EL VEREDICTO DEL 9 DE MARZO.
ARTÍCULOS DE OPINIÓN

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ENRIC SOPENA
25/12/2007
Cabos sueltos
El veredicto del 9 de marzo
La alocución del Rey pidiendo con urgencia “unidad” y “consenso” frente al terrorismo y frente a las grandes cuestiones de Estado ha caído de nuevo en saco roto. La respuesta de Gabriel Elorriaga, portavoz de Mariano Rajoy, ha sido, por un lado, un “sí” genérico y un “no” evidente o rotundo, por el otro
Es decir, que nada de nada. Ha sucedido una vez más lo que estaba previsto. La derecha decidió hace casi cuatro años –tras el 14-M- jugar la baza de la confrontación sin límites. O, si se prefiere, la opción de la guerra sin cuartel contra Zapatero. Y el PP parece dispuesto a cumplir su propósito hasta, como mínimo, el 9 de marzo.
Elorriaga ha pasado el tanto de culpa de que no haya acuerdos básicos entre PSOE y PP a la política del Gobierno en relación a ETA. Ha acusado a Zapatero de eludir la estrategia inequívoca de búsqueda de la “derrota” de ETA. O sea, que en el fondo –y según la versión popular- el presidente y sus más cercanos colaboradores en esta materia marearían la perdiz y ganarían así tiempo para volver a las supuestas andadas de la negociación. Dicho de otro modo: Zapatero no estaría dedicándose a buscar la derrota de ETA, sino su supervivencia más o menos maquillada, más o menos emboscada.
Como es fácil de advertir, semejante descripción sitúa al PSOE y -¡atención!- al resto de partidos que apoyan al Ejecutivo, que son todos o casi todos, en territorio canallesco. Cabría añadir además que los máximos jefes y responsables de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado, así como el fiscal general, muchos otros fiscales y no pocos jueces –si fuera cierta la aseveración del PP- deberían ser incorporados a ese mismo territorio.
España, de ser verdad cuanto ha dicho y dice aún Rajoy -de forma directa o indirecta- se encontraría por consiguiente en manos de una pandilla de cómplices de asesinos, de delincuentes o de hijos de mala madre. Pero por fortuna, las urnas del 9 de marzo emitirán pronto el veredicto ciudadano. Las elecciones pondrán a cada cual en su sitio. La lección del 14-M sigue sin ser asumida por la derecha. Entonces los populares pagaron sus mentiras de aquellos tres días de marzo. Ahora pagarán sus persistentes y abrumadoras mentiras de los últimos cuatro años.
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