¿Quien está detras de la tremenda crisis del PP?.

POLÍTICA

 

¿Pero quién demonios está detrás de esta confabulación?

A menos de un mes para el Congreso, cada día se va estrechando el cerco contra Rajoy

Aunque llevamos dos días sin demasiados sobresaltos, ayer, para no romper la tradición, era Alejo Vidal Quadras el que se negaba a firmar su aval apoyando la candidatura de Mariano Rajoy aduciendo que no lo hará hasta que el partido “no defina su estrategia política”. Con anterioridad a esta decisión del líder catalán, Rajoy respiró con un poco de tranquilidad tras comprobar como Losantos, quién lo iba a decir; lograba aunar a todo el PP (duros y blandos) en torno a la figura de su nuevo “valido”, el alcalde de Madrid, en el juicio que tuvo lugar el pasado miércoles para dirimir la querella presentada por Gallardón contra el director de La Mañana.

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En su comparecencia, todos los dirigentes del PP, propuestos como testigos por Losantos, cerraron filas entorno a su compañero y dejando a Jiménez con sus vergüenzas al aire. Por un día y sin que sirva de precedente, Losantos logró aunar a todo el partido. Quién lo iba a decir…

La pregunta de Fernando Ónega
Durante el debate del pasado lunes en el programa 59 Segundos de Televisión Española, el periodista Fernando Ónega dejaba una pregunta en el aire que ninguno de sus acompañantes acertaban a responder: “¿Pero quién coño está detrás de esta confabulación?

Menos de un mes
Y es que a falta de un mes escaso para la celebración del Congreso del PP, cada día se va estrechando el cerco contra el presidente del PP. Son muchos desde dentro y desde fuera del partido los que se siguen preguntando sobre quién o quiénes están detrás de esta confabulación en toda regla, una conjura en la que todos los analistas coinciden que no es fruto de la improvisación o de la casualidad. En ella se están marcando tan bien los tiempos -algo por otro lado tan insólito en la derecha española- que a más de uno le cuesta creer que todo lo que está ocurriendo en el PP sea como consecuencia de la derrota en las pasadas elecciones del 9 de marzo. Nada en este proceso se está dejando a la suerte, todo se mide, todo se mima, todo se cuida con una precisión milimétrica, esa que por desgracia no se utilizó, ni en la oposición, ni, antes, en las horas finales del Gobierno del PP, allá por el año 2004. Quiero decir, después de la boda del Escorial y la triste foto de las Azores.

Una estrategia más que eficaz
La estrategia a día de hoy, y vistos los antecedentes, es fácilmente previsible; lo que ya no parece tan fácil es poner fin a toda esta pelea de gallos, a esta guerra sucia, porque ya sabemos que no hay peor cuña que la de la propia madera. La estrategia, digo, ya está diseñada, captada. Una estrategia simple pero aplastantemente eficaz. Se trata, no es otra cosa a fin de cuentas, de jugar con los sentimientos de millones de ciudadanos, con esos sentimientos que ya fueron machaconamente utilizados durante la pasada legislatura, unos sentimientos que no son otros que la lucha contra ETA y la crítica al PNV, y convencer ahora después de la derrota a los sufridos militantes de que se ha abdicado de ese objetivo.

Apelando al sentimentalismo
Una estrategia en la que nada hay que demostrar, porque al fin y al cabo eso es lo que menos importa, el mensaje ya ha calado, y quienes necesitan que les reafirmen en sus convicciones (hondas, no por profundas, sino por agujereadas) ya están reafirmados. Además si a ello se le añade un toque de sentimentalismo, el caldo ya está a punto para hervir. Eso sí, para que este sea del gusto de estos confabuladores, falta el aderezo más importante y este no es otro que ponerle rostro al dirigente que sea capaz de presentar batalla y enfrentarse a Rajoy, sobre todo viendo cómo se desinfla la opción de Juan Costa, quien en los próximos días podría abandonar definitivamente sus pretensiones de convertirse en el Zapatero del PP, al no contar ni tan siquiera con un mínimo equipo que le acompañe en la aventura.

