Cuestión de sensibilidad política, Sr. Bono.

POLÍTICA

Cuestión de sensibilidad política, Sr. Bono

La bandera republicana muchos la llevamos en nuestro corazón, como se vio en las manifestaciones contra la guerra de Irak

Con motivo de la fiesta nacional del 12 de octubre de 2004, a José Bono, entonces ministro de Defensa, se le ocurrió invitar al desfile militar que se desarrolla en la Castellana de Madrid a dos ex combatientes de la guerra civil española que, a su vez, participaron también en la II Guerra Mundial. Uno estuvo en el frente defendiendo con las armas al legal y legítimo Gobierno republicano.

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Años más tarde, ese mismo soldado formó parte de la División Leclerc, cuyas tropas entraron en París para liberar a Francia de la ocupación nazi. El otro invitado de Bono luchó con el Ejército sublevado –que capitaneaba el general Franco- contra el régimen republicano y se incorporó, acabada la guerra española, a la División Azul, que se trasladó a Rusia con el objetivo de ayudar a Hitler en su ofensiva por conquistar la URSS.

Aluvión de críticas
Aquella iniciativa de Bono provocó hace menos de cuatro años un aluvión de críticas. Desde IU a ERC pasando por CiU y otras formaciones representadas en el Congreso de los Diputados. Molestó sobremanera a no pocos ciudadanos el ejercicio de equidistancia efectuado por el ministro de Defensa, poniendo en la misma balanza a quienes apoyaron al Gobierno republicano y aquellos que hicieron cuanto pudieron por establecer en España una prolongada y cruel dictadura.

Capacidad de “sorprender”
Desde IU se dijo que tal planteamiento podía responder al “afán de protagonismo” que tanto caracteriza a Bono. El diputado de CiU Josep Maldonado señaló que Bono nunca agota la capacidad de “sorprender” a la sociedad. Tenía razón. Ayer Bono volvió a sorprender y a convertirse en protagonista. Tras unas frases muy pertinentes -pronunciadas ante unos 300 ex prisioneros y familiares de presos políticos del franquismo-, el presidente del Congreso se puso su particular estrella de sheriff y censuró con dureza que el ex preso Antonio Moya exhibiera la bandera tricolor de la República.

Oligarquía e Iglesia
“En el momento en que el señor Bono estaba reconociendo nuestra contribución a la lucha por la democracia en este país, pensábamos que era oportuno sacar la bandera que el pueblo refrendó y que fue masacrada por unos triunviratos militares, desaprensivos, al servicio de la oligarquía y la Iglesia”, declaró Moya horas después. Con clarividencia, Moya añadió: “Yo creo que a Bono le ha faltado cintura”.

Tirios y troyanos
Le faltó cintura y le sobró una vez más su irresistible tendencia a quedar bien con todo el mundo. Con tirios y con troyanos. Le sobró asimismo la autosuficiencia de pensar que, en efecto, él nació para ser el rey del mambo y, a veces -con reiterada frecuencia- demostrar que es más español que don Pelayo. Pone una vela a Dios y otra, al diablo. Le gusta dar lecciones a los demás. En esta ocasión, no obstante, su obsesión legalista le ha traicionado.

Pluralismo y libertad
Exhibir la bandera republicana está expresamente avalado por la Constitución y por una sentencia judicial en firme, del año 2003, que consagra, en relación con la bandera de la República, el derecho al pluralismo y a la libertad de expresión. No cometió ilegalidad alguna –menos aún cometió un delito- el ex prisionero Moya cuando sacó ante compañeros y familiares la bandera republicana.

Contra la guerra de Irak
Miles y miles de banderas republicanas formaban parte, y bien visible, en el equipaje de millones de españoles que salimos a la calle para protestar contra la guerra de Irak. Fue ésa una forma de reivindicar al mismo tiempo cosas diversas pero no incompatibles. Pero ni siquiera el Gobierno Aznar –destinatario principal de las manifestaciones- cayó en la tentación pública de criminalizar la enseña de la II República. Si lo hizo, pasó más bien inadvertido.

El templo de la democracia
La bandera republicana, enarbolada por un anciano que pagó muy caro su compromiso cívico con la dignidad, hubiera debido incitar al máximo responsable del templo de la democracia –que es el Parlamento- no al rechazo, sino al aplauso. No es una cuestión sólo de leyes, sino de sensibilidad, exigible más aún a un político de la izquierda, tan relevante y, sin duda, hábil y lúcido.

Valores republicanos
Y es que, con el respeto debido a la bandera constitucional, la bandera republicana la llevamos muchos ciudadanos en nuestro corazón. Lo que no impide reconocer a esta monarquía constitucional y democrática sus indiscutibles méritos a la hora de reconstruir en España un sistema de libertades, heredero en buena parte de los valores republicanos. Ni Moya ni sus amigos tenían por qué escuchar una reprimenda como la que recibieron. Fue, la de Bono, una regañina innecesaria, torpe y privada de soporte legal. Esperemos a que pronto pida disculpas, al menos, por el error de ignorar la normativa vigente.

Enric Sopena es director de El Plural

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