MANIFIESTO DE INTELECTUALES CONTRA LA CRISPACION QUE GENERA EL PP.

10/04/2007

Más de 3.400 personas suscriben un manifiesto por la convivencia

Intelectuales contra la crispación del PP

ELPLURAL.COM

Más de 3.400 firmas, muchas de ellas de intelectuales y artistas, han suscrito un manifiesto titulado “Por la convivencia frente a la crispación”, en el que se critica la labor de oposición del PP y que asegura que “no es aceptable convertir la lucha contra el terrorismo en el eje exclusivo de la oposición a cualquier gobierno democrático”. Pedro Almodóvar, Juan José Millás y Carlos Jiménez Villarejo, Juan Calatrava, José Luis Sampedro, Almudena Grandes o Eduardo Mendicutti, figuran entre los firmantes del texto.

El escrito lo presentaron hoy en el Círculo de Bellas Artes el abogado Nicolás Sartorius, el rector de la Universidad Autónoma de Madrid Ángel Gabilondo, el escritor Fernando Schwartz y la directora de cine Azucena Rodríguez. Todos ellos incidieron en que su participación en esta iniciativa, al igual que la de los demás firmantes, es meramente como “ciudadanos”.

Crispación con fines partidistas
Sartorius, quien ha definido las intenciones del manifiesto, ha constatado que “hay un mal rollo y un ambiente crispado, en base a exageraciones y mentiras, que ha creado un ambiente nada bueno”. No preocupa que haya debate, sino que se “niegue legitimidad a quien gobierna por voluntad de la ciudadanía”, añade el texto. En opinión de sus impulsores, se puede estar gestando una “fractura” social que conviene “soldar cuanto antes” y que en ningún caso “obedece a la situación real de España” sino que es una “realidad virtual” construida “ex profeso con fines partidarios o electorales”.

Actitudes caudillistas
El manifiesto proclama que “toda la carga opositora” se centra en la idea de que España se rompe y se rinde ante ETA. “No es aceptable convertir la lucha contra el terrorismo en el eje exclusivo de la oposición a cualquier gobierno democrático”, como tampoco lo son las “confusas actitudes caudillistas” de quienes se oponen al Ejecutivo con “soflamas y manifestaciones”. Por ello, exige al Gobierno “liderazgo y capacidad de propuesta”, pues una parte de la ciudadanía está “confusa” y es obligación suya “poner remedio al desconcierto”.

Niegan oportunismo
Preguntados por los que quieren ver este acto como oportunista por la cercanía de las elecciones, Ángel Gabilondo negó rotundamente éste extremo y añadió que es una “excelente ocasión” para hacer análisis y reflexión. Coincidió con él Nicolás Sartorius, quien alegó que el documento estaba preparado antes de Semana Santa, cuando aún no se habían producido otros hechos que calificó de “inauditos y excéntricos” como el “boicot” a un medio de comunicación o “la actitud de un jefe de policía que se niega a aportar información en un juicio”.

Algunos de los firmantes
Entre los adheridos a este manifiesto figuran también Enrique del Olmo (economista), Camilo José Cela Conde (escritor), Pedro Carvajal (cineasta), Alfonso Ruiz Miguel (catedrático de filosofía del Derecho), Mariano Barroso (cineasta), Almudena Grandes (escritora), Maruja Torres (escritora y periodista), Pedro Almodóvar (cineasta), José Carlos Plaza (director de escena), Ian Gibson (historiador), Juan José Millás (escritor), Luis Antonio de Villena (escritor), Suso de Toro (escritor), José Luis Sampedro (escritor), Silvia Marsó (actriz), Alejandro Castellote (comisario de exposiciones), Federico Luppi (actor), Carlos Hernández (arquitecto), José Sacristán (actor), Carlos Jiménez Villarejo (fiscal jefe de la Fiscalía anticorrupción), Juan Calatrava (arquitecto), José María Maravall (ex ministro de Educación y catedrático), Eduardo Mendicutti (escritor) y Pilar Bardem (actriz).

CALOMARDE (PP) HABLA CLARITO.

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10/04/2007

El error de la desmesura

El PP ha sembrado de negros presagios las constantes vitales, tanto de la sociedad como del Estado

Estamos próximos al final de la octava legislatura de la democracia. Aunque todavía reste un tiempo considerable a la misma, conviene ir haciendo balance político de las actitudes, formas, modos y maneras de ejercer la política que han sido las protagonistas, hasta la fecha, del devenir parlamentario en el Congreso de los Diputados.

Naturalmente, yo quiero hablar principalmente de mi partido, el Partido Popular, y de cómo ha encarado este tramo, tan complejo y apasionante, que va desde la pérdida de las elecciones generales en marzo de 2004 hasta el momento presente. Quiero afirmar, de entrada, que la oposición parlamentaria en un régimen democrático como el nuestro es, antes que otra cosa, un poder del Estado. Lógico si tenemos en cuenta que la oposición mayoritaria del Parlamento forma parte del Poder Legislativo, y, por lo tanto, nada cabe esperar de ella como contrapoder fáctico del Estado. Forma parte del Estado mismo, es Estado.

Muy dignos propósitos
Al comienzo de la presente legislatura el presidente del Partido Popular, Sr. Rajoy, pidió de forma expresa, cosa que le honra, que deseaba una oposición serena, moderada y educada. Eran muy dignos propósitos. El ejercicio de la oposición parlamentaria es complejo. Veamos: por un lado debe controlar la acción del Gobierno (no torpedearla, que eso es otra cosa); es decir, pedir cuentas y razones de los actos del Ejecutivo, y además, presentar iniciativas propias que traten de ir seduciendo a los ciudadanos hacia la opción política que la oposición mayoritaria debe representar: el centro reformista y liberal.

