LAS VARAS VUELVEN A LAS PROCESIONES.

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Creo que desde que tengo uso de razón no he estado ausente más de un par de años de las fiestas de L’Alcúdia de Crespins. El devenir de los tiempos han conformado una pelicula que nos ha ofrecido imágenes intimas para el recuerdo personal y familiar, manifestaciones lúdicas impulsadas por el afan de ganar la democrácia y esperpentos como el que he presenciado este año de Grácia de 2007: Las varas de mando que ratifican una ostentación de la autoridad en una manifestación religiosa han vuelto a aparecer, después de 28 años. en un intento de subrayar una autoridad democrática que solo tiene que ver con el acto soberano y civil de las elecciones democráticas.

Corria el año 1979 y tomaba posesión un ayuntamiento después de demasiados años de ausencia de libertades. Estaban próximas las fiestas de San Onofre y el ayuntamiento planteó en un pleno la preséncia de la Corporación Municipal en los actos religiosos. No recuerdo el resultado exacto de la votación de la Corporación que un servidor presidía a sus 28 años, pero constan en las actas del pleno de aquellos días los acuerdos que han sido respetados durante 28 años: El ayuntamiento acudirá a las perocesiones de los San Onofre y todas las de la Fiestas Mayores, pero sin los atributos de ostentación del poder civil, porque la presidencia de un acto religioso cumple a la autoridad eclesiastica y las representación municipal es un mero invitado que no ha de sobrepasar ni siquiera con los simbolos de autoridad democrácita -vara, medalla o fajín- lo que es un espacio estrictamente religioso. Y todo ello desde el respeto a las ideas, la fé, las creencias religiosas o la tradición.

Este acuerdo se ha respetado de manera escrupulosa hasta este año. En las procesiones han aparecido todos los elementos de ostentación de un poder que nunca ha de sobrepasar los espacios que le son reservados y las medallas de los diputados y las varas del alcalde y los regidores -algúna de ellas laica i republicana- no debieran de haber aparecido en las manifestaciones más queridas de nuestro pueblo, a fuer de incumplir un acuerdo democrático de 1979 con lo que ello conlleva de falta de respeto a los acuerdos y a las instituciones y, lo que es más preocupante, la manifestación obscena de una autoridad que se supone usurpada, porque si no es así no necesita ser afirmada en actos religiosos tan alejados de la razón de ser de las instituciones en un estado de Derecho.

Demasiado énfasis en acumular autoridades ajenas a la tradición de nuestro pueblo y simbolos que deben guardarse celosamente como elementos representativos del poder civil y no se exibidos en una manifestación religiosa cuya representación real son las imágenes que se procesionan y la autoridad eclesiastica que las preside.

Si a esto le sumamos el más gusto de la “novedad” del modelito de vara de Alcaldía inspirada en las majorettes yankys , y tan poco nuestra,  que lucía nuestra primera autoridad; con todos mis respetos, el ayuntamiento, por acción u omisión de sus miembros, se han cargado de un plumazo una filisofía de fondo, un acuerdo formalmente demócrático y ha inaugurado la época del Kicht y el mal gusto.

Realmente, como decía Grucho Marx, hemos pasado de la nada a la más absoluta miséria. Solo que yo añadiría a la acepción marxiana del humor surrealista un cierto grado de patetismo como elemento afirmante de una autoridad realmente debil y vergonzante sustentrada sobre lo superfluo.

Vicent Vercher Garrigós

(más informaciones sobre L’Alcúdia de Crespins en http://acontragolpe.wordpress.com)