Quizas sea el hastío por tanta vacuidad, pero empieza a dolerme el alma, compañeros.

Paco Ibañez, cantautor de Ayora, afincado desde siempre en París. No se trata de aquello de “erase una vez…”; se trata de que su vigencia produce tantos escalofrios como la indolencia con la que hoy afrontamos desde la izquierda los problemas reales de las personas. Quizas mi reencuentro con el disco de Paco Ibañez de su recital en el Olimpia de París en febrero de 1969 y esta lluvia persistente de la madrugada de una primavera trasunta de otoño me haga traiga a la memória lúcida aquellos compromisos que muchos han aparcado hoy  en el garaje de cualquier adosado pateticamente vacio. Como mi alma, cansada de tanta vacuidad, de tanta traición y de tanta hipocresía de los que esconden su falta de ideas y valores socialistas, engullidos en el cuello duro estrangulado con corbata de Hermés o la imagen cuidadosamente desenfadada de la franela de Armani con las llaves del megabuga colgadas del tejano de cien euros. Vacio. Mentira. Hastío.  En el recuerdo, tantos hombres y mujeres legales y bien plantados en el suelo.

Vicent Vercher Garrigós. 8 de junio de 2008.

 

 

 

 

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