COMIENZA LA BATALLA POR LA SUCESIÓN DE RAJOY.

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ARTÍCULOS DE OPINIÓN

  • Yusuf Fernández
  • YUSUF FERNÁNDEZ

    16/07/2007

 

Comienza la batalla por la sucesión de Rajoy

En los últimos meses, la consternación y el pesimismo se han adueñado de los militantes y cargos del Partido Popular. Muchos militantes del PP dicen en voz baja que las próximas elecciones generales están perdidas y que lo único que cabe ahora es esperar que la derrota a manos del PSOE no se convierta en una debacle. Ésta parece ser también la esperanza del propio Rajoy, que ha advertido ya que en caso de perder las elecciones no piensa renunciar al cargo. Sin embargo, otros son los pensamientos que anidan en las mentes de los barones del PP, que han iniciado ya una lucha abierta por la sucesión de Rajoy, al que se considera en gran medida responsable de la actual situación que atraviesa el partido.

La idea de que Rajoy es un inútil es antigua en el PP, donde algunos culpan a Aznar de haber forzado en su día la sucesión en la persona de aquel con la intención de jugar el papel de Reina Madre y seguir dirigiendo el partido y el gobierno desde la sombra. No obstante, dicha idea ha cobrado fuerza después de que Rajoy haya desperdiciado dos ocasiones de oro para frenar el declive de su imagen. En primer lugar, el líder popular no ha tardado ni dos semanas en desdecirse de las promesas de apoyo al gobierno, formuladas en su reunión con Zapatero tras la ruptura oficial de la tregua de ETA, para volver a sacar a la palestra las manidas tesis de la rendición del Gobierno ante ETA y la perversidad del propio proceso de paz. Este hecho ha demostrado no tanto la incapacidad de Rajoy de asumir con coherencia sus propios compromisos políticos, sino su temor, o incluso dependencia, al aparato goebbelsiano de odio y desinformación montado alrededor de la emisora de los obispos.

La segunda oportunidad perdida ha sido el debate del Estado de la Nación, donde Rajoy mostró ya de forma clara sus limitaciones políticas y personales. Su incapacidad a la hora de contrarrestar la brillante exposición del presidente Zapatero quedó perfectamente en evidencia ante la ciudadanía, que en todas las encuestas ha mostrado su convencimiento de que Rajoy fue el gran perdedor del debate. Peor aún que la actitud de Rajoy fue su propuesta disparatada de pedir las actas de las reuniones de representantes del Gobierno con ETA, olvidando en este caso también pedir las otras actas que hacen referencia a los encuentros del Ejecutivo de Aznar con la organización terrorista. Este hecho, junto con la utilización interesada de informaciones aparecidas en Gara, que han sido desmentidas por el Ejecutivo, pone de manifiesto la desesperación de Rajoy y el PP ante la creciente evidencia de que tendrán que concurrir a las próximas elecciones generales sin otro balance de gestión al frente de la oposición que las famosas tesis de la conspiración sobre el 11-M y otros argumentos no menos ridículos acerca de la rendición de Zapatero ante ETA.

Ante este panorama, algunos pesos pesados del PP han decidido mover ficha. El primero fue Alberto Ruiz Gallardón, que se ofreció “como número dos” en la lista al Congreso del partido, con vistas a convertirse en el sucesor de Rajoy. Para fundamentar su ambición, Gallardón apeló al hecho cierto de que la ciudad y la comunidad de Madrid fueron –junto con Valencia- los que compensaron la caída general de votos del PP en el resto del país en las elecciones del pasado 27 de mayo. El equipo de Gallardón quiso utilizar en la misma noche electoral la victoria electoral de este último en su batalla particular con su rival Esperanza Aguirre, difundiendo el dato de que el actual alcalde de Madrid había sumado 12.000 votos más en la capital que la presidenta regional. La intención política que se hallaba detrás de esta filtración estaba muy clara: demostrar que Gallardón es capaz de sintonizar con capas de la sociedad que se muestran inmunes ante la figura y el mensaje de Aguirre. La respuesta airada de la presidenta no se hizo esperar. Su entorno negó la autenticidad del mencionado dato, mientras que la propia Aguirre recordó que la realización de tales análisis políticos era una tarea que correspondía a la Ejecutiva del partido. Posteriormente, a la batalla de la sucesión se ha sumado Rodrigo Rato, que viene con el aval de haber presidido el FMI.

Los movimientos de Rato y Gallardón han sentado mal en los círculos integristas católicos y en los sectores neocon. Por un lado, Aznar y la FAES saben que Rato no ha perdonado al ex presidente el haberle bloqueado su camino hacia la sucesión, de la que él se creía merecedor. Por otro lado, Rato intenta dar la imagen de un pragmático vinculado al mundo del dinero, donde el extremismo ideológico y el aventurerismo militarista de los neocon no son vistos con buenos ojos.

La oposición de los sectores políticos y mediáticos de la derecha extrema contra Gallardón viene dada también por motivos similares de tipo ideológico o incluso personal, como es el caso de Jiménez Lozanitos contra el que Gallardón mantiene interpuesta una querella, pese a las presiones recibidas desde el partido para que la anule. Recientemente, un artículo publicado en hazteoir.org declaraba “vencedora” a Aguirre en su duelo personal con Gallardón. Esta “victoria” suponía, según la página, que “la línea de defensa de los valores tradicionales del PP ha resultado reforzada” frente a los “continuos guiños a la izquierda” de Gallardón, entre los que la página resalta muy especialmente su actitud de tolerancia hacia el movimiento gay. Más recientemente, hazteoir.org ha pedido la destitución del concejal del Ayuntamiento de Madrid, Miguel Ángel Villanueva, por sus subvenciones a la Fiesta del Orgullo Gay, en la que se habrían producido “diversas ofensas a los católicos y sus jerarquías”.

De este modo, todo parece apuntar a que la batalla por la sucesión de Rajoy, convertido ya en un cadáver político, será dura. Los círculos mediáticos de la derecha integrista y de los neocon -situados en la COPE, la FAES y algunas páginas digitales- harán todo los posible para impedir el ascenso de candidatos en teoría más capaces de conectar con la opinión pública, pero menos proclives a seguir sus tesis extremistas. A dichos círculos no les importará hundir las expectativas futuras del PP si con ello salvaguardan la “pureza” ideológica del partido. Sin embargo, esta batalla compete también a la sociedad española en su conjunto, que merece disponer de una alternativa de centro-derecha libre de un extremismo y un radicalismo “a la polaca” que amenace las conquistas y libertades de los ciudadanos.

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