Mujeres argelinas del mundo rural: dando pasos hacia su autonomía.

 

20-05-2008
 
Una experiencia de cooperación internacional de acompañamiento de estas mujeres en su camino hacia el acceso al espacio social y económico
 

ONG CERAI –Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional- está desarrollando un proyecto de cooperación internacional en tres comunidades rurales de la región de Orán. Apoya el trabajo de 4 asociaciones argelinas –SDH, APPEPT, Chougrani y Tamari-, y cuenta con el financiamiento de la AECID –Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo-.
Argelia es un país del que poco se habla en España. Probablemente, las primeras palabras de nos vengan a la mente al preguntarnos por este país sean islamismo, terrorismo, gas, petróleo o Sahara. Sin embargo, si subimos al avión en Alicante, en menos de 40 minutos estamos en Orán, la segunda ciudad más grande del país. Con nuestros vecinos no solo compartimos el mediterráneo, sino también una larga historia común: los siete siglos de permanencia islámica en España, y la presencia en Argelia de los españoles durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Así mismo, Argelia acogió numerosos españoles en 1939, tras la instauración de la dictadura. Si uno pasea por Orán, los edificios y sus gentes le hablan de la época española.

Así, en el norte de Argelia, uno puede reconocer costumbres, arquitectura, el alto volumen del ruido, los olores, el paisaje, la hospitalidad de la gente del campo. Pero también se puede sentir muy lejos, sobre todo si se es mujer y se visita el mundo rural. Las mujeres rurales todavía se enfrentan a situaciones difíciles, derivadas de lo que ellas llaman “las tradiciones”. Algunos ejemplos pueden ser la dificultad de no salir de casa sin la autorización masculina –padre, hermano o marido-, la persistencia de los matrimonios concertados, el acceso limitado a los estudios, los obstáculos para el acceso a la tierra, el olvido de las administraciones a la hora de promover actividades o programas en su favor. En las zonas rurales, apenas se ven mujeres en las calles, y no disponen de ningún espacio de encuentro, lúdico o socio-cultural. Ellas describen sus jornadas en casa, haciendo las tareas domésticas y viendo teleseries egipcias. En la actualidad, no hay más alternativas.

Pero la mujer rural argelina es fuerte, y camina –despacio pero firme- por hacerse con mayores espacios de libertad, y una mayor presencia en el ámbito social y económico. No en términos de “lucha”, “batalla”, “conquista”, como lo han hecho las feministas occidentales. Pero sí en silencio, sin casi dejarse oír, ganando poco a poco terreno a la rigidez de los roles de género tradicionales en los que se sienten encorsetadas, pero que siguen respetando; no queriendo alzar la voz en su contra, sino buscando maneras de flexibilizarlos poco a poco. Desean cambios, pero no revoluciones. 

En este contexto, la ONG CERAI –Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional- está desarrollando un proyecto de cooperación internacional en tres comunidades rurales de la región de Orán. Apoya el trabajo de 4 asociaciones argelinas –SDH, APPEPT, Chougrani y Tamari-, y cuenta con el financiamiento de la AECID –Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo-.

 

El proyecto se divide en tres niveles de intervención:

1. Apoyar la formación de asociaciones interesadas en el desarrollo del mundo rural argelino, y en especial el empoderamiento personal, económico y social de la mujer. Para ello, docentes argelinos han impartido cursos de cómo gestionar una asociación, cómo elaborar proyectos, cómo comunicar, cómo trabajar desde el enfoque de género, etc. Así, se ha pretendido profesionalizar el trabajo que están desarrollando, para poder lograr un mayor nivel de organización, rentabilizar sus recursos, ampliar su campo de intervención y abarcar proyectos cada vez más complejos.

2. Apoyar la formación de mujeres rurales en un oficio, para lo que las asociaciones APPEPT, Chougrani y Tamari han abierto tres centros de formación, a los que acceden un total de 150 mujeres con situaciones sociales difíciles y sin nivel de estudios previo. Los talleres abiertos hasta el momento son de artesanía, costura, repostería, peluquería e informática. Además, las asociaciones ofrecen actividades de desarrollo personal, como salidas culturales, talleres de teatro u organización de fiestas.

3. Apoyar la sensibilización de la sociedad argelina sobre la situación de la mujer rural, acompañando a las asociaciones locales a abrir un debate en el interior de las familias, de las comunidades, de las administraciones y de la sociedad civil en general sobre el rol que la mujer puede tener en el desarrollo de un mundo rural argelino empobrecido, cuyos jóvenes sueñan con el éxodo hacia las grandes ciudades o hacia Europa.

Tras 15 meses de trabajo conjunto, los resultados han superado con creces todas las expectativas. No solo se ha tenido que ampliar el número de mujeres por taller, sino que se han tenido que abrir largas listas de espera para una siguiente promoción. Las mujeres han encontrado en estos centros un lugar donde formarse, pero sobre todo, lo han convertido en un lugar de encuentro, de discusión, de esparcimiento. Un lugar desde el que han empezado a pedir cambios, a hacerse visibles, a plantearse la posibilidad de tener un empleo, a soñar con un futuro mejor para ellas y para sus hijos e hijas.

Así mismo, aunque el camino por recorrer es todavía largo, el hecho de que 150 familias rurales hayan permitido a sus mujeres asistir a los talleres de formación, da una nota optimista en los cambios que la sociedad rural argelina está realizando respecto a la percepción del rol tradicional de la mujer, que permanece en casa ocupándose de las tareas domésticas. Aunque es cierto que muchas mujeres no han podido acudir por prohibición de sus hermanos, padres o maridos, otras, han sido animadas por los suyos para inscribirse. Incluso las administraciones, con sus sospechas, han empezado a apoyar a las asociaciones locales en esta aventura, cediendo infraestructuras, materiales y en ocasiones incluso mano de obra.

Actualmente, se está a la espera de la confirmación de la segunda parte del proyecto, en el que las mujeres seguirán formándose, pero también iniciarán poco a poco la comercialización de sus productos. Un proyecto por el que están entusiasmadas y para el cuál ya han planteado numerosas propuestas creativas, adaptadas a sus circunstancias y recursos. Ello, representa un real cambio en la percepción que las mujeres rurales tienen de sí mismas, viéndose como potenciales actrices de desarrollo tanto de ellas, como de sus familias y sus comunidades.

A través de este artículo, queremos hacer un homenaje a estas mujeres que a pesar de las dificultades a las que se enfrentan, se están definiendo como colectivo activo, en esta difícil tensión libertad/tradición, y que buscan su propia manera de cambiar su realidad, soñando con un futuro mejor: su futuro. Nosotros, seguiremos acompañando a nuestras vecinas en este proceso tan fascinante como difícil.

Anabel Carreras
Cooperante en Orán –Argelia-
Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional

 

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