EN HOMENAJE A KEVIN CARTER, PREMIO PULITZER.

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 REPORTAJE

La fotografía de la pesadilla

John Carlin 18/03/2007

 

La fotografía a una niña moribunda en África le persiguió en vida. Con ella atrapó el Pulitzer, pero también la maldición de una pregunta: “¿Qué hiciste para ayudarla?”. A Kevin Carter, cronista gráfico de la Suráfrica del ‘apartheid’, la presión le empujó al suicidio. Un periodista testigo de aquellos años rememora su figura.

 

 

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La cámara funciona como una barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión

Un hombre blanco perfectamente bien alimentado observa cómo una niña africana se muere de hambre ante la mirada expectante de un buitre. El hombre blanco hace fotos de la escena durante 20 minutos. No es que las primeras no fueran buenas, es que con un poco de colaboración del ave carroñera le salía una de premio, seguro. Niña famélica con nariz en el polvo y buitre al acecho: bien; no todos los días se conseguía una imagen así. Pero lo ideal sería que el buitre se acercara un poco más a la niña y extendiese las alas. El abrazo macabro de la muerte, el buitre Drácula como metáfora de la hambruna africana. ¡Ésa sí que sería una foto! Pero el hombre esperó y esperó, y no pasó nada. El buitre, tieso como si temiera hacer huir a su presa si agitara las alas. Pasados los 20 minutos, el hombre, rendido, se fue.

No se debería de haber desesperado. Una de las fotos se publicó en la portada de The New York Times y acabó ganando un premio Pulitzer. Pero incluso así se desesperó. Y mucho. El hombre blanco era un fotógrafo profesional llamado Kevin Carter. A los dos meses de recibir el premio en Nueva York se suicidó.

Hay dos preguntas. La primera, ¿por qué se suicidó? La segunda, ¿por qué no ayudó a la niña? La respuesta a la primera es relativamente fácil. La respuesta a la segunda es más interesante. Remontemos.

Kevin Carter nació en Suráfrica en 1960, dos años antes de que Nelson Mandela empezara su condena de 27 años de cárcel. Al llegar a la adolescencia empezó a entender que ser blanco en Suráfrica significaba ser una de las personas más privilegiadas de la Tierra y, al mismo tiempo, cómplice de una atroz injusticia. Cumplidos los 24 años, Carter descubrió que el periodismo era el terreno donde libraría su guerra particular contra el apartheid.

Comenzó su carrera en 1984, cuando las poblaciones negras en las periferias de las grandes ciudades -como Soweto, que estaba al lado de Johanesburgo- se convirtieron en campos de batalla. Jóvenes militantes negros, cuya única fuerza residía en su ventaja numérica, lanzaban piedras a los policías y a los soldados, que respondían con gases lacrimógenos, balas de goma o balas de verdad. Cientos murieron, miles fueron encarcelados. Soweto ardía, y allá, casi permanentemente instalado, estaba Carter, fotógrafo novato de The Johannesburg Star, expiando su culpa.

La gran ironía de la historia reciente de Suráfrica es que cuando salió Mandela de la cárcel en 1990, cuando empezó el proceso de paz que condujo cuatro años después a la democracia, se desató una violencia mucho mayor. Durante casi la totalidad de aquellos cuatro años, Soweto y otra media docena de poblaciones negras en los alrededores de Johanesburgo vivieron una anarquía asesina demencial, nutrida por opositores al proyecto democrático, en la que murieron unos 12.000. Allí, una vez más, estaba Carter. Todos los días. Se presentaba temprano por la mañana a los campos de la muerte, como se presentan los oficinistas a sus lugares de trabajo.

Yo también me presentaba allí, pero con menos frecuencia y más tarde. Siempre que llegaba a estos lugares, en pleno tiroteo o minutos después de una masacre, ahí veía a Kevin Carter, sudado, polvoriento, bolso sobre el hombro, cámara en mano. A él y a sus tres amigos fotógrafos, Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y João Silva. Les llamaban a los cuatro “el Bang Bang Club”. Hacían fotos espeluznantes y se exponían a peligros extraordinarios. Yo había llegado a Suráfrica en 1989 tras seis años cubriendo las guerras de Centroamérica. Vi pronto que daba mucho más miedo estar en 1992 en un lugar como Tokoza o Katlehong, a escasos kilómetros de Johanesburgo, que en 1986 en los frentes del oriente de El Salvador o el norte de Nicaragua. Porque en los lugares donde los negros, animados por los blancos, se masacraban podía pasar cualquier cosa en cualquier momento y en cualquier lugar. Con un Kaláshnikov, una lanza, un machete o una pistola. Ahí trabajaba Carter. Ahí se pasaba desde las cinco de la madrugada hasta el mediodía haciendo fotos de gente matando y de gente muriendo.

