TRAGICOMEDIA PARANOICA O EL OCASO DEL LIDER OPOSITOR.

16/07/2007

Tragicomedia paranoica o el ocaso del líder opositor

Pedro J. afirma que asistimos “a uno de los momentos más tambaleantes del liderazgo de Rajoy”

¿Cuál es la situación de Mariano Rajoy en el tablero político español, cuando faltan nueve meses para el parto electoral de marzo? Según la encuesta del Instituto Noxa, que dirige el muy reputado catedrático Julián Santamaría –publicada en La Vanguardia de ayer-, “Zapatero mantiene a raya al PP y su ventaja del 2004”. Resulta además que el 74 por ciento de la ciudadanía apoya el proceso de paz. Es el ocaso de Rajoy.

¿Puede sorprender, pues, que el líder del PP -que ha basado y sigue basando su estrategia opositora, de forma obstinada, irresponsable y desestabilizadora, en ETA- inspire menos confianza a los electores que Zapatero? Hasta 20 puntos de diferencia le saca Zapatero a Rajoy. En cuanto al reciente debate sobre el estado de la nación, el presidente del Gobierno arrolló literalmente al jefe de la oposición mayoritaria a quien derrotó por goleada: 45 a 15.

Clima de pesadumbre
Esto es más o menos lo que hay, conforme han venido certificando casi todos los sondeos conocidos. Rajoy se cae del andamio, que no del podium, y todo parece aventurar que su caída en marzo puede ser irreversible. Es tal el clima de pesadumbre que se ha desatado en Génova 13 que –como ya subrayamos hace unos días en elplural.com- ABC y La Razón, dos de los diarios afines a la derecha, silenciaron los resultados de sus respectivas encuestas. Rompieron el espejo, como hacía con frecuencia la madrastra de Blanca Nieves, incapaz de soportar que su hijastra fuera más guapa que ella.

Contundente aseveración
Asistimos “a uno de los momentos más tambaleantes del liderazgo de Rajoy”. Tan contundente aseveración pertenece al artículo dominical de Pedro J. Ramírez. El diagnóstico del director del citado rotativo no es en absoluto optimista para Rajoy, aunque por cautela deje algunas pocas puertas abiertas a su victoria. Afirma Ramírez que “hay algo muy extraño en la percepción de la figura de un jefe de la oposición que, tras ganar las primeras elecciones de ámbito nacional en siete años, no logra transformar ese impulso en un auge en popularidad e intención de voto”. Y se pregunta “por qué Rajoy pierde todos los debates frente a un parlamentario mucho menos brillantes que él como Zapatero”.

Dardos envenenados
José Bono, exultante por su regreso al ruedo, lanza dardos envenenados contra Rajoy: “El PP aparece perfecta y patéticamente unido en torno a un líder que no tiene (…) Sí, Rajoy es muy certero en sus errores, cada vez tiene menos apoyo popular. Espero que mis palabras no influyan lo más mínimo en el PP, porque lo peor que nos podría pasar a los socialistas es que lo cambien por Alberto Ruiz Gallardón o por Rato”.

En plan lepenista
Truena Aznar desde su FAES y, en medio de la tempestad elogia a Rajoy. La tormenta, a la que acompaña un gran aparato eléctrico, es monotemática. Como siempre, la noria del PP da vueltas y más vueltas alrededor de ETA. Apenas sabe hacer otra cosa, al margen de arremeter contra la inmigración en plan lepenista, lo que la FAES ha propiciado últimamente con singular acento xenófobo.

De modo compulsivo
Rajoy no despega ni despegará. Arrastra un lastre casi insuperable. Arrastra el fantasma de ETA, que Aznar buscaba como coartada entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. Querían a ETA porque creyeron que les llevaría al triunfo y Al Qaeda, al fracaso. Desde entonces han peregrinado por los caminos más excéntricos y pintorescos buscando a ETA en relación con el 11-M. Han hecho las cosas más insólitas y miserables. Han salido a la calle de modo compulsivo. En su imaginario colectivo, ETA era/es ZP. Y han atacado a Zapatero más que a ETA. Se han instalado en el delirium tremens etae para poder así cantar algún día aleluya. Han insultado y calumniado a este Gobierno. Y, por consiguiente, a sus votantes.

No se enteran
Y no se han enterado aún que la inmensa mayoría de los ciudadanos aprueban el proceso de paz, a pesar de que el diálogo no haya terminado bien. No se enteran. Pensaron que los asistentes a sus manifestaciones representaban al conjunto del pueblo español, pero acontece que sólo representaban a oyentes de la COPE y a la extrema derecha, desde la Falange al Requeté, desde Rosa Díez a Mikel Buesa. O al camarada Alcaraz. Todos ellos son personajes de una tragicomedia paranoica, que se inventan cada día un país inexistente. Se equivocaron de país con Irak. Ahora, con la obsesión de ETA. Rajoy, ciertamente, no despega ni despegará. Lleva además, colgado de su chepa, a Aznar. Demasiado para el cuerpo, Mariano. E.S.

