ELECCIONES 2007. ADOLF BELTRAN. COMUNIDAD VALENCIANA: LA DESPOLITIZACIÓN DE LA POLÍTICA.

La despolitización de la política

Ayer quedó vacío el sitio de Rita Barberá en el debate de la Cadena SER sobre la ciudad de Valencia. Con Carmen Alborch, la candidata socialista, y Amadeu Sanchis, el candidato de Esquerra Unida (en las tres capitales valencianas la coalición Compromís pel País Valencià no se presenta y el Bloc lo hace en la lista del PSPV en Valencia) sentados en el estudio, el periodista Bernardo Guzmán atribuyó al miedo su ausencia y recordó muy oportunamente a la alcaldesa afirmaciones anteriores en las que defendió con ardor la bondad del contraste de ideas y programas.

Tampoco el presidente Francisco Camps se ha prestado al contraste de opiniones. Por lo visto, esta campaña sólo nos deparará (hoy mismo en Canal 9), un simulacro de discusión política pautado y sin réplicas entre los aspirantes a la Generalitat (mañana, entre los candidatos a la alcaldía). Si tenemos en cuenta que hace meses que Camps no se deja preguntar por los periodistas en la mayoría de los actos en los que comparece, no es exagerado decir que algo sustancial se está hurtando a la opinión pública.

Ya dejó claro en su día Hannah Arendt, esa filósofa cuyo pensamiento no hace más que revalorizarse en los últimos tiempos, que el espacio público, ámbito de realización de la ciudadanía, no tiene sentido sin deliberación, sin confrontación de posturas y propuestas. De alguna manera, asistimos a un proceso inexorable de despolitización de la política. Los dirigentes del PP rehuyen el cara a cara y se agazapan tras la propaganda oficialista, el mensaje de partido y la nota de réplica (normalmente muy burda, como demuestran a diario Adela Pedrosa y Ricardo Costa, secretaria y vicesecretario regionales de los populares) para preservar su hegemonía.

Anida en esa actitud una descalificación del adversario, la laminación de los actores políticos y sociales discrepantes, lo que contribuye a apuntalar ese maniqueísmo que niega a los “otros” cualquier legitimidad (es importante observar la creciente tendencia de la derecha a tratar como valencianos imperfectos o inauténticos a quienes contradicen, o sencillamente no comparten, sus principios).

Si insertamos esta tendencia en el viciado panorama de los medios de comunicación autóctonos, más que de un empobrecimiento, estaremos hablando de un expolio. No es un tema menor. Aunque las elecciones lo acentúan con toda su gravedad, infecta desde hace tiempo el funcionamiento cotidiano de nuestra vida pública

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