A vueltas con la dimisión de María San Gil, sus motivos y consecuencias.

 POLÍTICA

 

Se refugian en sus principios para ocultar sus vergüenzas

Aznar pactó con los nacionalistas y Costa dijo hace meses que “no había motivos” para no repetir lo mismo

María San Gil, la nueva diosa de España –“representa lo mejor del PP”, Acebes dixit-, proclama que se fue de la ponencia política del Congreso popular de Valencia por “diferencias de criterio fundamentales”. Pero los otros dos ponentes, Alicia Sánchez Camacho y José Manuel Soria, afirman que el texto fue consensuado por los tres coautores. ¿Quién miente aquí? ¿Cuáles son tales “diferencias fundamentales”?

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Jaime Mayor Oreja –cuya mano parece mecer la cuna del motín contra Mariano Rajoy y sus fieles- ha acusado de mentirosos a cuantos opinan que San Gil no tenía motivos para montar esta última y sonora algarada. Esteban González Pons, flamante portavoz in pectore del Partido Popular, asegura que “María es de todos” y el “PP no puede estar donde no esté María San Gil”. Pero eso es una vacuidad para salir del paso. O, simplemente, una falsedad. María no es de todos. San Gil encabeza la rebelión a bordo.

Romerías turbulentas
Todos y todas –salvo algunas excepciones de racionalidad, que también las hay en la derecha- llevan flores a María para desagraviarla en este mes de mayo de romerías turbulentas, mientras se mofan de Rajoy el ex presidente Felipe González y hasta Rodrigo Rato, a quien Luis María Anson -para liarla más- lo ha nombrado presidente del Gobierno con Esperanza Aguirre como vicepresidenta. Por su parte, el ratista Juan Costa, coordinador del programa electoral del PP -otro fichaje fallido de Rajoy-, ha manifestado sobre San Gil: “Es un gran referente político en el seno del partido y no se puede entender el discurso del PP sin ella”.

Escasa memoria
¿Cuál es el discurso del PP, señor Costa? ¿Acaso el que usted aventuró el domingo 22 de julio de 2007, entrevistado en El Mundo? ¿Se acuerda, señor Costa, del titular? Le refrescaré, por si acaso, la memoria: “Podemos volver a pactar con CiU, PNV y CC como en 1996 para gobernar”. Y usted justificaba su pronunciamiento del modo siguiente: “Sí. El PP ha demostrado que puede gobernar España en minoría con otras fuerzas políticas construyendo acuerdos y consensos buenos para el país. No veo motivo para que no pueda repetirse en el futuro (…)”.

Recordad 1996…
Podríamos precisar aún más lo que sucedió en 1996. El PP no necesitaba para gobernar el apoyo del PNV. Sólo con Coalición Canaria y con CiU llegaba la derecha a sumar 176 diputados, mayoría absoluta. Pero Aznar quería más y buscó con ahínco –ofreciendo el oro y el moro a Arzalluz- el apoyo de los cinco diputados del PNV. Fíjese, señora San Gil. En septiembre de 1997, Arzalluz, llegó a decir: “Aznar ha hecho más por nosotros que el PSOE en 13 años”.

Más intentos
En las elecciones de 2000, el PP obtuvo por sí solo mayoría absoluta. Sin embargo, José María Aznar propuso un año después a CiU que se incorporara a su Gobierno con dos ministros, lo que rechazó Pujol. Más tarde, en 2002, invitó formalmente a Miquel Roca a ser ministro de Asuntos Exteriores, pero la respuesta fue negativa. En cuanto a Coalición Canaria, conviene señalar que, tras las elecciones municipales y autonómicas del pasado año el PP insular –con el visto bueno de Génova 13- se echó en brazos de los nacionalistas canarios para cerrar así el paso a los socialistas, cuyo candidato a la Presidencia del Gobierno autonómico, Juan Fernando López Aguilar, había logrado un extraordinario resultado.

Lo hubieran hecho
No nos engañen más. No se refugien en sus sacrosantos principios para ocultar sus mentiras, sus vergüenzas y sus contradicciones. Si el 9 de marzo, Zapatero no hubiera ganado en las urnas y Rajoy hubiera podido instalarse en la Moncloa con el respaldo de los tres partidos citados por Costa, ni San Gil ni Mayor Oreja ni el mismísimo Acebes –virtuoso en el arte del embuste bajo la enseñanza del Aznar de las Azores- habrían rechistado. El Gobierno del PP asumió el proceso de paz con ETA y ahora niega haberlo hecho. Pactaron con los nacionalistas para conseguir el poder y en la actualidad se hacen los estrechos en nombre de España. Son tan aficionados a las trampas que, en este tiempo de bronca interna, las trampas se las hacen entre ustedes. Bochornoso espectáculo el de la derecha, tan a menudo atacada de amnesia.

Enric Sopena es director de El Plural

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