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EL CENTRO Y LA MODERACIÓN.

16 julio 2007

El centro y la moderación

Leí ayer el enésimo artículo de opinión (en este caso escrito por Santos Juliá en El País) que afirmaba un mito que ha echado raíces: las elecciones se ganan conquistando al electorado de centro, y por lo tanto es a los centristas a quienes los partidos que quieran gobernar deben cortejar. Y, como en política cortejar a un votante significa ofrecer las políticas que ese votante desea, la conclusión es que PP y PSOE (que son los receptores de tal mito) deben competir por ofrecer las políticas más centristas.
Parto de la ignorancia de qué es ser de centro: me da la impresión de que es algo así como ser agnóstico que es lo que dicen que son los ateos a quienes les parece excesiva la palabra ateismo, o los ateos con dudas (aunque los cristianos con dudas no sean agnósticos, sino cristianos con dudas). Por lo que uno va viendo, ser de centro consiste en no tener demasiados principios y renunciar a todo cambio que pueda incomodar a sectores poderosos de la sociedad.
De hecho hay cuestiones que pasan de ser de un extremo a ser de centro en un pis-pas: recordemos cómo la oposición a la mili era una cuestión de una izquierda insumisa y delincuente hasta que Aznar no tuvo más remedio que aceptar la supresión del servicio militar, lo que pasó a ser una cuestión neutra. Lo mismo sucede con la negociación como forma de superación del terrorismo: quien la defendiera hace unos pocos años era anatemizado por ser cómplice y, sin embargo ahora (incluso tras haber fracasado esta vez), no hay encuesta que no muestre que la necesidad de la negociación como forma de alcanzar la paz es compartida por la mayoría: defender la negociación hoy bien podría ser de centro. En definitiva: ser de centro consiste más o menos en ir con los vientos que soplan y, dado que generalmente sopla quien tiene el poder, ser de centro sería no poner pegas al poder diga éste una cosa o su contraria.
Además de la imposibilidad de saber qué es ser de centro, el mito se cae porque la realidad se empeña en desmontarlo. En general no parece que las políticas centristas sean las premiadas: no creo que haya nadie dispuesto a explicar en qué hechos es más centrista Gallardón que Zaplana o Piqué que Álvarez Cascos. En ambas comparaciones, el primero es como mínimo tan duro en las ideas que ha puesto en práctica cuando ha tenido ocasión como el segundo. Es difícil pensar en alguien que haya hecho más por transferir dinero público a las más gigantescas empresas constructoras a través de locuras urbanísticas que Gallardón, ni alguien cuyo ideario se base más en desmantelar el sector público que Piqué. Sin embargo, estos dos pasan por conformar el ala centrista del PP. ¿Por qué? Simplemente porque no basan su oratoria en el insulto, como la mayoría de los líderes de su partido. Pero ahí ya no estamos hablando de políticas, de centro, izquierda o derecha; sino de la moderación en las formas. Y ahí sí que tienen razón quienes afirmen que sólo desde la moderación en las formas se puede ganar. Porque uno puede defender posturas de cierto radicalismo sin caer en el insulto, en el dogma ni en el porrazo retórico. Probablemente eso sea lo que dé más votos. Entre otras cosas porque el insulto favorece electoralmente siempre al insultado: recordemos cómo creció sistemáticamente el voto a ERC según iba subiendo el nivel de los insultos que recibía del aparato aznaril.
Zapatero es el más claro ejemplo: a él no le colocó en el poder el centro, sino la izquierda que, harta de Aznar, de Urdaci y de que les llamaran terroristas por discrepar, decidió acudir en masa a votar al PSOE. La encuesta de ayer de La Vanguardia parece confirmar lo mismo: en cuanto el PSOE se ha puesto a defender políticas sociales con una moderación formal incomparable a la del PP, se ha distanciado de éste enormemente. Sin embargo, mientras pensó que el viento del proceso de paz soplaría sólo la vela electoral del partido, sin necesidad de tomar medidas de izquierdas en ningún otro ámbito, las encuestas daban resultados muy igualados pese al optimismo mayoritario acerca del proceso de paz.
Que nadie se engañe: al electorado del PSOE, al de IU, al de ERC, Aralar, BNG, NaBai… les gusta que su partido haga políticas de izquierdas; y al del PP les gusta que se hagan políticas de derechas. Pero lo que es prioritario para cualquier grupo de electores es que los otros no basen su oposición en el insulto, porque entonces esos electorados saldrán en masa a votar. Por ello lo tienen más crudo quienes no tienen política alguna que defender públicamente: pues para poder decir algo sosegada y argumentadamente hay que tener algo que decir. Sin argumentos, los discursos que se dirijan al público sólo pueden basarse en el insulto al otro; es decir, sin argumentos, los discursos favorecen siempre a aquél a quien se quiere quitar votos. Y en esas estamos.

Publicado por Hugo Martinez Abarca.