25º ANIVERSARIO DEL PRIMER GOBIERNO SOCIALISTA.

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REPORTAJE: 25 años del 28-0

El día más largo, la noche más corta

Los protagonistas del triunfo socialista en 1982 recuerdan aquella fecha, 25 años después

JESÚS RUIZ MANTILLA – Madrid – 28/10/2007

 

Fue día de otoño suave, un día moderado, de clima amable. Quizás por eso no se desató ni la euforia ni el triunfalismo. Por no haber, no hubo ni brindis en público, por aquello de la sobriedad que debía suponerse en los líderes de la izquierda y también para que nadie se sintiera ajeno a lo que quedaba por delante. Eso no quiere decir que, en privado, Felipe González, cuando supo que iba a gobernar España, no se dejara seducir por un traguito de champán en cuanto se enteró del resultado. 202 diputados en el Congreso: el mayor triunfo electoral de la historia de la democracia.

 

 

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Pero de aquel brindis clandestino no quedan fotos. Aunque las hubo, Felipe pidió por favor que no se mostraran. De ese día de tensa espera en casa de su íntimo colaborador entonces, Julio Feo, la sombra de González por aquel tiempo, quienes estuvieron alrededor recuerdan la tensa calma con la que el líder socialista esperaba el equipaje de su destino: “Lo más curioso fue lo poco que habló, hasta durmió la siesta”, recuerda hoy Julio Feo. “Estaba tranquilo, como si supiera y ya estuviera hecho a la idea de lo que el futuro le deparaba”, añade Pablo Juliá, que le tomó todas las fotos ese día para EL PAÍS y que conoce a González desde la época del clan de la tortilla, una imagen que también es suya.

Por la mañana, Felipe y Carmen Romero habían votado en el madrileño barrio de la Estrella, donde vivían. Después se camuflaron. ¿Dónde? La casa de Julio Feo, en Canillejas, era el lugar ideal. “En un piso habría sido imposible pasar desapercibidos, así que decidimos ir a mi casa, que era un chalé. Por aquel entonces, yo era el único de los nuestros que tenía un chalé”, recuerda Feo.

La memoria le flaquea para los detalles, aunque lleva 250 folios de un libro sobre lo que ha sido su vida y que espera sacar el año próximo. “Creo que va a ser bastante jugoso”, anuncia.

Había sido una campaña dura, intensa. La campaña del cambio. Julio Feo fue una pieza clave que aplicó a las técnicas de la democracia naciente todo lo que había aprendido en sus años como intérprete de la Casa Blanca. Felipe González confiaba plenamente en él. Feo le organizaba todo, los mítines, los actos, el descanso, las comidas. El médico, José Luis Moneo, y el propio Feo permanecían constantemente a su vera. “Al final tuvo problemas de voz, pero lo más curioso es que se le fastidió la mano de los apretones y hubo que protegérsela”, recuerda el colaborador.

Al poner la mesa, el líder ya parecía olerse el triunfo. Cuando alguien preguntó los que iban a ser para colocar los platos, el líder soltó: “200 en el congreso y 8 para comer”. Almorzaron tranquilamente, Felipe descansó, luego estuvieron matando el tiempo, puro va, puro viene, mientras Alfonso Guerra cocinaba la estrategia a seguir en el día desde la oficina especial que habían montado como cuartel general de las elecciones en la calle Bravo Murillo. En casa de Julio Feo habían puesto un teléfono cuyo número sólo conocían Guerra y Juan José Rosón, entonces ministro del Interior. El 2000104. Sonaría para las urgencias y para los resultados. Después de que se cerraran las urnas saltó el ring. Era Guerra con sus cálculos. Clavados. “Lo cogí y Alfonso me dijo: ‘Ponme con el próximo presidente del Gobierno de España”, dice Feo.