Para poder hacer ese trabajo es necesario blindarse, armarse de una coraza emocional. No se puede responder a lo que uno ve como un ser humano normal. La cámara funciona como una barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión. Carter y sus tres camaradas dormían poco, además, y consumían drogas de todo tipo. Pasaban sus días y sus noches en un acelere mental y en un estado de anestesia emocional casi permanentes. Si se hubiesen detenido un instante a reflexionar sobre lo que hacían, si hubiesen permitido que los sentimientos penetraran la epidermis, habrían sido incapaces de hacer su trabajo. El entorno era alocado, pero el trabajo era importante. Si se hubieran quedado en sus casas o se hubieran expuesto a menos peligro, habría habido más muertos, menos presión política para acabar con la violencia. Ésta era la contribución de Carter a la causa de sus compatriotas negros.

En marzo de 1993 se tomó unas vacaciones de Tokoza y Katlehong y se fue a Sudán. Ahí, apenas aterrizar, es donde vio a la niña y el buitre. Respondió con el frío profesionalismo de siempre. No habría podido elegir otra manera de actuar. Estaba programado, anonadado. El único objetivo era hacer la mejor foto posible, la que tuviera más impacto. Ahí empezaba y terminaba su compromiso. La lógica era muy sencilla: si hacía una foto potente, se beneficiaría a sí mismo, pero también ampliaría la sensibilidad de los seres humanos en lugares lejanos y tranquilos, despertando en ellos aquella compasión -precisamente- que en él estaba necesariamente adormecida.

Por eso no hizo nada para ayudar a la niña. Porque si la hubiera ayudado, no habría podido hacer la foto. Porque había llegado al límite de sus posibilidades.

El problema era que la gente normal, empezando por su propia familia, no lo entendía. Fuera donde fuera, le hacían la misma pregunta. “Y después, ¿ayudaste a la niña?”. Se convirtió en un agobio, una pesadilla. Los únicos que no le hacían la pregunta, porque para ellos no era necesario hacerla, eran los amigos del Bang Bang Club.

En abril de 1994 le llamaron desde Nueva York para decirle que había ganado el Pulitzer. Seis días después, su mejor amigo, Ken Oosterbroek, murió en un tiroteo en Tokoza. Toda la emoción reprimida a lo largo de cuatro años salvajes explotó. Carter se quedó destruido. Lloró como nunca y lamentó amargamente que la bala no hubiera sido para él.

El mes siguiente voló a Nueva York, recibió el premio, se emborrachó, incluso más de lo habitual, y volvió a casa. La guerra se había terminado. Mandela era presidente. Suráfrica tuvo su final feliz, pero la vida de Carter dejó de tener mucho sentido. Quizá en parte porque el peligro de la guerra había sido su droga más potente, la que le había creado mayor adicción. Siguió trabajando, pero, perseguido por la muerte de su amigo y -ahora que se había quitado la coraza- la angustia moral retrospectiva de la escena con la niña sudanesa, se hundió en una profunda depresión. No podía trabajar, o si lo intentaba, caía en errores absurdos. Llegaba tarde a entrevistas, perdía rollos de fotos que ya había hecho. Y tenía problemas en casa: deudas, desamor…

El 27 de julio de 1994, exactamente tres meses después de las primeras elecciones democráticas de la historia de su país, Carter se fue a la orilla de un río donde había jugado cuando era niño, antes de que supiera lo que era el apartheid, el sufrimiento, la injusticia. Y ahí, por fin, dentro de su coche, escuchando música mientras inhalaba monóxido de carbono por un tubo de goma, logró la paz, la anestesia final de la muerte.

20 comentarios en “EN HOMENAJE A KEVIN CARTER, PREMIO PULITZER.

