidas de los humanos. Pero en el caso de Bush no debe olvidarse que hace cinco años, y con el apoyo entusiasta de Tony Blair y de José María Aznar, puso en marcha una maquinaria bélica para invadir militarmente Irak. Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía el año 2001, y la profesora de la Universidad de Harvard Linda Bilmes han valorado los gastos de esa terrible aventura del imperialismo norteamericano.

Libro escandaloso
Hace poco, Stiglitz y Bilmes publicaron un libro escandaloso, no por sus errores, sino precisamente por sus aciertos. El libro se titula La guerra de los tres billones de dólares. Aquellos polvos trajeron estos lodos. En sus páginas los autores son rotundos: “Calculamos por lo bajo –afirman- el costo económico de la guerra para los Estados Unidos en tres billones de dólares y para el mundo otros tres billones de dólares…muy superiores a los calculados aproximadamente por el Gobierno de Bush antes de la guerra. El equipo de Bush no sólo engañó al mundo sobre los posibles costos de la guerra, sino que, además, ha intentado enturbiar los costos, mientras ésta seguía”.

Seguridad Social
Estamos en plena crisis económica a escala internacional, originada en EEUU y con Bush todavía de presidente. Repasemos otros datos significativos que aportan Stigiltz y Bilmes: “Por una sexta parte del costo de la guerra los Estados Unidos podrían dotarse de una base económica sólida para su sistema de seguridad social durante más de medio siglo, sin reducir las prestaciones ni aumentar las contribuciones”.

Rebaja de impuestos a los ricos
“Además –añaden-, el Gobierno de Bush redujo los impuestos a los ricos al tiempo que se lanzaba a la guerra, pese a tener un déficit presupuestario. A consecuencia de ello, ha tenido que recurrir a un exceso de gasto público –gran parte de él financiado desde el extranjero- para sufragar la guerra. Se trata de la primera guerra de la historia americana que no ha exigido ningún sacrificio a los ciudadanos mediante un aumento de los impuestos: al contrario se va a legar todo el costo a las generaciones futuras”.

El petróleo

¿Ha comenzado, desde hace más o menos un año, el legado de la guerra de Bush –en sus aspectos sobre todo económicos- a pasarnos factura? “El caos económico del presente –se puede leer en el libro mencionado- está relacionado en buena medida con la guerra de Irak”. Aunque nos prometieran entonces petróleo a precio muy accesible, si el régimen de Sadam Hussein caía derrotado, como así fue, lo cierto es que aquella maldita guerra es la causante de que el petróleo haya disparado actualmente sus precios a niveles estruendosos.

Los dedos de una mano
Regresemos a España. No sólo Aznar apoyó la guerra de Bush. A su lado, y salvo muy raras excepciones –que se podrían contar con los dedos de una mano-, estuvieron los ministros del Gobierno popular, los altos cargos del partido y cargos públicos en general. Algunos, como Rodrigo Rato, manifestaron su desacuerdo con la guerra, pero con la boca tan pequeña que nadie se enteró en los momentos decisivos de hace cinco años. Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid y centrista reconocido, cerró filas con Aznar.

Lamentable
Los que hoy son oficialmente centristas, con Mariano Rajoy al frente, no se opusieron jamás a una guerra tan inmoral y tan injusta. Y los otros, por supuesto, aplaudían con fervor en los debates del Congreso de los Diputados y en los escasos programas de debate televisivo que había. Rajoy anda indignado ahora con Zapatero por la crisis. De nuevo se equivoca. Confunde a Zapatero con Bush y -al respecto de la crisis- ni se atreve a mentar a Aznar. Lamentable.

Enric Sopena es director de El Plural

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Esa borrachera simboliza con cierta exactitud los excesos del vigente sistema económico, basado en el denominado libre mercado, al que los gurús de turno han consagrado situándolo por encima del bien y del mal. O sea, como si el mercado, sinónimo del capitalismo, fuera la Divina Providencia que –para el catolicismo fundamentalista- regula las vidas de los humanos. Pero en el caso de Bush no debe olvidarse que hace cinco años, y con el apoyo entusiasta de Tony Blair y de José María Aznar, puso en marcha una maquinaria bélica para invadir militarmente Irak. Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía el año 2001, y la profesora de la Universidad de Harvard Linda Bilmes han valorado los gastos de esa terrible aventura del imperialismo norteamericano.

Libro escandaloso
Hace poco, Stiglitz y Bilmes publicaron un libro escandaloso, no por sus errores, sino precisamente por sus aciertos. El libro se titula La guerra de los tres billones de dólares. Aquellos polvos trajeron estos lodos. En sus páginas los autores son rotundos: “Calculamos por lo bajo –afirman- el costo económico de la guerra para los Estados Unidos en tres billones de dólares y para el mundo otros tres billones de dólares…muy superiores a los calculados aproximadamente por el Gobierno de Bush antes de la guerra. El equipo de Bush no sólo engañó al mundo sobre los posibles costos de la guerra, sino que, además, ha intentado enturbiar los costos, mientras ésta seguía”.

Seguridad Social
Estamos en plena crisis económica a escala internacional, originada en EEUU y con Bush todavía de presidente. Repasemos otros datos significativos que aportan Stigiltz y Bilmes: “Por una sexta parte del costo de la guerra los Estados Unidos podrían dotarse de una base económica sólida para su sistema de seguridad social durante más de medio siglo, sin reducir las prestaciones ni aumentar las contribuciones”.

Rebaja de impuestos a los ricos
“Además –añaden-, el Gobierno de Bush redujo los impuestos a los ricos al tiempo que se lanzaba a la guerra, pese a tener un déficit presupuestario. A consecuencia de ello, ha tenido que recurrir a un exceso de gasto público –gran parte de él financiado desde el extranjero- para sufragar la guerra. Se trata de la primera guerra de la historia americana que no ha exigido ningún sacrificio a los ciudadanos mediante un aumento de los impuestos: al contrario se va a legar todo el costo a las generaciones futuras”.

El petróleo

¿Ha comenzado, desde hace más o menos un año, el legado de la guerra de Bush –en sus aspectos sobre todo económicos- a pasarnos factura? “El caos económico del presente –se puede leer en el libro mencionado- está relacionado en buena medida con la guerra de Irak”. Aunque nos prometieran entonces petróleo a precio muy accesible, si el régimen de Sadam Hussein caía derrotado, como así fue, lo cierto es que aquella maldita guerra es la causante de que el petróleo haya disparado actualmente sus precios a niveles estruendosos.

Los dedos de una mano
Regresemos a España. No sólo Aznar apoyó la guerra de Bush. A su lado, y salvo muy raras excepciones –que se podrían contar con los dedos de una mano-, estuvieron los ministros del Gobierno popular, los altos cargos del partido y cargos públicos en general. Algunos, como Rodrigo Rato, manifestaron su desacuerdo con la guerra, pero con la boca tan pequeña que nadie se enteró en los momentos decisivos de hace cinco años. Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid y centrista reconocido, cerró filas con Aznar.

Lamentable
Los que hoy son oficialmente centristas, con Mariano Rajoy al frente, no se opusieron jamás a una guerra tan inmoral y tan injusta. Y los otros, por supuesto, aplaudían con fervor en los debates del Congreso de los Diputados y en los escasos programas de debate televisivo que había. Rajoy anda indignado ahora con Zapatero por la crisis. De nuevo se equivoca. Confunde a Zapatero con Bush y -al respecto de la crisis- ni se atreve a mentar a Aznar. Lamentable.

Enric Sopena es director de El Plural

 

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