El modelo de gobernante, según Rajoy, es Fabra, el Berlusconi de Castellón.

POLÍTICA

 

“La política, utilizada para arreglar los negocios”

El 26 de septiembre de 1993, durante el Congreso del PP valenciano –celebrado en Castellón-, Eduado Zaplana fue elegido presidente de los populares de la Comunidad Valenciana. Detrás de este nombramiento se encontraba –moviendo los hilos desde Génova 13- el mismísimo José María Aznar, quien tres años más tarde lograría que su sueño de habitar en la Moncloa se convirtiese en realidad.

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Zaplana contaba con otro potente aliado. La sombra del virrey de Castellón, Carlos Fabra, protegió en aquel tiempo a tan osado político. Zaplana siempre ha sido considerado un tipo poco propicio a los escrúpulos a la hora de amasar una fortuna. Era entonces Zaplana alcalde de Benidorm. Llegó al cargo gracias al voto –probablemente comprado- de la concejal Maruja Sánchez, tránsfuga socialista. Zaplana -en tres años de alcalde- tuvo que hacer frente a una docena de querellas judiciales. Todas fueron archivadas. En cuanto a enriquecimientos personales las biografías de Fabra y la de Zaplana son en buena medida paralelas.

Asuntos turbios
Un cierto estilo cada vez más berlusconiano iba a instalarse en la Comunidad valenciana. Cuando comenzaron a aflorar los asuntos turbios de Fabra todavía gobernaba en España el PP. Francisco Camps, quien sustituyó a Zaplana como presidente de la Generalitat valenciana –al ser nombrado ministro de Trabajo y portavoz del Gobierno Aznar-, declaró sobre Fabra el 19 de diciembre de 2003: “Tiene todo el respaldo personal y político del Gobierno y del PP”.

Zaplana avala a Fabra
Zaplana, muy distante de su delfín y enfrentado a él, también se deshizo en alabanzas a Fabra. Transcurría el mes de enero de 2004 cuando manifestó públicamente: “Tengo la seguridad de que cuando acabe el proceso, sea de forma inmediata o posteriormente (…) la honorabilidad del señor Fabra quedará fuera de toda duda. Le conozco bien y sé que será así”.

El elogio de Herrero
Pero lo único cierto hasta ahora es que –no por arte de birlibirloque, sino por una asombrosa huída de jueces de los juzgados de Castellón, entre otras causas- de Fabra, presidente de la Diputación castellonense y padrino de la derecha valenciana se puede seguir afirmando lo que, como elogio, dijera hace años otro castellonense conocido, el periodista y eurodiputado del PP Luis Herrero: “Casi nada en la provincia de Castellón escapa a su control”.

En Oropesa del Mar
Las relaciones de Fabra con el hombre fuerte del PP nacional fueron singularmente intensas a lo largo de los ocho veranos que, en la Urbanización Les Platgetes de Bellver, en Oropesa del Mar -en la costa de Castellón-, veraneó Aznar con su familia. Fotos del matrimonio Aznar -Ana con su inconfundible pareo-, campeonatos de padel, mansiones de florecientes empresarios de cerámica y azulejos, a disposición de la familia del Gran Timonel, días de vino y de rosas.

El Mr. Marshall del Valencia
También había nostalgia de veranos más lejanos, pasados en compañía de su compañero de pupitre en el colegio madrileño de El Pilar, Juanito Villalonga, raíces castellonenses, años después caído en desgracia, otro que tal en la especialidad de hacerse de oro, ahora presunto Mesías del Valencia F.C., recibido en la ciudad del Turia por los propietarios del club blanco cual si fuera el Mr. Marshall del balompié.

Por si acaso
Mariano Rajoy no quiso pisar Castellón en la campaña de las recientes elecciones generales. Con las urnas a la vuelta de la esquina, el nombre Fabra era maldito: estaba imputado por 18 supuestos delictivos. Continúa estándolo. Pero apoyó con decisión a Rajoy para que se consolidara como líder. La hija de Fabra, la diputada Andrea, casada con Juan José Güemes, consejero de Sanidad en el Gobierno autonómico de Madrid, juega obviamente la carta de Esperanza Aguirre. Los padrinos más sagaces acostumbran a poner una vela a Dios y otra al Diablo. Por si acaso.

En el Gran Casino
Presidió Rajoy, el pasado viernes por la noche, una cena-mitin en el Gran Casino de Castellón. El líder, en su retorno a Castellón, le rindió pleitesía y santificó a Fabra: “Es un ciudadano y un político ejemplar para el PP y para Castellón”. Joaquim Puig, portavoz del PSPV-PSOE en las Cortes valencianas le replicó con claridad: “Para el líder de la oposición en España es ejemplar un ciudadano que no paga sus impuestos a Hacienda; un político que confunde sus intereses personales con los intereses generales, que utiliza su posición política para arreglar sus negocios; una persona a la que la Justicia le imputa en estos momentos 18 delitos”.

Valores, convicciones, principios
Ya sabemos –intuíamos que así sería, pero él amablemente nos lo ha corroborado- cuál es el concepto de ejemplaridad cívica y política que defiende Rajoy. Los valores que encarna un sospechoso permanente como Fabra son, pues, los valores, las convicciones y los principios del PP en relación al ejercicio de la política. Estos que aclaman a Fabra son los mismos que aún se atreven a decir que el PSOE es igual a corrupción y el PP, nada de nada. Rajoy se ha vuelto a retratar. Su modelo de gobernante es Fabra, el Berlusconi de Castellón.

Enric Sopena es director de El Plural.

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