  1. Es realmente impactante observar que estas realidades se den en nuestro planeta.Como los seres humanos podamos ser tan insensibles con otros. Es que acaso no llegamos a comprender que todos habitamos este planeta y no hay otro en la cual podamos compartir?
    Que nos sucede, nosotros que somos ciudadanos no podemos hacer nada. Los gobiernos podrian ayudar a estas personas que no tienen por que sufrir de esta manera. Yo creo que si hay formas. Hay países que son tan poderosos pero tan egoistas. Ojalá despierte la sensibilidad y pongamos un granito de arena y ser mejores personas día a día. Pensemos que cada uno de ellos podrían ser nuestros hijos o hermanos o nuestros padres. CAMBIEMOS

  2. Creo que primero de todo hay q ponerse en el lugar de el¿que harías vos si serias el?? Todo el mundo dice ayudaría a la niña por favor déjense de mentir así mismos primero no tienen el corazón tan amplio para dejar todo e irse a la África a ayudar a los niños q mueren por segundo y segundo, en ese momento no sabes como actuar no sabes si corres, si ayudas o pedís ayuda. Yo como mujer me pongo en el lugar q fuese mi hija y yo también a lo primero dije ¿Por qué no la ayudo? Pero en África una muerte mas o una menos que hace, si la culpa no es de un periodista.
    Además si el no se sentiría mal no se hubiese matado y los corazones como el mío y los de todo el mundo no serian tan sensibles al mirar esa foto y no sabemos que excite eso y cosas peores.
    No piensen que soy fría solo soy realista con 19 años y cuando vi la foto me puse a llorar por la niña que me dio mucha pena y por la injusticia que hay en el mundo esa niña indefensa muriendo ¿que culpa tiene? me puse a llorar pero no puedo hacer nada por los niños del África y del mundo y veo y lloro de impotencia pero capaz puedo hacer mucho pero en el fondo soy egoísta como todo ser humano

    1. hola agus, leyendo tu comentario para nada pienso que sos fria o egoista … chicos pobres y necesitados hay en todo el mundo y por cada lugar que vayas va a existir gente muy muy pobre a veces con un paquete de arros, una leche o hasta incluso juguetes hacen mucho a la felicidad de los chicos necesitados, si queres podes dar un litro de leche por mes, que para vos por ahi significa poco o nada, pero si se juntan varias personas asi suman mucho mas .. lo podes hacer con una amiga si queres para que no te sientas sola .. bueno era eso nomas, un saludo agus!

  3. es muy facil decir yo la ayudaria!!!! tomate un avion y andate hasta africa que hay muchas mas en la situacion de esa nena!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!no puede sert asi el mundo!!! tiene que ver una solucion!!!!! no puede morir gente injustamente!!!!!!!!

  4. ademas que hablan los zapatos que tenes puestos lo hacen niños en cialquier parte del mundo por comer un pedaso de pan y que acaso vas a dejar de uasar zapatos!!!!! vos tambnien matas entonces!!!!!!!!!!!!!

  5. Que facil es juzgar a Carter!!! que facil es decir yo hubiese hecho esto o aquello!!! dejémos de criticar y hablar por hablar!!! esto es el mundo esta foto por más cruel y dolorosa que sea, es una realidad para muchos millones de pequeños preguntate QUE HAGO YO PARA AYUDARLOS??
    puedo casí jurar que la respuesta es NADA como la mayoria

  6. qiza la muerte de Carther sirva para crear conciencia…no ez la primera niña qe muere x ambre en un paiz de Africa sin embargo xqe azta aora se preocupan xqe el mundo se entere de eio..??
    Buuu.!! la respuesta ez zimpLe pero nadie aze algo para auidarLoz..(incluyendome)
    una cosa simple es decir otra es actuar..
    Actuemoz antes de qe ia no aia remedio para ello

  7. De alguna manera hay saber entender a este corresponsal de guerra, que en paz descanse, si bien hacia su trabajo pero no la ayudo talvez sirvio para que muchos de nosotros nos demos cuenta y veamos una relalidad tan compleja de entender mediante la fotos que este hombre periodista y humano saco…sin mas que decir me despido pensando en las injusticias que vive el ser humano dia a dia y sintiendome impotente…

  8. Esta fotofrafia la vi hace 15 años cuando estaba en la escuela, de algun manera me impactó, ya que el fotografo no hizo nada por ayudar a la niña, pero pudo haber hecho algo por ella, podria haberse salvado, pudo arrojar una piedra al buitre para auyentarlo, son tantas las in terrogantes que la verdad no ssabria como responder, e fotografo no soporto el cargo de conciencia tal vez se podria decir que si pudo hacer mucho por la niña, el lo sabia y no lo hizo, no solamante era su cargo de conciencia tambien la presio de la gente su miradas fijas sobre alguien que no hizo nada…el fin justifica el medio, pero creo que aca fue demasiado caro..