PSOE, 202; UCD, 13; AP, 101; PCE, 4; CDS, 2; PNV, 9 / 8; HB, 3; CiU, 13; ER, 1… Apenas variaron. Estaba claro que aquella noche ganaron dos: PSOE y AP, el par de formaciones que polarizarían un suave bipartidismo todavía vigente en España. Hoy Guerra lo ve así: “Es cierto, mirándolo con perspectiva, hubo dos ganadores”, cuenta. El protagonismo entonces de quien después sería vicepresidente del Gobierno fue crucial. Los periodistas que cubrían aquellos acontecimientos todavía recuerdan cómo dio de lleno con los resultados antes de que el ministro del Interior ofreciera los oficiales: “Nos inventamos un método. Yo había dicho a nuestros representantes en 1.750 mesas de varios municipios elegidos a conciencia, esos en los que se repiten los patrones generales del país, que llamaran con los resultados de los 50 primeros votos escrutados”, recuerda Guerra. “Cuando tuve el 10% lo metí en el programa que habíamos diseñado nosotros mismos y me salió el resultado”.

Menuda papeleta para Rosón. “Aquel hombre lo pasó fatal. Me llamó para hacerme una confesión directísima. Me preguntó: ‘Alfonso, ¿tienes algo?’. Se nos ha caído el programa y no contamos con nada. Yo le dije que sí, pero que sería tremendo que usara nuestras cifras como oficiales y luego las tuviera que desmentir, así que le puse una condición: que me dejara a mí contarlo antes”, recuerda Guerra. Después de soltar lo suyo, Guerra fue al Palacio de Congresos. “Fue gracioso ver a Rosón ofrecer los resultados que yo le había dado antes…”.

Hacia las 11 de la noche, todos al Hotel Palace. Felipe y los que habían pasado el día junto a él entraron por la puerta trasera. Un ascensor le subió directamente a la habitación desde la que saludaría a los simpatizantes después en la famosa foto que marcó una fecha. Aparecían Felipe y sus más directos colaboradores en la habitación 101, la misma que ahora alberga a la dirección del hotel. Allí ya trabajaba entonces Jacinto Vela, hoy maitre del establecimiento, que aquel día se encargó de servirles sándwiches y bebidas. Hoy, Vela recuerda pocas cosas. “No habría mucha gente con ellos, en total unas siete personas. Puedo decir que esa noche, pese a trabajar hasta muy tarde se me hizo muy corta, no como la del 23-F, que se nos hizo larguísima”, recuerda el empleado.

Después, todos bajaron a la rotonda donde se celebraba la fiesta. Felipe siempre se mostró contenido. En mitad de los abrazos, los besos, las lágrimas. Parecía que el resultado les abrumaba, que les asustaba tanta entrega. “Estamos dispuestos y preparados para asumir la responsabilidad que el pueblo español nos ha confiado…”, decía Felipe, en tono pausado. “Ningún ciudadano debe sentirse ajeno a la hermosa labor de modernización, de progreso y de solidaridad que hemos de realizar entre todos …”, se escuchaba también en las pantallas que el Ayuntamiento de Tierno Galván había instalado en la Plaza Mayor desde las que antes, para matar el tiempo, habían proyectado Sopa de ganso, de los Hermanos Marx.

Era un día en el que muchas heridas se cerraban. “Llegaba al Gobierno un partido que había sido perdedor en la guerra”, comenta Alfonso. Aunque por delante quedaba nada más y nada menos que casi todo por hacer.

La noche siguió con celebraciones. Julio Feo acabó con amigos y periodistas disfrutando por la calle del triunfo. Guerra quiso meditar. “No dormí, tampoco lo había hecho mucho durante la campaña, aunque aquella tampoco fue como la de 1977, en la que teníamos una cama en la sede y nos turnábamos”. Tampoco comía demasiado. Poco más allá de unas galletas. “Precisamente para que no me entrara sueño. A la mañana siguiente me fui al Prado y me puse delante de tres obras maestras: El perro, de Goya, La anunciación, de Fra Angélico y El triunfo de la muerte, de Brueghel”, cuenta el hoy diputado del PSOE. “Estar allí, delante de esas obras maestras me ayudó a situarme. ‘No hay que ser soberbios’, me dije. ‘Busquemos la perfección de nuestro país y sus virtudes y pongámoslas en marcha”, recuerda que pensó.

