OPINIÓN. BLANCA BLANQUER: “VICENT SOLER Y EL REINO DE ESTE MUNDO”

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Vicent Soler y el reino de este mundo

 BLANCA BLANQUER

 Sobre mi excelente profesor de Economía, Vicent Soler, y la probada fuerza de sus cifras ha recaído la cólera del alto clero y sus sectas bendecidas, por haber olvidado la prevención que D. Quijote hacía a Sancho cuando toparon con la Iglesia, asentada de momento en el reino de este mundo como poder económico que presiona y condiciona al poder político; una simple cuestión de intercambio.

No tienen suerte con los partidos de izquierda que pretenden el bienestar general, sin distinción de credo, sino en los conservadores de derechas que encuentran en los púlpitos y homilías las voces de su campaña electoral permanente, por el precio de suelo público y otras prebendas. Te diré que las religiosas de mi muy próxima familia, con voto de pobreza, no pudieron renunciar a sus herencias de las que, por supuesto, nunca se beneficiaron ni decidieron el destino. Mi primo Rafael considera que con los bienes que nuestra familia ha donado a la Iglesia nos corresponde un apartamento con derecho a nube en el centro del cielo. Saca las cuentas, como Vicent Soler, y parece que sí, que incluso un ático con vista sobre las estrellas, como constatan los certificados obrantes en mi poder acreditando que cada día se celebran varios miles de misas por el bien de nuestras almas. Así sea.

 ¿Hemos de deducir que quienes no tuvieron bienes materiales que regalar a la Iglesia no gozan de estos beneficios espirituales? Quizá cuando el Buen Jesús arrojó a los mercaderes del templo se olvidó de los sacerdotes que se subrogaron en sus negocios y aposentados en el poder económico relegaron a los pobres; y entre los pobres incluyo a aquellos otros sacerdotes que desde la penuria de sus medios, en parroquias o en misiones, ejercen su ministerio con la dimensión humanitaria que preconizan los Evangelios; ven a mi parroquia; o a otras parroquias; conecta con los misioneros y misioneras, especies de ONG que no están bajo sospecha. Comprobarás sus roperos, sus vales para un bocadillo; verás cómo arrastran sus enfermedades y vejez, lo mismo da que sea el desierto, la selva, o escaleras empinadas y carcomidas, para visitar y atender a los enfermos. Ésa es la Iglesia que nos enseñaron y en la que creemos; pero si recuerdas aquella conmovedora película, El tercer milagro, te darás cuenta de la distancia que separa al alto y bajo clero.

 Nuestro arzobispo, en un alarde de presencia soberbia, va a erigir un templo en memoria de los que perdieron la vida por su fe en la guerra que desencadenó una subversión que bendijeron, terminada en la dictadura durante la que llevaron bajo palio al culpable. Rechazan la Ley de la Memoria Histórica, pero atizan los rescoldos del rencor para que prendan; porque muchos de esos inocentes no murieron por su fe sino por la identificación con los rebeldes. Y otros inocentes lo hicieron por no ir a misa, eso sí, fusilados contra un muro o una cuneta, sistema mucho más caritativo que el empalamiento de los indios que no abrazaban la fe de los conquistadores de sus tierras, emisarios de aquellas bestias pardas y gorrinas llamados Reyes Católicos, a quienes debemos la triste memoria de la expulsión de moriscos y judíos y la unificación sobre el reguero de la sangre derramada. Si cree que la izquierda es atea por definición, se equivoca. Y si cree que ser católico es propio de la derecha, se vuelve a equivocar. O mucho más sencillo: No conoce el sentido evangélico. La caridad cristiana está borrada de su diccionario. Gratis le salió el solar de la Almoina, y gratis le sale el de 11.074 m2 que nuestra alcaldesa le concede; lo construirá a su costa, el templo se erigirá sobre una zona de equipamientos públicos, y no desviará un solo céntimo de los millones que cueste, ni dedicará un solo habitáculo a los pobres que viven en la calle ni a los emigrantes expulsados del cauce y de las naves abandonadas.

Tampoco quieren la asignatura de convivencia ciudadana no sea que alguna mente joven descubra su tendenciosidad. Rita seguirá dilapidando el patrimonio público de suelo y subirá el impuesto sobre la vivienda, que es una necesidad básica, cada vez más inalcanzable, añadiendo una nueva carga a la de amortización. Necesita dinero, mucho dinero; el Tercer Milenio, su espléndido obsequio a SS el Papa, la Copa de América, la fórmula 1 son necesidades ineludibles para un ayuntamiento endeudado por encima de sus posibilidades.

No te asombres del ataque, amigo Vicent, ni intentes comprender. Dentro de poco te contaré otra historia que afecta al señor del de oro y los ayudantes guapos. Jesucristo, tan acertado él, resucitó al tercer día. ¿Te imaginas lo que hubiera pasado si lo hace en estos tiempos?

Publicaco en la sección de opinión de Levante-EMV 1.08.2007

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