Rajoy resiste en El Pardo de Génova.

A LA CONTRA
Ricardo Rodríguez
 
2 de junio de 2008
 
EL ANÁLISIS
La avería de Rajoy, la coacción a Mayor Oreja y el cabreo de Camps
 
Horas bajas del marianismo. Los votantes andan mosca con el PP y le vuelven la espalda. Con este telón de fondo, el líder está dispuesto a morir en el Pardo genovés.
 
 

MARIANO RAJOY
El presidente del PP navega hecho jirones: no tiene candidatura contraria clara, pero está teniendo agujeros en su barco.
 
 
La crisis del PP estallará tarde o temprano. Los pleitos de familia siempre causan daños irreparables. Al menos, el tenso y desabrido Comité Ejecutivo del partido celebrado este lunes ha servido para, como estaba previsto, transformar en un innegable desahogo las pulsiones autodestructivas que se han instalado en el centro-derecha. A tenor de cómo están las cosas, el lema elegido para el XVI Congreso Nacional suena a llamamiento desesperado a la unidad o a muy mala uva con su “Crecemos juntos”.

Las contradicciones que atenazan en estos momentos al Partido Popular no pueden estar más claras. El antimarianismo tiene como rostro visible a un Juan Costa convencido de que si el PP perdió las elecciones no fue por el programa ni por el discurso, sino porque Mariano Rajoy “no es un buen candidato”. De ahí la “crisis de ilusión” y la necesidad, siempre según el análisis de Costa, de alumbrar una nueva etapa y ello sólo es posible a través de una renovación generacional a fondo. Empezando por el número uno, claro.

Pero Juan Costa también registra su incapacidad para generar una lista alternativa a la de Mariano Rajoy. No dará su aval al actual líder del PP pero tampoco ha anunciado su candidatura. No hay aspirante al título. No existe. En su meritorio intento de dar un paso al frente, el alborotado Costa ha recibido calabazas hasta del ex presidente José María Aznar y ha tenido incluso, según cuentan algunos allegados, una grave refriega con el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, que le afeó su desmarque del apoyo que la organización regional presta a Rajoy. El malestar de Camps podría ser hasta comprensible teniendo en cuenta que su secretario general es Ricardo Costa.

En cualquier caso, Juan Costa no hace pie. Pero Mariano Rajoy navega hecho jirones hasta el punto de subyacer no pocas incógnitas en torno a la personalidad. Las malas lenguas mantienen que el sábado por la tarde el otrora favorecido por el dedazo aznarí rozaba el cielo tras exhibir en Valladolid el aluvión de marianismo y marianistas, pero que el domingo le entró la pájara. Como si el líder del Partido Popular fuera consciente de estar tratando desmesuradamente de salvar los muebles. He ahí el nudo de la cuestión, que angustia en el seno del PP y reproduce el sentir de los hombres del aparato, los que viven del partido y claman a diario por el cierre de filas.

Rajoy ha dejado a muchos descolocados. Pero su error más grave ha sido el de aferrarse al cargo. Fue la mejor forma de imponerse: Triturar cualquier intento de democracia interna en la organización. Aceptar la propuesta de Mariano Rajoy o el caos. El PP lleva demasiado tiempo sin debatir, acostumbrado a ser dirigido en el pasado con mano de hierro y guante de estraza, ni rastro de seda, por Aznar. Después de los triunfos de 1996 y de 2000 y del “accidente” de 2004 – tan convencidos todos de que, al fin y a la postre la vuelta al Poder era cuestión de tiempo -, ¿a quién le interesaba el debate?

Un partido que ha sido gobernado con mano de hierro por un líder autoritario como Aznar; que se convirtió en el terreno abonado para toda clase atrofias, es una formación enferma. Rajoy no se da cuenta de que la dolencia del PP no se cura con una simple aspirina y guardando cama hasta el conclave de Valencia. El partido está podrido por dentro. Un aparato que, como denuncian en privado algunos eurodiputados, recoge los avales de la aplastante mayoría de los comandados por Jaime Mayor Oreja bajo la amenaza de no repetir en las listas dentro de un año, es una dirección que no representa realmente a nadie sino a los que viven de la política.

Lo que ocurrió el 9-M es que el Partido Popular dejó de ser una fuente de Poder. Algo que no fue percibido en 2004, porque sus dirigentes interpretaron la derrota como un castigo por una masacre, un paréntesis en el curso natural de las cosas. Nadie peor que el propio enfermo para diagnosticarse. Nadie peor que los que han vivido encerrados en sus burbujas para darse cuenta de la gravedad del momento y, menos aún, para aplicar la conveniente medicina. En la distancia crece el estupor frente al posible incendio. Desmantelada la dirección y con el secretario general de salida y fuera de juego, Rajoy se encamina hacia su congreso sin control alguno.

Como telón de fondo, la depresión, el bochorno y el desaliento en las filas populares. En el cónclave puede pasar cualquier cosa, fructificar enmiendas políticas contrarias al nuevo ideario del líder o nuevos mecanismos estatutarios que podrían llegar a bloquear su elección. Mariano Rajoy todavía está expuesto a maniobras de unos adversarios que sepan manejarse en los entresijos de la convocatoria valenciana. Sobraría con que los críticos con la nueva línea oficial, ahora heterogénea y diseminada, se organizase para complicarle la vida al de Pontevedra. Porque a Rajoy no le basta con ganar el congreso sino que le apremia desfigurar la bronca interna. ¿Quién hará ese trabajo? ¿Los barones?

El liderazgo es fundamental para ser una alternativa de Gobierno. Al final, cuando los electores introducen la papeleta en la urna, no sólo votan una opción política, sino a una persona a la que uno da su confianza para que gobierne el país. Cuando los votantes acudieron a las urnas hace ahora 3 meses creyeron que José Luis Rodríguez Zapatero ofrecía más garantías que Mariano Rajoy. Por eso, el PP se encamina hacia un proceso de recomposición necesariamente largo. Un proceso que la derecha ya sufrió en su día y que no culminó hasta que José María Aznar se consolidó como líder tras las elecciones del año 89 y el llamado “congreso de la refundación”.

Publicado en Elsemanaldigital.

 

 

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