El ascenso, caída y reaparición valenciana de Juan Villalonga.

 POLÍTICA

“¿Cuánto daño más piensas seguir haciendo a tu país, a tus amigos, a las personas que te han ayudado?” increpaba el aznarismo mediático al empresario

NADIME TRABOLSI

Juan Villalonga, que en 1995 ya ganaba 200 millones de pesetas al año como power broker de Bankers Trust, vio una oportunidad de oro tras la victoria de Aznar en las generales del 3 de marzo de 1996. Su designación de presidente de Telefónica era un movimiento para garantizar que las relaciones de la empresa con el Gobierno fueran especialmente fluidas. Y así fue: el empresario amasó fortuna y popularidad hasta que el escándalo de las “stock options” le convirtió en un personaje poco grato al Gobierno y a sus medios afines. El Mundo, uno de los bastiones mediáticos del PP de Aznar, modificó su postura respecto al directivo en función del momento electoral y de las necesidades del poder. En solo tres años, el periódico pasó de halagar al joven empresario a pedirle responsabilidades por perjudicar al mandatario. La hemeroteca parece confirmar que, para Pedro J., las opiniones no son tan sólidas como los intereses.

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El siete de junio de 1996, Juan Villalonga asumía la presidencia de Telefónica. No era un secreto que la amistad que mantenía con el entonces presidente José María Aznar era su baza para el nombramiento. Y aunque su relación se deterioró de forma directamente proporcional al desprestigio del empresario, es sabido por todos que el ex presidente y el directivo compartieron aula, siendo adoslescentes, en el colegio madrileño de El Pilar.

El ascenso
Hay tres momentos críticos en la trayectoria de Villalonga, y en cada uno la posición del baluarte mediático de la derecha ha sido distinta. En junio de 1996, la ascensión a la presidencia de Telefónica pasaba sin pena ni gloria por las páginas de El Mundo. El asunto no merecía la atención del director Pedro J. Ramírez, quien entonces dedicaba sus cartas –publicadas los domingos- a Felipe González, el PSOE y Rodrigo Rato. El diario no parecía posicionarse decididamente a favor del directivo, pero la balanza se inclinó diez meses después, cuando en abril de 1997 Villalonga hizo su jugada maestra, esto es, la fusión con British Telecom y MCI, un hecho que, según se prodigó por la fecha, marcaría “su futuro y, en menor medida, el de toda la industria española”.

“Convence a sus críticos”
El periodista Jesús Cacho se deshacía en halagos hacia “el joven presidente de Telefónica” que “convence a sus críticos en sus primeros diez meses de mandato al cerrar la operación del siglo”. Por el año 1997 pues, El Mundo reconocía, por boca de Cacho, la influencia de Aznar en el nombramiento, aunque le restaba importancia.

El Gran Villalonga
“De momento, Juan Villalonga, extrovertido, apasionado, sobrado de currículum, buen carácter, deseoso siempre de hallarse entre amigos, hueso duro de roer para sus enemigos, está demostrando ser un tipo responsable volcado en Telefónica, a la que dedica una media de 15 horas diarias de trabajo, (…) forzando al resto de su equipo a seguirlo con la lengua fuera. Sus detractores, al menos momentáneamente, se han quedado sin argumentos”, señalaba el periodista en una crónica económica.

La caída
Tan sólo tres años pasaron antes de que su visión y la de El Mundo cambiaran radicalmente. Febrero de 2000 significa un punto de inflexión para el tratamiento mediático que el diario dispensa al empresario. Es cierto que su prestigio se había visto minado por el escándalo de las “stock options” de Telefónica, el polémico método con el que Villalonga sacó una tajada enorme de la empresa, multiplicando infinitamente el valor de sus acciones. Pero no es menos cierto que, en vísperas de las elecciones, los de Pedro J. viraron su postura, temiendo que el escándalo salpicara al Partido Popular.