Después volvió a la oficina electoral para celebrarlo con sus colaboradores. Había que poner en marcha todo lo que habían planeado. “Lo teníamos todo pensado. La política, los equipos. En ese momento, España contaba con 102 embajadas, teníamos cinco nombres posibles por cada una de ellas”. Todo menos el Gobierno, del que Felipe no soltaba prenda. Julio Feo estaba disponible. “Para lo que quieras”, le dije. Al principio le ofreció ser portavoz. “Bien”, dijo Feo. “Me puse manos a la obra”. Luego, González le cambió el cometido. “Vas a ser el secretario del presidente”, dijo el mandatario. “¿Y eso en qué consiste?”, preguntó Feo. “En hacerme la vida fácil”, respondió Felipe.

La gran incógnita era la del mismo Guerra. “Yo no quería entrar en el Gobierno, no quería seguir en política”. Aquel anhelo pasado suena demasiado lejano, más cuando lo dice en su despacho del Congreso, donde todavía hoy sigue dedicado a la cosa pública. “Del poder me producía rechazo todo lo protocolario. Finalmente, acepté pero con la condición de no acudir a un solo sarao”, confiesa.

De Felipe, aquella noche después del Palace, no hay rastro. Unos, como se ve, lo celebraron. Julio Feo se enfadó con su mujer y acabó, como ya vimos, de parranda. Y Felipe, ¿dónde fue?: “Desapareció”, asegura Feo. “Todavía hoy no sé donde acabó. Nunca se lo he preguntado”. Seguro que esa discreción fue lo que le hizo pensar a González que don Julio sería el secretario perfecto.

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ECONOMÍA: LAS CASAS DE NAIPES DE ESTADOS UNIDOS (oseph E. Stiglinz)

ECONOMÍA

Las casas de naipes de Estados Unidos

Joseph E. Stiglitz/Project-Syndicate (24/10/07)

Hay veces en las que haber tenido razón no reporta ningún placer. Durante varios años, sostuve que la economía de Estados Unidos estaba siendo sustentada por una burbuja inmobiliaria que había reemplazado a la burbuja del mercado accionario de los años 1990. Pero ninguna burbuja puede expandirse eternamente. Con el estancamiento de los ingresos de la clase media en Estados Unidos, los norteamericanos no podían darse el lujo de hogares cada vez más costosos.

Como dijo de manera genial uno de mis antecesores en el cargo de presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente de Estados Unidos, “lo que no es sostenible no se sostiene”. Los economistas, a diferencia de quienes se ganan la vida apostando con acciones, no se declaran capaces de predecir cuándo llegará el día del ajuste de cuentas, mucho menos de identificar el fenómeno que derribará la casa de naipes. Pero los patrones son sistemáticos, con consecuencias que evolucionarán gradual y dolorosamente con el tiempo.

Aquí existe una macro-historia y una micro-historia. La macro-historia es simple, pero dramática. Al observar el derrumbe del mercado de hipotecas de alto riesgo, algunos dicen “No hay que preocuparse, es sólo un problema en el sector inmobiliario”. Pero esto desestima el papel clave que el sector de la vivienda ha desempeñado recientemente en la economía norteamericana, con una inversión directa en bienes raíces y dinero obtenido de las casas a través de la refinanciación de hipotecas que representan entre las dos terceras partes y las tres cuartas partes del crecimiento en los últimos seis años.

Los precios en auge de la vivienda les dieron a los norteamericanos la confianza, y los medios financieros, para gastar más que sus ingresos. La tasa de ahorro de los hogares norteamericanos estaba en niveles que no se veían desde la Gran Depresión, ya sea negativa o nula.

Con las tasas de interés más altas que deprimen los precios de la vivienda, el juego terminó. A medida que Estados Unidos pase, digamos, a una tasa de ahorro del 4% (todavía baja según los parámetros normales), la demanda adicional se debilitará y, con ella, la economía.

La micro-historia es más dramática. Las tasas de interés que marcaron un mínimo récord en 2001, 2002 y 2003 no hicieron que los norteamericanos invirtieran más –ya había capacidad en exceso-. En cambio, el dinero fácil estimuló la economía induciendo a los hogares a refinanciar sus hipotecas, y gastar parte de su capital.

Una cosa es pedir prestado para hacer una inversión, lo cual fortalece los estados de cuenta, y otra pedir prestado para financiar unas vacaciones o un rapto de consumo. Pero esto es lo que Alan Greenspan incitó a hacer a los norteamericanos. Cuando las hipotecas normales no cebaban lo suficiente la bomba, los alentó a tomar hipotecas a tasa variable –en un momento en que las tasas de interés no podían más que subir.