  9. Era su trabajo si el no hubiera perdido su sensibilidad para hacer esas imagenes no tuvieramos ni idea de los horrores que pasaban por ese lugar y en parte contribulle a que halla instancias reguladoras que eviten estas situaciones.

  10. como reportero grafico solo expreso lo siguiente: mi experiencia dice que lejos de ganar premios lejos de ser famoso con personas como este extraordinario reportero conocemos las relaidades que nos arrancan comentarios acertados o funestos como los expresados aqui mas sin embargo solo nos queda realizar ayudas o trabajos caritativos y que realemente esten dirigidos a ayudar a estos indefensos seamos concientes alguna vez en nuestras vidas,(disculpen mi sinceridad) gracias…

  11. SOMOS LO QUE SOMOS Y NO EXISTE PEOR CASTIGO QUE MORIR SUFRIENDO, PERO PARA LA NATURALEZA TODO ES UN SICLO MAS, DE NOSOTROS QUEDA QUE ESTE MUNDO SIGA VIVO, PORQUE SENTIR PENA O TRISTEZA O LASTIMA POR LA PEQUEÑA QUE YA NO SUFRIRA MAS?…..
    SI EXISTEN EN NUESTRAS PROPIAS COMUNIDADES LA MISMA CUESTION A DIARIO, TE MUEBE LA CONSIENCIA? ACTUA….
    EN LAS CALLES SERCANAS A TU CASA EXISTEN MILES DE PERSONAS CON EL MISMO PROBLEMA
    EL HAMBRE…..
    !QUE ESPERAS¡ ACTUA SIN PENA, SIN MIEDO,
    NO?
    PUES NO DIGAS NADA Y DEJA QUE LA VIDA CONTINUE SU CURSO…..

  12. me parese que la gente no piensa en lo que dise porque por con decir no solucionmos nada tenemos que actuar porque si estubieramos en el lugar de kevin apesar de todos sua defectos hubiesemos podido ayudar a la niña pero no devieron haver acuzado a el de dejar a la niña ahi el solamente quizo hacer su trabajo bien el no lo hizo con el simple proposito de ganar un premio por que nisiquiera sabia que le irian a dar un premio pero en si el mensaje seria que dejaramos de jusgar de criticar y desir tenemos que actuar contra este gran problema el hambre y la pobreza porque al jusgar a kevin lo que logro loa gente fue hacerle tener un gran remordimiento por haver dejado a la niña ahi y en esa situacion pero lo peor que lograron fue que el se matara y nadie entendiera su sufrimiento

    pero de vemos recordar que devemos tomar las mejores de siciones en nuestra vida para no hacerle daño ala demas gente devemos tener siempre la mano en el corazon para actuar!

    1. Dices eso porque tu tambien buscar ganar el premio, A mi parecer lo que hizo no se justfica al menos hubiese podido ayudarla despues de haberla fotografiado, pero al parecer se mofo en ese instante.

  13. que fuerte………la fotografia pero es una prueba mas de lo que se vive en el mundo triste realidad …

    pero mas triste es verlo y no hacer nada lei un comentario q decia que nosotros no podemos hacer nada, que el gobierno si. y la respuesta esta clara SI PODEMOS HACER ALGO
    ser mas sencibles hacia el sufrimiento ajeno esta niña lo mas probable es su muerte por falta de alimentacion y por desidratacion. y q podemos hacer

    nunca tirar la comida a la basura HAY GENTE QUE LO NECESITA
    no renegar de lo q tenemos para comer MUCHOS LO DESEARIAN
    no desperdiciar el agua GENTE PASA DIAS MESES IMPLORANDO UN POCO DE ELLA

    Y LO MAS IMPORTANTE LLEVAR SIEMPRE ESOS VALORES Y CONCIENCIA Y SER MUY PERO MUY HUMANOS ……

    COMO DIRIA LA MDRE TERESA DE CALCULTA ….
    NO PIDAS SOLO SOLO DA HASTA QUE DUELA

    Y SI EMPIEZAS DANDO AMOR ESO TE ABRIRA UN GRAN CAMINO A LA RAZON

  14. todos los seres humanos somos uno solo en este planeta, no podemos ser tan insensibles ante un bebe o adulto que este a punto de morir por hambre o cualquier situacion, por favor esto es el espejo para que pensemos que cada cosa en el mundo tiene un valor importante y mas que todo los alimentos, por que son la fuente de vida de la humanidad, no desperdiciemos ni malgastemos el alimento que dios y nuestro planeta nos brinda,

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