Un ejercicio de cinismo
Les pareció más que demoledora la espantada de María San Gil. Ellos creyeron que poniendo al frente de su estrategia a una mujer seria, valiente, amenazada, la que más amigos ha visto morir, era la garantía de que todos se iban a volcar contra Rajoy. Pero, cosas que pasan en este mundo de la política, se olvidaron de la frialdad de los políticos, del nadie conoce a nadie y nadie debe nada a nadie, y, por ello, la estrategia fracasó, como fracasó el pasado miércoles Jiménez Losantos al ver a sus testigos ponerse al lado de Gallardón en un “ejercicio de cinismo como nunca había visto”, según palabras del periodista.

La siguiente vuelta
Así que, después del torpedo de María San Gil, había que dar una vuelta de tuerca más, una nueva vuelta con la que estirar a Rajoy en el potro de las ondas y de las imprentas, y hete aquí que encuentran al amigo de Aznar, a Ortega Lara, sumándose a la conspiración y anunciando a bombo y platillo su baja en el partido. Él, el secuestrado más utilizado por la estrategia de Aznar y del PP, abandonaba la nave en solidaridad con San Gil y la nueva política de integración y diálogo de Rajoy. Y, por último hasta el momento, se destaparon las esencias cuando uno de los colaboradores más próximos al presidente, Gabriel Elorriaga, anunciaba, mejor dicho escribía en El Mundo, que Rajoy era la persona menos indicada para reflotar la nave del nuevo PP.

Los méritos de Elorriaga y San Gil
A fin de cuentas, salvo dirigir la perdida campaña electoral de 2004, ¿quién es Gabriel Elorriaga?; igual que podemos plantearnos ¿quién es Juan Costa? Lo mismo, aunque con más discreción, por aquello, insisto, de las circunstancias tan especiales que confluyen en María San Gil, se podría decir de la dirigente vasca, una dirigente cuyo mérito es haber llevado al PP a cosechar los peores resultados electorales en aquella comunidad. Pero, claro, lo del dignísimo Ortega Lara ya es palabra mayor. ¿Quién es el majo que se atreve a censurar lo más mínimo del hombre más castigado de España, al que todos más respetamos? Pues nadie, evidentemente.

Y Rajoy, a lo suyo
Mientras tanto, Rajoy y los suyos continúan moviendo sus fichas; así las apariciones públicas de Mariano Rajoy, como en el mitin de Almería, una función preparada para hacer mérito por Javier Arenas, uno de los “barones” llamados a estar junto al presidente tras la celebración del Congreso de Valencia; la entrevista en ABC y su intervención en el foro Diálogo con los Jóvenes, de Nuevas Generaciones; la presentación de su candidatura prevista en Valladolid con llamada y reclamo a todos los senadores para que acudan a la cita… pero, claro, sin poder decir de verdad quiénes están detrás de la campaña.

¿Quién sobra?
Al final, uno no sabe si en el PP sobra alguien, no sobra nadie o caben todos. Pero, puestos a prescindir, ¿se podría prescindir, caso de que fueran militantes, de aquellos que se manifestaron el viernes frente a la sede de Génova, la misma que intentaron asaltar, supongo que no los mismos, el 13 de marzo de 2004? Lo de manifestarse en horario laboral no parece suficiente motivo. Acierta La Señora cuando se queja de quienes pretenden repartir los carnés de buenos y malos pero, cuando rechaza las adhesiones inquebrantables, ¿vale también para los consejeros de su Gobierno, que viven aterrorizados el día a día de la crisis, que no se atreven a decir una sola palabra a favor de Mariano Rajoy, terror extensible a todos los dirigentes del partido en Madrid? Eso también puede ser motivo de reflexión, no sólo la gestión de Rajoy.

Jesús Cascón es director de bejarnoticias.com, diario digital de Béjar

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