Los prestadores rapaces fueron un paso más allá y ofrecieron créditos de amortización negativa, de manera que la cantidad debida aumentaba año tras año. En algún momento en el futuro, los pagos aumentarían, pero a los prestatarios les decían, nuevamente, que no se preocuparan: los precios de la vivienda subirían más rápido, lo que facilitaría la refinanciación con otro crédito de amortización negativa. La única manera (según esta postura) de no ganar era quedándose al margen. Todo esto representaba un desastre humano y económico en ciernes. Ahora la realidad golpeó a la puerta: los diarios mencionan casos de prestatarios cuyas cuotas hipotecarias exceden el total de sus ingresos.

La globalización implica que el problema hipotecario de Estados Unidos tiene repercusiones mundiales. La primera corrida bancaria se produjo con la entidad de crédito británica Northern Rock. Estados Unidos logró transferir las hipotecas malas por un valor de cientos de miles de millones de dólares a inversores (incluso bancos) en todo el mundo. Ellos enterraron las hipotecas malas en instrumentos complicados, las enterraron tan profundo que nadie sabía exactamente cuán malas eran y nadie podía calcular cómo ponerles un nuevo precio rápidamente. Frente a semejante incertidumbre, los mercados se congelaron.

Quienes en los mercados financieros creen en el libre mercado temporalmente perdieron la fe. Para bien de todos (por supuesto, nunca es para satisfacer sus propios intereses egoístas), arguyeron que era necesario un rescate. Si bien el Tesoro de Estados Unidos y el FMI advirtieron que los países del este de Asia enfrentaban crisis financieras hace diez años por los riesgos de los rescates y les dijeron que no aumentaran sus tasas de interés, Estados Unidos ignoró sus propios consejos sobre los peligrosos efectos morales, compró miles de millones en hipotecas y bajó las tasas de interés.

Sin embargo, las tasas de interés a corto plazo más bajas condujeron a tasas de interés a mediano plazo más altas, que son más relevantes para el mercado hipotecario, quizá por los crecientes temores sobre presiones inflacionarias. Tal vez tenga sentido que los bancos centrales (o Fannie Mae, la principal compañía hipotecaria de Estados Unidos patrocinada por el gobierno) compren cauciones respaldadas por hipotecas para ayudar a darle liquidez al mercado. Pero aquellos a quienes se las compran deberían ofrecer una garantía, de manera que el público no tenga que pagar el precio de sus malas decisiones de inversión. Los dueños de capital en los bancos no deberían aprovecharse de la situación.

La securitización, con todas sus ventajas en la distribución del riesgo, tiene tres problemas que no se previeron de manera adecuada. Si bien implicó que los bancos norteamericanos no resultaran tan afectados como lo habrían estado sin ella, las malas prácticas de préstamo de Estados Unidos tuvieron efectos globales.

Es más, la securitización contribuyó al mal préstamo: en los viejos tiempos, los bancos que generaban malos préstamos asumían las consecuencias; en el nuevo mundo de la securitización, los generadores pueden transferirle los préstamos a otros. (Como dirían los economistas, los problemas de la información asimétrica aumentaron).

En los viejos tiempos, cuando a los prestatarios les resultaba imposible efectuar sus pagos, se reestructuraban las hipotecas; las ejecuciones eran malas tanto para el prestatario como para el prestador. La securitización hizo que la reestructuración de la deuda resultara difícil, si no imposible.

Las víctimas de los prestadores rapaces son las que necesitan ayuda del gobierno. Con hipotecas que representan el 95% o más del valor de la vivienda, la reestructuración de la deuda no será fácil. Lo que se necesita es darles a los individuos altamente endeudados una manera expeditiva de empezar de nuevo –por ejemplo, una cláusula de bancarrota especial que les permita recuperar, digamos, el 75% del capital que originalmente invirtieron en la vivienda, y que los prestadores asuman el costo.

Hay muchas lecciones para Estados Unidos, y el resto del mundo; pero entre ellas figura la necesidad de una mayor regulación del sector financiero, especialmente una mejor protección contra el crédito rapaz, y más transparencia.