No ha sido bueno
Las cosas, lamentablemente, no han ido por el camino deseado en todo el tiempo transcurrido, y ello no ha sido bueno, ni para nuestro país, ni para el Parlamento, ni para el Gobierno, ni para el principal partido de la oposición. Trataré de explicarme con claridad. En muchos de sus actos, en bastantes de sus pronunciamientos y comportamientos, especialmente en los últimos tiempos, el Partido Popular ha caído en el enorme error del cultivo de la desmesura.

Mala consejera
La desmesura, en política y en la vida, es mala consejera, pues tiende a confundir los deseos con la realidad y ensombrece el discurso propio de la racionalidad por la víscera y el sudor del púgil, convirtiendo, por ejemplo, las sesiones de control al Gobierno, en algaradas más propias de película del oeste, que de la Cámara de los Comunes. Sin duda, que los constantes dimes y diretes, indecisiones, y errores del Gobierno del Sr. Zapatero han contribuido, lógicamente, a propiciar también este clima político. Y su escaso diálogo con la oposición mayoritaria que, en un error sin precedentes en nuestra democracia, se pretendió silenciar desde comienzos de la legislatura.

En alguna medida, predemocrática
Una vez dicho esto, es evidente que el Partido Popular ha ido empleando, cada vez con más fuerza, argumentos que por excesivos y desmesurados dejaban de serlo para convertirse en algarada dialéctica y sembrando de negros presagios las constantes vitales, tanto de la sociedad española, como de las propias instancias del Estado. Hay que decir, como he hecho hace poco , y aquí reitero hoy, que la sociedad española de comienzos de nuestro siglo XXI es pragmática, prudente, sensata, moderada y europea; es decir, casa mal con la idea de una sociedad crispada, solariega, poco desarrollada y, en alguna medida, predemocrática.

Hermosa tarea
Éste es el gran error de la oposición practicada mayormente por el Partido Popular: su desmesura, su exceso, su falta de rigor y su escasa capacidad para presentar iniciativas y políticas alternativas al Gobierno socialista que hiciesen aumentar su capacidad de influencia, tanto en el propio Gobierno (que es una hermosa tarea de la oposición leal) y en la sociedad española, que ve, con asombro, cómo la crispación sustituye al diálogo y a la polémica parlamentaria y cómo los valores de la concordia y de la convivencia se ponen en solfa, dígase de ello lo que se desee predicar.

Mal gestionado por el Gobierno
El Estatuto de Cataluña, que fue mal gestionado por el Gobierno socialista, es evidente, no rompía la unidad de España, claro que no. El matrimonio homosexual (que el Partido Popular podía haber legislado estando en el Gobierno a través de la Ley de Uniones civiles) no terminaba con la familia en España, ni ahora ni nunca. Los constantes encuentros y desencuentros (con independencia de la responsabilidad de cada cual, que según mi parecer y entender, es siempre mayor en el caso del Gobierno) en el asunto más importante que tiene todavía que resolver la democracia española, el fin del terrorismo de ETA, ha condicionado todo este tramo último de legislatura.

Puedo dar testimonio
Sin duda, Zapatero tendría que haber hecho esfuerzos mucho mayores de encuentro con Rajoy en materia tan delicada y sensible; y también es evidente que el principal partido de la oposición no puede seguir utilizando electoralmente el terrorismo como si él no hubiese sido Gobierno y , en esa posición, hubiese sido torpedeado por el Partido Socialista. No lo fue. Yo era diputado en el Congreso en la séptima legislatura y, por lo tanto, asistí a la oposición, en esta materia, que hizo en su momento el Sr. Zapatero.
Puedo dar testimonio, y así lo hago, de lo que vi.

Tras la bomba de la T-4
Zapatero propuso el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que una vez aceptado por el PP, ha funcionado perfectamente hasta que el Gobierno inició el llamado “proceso de paz”. Al que tiene legítimo derecho pues es el Gobierno el que dirige la política antiterrorista. Tras la bomba en la T-4, el presidente del Gobierno aseguró que el proceso estaba roto, terminado y que , en este momento, se estaba dentro de la legalidad impuesta por la ley de partidos ( en su día votada conjuntamente por el PP y el PSOE en el Parlamento).

Pésimo ejemplo
Nunca en treinta años de democracia , la oposición parlamentaria ha utilizado contra el Gobierno la política y la lucha contra el terrorismo. Esa actitud, desgraciadamente, empaña la credibilidad liberal, centrista y moderada de la oposición conservadora y es un pésimo ejemplo para la estabilidad del país y del Estado. Por muy legales, que lo son, las manifestaciones habidas, tanto por colectivos de víctimas, como del propio Partido Popular.

Capaces de pactar
Hemos sido capaces de pactar (PSOE-PP) los estatutos de Aragón, de la Comunidad Valenciana, de Baleares, de Andalucía. Y España sigue, como es natural, sin romperse. Magnífico ejemplo, diga lo que diga el Tribunal Constitucional, sobre aspectos puntuales del Estatuto catalán, actualmente legalmente en vigor al tratarse de una Ley Orgánica aprobada por las Cortes Generales, tampoco ese dictamen ( que esperemos se produzca con tranquilo sosiego y ecuanimidad jurídicas) romperá España.

Una oposición leal
En conclusión: olvidemos la exasperación de la sociedad española, los gritos, las algaradas, las broncas, y ejerzamos una oposición leal con el Gobierno legítimo de España; dura, cuando sea preciso, pero nunca antipoder, y jamás rozando laminar los valores máximos de concordia, libertad y convivencia plena de la democracia española. Los españoles, todos, sabrán valorarlo y, sin duda, agradecerlo.

Joaquín Calomarde (Diputado del PP al Congreso por Valencia)