¡Oh, cómo habrían festejado los patriotas una derrota roja!

POLÍTICA

 

Dicen que ellos aman España, pero menosprecian a los españoles

A la derecha de este país le suele ocurrir lo que a José Antonio Primo de Rivera: le duele España. O, dicho de otro modo, le disgusta España. Dicen sus integrantes que ellos aman a España. Pero silencian que, en paralelo, tienden a menospreciar, a desdeñar y, en ocasiones, a humillar a los españoles. No a todos, naturalmente, pero sí a los que – como mínimo en su subconsciente- consideran chusma o populacho.

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Les molesta tan amplia franja de la ciudadanía, porque advierten que ya no la controlan, como antaño, cuando le podían imponer –de modo impune- la ley del ‘ordeno y mando`. Y, todavía más, cuando reparan en que en buena parte –la chusma y el populacho, según ellos- constituyen el basamento de la izquierda. Los califican casi siempre de malos españoles, de antiespañoles o, directamente, de traidores.

“¡Qué asquito!”
Andan estos días muy enojados. “¡Qué asquito de casta política y de país!”, decía ayer -ante los micrófonos de los obispos- el talibán de las mañanas, que siempre está enrabietado. Es un profeta del Apocalipsis. Vive como los cuervos, alimentándose de la carroña. Ahora, le repatea enormemente que la selección española de fútbol haya ganado la Eurocopa.

Neocon hispanos
Los amigos de Aznar –los del Grupo de Estudios Estratégicos, GEES, fervientes admiradores de George W. Bush- participan activamente del desdén hacia el triunfo de los futbolistas españoles. En Libertad Digital estos neocon hispanos no ocultan su irritación por el título que nuestra selección ha conquistado.

Celebración desenfrenada
“Es indiscutible –sostienen los bardajís boys de la FAES- que los españoles constituyen una nación dada a la diversión, a la juerga, a la celebración desenfrenada. Que los españoles muestren su patriotismo sólo después de un partido de fútbol constituye un problema nacional de primer nivel”. Ni George Sand en su Invierno en Mallorca describió a los lugareños baleares con mayor desprecio que el dirigido hacia la mayoría de los españoles por esta guardia pretoriana del aznarismo.

Más que borregos
Igual que el referido talibán matutino, los resentidos escribidores de GEES se recrean en el cultivo de todo género de calamidades. “La nación española está gravemente enferma”, diagnostican de forma estremecedora. Resulta que los españoles -a los cuales parecen odiar semejantes patriotas de boquilla- caen “fácilmente en manos de falsificadores y charlatanes ideológicos”, a quienes entregan “su pasado y su futuro”. Tales españoles no son más que borregos.

“Erupción patriótica”
César Vidal no soporta tampoco “esta erupción patriótica” y para ello recita –tanto en La Razón como en el periódico digital de su colega copeliano– una sarta de catástrofes económicas que, de cumplirse, nos llevarían al total desastre colectivo. Pero este reaccionario sabelotodo no se conforma sólo con los peores augurios materiales, en los que incluye “el expolio de los recursos de toda España por parte de la oligarquía nacionalista de Cataluña”. Mientras, asevera, “el castellano (…) es perseguido por los nacionalistas en varias regiones”.

Cara a la pared
El locutor nocturno de la cadena radiofónica católica castiga a continuación, poniéndolos cara a la pared, y, si conviene, de rodillas, a los que exhibieron banderas españolas con motivo de la victoria en Viena. Furioso, este mostrenco -según la tercera acepción del vocablo que fija el diccionario de la Real Academia Española- escribe que “las banderas de ayer faltan en los Ayuntamientos de Cataluña y de Vascongandas (…)”.

Efectos devastadores
Añade Vidal, don César, que “las multitudes de ayer faltan a la hora de defender a los castellano-parlantes de las agresiones injustas, crueles y sistemáticas (…) y el entusiasmo de ayer falta a la hora de defender la libertad” debido a “los efectos devastadores”, fruto de “las acciones conjuntas de ZP y de los nacionalistas”. Acabáramos. Esta pandilla de deplorables patriotas no resiste que, gobernando la izquierda, la selección roja haya maravillado a millones de aficionados al fútbol –de España y de todo el orbe-, haya vencido deslumbrando y haya proyectado internacionalmente una imagen envidiable.

Ni le pueden llamar gafe
¡Oh, cómo hubieran celebrado sin apenas disimulo una derrota de España! ¡Esto con Aznar, o con Rajoy, no hubiera pasado, habría repetido hasta la saciedad el coro de patriotas! ¡Ni con Franco, cuando vencimos a los soviéticos y vengamos así a la División Azul! ¡Zapatero, dimisión! Pero se han quedado con las ganas. Ya no pueden ni llamar a ZP gafe.

Enric Sopena es director de El Plural

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