Joseph Stiglitz es premio Nobel de Economía. Su último libro es Making Globalization Work.
Copyright: Project Syndicate, 2007.
Traducción de Claudia Martínez

MARIANO, SIN SU PRIMO, PIDE EL VOTO DE LA IZQUIERDA PARA EL PP. ESTE CHICO CADA DÍA ESTÁ PEOR.

domingo, 28 octubre 2007

MARIANO RAJOY, EL LÍDER DE LA DERECHA ESPAÑOLA, ESTÁ CADA DÍA MÁS EN LA PARRA: AHORA DICE QUE LE PEDIRÁ EL VOTO A LA IZQUIERDA “PARA SALVAR ESPAÑA” Y CENTRA SU CAMPAÑA ELECTORAL EN ESTE OBJETIVO…

A Mariano Rajoy le hubiera gustado en Valencia que los medios de comunicación le hubieran resaltado preferentemente, para resumir su mensaje político, que es él quien busca “un nuevo consenso”, que desea volver a “la concordia y a la unidad”, porque es lo que quiere la mayoría de los españoles. Así lo dijo de palabra, y lo plasmó también por escrito en un documento-resumen de su discurso, que fue entregado en mano a los periodistas asistentes al acto nacional del PP. Escribe Ignasi Pellicer, en “elplural.com” .

El mitin se celebró en un pabellón de la Feria de Valencia, con la asistencia de algo más de 10.000 militantes y simpatizantes del partido conservador, aunque la organización del evento, dándose pompa, redondeó hasta los 15.000 y se quedó tan pancha.

Las claves de su programa, silenciadas. La altisonante declaración de Rajoy, llamando de repente a “un consenso” nacional, sorprendió en Valencia a finos observadores políticos, ya que hasta ahora Rajoy, en tanto que líder de la oposición, ha venido practicando todo lo contrario. Más bien, dio a entender el candidato conservador que a cuatro meses de la cita electoral todavía no tiene claro cuales van a ser los ejes de su programa político. Por eso, dicen, no soltó prenda de ninguna medida específica y con fuerza suficiente para replicar a quien va a ser su adversario, el ahora presidente de Gobierno socialista, Rodríguez Zapatero.

Rita Barberá, de telonera. Le sirvió de telonera a Rajoy, Rita Barberá, como alcaldesa de Valencia, aunque el acto se celebró en territorio de la población de Paterna – con ayuntamiento propio – que es donde está ubicada la sede de la Feria de Valencia. Barberá, con voz aun más ronca de lo habitual, fue breve y centró su filípica electoralista en que “vamos a ganar- dijo- porque Mariano (Rajoy) es el mejor candidato”. Noticia completa.
“El sabio y la gente sencilla”

28 DE OCTUBRE DE 1982-28 DE OCTUBRE DE 2007: VICTORIA DEL PSOE, 25 AÑOS DEL CÁMBIO.

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25 años del cambio

El PSOE celebra el 25º aniversario de la victoria electoral con una exposición en su sede de Ferraz

Más de medio centenar de fotografías y carteles recuerdan la campaña electoral de 1982 que dio el triunfo al Partido Socialista

27 Octubre 07

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28 de octubre de 1982. El Partido Socialista Obrero Español ha ganado las elecciones. Ahora, 25 años después, su presidente, Manuel Chaves, y el presidente de la Fundación Pablo Iglesias, Alfonso Guerra, inauguran el 28 de octubre de 2007 una muestra que conmemora la primera victoria socialista de la nueva era democrática. La sede socialista de la calle Ferraz de Madrid acogerá, hasta el próximo 1 de diciembre, las imágenes más representativas de uno de los momentos más importantes de la historia de España.

Medio centenar de fotografías y carteles recorren toda esta etapa. La exposición arranca con las primeras elecciones de 1977 hasta los comicios de 1982. Una campaña intensa que se refleja en los vídeos de los mítines o de la propia noche electoral en el hotel Palace. A partir de ahí, repasa los logros y avances de los siguientes años contados por su principal protagonista, Felipe González.

La página web del PSOE se suma a esta celebración rescatando del archivo histórico del partido el spot electoral de la campaña de 1982. Los actos conmemorativos del 25º aniversario se cerrarán con un evento en el hotel Palace de Madrid el 1 de diciembre.