EL PGOU DE MARBELLA LO LEGALIZA TODO: DESDE LA MANSIÓN DE ANTONIO BANDERAS AL HIPERCOR DE PUERTO BANÚS.

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El PGOU de Marbella lo legaliza todo: desde la mansión de Antonio Banderas al Hipercor de Puerto Banús

Marbella

Angeles Muñoz (d) conversa con María Felicidad Montero (c) y con José María Ruiz Povedano (Efe).

@Fátima Martín.- – 04/07/2007

Los VIP’s con mansión, negocio o terreno irregular en Marbella, tal que Antonio Banderas, Isidoro Álvarez (El Corte Inglés) o Luis Portillo (Colonial), están de enhorabuena. El nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), cuya aprobación inicial ya ha entregado la Junta de Andalucía al Ayuntamiento de Ángeles Muñoz, lo legaliza casi todo.

Pero la normalización no será gratis: a cambio, los empresarios deberán ceder suelo al Consistorio por cada edificación ilegal. Al menos, ése es el punto de partida del Plan. Sólo se queda fuera del mismo el Banana Beach de Ávila Rojas, cuya demolición se deja en manos de los tribunales. El constructor granadino es el gran perjudicado de esta ‘pax’ urbanística firmada entre Junta socialista, Ayuntamiento popular y empresariado.

En el ‘todo vale’ del Plan se incluyen hoteles NH, Guadalpines, Hipercor y Opencors, La Cañada de Tomás Olivo, el Senator de Hoteles Playa, todo tipo de promociones denunciadas, como Los Jardines del Príncipe, de Gaelco, o la Guadalmina de Fadesa, y mansiones con irregularidades, como la de Antonio Banderas en Los Monteros, o la de Amusátegui en Nagüeles.

La idea de los muñidores del plan, con el otrora prestigioso arquitecto andaluz Manuel Fustegueras y el director gerente de la Oficina de Planeamiento Urbanístico de la Junta, José María Ruiz Povedano a la cabeza, era normalizar los desmanes urbanísticos con un peaje muy concreto: la cesión de cien metros cuadrados por cada vivienda ilegal.

De ese trueque sale la legalización del Hotel Senator, propiedad de Hoteles Playa, mientras las 99 viviendas aledañas, propiedad de una sociedad participada por Luis Portillo, pasarán a ser de dominio público. Del mismo modo, la tercera fase del centro comercial La Cañada de Tomás Olivo será el precio a pagar por la regularización de las dos anteriores. Todo sea con tal de recuperar el antiguo esplendor de Marbella ahora que la Costa del Sol está plagada de carteles de ‘se vende’.

El gran perdedor de este plan inicial es José Ávila Rojas, cuyo Banana Beach se queda en el limbo. El edificio promete dar mucho juego, no ya porque esté habitado, sino porque entre sus propietarios se encuentran personajes como Yola Berrocal o Carmen Sevilla, quien en la reforma de su ático se cargó dos ascensores.

Dos años de negociacionesPero las rebajas no han terminado. Hasta su aprobación definitiva, al patrón del plan que regirá el urbanismo de Marbella de aquí en adelante le queda mucha tela que cortar. “Es un punto de partida”, reconocen tanto políticos como empresarios, que contarán con dos años para negociar las contrapartidas a sus irregularidades.

Pese a los esfuerzos, la aparente vuelta a la normalidad urbanística de Marbella no ha agradado a todo el mundo. Quienes llevan más de 15 años luchando contra los ‘giles’ y sus trapacerías destacan que las edificaciones que tienen sentencia de no deberían entrar en el plan. “La no demolición de las edificaciones irregulares supone una demolición del Estado de Derecho”, claman. Pero estos ‘aguafiestas’ son minoría. Más del 70% de los marbelleros se manifestaron contra las demoliciones tanto en encuestas como en las urnas.

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