El liberalismo de pacotilla de Esperanza Aguirre.
POLÍTICA

Cuando el liberalismo ya no es pecado, sino virtud
Aguirre, mediante sus tejemanejes con Rouco, contribuye a diluir la libertad de conciencia, un bien precioso del ser humano
“¿Qué es el liberalismo? En el orden de las ideas es un conjunto de ideas falsas; en el orden de los hechos es un conjunto de hechos criminales, consecuencia práctica de aquellas ideas”. En 1884, el canónigo barcelonés Félix Sardá y Salvany publicó un opúsculo de impacto. Su título era: “El liberalismo es pecado”.
Este clérigo reaccionario no hizo más que poner negro sobre blanco la doctrina pontificia relativa al liberalismo. En 1832, Gregorio XVI había escrito su encíclica Mirari Vos, que contenía un durísimo alegato contra el liberalismo, hijo perverso de la Revolución francesa de 1879 y degenerado progenitor de todo tipo de catástrofes.
El indiferentismo
La argumentación de Gregorio XVI no anda muy lejos de algunas cosas que, en la actualidad, tanto enojan a la jerarquía de la Iglesia: “De esa cenagosa fuente del indiferentismo [hoy en día, el concepto a condenar es el “relativismo”] mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. (…) ¡Y qué peor muerte para el alma que la libertad del error! (…) Los Estados que más florecieron por su riqueza, poder y gloria sucumbieron por el solo mal de una inmoderada libertad de opiniones, libertad en la oratoria y ansia de novedades”.
El obispo emérito
En el fondo, apenas nada sustancial ha cambiado, pues, en la Iglesia católica, aunque el liberalismo haya sido absuelto, enaltecido y hasta goce de gran predicamento. Así, algunas tribunas mediáticas de propiedad episcopal se nutren diariamente de alabanzas y admiración sin límites hacia el liberalismo. Los malos, sin embargo, siguen siendo los partidos de izquierdas. Hace unos días el obispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián, llegó a decir que la condición de socialista y la de católico eran incompatibles.
El acuerdo alcanzado
El acuerdo alcanzado entre el Gobierno autonómico madrileño –que preside Esperanza Aguirre- y el arzobispo y cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, sobre la presencia de capellanes en comités de bioética y en la toma de decisiones acerca de los paliativos que suministrar a enfermos terminales, demuestra sin duda que el liberalismo no sólo ha dejado de ser pecado, sino que Aguirre lo ha convertido en virtud.
El dios del mercado
El liberalismo neocon -adornado con el fervoroso culto al dios del mercado que impulsaron Margaret Thatcher y Ronald Reagan- es el que profesa Aguirre. Ha declarado José Blanco, número 2 del PSOE: “Esta vez, el Gobierno de Aguirre se ha pasado de la raya”. Se equivoca Blanco. Ya se pasó Aguirre –escandalosamente-, emprendiendo aquella cruzada salvaje contra el doctor Montes y sus más cercanos colaboradores del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Recuérdese que la distribución de paliativos a pacientes muy graves, a punto de morir, o terminales, fue el motivo de numerosos actos inquisitoriales promovidos por el entonces consejero de Sanidad, Manuel Lamela.
De tomo y lomo
Aguirre procura disfrazarse de liberal, pero ciertamente es una conservadora de tomo y lomo. Sucede que en realidad, y salvo matices de menor cuantía, el liberalismo y el conservadurismo han acabado siendo la misma cosa. Si viviera Sardá y Salvany, rectificaría su libro y elogiaría a liberales como Aguirre que tan buenas migas hacen con príncipes de la Iglesia, como Rouco Varela. Lo que irritaba sobremanera a Gregorio XVI era la libertad en general y, en particular, la libertad de conciencia.
Puntos de coincidencia
¿Qué pintan los sacerdotes católicos en los hospitales, aparte de atender espiritualmente a los creyentes que así lo deseen? ¿Y por otra parte, por qué no se incluyen en los centros sanitarios, a los clérigos de otras confesiones religiosas? En este aspecto, nada hay que decir ni criticar. Pero su tarea es la que es y no ha de ser otra. No hay que confundir la moral católica con la ética civil, aunque pueda haber algunos puntos de coincidencia, como es lógico.
Por la gracia de Dios
Aguirre, mediante sus tejemanejes con Rouco Varela –no debe extrañar por consiguiente que la COPE sea el principal club de fans de doña Espe-, contribuye a que la libertad de conciencia, uno de los bienes más preciados y preciosos de cualquier ser humano, se vaya diluyendo con el riesgo de que retrocedamos de forma paulatina a los tiempos del totalitarismo. O a los tiempos de las monarquías absolutas. O a los más recientes en España, cuando Franco era considerado oficialmente “Caudillo de España por la gracia de Dios”.
Enric Sopena es director de El Plural






Ustedes los de izquierdas defienden la libertad de expresión , pero cuando alguien no está de acuerdo con ustedes , lo ponen a caer de un burro , no entienden que hay gente que defiende el derecho a la vida , encontra del aborto , eutanasia, etc