“¿Héroe o villano?”
Así, Cacho, por entonces mano derecha de Pedro J. –aunque ahora, como Aznar y Villalonga, estén distanciados-, publicaba una crónica el 20 de febrero de 2000 cuyo título es autoexplicativo: “¿Héroe o villano?”. El periodista, que tan solo tres años antes quitaba hierro al peso de Aznar en la designación del hombre de Telefónica, daba marcha atrás en sus propias palabras, desmarcaba al mandatario de su ex amigo, aseverando que éste se opuso al nombramiento porque era una jugada “obvia”.

“Esto va a ser un desastre”
“Sus amigos se echaban las manos a la cabeza, ¡madre mía, Juanito presidente de Telefónica!, ninguno de ellos hubiera podido imaginar apenas unos meses antes de junio del 96 que aquel tipo (…) fuera a ser nombrado presidente de la primera compañía española, «y todos, ya te digo, nos echamos las manos a la cabeza, Dios mío, esto va a ser un desastre…»” escribía Cacho.

Otro, pero no mejor
“Juan Villalonga es otro (…) y no precisamente mejor”. «Lo miro y no lo reconozco», asegura uno de sus mejores amigos de antaño. Sin basamentos morales sólidos que le aten al suelo, sin ideología (y sin el menor interés por la política), Villalonga, un hombre menor desde el punto de vista de la reflexión intelectual, vive instalado en la nube”, apunta Cacho en el mismo artículo.

Aznar, “el paraguas”
“Juan Villalonga ha roto con todo, (…) y se ha rebelado, tras el escándalo de las stock options, contra el paraguas (José María Aznar) que le ha proporcionado fama y dinero”, prosigue. Sólo en esta última fase, cuando se veía la sombra alargada de Villalonga amenazando el prestigio de Aznar, en plena campaña electoral, Pedro J. Ramírez se pronuncia sobre el tema. Claro está, no para abogar por el empresario.

Perjudicando al país
“La pregunta continúa sin respuesta desde hace diez semanas, pero ha adquirido renovada vigencia en las dos últimas: ¿cuánto daño más piensas seguir haciendo a tu país, a tus amigos, a las personas que te han ayudado y han confiado en ti? Y, sin embargo, la dimensión personal es sólo anecdótica. Aunque abunden los aduladores -bien del género exigente, bien del mendicante- que glorifican la consolidación de Villalonga como financiero independiente,(…) está quedando patente ante el conjunto de la comunidad empresarial (…) su enfermiza inmadurez, su inestabilidad crónica, su incapacidad de asimilar el éxito. Todo ello le pasará factura”, afirmaba la carta del director de El Mundo publicada el 20 de febrero de 2000.

Munición para el PSOE
Desde los editoriales, el antes loable empresario, era ninguneado sin pudor por proporcionar “munición al PSOE contra Aznar”. El Mundo pues no sólo venía a aceptar de golpe la influencia del poder en el nombramiento de Villalonga, sino que le acusaba de no haber calculado los efectos de sus acciones “contra las dos personas que más favorecieron su acceso a la Presidencia de Telefónica: Aznar y Rato”.

El mérito: ser amigo de Aznar
“En su huida hacia delante, Villalonga pretende ahora presentarse como paladín de la autonomía empresarial frente al poder político. ¡Quién lo hubiera dicho de una persona cuyo gran mérito para ser presidente de Telefónica era ser amigo de Aznar!”, acusaban los de Pedro J. ya en mayo de 2000. ¡Quién lo hubiera dicho de un diario que tres años antes aplaudía “el nuevo escenario de Telefónica” y el cierre de “la operación del siglo”!

La reaparición
De momento, está por ver qué pasa con el ahora salvador del Valencia, que la semana pasada se hizo con el control del club sin tener ni una sola acción. Los bulos cuentan que querría fichar a Aragonés. Ya veremos qué cuentan Pedro J. y los suyos del asunto.

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